Sturla: La Iglesia tiene que “hablar en un lenguaje que entiendan los propios cristianos y también los de afuera”

En entrevista con En Perspectiva, el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, sostuvo que la Iglesia “tiene que hablar porque es parte de esta sociedad plural”, y que cuando la mandan callar “es totalitarismo”. Además, anunció que el papa Francisco dio el primer paso para beatificar y luego santificar al monseñor Jacinto Vera.

EN PERSPECTIVA
Miércoles 06.05.2015, hora 8.15

EMILIANO COTELO (EC): Anoche, en ocasión de la Fiesta de San Felipe y Santiago, los Santos Patronos de Montevideo, el cardenal Daniel Sturla presentó su primera Carta Pastoral, un documento en el que el que propone ocho “intuiciones fundamentales”.

¿Qué cambios está promoviendo el arzobispo de Montevideo, tanto al clero como a los laicos de la Iglesia Católica uruguaya? ¿Qué papel entiende que debe jugar esta institución en nuestra sociedad en el siglo XXI?

Vamos a conversarlo con él en los próximos minutos, está con nosotros el cardenal Daniel Sturla.

Es la primera vez que conversamos al aire desde que usted fue anunciado como Cardenal, a principios de este año. Capaz que podemos empezar por ahí, sobre todo para saber lo que mucha gente quería saber en ese momento: qué implica como cambios en su vida y en su accionar al frente de la Iglesia de Montevideo.

DANIEL STURLA (DS): Muchos han pensado que con el nombramiento de cardenal me iba a roma, muchos me han dicho “¿Hasta cuándo estás?”, “¿Cuándo te vas?”. No, yo soy cardenal pero sigo siendo arzobispo de Montevideo, o sea que mi tarea fundamental es ser arzobispo de Montevideo, así como el papa Francisco, cuando era cardenal era arzobispo de Buenos Aires. Lo que implica en realidad todavía no lo tengo del todo claro, aunque poco a poco se va clarificando. Hay un tema que es el fundamental de los cardenales, que es el de participar de un cónclave en una elección papal; esa es como la tarea fundamental. Después hay una cuestión de honor que es que todo cardenal es parte del clero de Roma, entonces a cada uno le asignan una parroquia de la cual es titular.

EC – Usted ya conoce la suya.

DS – Yo no conozco la mía, sé que es Santa Gala. Yo me voy el 15 de mayo a Roma y el 17 de mayo, en una celebración de la santa misa, muy solemne, asumo lo que se llama la titularidad de la parroquia. En esa parroquia figurará, además del escudo del papa, el escudo del cardenal uruguayo. Se crea como un lazo más bien afectivo y espiritual que otra cosa, porque por supuesto la parroquia tiene su párroco, su sacerdote… Pero se crea un lazo espiritual con esa parroquia.

EC – En estos tiempos de telecomunicaciones, tan acelerados, ¿por qué no oficiar misa desde Montevideo en esa parroquia?

DS – Uy, eso de las misas online todavía no está. Es decir, obviamente, uno ve la misa por televisión, la escucha por la radio, pero habría que ver cómo hacerlo. De todas formas, la presencia es fundamental en ese momento, así que el 17 de mayo si Dios quiere asumiré la titularidad de la parroquia de Santa Gala en Roma.

EC – ¿Y qué otras responsabilidades?

DS – Hace muy poquito, hace dos semanas, salió publicado en el L’Osservatore Romano que a los nuevos cardenales se les adjudicó lo que se llama participar en “dicasterios de la curia romana”. ¿Qué es esto?, es como si dijéramos los ministerios del papa, el consejo de ministros del papa está formado por los prefectos de los distintos dicasterios. En cada dicasterio hay un grupo de cardenales y obispos laicos que una vez al año, más o menos, se reúnen en una sesión plenaria donde, de distintas partes del mundo, se ven las perspectivas sobre los temas que ese ministerio o dicasterio del Vaticano trata. A mí el papa me indicó que formara parte del dicasterio de la vida consagrada, todo lo que hace a la vida de las congregaciones religiosas, y de un dicasterio nuevo, que creó el papa Benedicto XVI que se llama dicasterio de la nueva evangelización, o sea, cómo hacer en el mundo de hoy para que el Evangelio llegue a la gente.

