Debatimos con Benjamín Nahum sobre la viabilidad de Uruguay (I)

¿Uruguay es viable como país? Esta pregunta, que ya fue abordada por intelectuales como Alberto Methol Ferré en su libro El Uruguay como problema, volvió al ruedo este mes a raíz de una entrevista que el historiador Benjamín Nahum concedió días atrás al suplemento cultural del diario El País.

En la nota Nahum dejó caer frases muy removedoras. Por ejemplo, advirtió que los uruguayos van a desaparecer porque los nacimientos no cubren la tasa de mortalidad de la población. Además afirmó que “el país está liquidado” entre otras cosas, porque sus obreros son mucho menos productivos que los del resto del mundo, porque hay sindicatos que buscan no trabajar y ganar más, y porque las políticas educativas fracasaron.

La semana pasada, aquí en La Mesa de los Viernes debatimos sobre la entrevista. Hoy, vamos atar los cabos que quedaron sueltos de aquella vez, incorporando al propio profesor Benjamín Nahum que hoy es el invitado a nuestra mesa.

Este fue el tema tratado en La Mesa de los Viernes con Alberto Volonté, Mauricio Rosencof, Juan Grompone y Benjamín Nahum.

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Debatimos con Benjamín Nahum sobre la viabilidad de Uruguay (II)
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  1. Me resultó muy interesante la mesa, como no podía ser de otra manera tratándose de quienes la componían. El aporte de Fernando Isabella que leyó Emiliano creo que ayuda a comprender el error inicial en el que se incurrió al interpretar indebidamente los trabajos publicados en el libro “Importante pero urgente” de Calvo y Mieres (Editores) con la participación de César A. Aguiar, Wanda Cabella, Juan José Calvo, Jaime Mezzera, Adela Pellegrino y Carmen Varela.

    Por supuesto que se trata sólo de interpretaciones incluso cuando los demógrafos sostienen que se entiende unánimemente como un buen síntoma que nuestra sociedad presente esa “transición demográfica avanzada”. Pero es una interpretación que parece estar muy sólidamente fundamentada. En consecuencia, sostener lo contrario requeriría también de contraargumentos de similar solidez (claramente no fue el caso de la columna del 8 de febrero que se ocupó del tema).

    Lo cierto es que este proceso lo viven con mayor o menor intensidad todos los países que progresan en términos de desarrollo humano, entre ellos el nuestro.

    Si a alguien le asusta que haya muchos viejos (la población de 60 años o más representa hoy algo así como el 18℅ del total), convendrá que sepa que las proyecciones (las bien realizadas, no las lineales) indican que ese estrato representará el 27% en el 2050 y el 36% en el 2100). Que muy probablemente superemos los 3,5 millones de habitantes hacia el año 2050 para luego decrecer lentamente llegando a finales de siglo con menos habitantes que los actuales.

    Ello se traduce hoy en una relación de dependencia total (indicador de dependencia económica potencial que mide la población en edades teóricamente inactivas en relación a la población en edades teóricamente activas) de 0,60, lo que significa que por cada 100 personas en edad de trabajar hay 60 personas en edades inactivas. Ese 0,60 se descompone en 0,39 y 0,21, (relación de dependencia de niñez y vejez, respectivamente). Pues bien, las mismas serías proyecciones (Juan José Calvo) señalan que a fines de siglo la relación de dependencia total será de 0,81, pero la de niñez será de sólo 0,27 y la de vejez crecerá a 0,54. Entre otras consideraciones: si será trascendente empezar a delinear desde ahora un sistema nacional de cuidados.

    Pero la principal reflexión que me genera -y en la que creo que tendrían que centrarse los debates- es en la urgencia que debería tener nuestra sociedad en brindarle a ese número decreciente de nacimientos (hoy debe apenas superar los 45000 anuales) una adecuada atención. Atenderlos significa no sólo seguir mejorando los ya buenos índices de mortalidad infantil sino que, sobre todo, asegurarle a cada niño la adecuada alimentación, salud, educación, esparcimiento, etc. Preocuparnos por el desarrollo intelectual, físico y espiritual de todos y cada uno de esos niños, independientemente de la cuna en la que le toque nacer (como es bien sabido la mayor pobreza en Uruguay es infantil), es muchísimo más relevante que el tamaño de nuestra población.

    Desde mi punto de vista hay una buena y una mala noticia para esto.
    La buena es que como la cantidad de nacimientos seguirá disminuyendo eso significará progresivamente menos esfuerzo económico.
    La mala noticia es que los niños no votan. Y en un país donde las corporaciones (para volver a Nahum) tienen tanto peso en la toma de decisiones es más probable que el sistema político destine los siempre escasos recursos a sus adultos (la “corporación de los viejos”) que a sus niños. Sin dudas les resultará mucho más redituable en ese cortísimo plazo (5 años) que lamentable muchos toman como su máximo horizonte, acompasado al ciclo electoral.

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