Interpelación a María Julia Muñoz fue un «diálogo de sordos», dice politólogo Daniel Chasquetti, que asegura que falta voluntad para cambiar las reglas y acortar los debates

¿Qué utilidad tiene una interpelación de casi 18 horas que termina a las 4 de la mañana cuando de antemano se conocía el desenlace? El llamado a sala a la ministra María Julia Muñoz generó cuestionamientos de legisladores oficialistas y de la oposición sobre los problemas que este mecanismo ha venido evidenciando en los últimos años.

Este instrumento, entonces, ¿mantiene sentido aún? Sobre esto conversamos en la entrevista central con el politólogo Daniel Chasquetti, integrante de La Mesa de Análisis Político pero además Coordinador del Programa de Estudios Parlamentarios en el Instituto de Ciencia Política de la Udelar.

Transcripción de la entrevista con el politólogo Daniel Chasquetti

18 horas. Ese es el tiempo que llevó la interpelación a la Ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, y que finalizó –como viene ocurriendo en los últimos años– sin consecuencias políticas.

Las interpelaciones han venido siendo cuestionado en los últimos años por diferentes razones: porque son demasiado largas, porque no parece haber un debate real entre los protagonistas, porque no arroja resultados claros, al menos de manera inmediata…

Entonces, ¿para qué se hacen? ¿Qué utilidad tienen los llamados a sala? En la entrevista central lo abordamos con el politólogo Daniel Chasquetti, doctor en ciencias sociales, máster en ciencia política, y coordinador del Programa de Estudios Parlamentarios en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República.

Transcripción de la entrevista con el politólogo Daniel Chasquetti

Documento relacionado
Las interpelaciones ministeriales en Uruguay 1985 – 2016-Informe del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Excelente como siempre Daniel pero la expresión «diálogo de sordos» que aparece encabezando la entrevista no es para nada feliz ya que los/as sordos/as tienen su forma de comunicarse y establecer un «diálogo» aunque no sea con la palabra hablada (lengua de señas). No me caben dudas que Daniel no tuvo mala intención en el uso de la metáfora pero la misma se basa en un pre-concepto equivocado ya que los/as sordos si dialogan y dicha expresión los subestima y los coloca en un lugar de «no poder».
    Celebro la calidad y el nivel de la propuesta de En Perspectiva y los siempre valiosos aportes de Daniel.
    Saludos cordiales.

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