EC – En definitiva entonces por varios lados la Iglesia Católica uruguaya pasa a tener una incidencia que hasta ahora no tenía.

DS – Sí, sin duda que en ese sentido hay un contacto con Roma, con la santa sede, con el papa, mayor que el que tenía hasta ahora nuestra iglesia.

EC – Vayamos a la primera Carta Pastoral de su arzobispado, esta que fue presentada en el día de ayer. Quizás lo primero sea aclarar de qué se trata, qué es un documento como este.

DS – Es un documento que intenta transmitir a los fieles de la Arquidiócesis cuáles son las inquietudes del obispo. A veces es sobre una temática concreta, otras veces, como esta, se trata de que el obispo quiere, al comienzo de su ministerio, presentar cuáles son las “intuiciones fundamentales” de mi mirada sobre la iglesia en Montevideo.

EC – ¿En términos no eclesiásticos podría decirse que es una primera “hoja de ruta” de su arzobispado?

DS – Si, se podría entender que sí. Obviamente que esto no hay que separarlo de otro documento que en este mismo momento se está trabajando en la Arquidiócesis y en toda la iglesia en Uruguay: las orientaciones pastorales de la iglesia en Uruguay, elaborado por todos los obispos para cinco años. Esto estaría un poco más allá, es como el horizonte inspirador de lo que hagamos como iglesia en estos próximos años.

EC – Leyendo la Carta Pastoral la primera pregunta que me surgía es: estos principios que usted redacta y desarrolla, ¿tienen su origen en el “factor Sturla” o en el “factor papa Francisco”?

DS – Creo que son inseparables, un obispo se siente consustanciado con el papa, en el caso mío se da obviamente con el papa Francisco, uno porque es el actual papa y otro porque hay una especie de comunión en la cual yo me siento muy identificado con la figura y el pensamiento del papa.

EC – Recordemos, el papa Francisco lleva dos años y usted un año como arzobispo.

DS – Exacto, pero más allá de eso yo creo que es mío y de mis colaboradores, porque se trata de la realidad de Uruguay. El mismo papa cuando yo estuve con él el año pasado, a raíz de unas preguntas que le hice me dijo: “Mirá, son ustedes en Uruguay los que tienen que ver cómo esto lo llevan adelante”. El papa no es que nos esté diciendo permanentemente lo que cada uno debe hacer. En ese sentido creo que tiene mucho de la mirada uruguaya a la realidad de nuestra iglesia, y desde acá creo que es lo que estaríamos invitados a acentuar.

EC – Estos principios atacan “problemas” o “desafíos” propios de la Iglesia Católica uruguaya y otros que son generales de la Iglesia Católica en el mundo y de los cuales se ha ocupado justamente el papa Francisco.

DS – Exacto.

EC – Hay varios que suenan fuertemente marcados por la prédica del nuevo papa. Por ejemplo el quinto, donde se plantea “una iglesia servidora que se pone del lado de los últimos“.

DS – Sin duda es algo que el papa Francisco ha subrayado de un modo patente y es uno de los elementos fundamentales del papado de Francisco, pero de hecho recoge una tradición que es anterior, que surge del Evangelio pero que también Juan Pablo o Benedicto XVI también lo han tenido en cuenta. Pero no hay duda de que el papa Francisco a este “ponerse del lado de los últimos” le da una importancia capital.

EC – Mencioné el quinto punto, vamos para atrás, hacia el primer punto de la Carta Pastoral. Allí usted aboga por “Una Iglesia evangélica y transparente”. De hecho, el propio nombre del documento es: “Transparencia del Evangelio”. ¿Por qué ese énfasis?, ¿a quiénes apunta con ese pedido de transparencia?

