Archivo inédito de Zitarrosa fue presentado el mes pasado en el Solís

Al que escuchamos silbar y tararear es a Alfredo Zitarrosa, en una grabación inédita de un ensayo que fue recuperada gracias a un trabajo de cuatro años realizado por un grupo de archivólogos y restauradores sobre el acervo personal del cantante.

En 2014 la familia de Zitarrosa donó al Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas del Teatro Solís más de 100 cajas y dos baúles repletos de libros, contratos, fotografías, afiches, grabaciones en casetes, recortes de prensa y películas en Super 8 que pertenecían al artista.

Gracias a un convenio entre el Teatro Solís, el Archivo General de la Universidad de la República, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Ministerio de Educación y Cultura todo ese material pudo ser inspeccionado, limpiado, digitalizado y catalogado.

Los resultados fueron presentados el pasado 28 de noviembre en la sala Delmira Agustini del Teatro Solís. Entre el material hay cartas enviadas por el cantante desde el exilio, entrevista radiales, y grabaciones caseras hechas por Zitarrosa en la intimidad de su casa junto a sus hijas.

La Mesa de los Viernes con Juan Grompone, Gonzalo Pérez del Castillo, Ana Ribeiro y Fernando Butazzoni.

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Foto en Home: Alfredo Zitarrosa. Crédito: MEC/mec.gub.uy

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4 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Como cada uno encaró el tema desde el lado que quiso, yo voy a hacer lo propio.

    Hay un único artista de quien -desde que me conozco con nariz- me declaro admirador incondicional: Don Alfredo Zitarrosa.

    La suerte quiso que lo conociera a su retorno al país en 1984 ya que por azar fui circunstancialmente parte de su “seguridad” en un acto público.

    En el borbollón de gente que lo rodeaba -quizás por mi tamaño, a pesar de mis 17 años- alguien tomó mi brazo y lo enlazó al de él. Y así caminamos con bastante dificultad durante varios minutos entre la muchedumbre
    hasta llegar al sitio al que él debía ir.

    Una vez llegados, y antes de saludar al que lo esperaba (que me acuerdo perfecto quién era), me dijo con su voz maravillosa: “qué changa se agarró, muchacho! Muchas gracias”

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  2. Más de una vez fue a cenar con su pareja al restoran en el que yo trabajaba.
    Discreto y hasta parco desde su manifiesta timidez, un aire severo de humildad, muy prolijo atuendo, alcohol y cigarrillos eran parte constante de su paisaje; bastaba que tan solo dijera «buenas noches» para que resaltara llamativame lo hondo de su inolvidable voz.
    Tuve entonces el privilegio de estrecharle la mano.
    Leí en el diario tiempo después: «murió Alfredo Zitarrosa», era mentira; aún hoy canta.

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  3. Recuerdo como llore el día que me entere de su muerte, no pude no ir a su velorio. Sus recitales eran un canto al alma, escucharlo cantar al día de hoy me recuerda a mi padre, quien fue que me inculco su música. Vaya recuerdo para mi padre que hoy hace 15 años que se fue a vernos seguir este donde este.

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  4. Qué grande Zitarrosa. Muchos uruguayos que ahora somos mayores, pero que conocimos su grandeza de alma y su voz tan particular cuando teníamos 20 años, inexorablemente muchos hechos importantes de nuestra vida transcurrieron con su música de fondo.
    Quiero destacar que es muy rica esta Mesa y que se ha visto aún más enriquecida con la presencia de Fernando Butazzoni, quien hace aportes muy valiosos. Igualmente se extraña Mauricio.

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