Candidatura de Martínez a la IM genera reacomodos en el Frente Amplio

El cambio de posición de Daniel Martínez, que la semana pasada decidió que competirá por la reelección en la Intendencia de Montevideo, provocó varios impactos políticos en la interna del Frente Amplio. 

Según se confirmó este sábado, Martínez es respaldado por 16 sectores que reivindican un perfil “seregnista”, según explicó ayer aquí En Perspectiva el subsecretario de Economía, Pablo Ferreri, que desistió de su propia candidatura para apoyar a Martínez:

…una tercera candidatura que le diera equilibrios al Frente Amplio, que nucleara a varios sectores que tienen una sensibilidad de izquierda similar, moderna, convergente, del siglo XXI, lejos de dogmas o posturas rígidas. La conformación de ese espacio era lo que más nos importaba al mediano y largo plazo. Y entendimos que lo mejor para ese colectivo era comparecer con la candidatura más potente.

Curiosamente, Martínez competirá en esta elección sin el respaldo de su partido: el Partido Socialista. Este partido resolvió apoyar a Carolina Cosse, que además cuenta con el respaldo del Partido Comunista y del Partido por la Victoria del Pueblo. 

A estos dos candidatos, se suma el neurocirujano Álvaro Villar, que cuenta con el aval del Movimiento de Participación Popular y de Fuerza Renovadora, el sector liderado por Mario Bergara, que también había reivindicado un perfil “seregnista”.

La Mesa de Análisis Político con Lucía Selios, Federico Irazábal y Fernanda Boidi.

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  1. «una tercera candidatura que le diera equilibrios al Frente Amplio, que nucleara a varios sectores que tienen una sensibilidad de izquierda similar, moderna, convergente, del siglo XXI, lejos de dogmas o posturas rígidas. La conformación de ese espacio era lo que más nos importaba al mediano y largo plazo. Y entendimos que lo mejor para ese colectivo era comparecer con la candidatura más potente.»

    ¿Hay alguna izquierda que se considere a sí misma antigua, divergente, de otro siglo, dogmática y rígida? Bien dicen que la autocrítica es lo que a uno le hacen los demás. Yo escucho hablar a Álvaro Villar y en ese tono de «autocrítica» diría que Villar es «una izquierda con los piés en la tierra, que cree que la realidad es primero que nada material, que no esté más preocupada por la corrección política y por caerle bien a activismos de moda que por la peripecia cotidiana del ciudadano, que sepa que tomarse un ómnibus para ir a trabajar a un obrero le lleva dos horas y que los semáforos a veces no le dan tiempo a los viejos de cruzar la calle.»

    No sé si Villar mejoraría la ciudad, pero alguien capaz de hacerlo seguro que sabe que el diablo está en los detalles y que para gobernar hay que conocer lo que se gobierna. Martínez ha mostrado poco y nada de eso. Su mejor gestión fue conseguir los votos de Novick para pedir plata para hacer pavimentos. Está fenómeno, pero eso es no es pensar la ciudad, es mantener. Luce porque los que estaban antes abandonaron el asunto y en eso ha sido claramente el mejor. Pero, lamento decirlo, uno no tiene que pelearse con nadie para pavimentar ni cambiar la cultura de la gente. Es algo contra lo que nadie está ni hay intereses corporativos en que no se arregle porque nadie gana con una ciudad con calles destartaladas.

    El transporte público y la basura son los problemas eternos que tiene la ciudad y que se van agravando con el tiempo. Esos no se arreglan sólo con plata, hay que dar peleas que son conceptuales y pensar en el largo plazo. Son esos los problemas que requieren poner cabeza, tener decisión y coraje político. En este terreno, en el de las peleas culturales para «civilizar la ciudad», lo único que le reconozco a Martínez son los radares de velocidad. Eso ha disciplinado bastante a los conductores en los pocos lugares donde están. Va en la buena dirección, de cambiar las costumbres y las actitudes de la gente en el espacio público.

    Por último, es un lindo juego de palabras el de «civilizar la ciudad»: civitas, orígen etimológico de «civilización», significa justamente «ciudad». Una ciudad incivilizada es un oxímoron. Es decir, una contradicción. La etimología lo que indica es que la idea de amontonar gente en una urbe, debería venir de la mano de un alto grado de organización y de disciplinamiento para la convivencia pacífica y ordenada. El «estado del arte» que corresponde a su tiempo, como lo fueron las calzadas, los acueductos romanos y el derecho romano, es lo que hizo a Roma una ciudad «civilizada» para los estándares de la época. Vivimos en una ciudad cada vez más contradictoria, porque ha crecido como aglomeración urbana sin darse las infraestructuras y los modales de una gran urbe.

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  2. Errata: donde dice «Pero, lamento decirlo, uno no tiene que pelearse con nadie para pavimentar ni cambiar la cultura de la gente» debería decir: «Pero, lamento decirlo, uno no tiene que pelearse con nadie ni cambiar la cultura de la gente para pavimentar»

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