DS – Creo que es un pedido que se hace sobre todo a los católicos uruguayos y a todas las instituciones católicas. Nosotros muchas veces podemos caer en un tema de lenguaje medio complicado que a veces le quita espontaneidad y cercanía con la gente a nuestro anuncio. Hay que ser transparentes en el lenguaje, ese es un tema que yo…

EC – Aparece aparte sí, es otro de los puntos.

DS – Después hay un tema de transparencia en las instituciones eclesiales, todo lo que hacemos tiene que ser algo que de algún modo pueda quedar a la luz. Y ese algo que pueda quedar a la luz tiene que ser algo que muestre aquello que está en el corazón, u ojalá esté en el corazón de todos nosotros, que es Jesucristo y el Evangelio. En ese sentido va desde lo administrativo-económico a las cuestiones de cómo anunciar a la vida de cada uno de nosotros, sacerdotes, religiosos, laicos, que tenemos que anunciar a Jesús.

Por ahí yo decía que las primeras comunidades cristianas, dicen los apóstoles y lo refieren algunas crónicas de aquellos primeros tiempos de la iglesia, la gente miraba a los cristianos y decía: “miren cómo se aman”. Esa fuerza de atracción que tuvo el cristianismo en los primeros tiempos lo hacía obviamente por un anuncio explícito, pero también porque la gente iba admirando como vivían los cristianos. Hacia allí estamos llamados también a vivir y a anunciar.

EC – Cuando veo ese término, “transparencia”, y cuando usted mismo en el texto habla desde lo administrativo, las relaciones laborales, la claridad de los procedimientos, pienso en su propia experiencia. Se informó que usted encontró el Arzobispado con números en rojo, ordenó una auditoría, nombró como secretario personal a un contador público. ¿Se encontró, justamente con desafíos de este estilo?

DS – Si, pero no porque se encontrara nada que no se haya hecho con buena intención, pero sí que había cuestiones que no estaban del todo clarificadas. Yo creo que en eso todos en Uruguay hemos crecido: la informática, los controles que hay por parte del Estado, todo eso ha llevado a que uno tenga que actuar con mayor transparencia. Creo que esto era importante pero también lo era decir cuál era la situación de la Arquidiócesis, que era deficitaria y lo sigue siendo, y por lo tanto también llamar a la conciencia de los cristianos a colaborar con la iglesia, pero a partir de que tengamos todas las cuentas claras y los números sin ninguna especie de maquillaje, que a veces se puede dar aún sin quererlo, porque cuando no hay claridad determinamos diciendo realidades que no lo son del todo, sobre todo en el tema económico-financiero, donde entra una serie de variables que son complejas y que siempre son fáciles de poder transmitir de claridad.

EC – Son inquietudes que también tiene el papa a propósito nada menos que el Vaticano. Las finanzas del Vaticano, las luchas internas de poder. Cuántas veces se ha dicho que los “lobos del Vaticano” son los que forzaron la renuncia de Benedicto XVI, que se había comprometido justamente a corregir esas deformaciones, esos desvíos. ¿Cómo observa usted desde acá aquella trama general?

DS – A mí me tocó participar en febrero en el primer Consistorio, que es la reunión de los cardenales de todo el mundo, que fue convocada por el papa. Yo participé como cardenal designado, porque las reuniones fueron jueves y viernes, y el sábado era la creación de cardenales. Si se quiere, la palabra transparencia, que acá es el título y el primer punto de la Carta Pastoral, fue la palabra de esas reuniones.

EC – ¿Si? ¿Transparencia?

DS – Si, exactamente. El santo padre y todo el mundo lo subrayó, porque la iglesia tiene que ser realmente transparente en elementos fundamentales de su vida como pueden ser cuál es el uso de los recursos. La iglesia tiene una doctrina social, habla de la responsabilidad empresarial, llama a todos a una honestidad… Bueno, empecemos por casa. En eso el santo padre ha sido muy fuerte, precisamente es en los institutos que llevaban adelante las finanzas en el Vaticano donde el santo padre ha intervenido fuertemente.

