Hablamos de Borgen: Una serie política danesa que Netflix convirtió en éxito mundial

Foto: Fotograma de Borgen

Pocos días antes de las elecciones en Dinamarca, la carrera está polarizada entre liberales y laboristas. La líder de los Moderados, Birgitte Nyborg, está muy lejos en las encuestas, no sé decide con quién lograr un acuerdo, y tiene bastante decidido dejar la política.

Pero en un debate clave, Birgitte se sale de libreto y da un discurso encendido, mientras una serie de complicaciones afectan a sus rivales. Cuando quiere acordar, se convierte inesperadamente en la primera ministra.

Ese es el planteo de la serie danesa Borgen, estrenada en 2010.

“Borgen” es el nombre del palacio donde trabajan el primer ministro, el Parlamento y la Suprema Corte de Justicia de Dinamarca, y es un apodo que los ciudadanos de ese país le dan al gobierno en sí mismo.

Se trata de una serie política, con costados periodísticos y con un gran rol de asesores y consultores. Es más anclada en la realidad que otras similares como House of Cards, pero no falta de intrigas y tensión.

¿Y por qué estamos hablando de una serie danesa y a una década de su estreno? Porque Netflix la colgó recientemente en su catálogo y se volvió un éxito a nivel mundial. Tanto que la compañía de streaming ya anunció que ordenó la producción de una temporada nueva, a estrenarse en 2022.

Aprovechando ese interés y porque, sencillamente, nos parece muy recomendable, los invitamos a una mesa especial para charlar sobre Borgen.

Para eso nos acompañaron dos amigos de la casa: Teresa Herrera, socióloga, integrante de nuestras tertulias; y Federico Irazábal, sociólogo, consultor en comunicación política, integrante de La Mesa de Análisis Político. También nos acompañó, desde Argentina, René Palacios, politólogo y consultor en comunicación política, y uno de los conductores del podcast República del Spoiler, sobre ficción y comunicación política.

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Capítulo de República del Spoiler sobre Borgen

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4 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Muy buena tertulia! Ví Borgen y Rita y en general cuanta serie nórdica anda por ahí (recomiendo la sueca «Kalifat», ¡lo máximo!).
    Pero no puedo creer que nadie dijo nada de una de las cosas que más me impactó: ¡¡los debates!! Me dejó un gustito a subdesarrollo y mediocridad: acá no se animan a debatir (estoy convencida de que les da miedo). Ver cómo en la serie los políticos debaten todo en debates públicos y se sacan chispas … ¡qué placer! Se imaginan acá … donde muchos no saben hablar si no tienen el papel adelante para leer y cosas por el estilo y peores ….
    Hubiera mandado este mensaje en el momento si no fuera que siempre veo las cosas después.

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    1. Con el chófer más que una historia de amor fue una noche de sexo que al día siguiente le costó poder quitarse de encima a Laugersen. Y a propósito, di este personaje es el más de izquierda como dijo Irazabal es que,o no entendí nada o la ultra izquierda se confunde con la ultraderecha. Para mi de izquierda eran el árabe de los verdes o la chica de Solidaridad. Y por último u desde la perspectiva de genero’, los maridos nórdicos también pueden no estar a la altura como los latinos porque este al muy poco tiempo le empezó a pesar ser solo ama de casa y se pegó el piro rápidamente.

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  2. Tan raudos para consumir series estadounidenses – sumamente artificiales- y tan lerdos para hacerlo con las europeas. Esta serie tiene ya diez años y tuvo éxito en Europa inmediatamente.
    Tuvo que comprarla Netflix para resucitarla y pudieran verla. ¿No hay acuerdos con las televisiones europeas? La primera ministra mujer danesa HelleThorning-Schmidt fue elegida tras esta serie en 2011.

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    1. Escuchando a Herrera llego a la conclusión de que se debería eliminar a los hombres de la política. Tal vez esa sea la cuota de género que precisamos: 100% femenina. Las mujeres saben negociar y trabajar en equipo, que es para lo que sirve la política. Los hombres no, somos violentos, incapaces de construir acuerdos y de trabajar en equipo. ¿Quién precisa hombres en la política?

      Resulta curioso como los estereotipos de género pueden ser socialmente aceptables y hasta «progres», aceptados con mancedumbre por quienes son (somos) elegantemente tratados como brutos por el sólo hecho de ser hombres. Toda la magia está en que sencillamente postulan la superioridad moral e intelectual de un grupo considerado oprimido, de modo que todos (hasta los brutos y violentos machirulos opresores) aceptan de buen grado ponerse el sayo. La conversación va y viene, pasa por lugares comunes del imaginario machista más rancio, pero nadie se sobresalta y el que calla otorga. No está mal para ser que había hombres en la mesa.

      Hace poco un pintoresco político uruguayo dijo que una mujer intendente seguro que era mejor para la limpieza y mucha gente (entre quienes me encuentro) se idignó por esa asociación de ideas: las mujeres sirven para limpiar. Pero si la asociación es positiva, es bienvenida.

      Veo esto muy diferente, lejos de los estereotipos de género. Quienes tienen poco poder aprenden a construir alianzas, quienes tienen la sartén por el mango no precisan hacerlo y tienen que autocensurarse moralmente para actuar en forma altruista y constructiva. Las mujeres que han tenido mucho poder en la historia se han comportado mayormente como cualquier bicho con poder: sea hombre, mujer, perro «alfa» de la manada o león comiéndose su parte mientras los demás esperan las sobras. El derrotar al animal que llevamos dentro es un arduo camino porque conviene sólo a los débiles.

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