EC – Ha intervenido para producir cambios en lo interno y también cambios entre esos institutos y el mundo exterior. Por ejemplo, las noticias de las últimas semanas dicen que está negociando con el gobierno italiano el fin del Vaticano como paraíso fiscal.

DS – Si, ciertamente, yo ahí obviamente hay cosas que desconozco, pero el papa tiene clarísimo eso y ha puesto personas y ha tomado medidas fuertes para que esto se ejecute. Lo que tiene la parte económica, así como es tan complejo a veces de entender para los que no estamos metidos en el asunto, es que después los números son los números. Allí yo creo que puede ser hasta más fácil el poder entrar y transparentar y llegar a tener cuentas claras e impedir abusos que se daban en ese campo.

EC – Casualmente cuando se dan esos pasos vuelven a aparecer las filtraciones de documentos internos del Vaticano, que muchos entienden que son operaciones destinadas a frenar esos cambios.

DS – Yo no dudo de que en el Vaticano, como en cualquier lugar donde hay poder, haya personas que de algún modo u otro intenten trabar, y creo que hay personas que quieren trancar este proceso de renovación y transparencia que está haciendo el santo padre. Pero me parece que es natural que se dé, aunque sea lastimoso.

EC – ¿Y cómo lo ve al papa Francisco en esa pelea? ¿Lo paran?

DS – Yo creo que no…

EC – Porque a Benedicto XVI por lo visto lograron, no sé si “frenarlo” es el término, pero anímicamente lo afectaron y terminó tomando esa decisión de renunciar, que casi no tenía antecedentes.

DS – Creo que la decisión de Benedicto XVI de renunciar -que fue fantástica en cuanto a un acto de humildad, coraje y valentía muy importante de un papa más bien tradicional que tomó la decisión más revolucionaria que un papa ha tomado quizás en los dos milenios de la iglesia, que es justamente renunciar, más allá de que haya algún antecedente-, justamente buscaba habilitar a otra persona que pudiera, con mucha fuerza, ejecutar estas cosa que quizás él por su edad, su temperamento y el grupo de colaboradores con los que se había rodeado, se dio cuenta de que no podía llevarlas a cabo.

EC – ¿Y a Francisco no lo paran?

DS – Yo creo que no, obviamente habrá gente que querrá pararlo, también está el tema de la edad de Francisco, a la que él mismo hace referencia. Creo que ahí está la habilidad del papa de tener colaboradores de su gran confianza, y el papa tiene una enorme capacidad de trabajo, incidencia y seguimiento de los temas, que un poco es lo que uno escucha cuando está allá en Roma, que creo que lo hace bastante capaz de gobernar en situaciones complejas como las que puede atravesar, en ese campo, la iglesia.

EC – Vamos a recorrer otros puntos de la Carta Pastoral. Por ejemplo el segundo, usted habla de “una Iglesia anunciadora, que da testimonio de Jesús Resucitado”. Allí también –parece- hay autocrítica. Usted señala: “no podemos quedarnos quietos en nuestras comunidades. No podemos tener nuestros templos cerrados”. ¿Eso estaba pasando?

DS – Sí, basta pasar por la ciudad de Montevideo y ver cuántos templos hay cerrados a distintas horas. Incluso algunos tienen una puerta al costado que es por donde la gente que ya conoce, entra, pero el que no conoce no puede entrar. Obviamente esto tiene una razón en la inseguridad, en las iglesias se ha robado muchísimo, uno no puede dejar, ni que decir un micrófono, candelabros, cosas que puedan tener cierto valor. Entonces eso implica también un costo económico que hoy la iglesia muy difícilmente puede bancar, sobre todo en iglesias de barrios populares, porque uno tiene que tener a alguien para la seguridad, para estar allí mirando y controlando, si no es imposible tener abierto el templo. Pero hay que buscar el modo: un templo abierto es un llamador y obviamente un templo cerrado es algo que uno pasa de largo, a veces con pena.

EC – Recuerdo al propio papa Francisco cuando participó en la Jornada de la Juventud en Río de Janeiro, aquella frase que recorrió el mundo: “Tienen que salir y armar barullo en las comunidades”. Usted está hablando de lo mismo en definitiva

DS – Sí, el papa dijo a los jóvenes argentinos en un momento: “hagan lío”. Yo digo que sí, ojala cada comunidad se despierte y busque el modo de tener su templo, su casa, abierta, y también de salir y anunciar, algo en lo que -si bien hay grupos de iglesia que hacen- quizás estemos medio dormidos, y hay mucha gente que necesita de Dios y del Evangelio.

EC – Ese término “anunciar” quizás para los oyentes católicos es muy claro, para el público más general tal vez no, ¿qué quiere decir con “anunciar”?

DS – El Evangelio de por sí es un anuncio, la palabra evangelio la traducimos básicamente por buena noticia, pero en su comienzo el evangelio era algo del emperador, que cuando quería dar una buena noticia a través de sus pregoneros, que era el modo de comunicación que había en el Imperio Romano, se leía una proclama que se llamaba “Evangelio”. Era el anuncio de una buena noticia que, como venía del emperador, era una buena noticia que se realizaba, no era solamente “miren que salió la cosecha de las papas”, sino que era una noticia que tenía una efectividad. Los cristianos tomaron esa palabra. Implícito a lo que es el evangelio está el anunciar, el decir, el proclamar, el llegar a otros. Es lo que de algún modo también se dice la misión, ser misioneros, pero como a veces hay palabras que de tanto usarlas se nos pueden gastar, yo opté por esta palabra anunciadora: somos anunciadores, estamos llamados a proclamar, a llegar a otros, a decirles del amor de Dios y, ojalá, tratar de que a otros llegue esta buena noticia de Jesús.

EC – Muy ligado a este punto aparece el séptimo punto de la Carta Pastoral: “Una iglesia capaz de hablar en un lenguaje comprensible”. ¿Qué estaba pasando en esta materia?

DS – Acá, como en todo asunto, si uno va a veces a escuchar a los médicos a hablar entre sí no entiende nada, uno a veces se queja cuando un médico le dice con palabras que uno no entiende qué es lo que le pasa. Esto pasa también a nivel financiero, uno escucha términos que no entiende, pero nos puede pasar también a nivel popular: uno escucha a los chicos que están en una esquina en un barrio popular nuestro y hay que ver si entiende lo que dicen. También en la iglesia nos puede pasar lo mismo: llegamos a hablar un lenguaje entre nosotros que queda entre nosotros y no llega a la gente. Con todo, acá hay una diferencia, porque también ya no en la interna de la iglesia, entre los curas, sino en un sermón o una homilía, hay veces que parece que se hablara chino eclesiástico, con mucho respeto a los chinos. El tema es cómo nosotros llegamos a hablar en un lenguaje que entiendan los propios cristianos y que también se entienda para afuera.

EC – Es una inquietud que supongo que hay que ubicarla también en el contexto de la competencia: ustedes tienen competencia, y de la fuerte, en estas iglesias que provienen de Brasil y se han instalado con mucha capacidad, organización, dinero… Esas iglesias han penetrado de manera importante en algunos sectores de la sociedad uruguaya. Se comunican mejor, tienen medios de comunicación, acceso a la televisión, son más hábiles en el discurso…

DS – Sin duda que hay cosas que uno tiene que aprender de otros, porque de hecho uno usa los medios de comunicación u otros medios y tiene que aprender. Ahí también hay que diferenciar entre el modo a transmitir el mensaje y el mensaje a transmitir. Yo respeto a todos, hay iglesias que han hecho un bien enorme en Uruguay, sin ser la católica, pienso en muchas iglesias evangélicas -así llamadas aunque hay una variedad muy grande en ese campo- que realmente hacen un bien muy grande, llenan de consuelo, esperanza, y anuncian a Cristo, al Evangelio, y hacen que la gente se una al señor. Hay otras llamadas iglesias que es evidente que tienen otro fin, que no es el de mejorar a las personas ni llevar la salvación, sino recaudador. Dejémoslo ahí.

Lo importante para nosotros es decir: cómo podemos llegar a la gente. Cuando hablo de lenguaje no sólo me refiero a hablar sencillo, sino que también digo de hacerlo a través de los medios o de las nuevas forma de comunicación, Twitter, Facebook, redes sociales en general. Yo en la Carta Pastoral también incluí dibujos, la idea no era tal cual la que quedó plasmada pero ese es el problema siempre con los artistas, de algún modo quería transmitir gráficamente lo que quería decir.

***

EC – Veníamos hablando de algunos puntos de la Carta Pastoral, uno de ellos era este de “una iglesia capaz de hablar en un lenguaje comprensible”. Tengo mensajes de los oyentes y Celia toca este punto. Dice: “¿Por qué el obispo usa la expresión “santo padre” y no un lenguaje más cercano y entendible como “papa” o “Francisco” directamente?”.

DS – [Risas.] Está muy bien, le agradezco a Celia que diga eso. Es un lenguaje bien de adentro de la iglesia y está bueno que me lo recuerde.

EC – Capaz que lo de “santo padre” es demasiado formal.

DS – Si, puede ser, lo que pasa es que después a veces en la interna de la iglesia, sobre todo a nivel del Vaticano, siempre se habla del santo padre. Yo cuando estuve con él me dirigí de ese modo.

EC – Hablando de comunicación, me llamó la atención el saludo a los trabajadores por el 1º de mayo que usted difundió la semana pasada. Era un video grabado en la carpintería de los Talleres Don Bosco. Eso fue una novedad, ¿no? Yo no recuerdo que haya existido ese tipo mensajes últimamente…

DS – Si, ha sido una trovata, como se dice, una buena idea. Hay un muchacho, Adrián Porcile, un muchacho muy bueno de la comunicación, que me invitó a hacer estos pequeños videos para algunas circunstancias. En este caso no fue con él sino con gente del equipo de DECOS-CEU, el Departamento de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal del Uruguay, que me dijeron: “Che, qué bueno sería que para el Día de los Trabajadores hubiera un pequeño video con un mensaje”. Dije: “Fantástico, ¿cuándo lo podemos grabar?”, “Mañana a tal hora”, me dijeron, y en ese momento yo iba a estar en Talleres Don Bosco. O sea que en realidad salió en Talleres por una casualidad, que nosotros decimos providencia, como algo que Dios pone para que las cosas rueden bien. Para mí fue una alegría porque en esa casa yo estuve cinco años trabajando como salesiano, y allí mismo en la carpintería, el taller que en ese momento estaba abierto, fue que lo filmamos.

EC – Quizás este ejemplo que estamos manejando tiene que ver con varios de las intuiciones que usted maneja en la Carta Pastoral, pero en particular con la que habla de “una Iglesia ubicada en la sociedad plural en la que vivimos”. Allí usted dice: “En todos los temas que hacen a la dignidad humana tenemos algo que decir, un aporte que realizar. No pretendemos en la sociedad plural que todos piensen como nosotros, pero no queremos callar nuestro aporte, que consideramos digno y significativo”. Parece toda una declaración sobre cómo piensa jugar la iglesia uruguaya, el Arzobispado de Montevideo por lo menos, en las discusiones políticas. Usted además es un arzobispo joven, tiene varios por delante, 20 años por delante, así que va a estar involucrado en una cantidad de debates, seguramente muchos de ellos muy profundos.

DS – Si, es posible, ahí el tema es que la iglesia tiene que hablar porque es parte de esta sociedad plural, tiene una voz. Aparte la iglesia acompaña a Uruguay desde siempre, está presente en nuestra historia desde antes de que existiera el Estado uruguayo: las primeras misiones que se establecieron allá por el río Uruguay, de lo cual ha quedado Villa Soriano como remanente, pero también todo lo que aportaron las misiones jesuíticas desde el norte, entre otros la fundación de esta ciudad de Montevideo, que [Bruno Mauricio de] Zabala la hizo con los jesuitas y con indios Tapes, como se denominaba a los indios de las misiones. O sea, la iglesia tiene una palabra para decir, el tema es que la digamos. Obviamente, no con la pretensión de que todos piensen como nosotros, pero no que nos hagan callar…

EC – Ahí está de algún modo refiriéndose a un episodio muy concreto que ocurrió hace algunos meses a partir de un pronunciamiento suyo.

DS –Siempre que la iglesia habla y dice algo en contra de, hay un grupo que entra en el diálogo, el debate, lo que me parece correcto porque es parte de la pluralidad de la sociedad. Pero siempre sale alguna voz a decir: “la iglesia no tiene que opinar”, “la iglesia no tiene que meterse”, “la iglesia que se meta en sus cosas”. Eso es totalitarismo, es desconocer a una parte importante de nuestra sociedad como es la iglesia.

EC – Recuerdo aquel caso porque usted, que ha tenido unas cuantas coincidencias con posiciones del gobierno, en aquel episodio fue justamente desautorizado, le salieron a responder con argumentos de ese estilo. Usted, a su vez, retrucó con lo de que acallar a la iglesia era una forma de fascismo. Fue muy dura esa respuesta.

DS – Si, es dura, obviamente a uno a veces se le puede escapar una expresión que es dura que no es lo yo pretendo, entrar en polémicas duras… Pero sí ojo, porque la defensa de la libertad es muy importante para todos los uruguayos, para todo el mundo; nosotros también queremos defender la libertad de otros, pero que no nos coarten la nuestra.

EC – Saliendo de la Carta Pastoral en sí misma pero también en ese contexto está la preocupación y la acción de la Iglesia Católica uruguaya en los últimos años en materia de educación, tema que casualmente lo ha tenido metido en alguna de estas polémicas. Este fin de semana el diario El País publicó un artículo en el que recoge una expresión suya, muy categórica: «No se cierra un colegio católico más». ¿De cuándo es esa frase?, la nota no lo especificaba.

DS – Esa frase hace referencia a una conversación que yo tuve con el padre Julio Fernández, un jesuita que es el director ejecutivo de esta fundación nueva que la iglesia ha hecho, la Fundación Sophia. Es una preocupación de los obispos de Uruguay en general, mía en particular, que en estos tiempos se han cerrado varios colegios católicos, lo que es una pena enorme.

EC – Si, es la otra cara del fenómeno Jubilar. Se ha hablado mucho, es muy mediático el liceo Jubilar, el primero de los ejemplos de institutos gratuitos de gestión privado impulsado directamente por el Arzobispado de Montevideo, por monseñor [Nicolás] Cotugno en su momento. Después aparecieron el caso de Impulso, que ya no tiene que ver con la Iglesia Católica, el de Providencia, ahora mismo hace poco se abrió en Paysandú el Francisco… ¿Pero por otro lado se están cerrando colegios católicos?

DS – Es un fenómeno que hay que mirarlo con perspectiva de unos años. Está muy ligado a un tema económico y a la disminución del número de religiosos y sobre todo de religiosas. En muchos pueblos del interior había pequeños colegios llevados adelante por religiosas que eran al mismo tiempo las maestras, la portera, la que vendía en la cantina. Es decir: había muchos servicios que prestaban la mismas religiosas en colegios chicos, que se mantenían gracias a este trabajo. Al haber disminuido el número de vocaciones religiosas muchos colegios han tenido que cerrar porque era imposible mantenerlos sin pagar sueldos, y se hacían inviables. Esa es una verdadera macana pero muchos pueblos del interior, pero también ha pasado en Montevideo. El último colegio católico que cerró en Montevideo fue el de Paso Molino, San José de la Misericordia, en la calle Zufriategui. Se cerró por problemas económicos que había y disminución de hermanas: al final había dos o tres hermanas ya bastante mayores, no podían cumplir una serie de roles y el colegio de algún modo se les había ido de las manos en materia económica, tenían deudas y optaron por cerrar y vender. De hecho en ese local hay un liceo público y una UTU. Creo que la Iglesia Católica tiene un aporte enorme que realizar, una experiencia educativa muy grande, y que no se puede cerrar otro colegio católico, porque además en un momento en el que queremos realmente anunciar y proclamar la buena noticia no hay que bajar cortina sino, ojalá, seguir abriendo colegios, como es el caso del Providencia o el Francisco.

EC – Pero no es una cuestión de voluntarismo nada más, se han tomado medidas en esa dirección, ¿cómo es esto de la Fundación Sophia que se creó?

DS – Ya había una fundación para la educación católica -en paralelo a la que lleva adelante el liceo Jubilar- que había fundado el liceo en el Cerro, un liceo popular aunque no es gratuito como el Jubilar porque era imposible intentar mantener otro liceo gratuito. A su vez, a esta Fundación Sophia se le han ido uniendo otros colegios de barrios populares: el del kilómetro 16 de Camino Maldonado, llamado Don Bosco, el de las Hermanas Ursulinas de Malvín, el colegio de las Dominicas del Cerrito y la escuela liceo del Cerro… capaz que me estoy olvidando de alguno. Hay otros colegios que han pedido para unirse a esta fundación, que quiere no solamente reunir los colegios para que no cierren sino también tener una estructura que permita crecer en la calidad educativa de los colegios. Para eso se contrató a una persona especializada en pedagogía que está reuniendo maestros, maestras, profesores, tratando de hacer una reflexión y de acompañar para que haya una calidad educativa y pedagógica en estos colegios de la fundación. Al mismo tiempo la Pastoral también [está acompañando] en todo lo que tiene que ver con la dimensión de la formación religiosa, y también en lo administrativo, para que haya una administración eficaz y transparente que permita que estos colegios puedan mantenerse. Obviamente, como son colegios de barrios populares el tema sin duda es poder contar con apoyos extra, como gracias a Dios ya tuvimos el año pasado, que nos permitió largarnos a esta propuesta.

EC – Parece conveniente incorporar una buena noticia que usted me comentaba cuando llegó, que tiene que ver directamente con la Iglesia Católica uruguaya y que llegó de afuera, además, ¿cuándo?

DS – Esta madrugada llegó una noticia que nos llena de alegría: el papa Francisco en el día de ayer ha firmado el decreto de heroicidad de las virtudes del siervo de Dios monseñor Jacinto Vera. ¿Qué significa esto? Forma parte de el largo proceso que la iglesia establece para declarar santa a una persona que las iglesias proponen en distintas partes del mundo. Nosotros hace muchos años tenemos la “causa”, se llama así, de monseñor Jacinto Vera, que fue el primer obispo de Uruguay, vivió entre 1815 y 1881, precisamente un 6 de mayo, un día como hoy pero de 1881, falleció en Pan de Azúcar en una de las misiones que él hacía por nuestra campaña.

Este proceso se había iniciado y demoró por diversos motivos, hasta que hace unos ocho o nueve años se tomó con fuerte impulso: monseñor Alberto Sanguinetti hizo una investigación histórica muy importante, todo eso se llevó a Roma e hizo que el proceso adquiriera cierta agilidad. En el día de ayer, después de pasar diversos exámenes de distintos tribunales, un grupo de cardenales dio el voto por el cual, a partir de la vida de monseñor Jacinto Vera, se dice que vivió las virtudes cristianas en grado heroico. Ahora sube de escalón, digamos, lo llamábamos “el siervo de Dios” Jacinto Vera y a partir de hoy pasa a ser llamado “el venerable” Jacinto Vera. Si Dios quiere, si hay un milagro comprobado de que alguien se curó por la intercesión de monseñor Vera, que hay varios pero la iglesia los examina con mucho detenimiento, podríamos proceder al siguiente paso, que sería que el papa lo declare beato.

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