Dirigentes de Cabildo Abierto provocan rechazo por declaraciones sobre la dictadura

Rivera Elgue, futuro subsecretario de Defensa, y Roque Moreira, candidato a la Intendencia de Artigas,  realizaron esta semana declaraciones sobre la dictadura que generaron controversia y rechazo.

Elgue dijo el sábado a La Diaria, que “la institución (en referencia a las Fuerzas Armadas) en su conjunto no actuó mal” en la dictadura. Elgue, que es militar retirado, sostuvo que “hubo hombres que se equivocaron y actuaron mal […] pero la institución, no” porque si no, “no habría solamente 32 desaparecidos en Uruguay”. 

El lunes Luis Lacalle Pou le transmitió a Guido Manini Ríos su molestia por las declaraciones. El líder de Cabildo Abierto también rechazó los dichos de Elgue pero pidió no sacar las declaraciones de contexto, ya que el futuro jerarca “estaba respondiendo a una pregunta sobre si las Fuerzas Armadas debían pedir perdón”. En el Frente Amplio, la senadora electa Carolina Cosse le pidió a Lacalle Pou que desista de nombrar a Elgue en la subsecretaría de Defensa.

El martes, la polémica con Cabildo Abierto continuó. En una entrevista en Canal 12, Roque Moreira, suegro de Manini Ríos y candidato a la Intendencia de Artigas, explicó que él no llama dictadura al gobierno que se instaló en Uruguay el 27 de junio de 1973. Dijo que “hablar de dictadura es una buena pose para no hablar de otros temas”:

Yo siempre digo gobierno de facto. Lo fue. No había elecciones. Pero lo de «dictadura»… ¿Por qué vamos a aplicar un criterio para ciertos casos y un criterio para otros casos? Yo le llamo dictadura al régimen uruguayo si también le digo dictadura al que existe en Venezuela y al que existe en Cuba, la monarquía dictatorial desde hace más de medio siglo. Parejo le digo a los tres. Si no, no le llamo dictadura al caso uruguayo. Por coherencia conceptual.

La Tertulia de los Jueves con Carlos Ramela, Daniel Supervielle, Daoíz Uriarte y Esteban Valenti.

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Sobre el fondo de la cuestión, estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Uriarte. Los militares uruguayos y sus aliados civiles suelen presentar sus crímenes como el resultado natural de una guerra. Aunque parezca extraño al común de la gente, la guerra tiene reglas y cuando se juega fuera de ellas, se cometen lo que se llama «crímenes de guerra». ¿Perdón? ¿Crímenes? ¿La guerra no se trata de matar? Pues, no es tan así. Es un enfrentamiento entre militares, que son gente con la profesión de matar y morir. Pero actos como bombardear un hospital, por ejemplo, se consideran un crímen de guerra. Las violaciones, típicamente usadas como forma de amedrentar a una población y quebrarla, también. Cosas como el bombardeo de Colonia hecho por los aliados (Köln, en Alemania, no nuestra querida ciudad colonial), el bombardeo de Londres de los alemanes o las bombas de Hiroshima y Nagasaaki son claramente crímenes de guerra: matan población civil e indefensa al barerr, para generar miedo y quebrar la moral de un país. Los actos criminales de los militares uruguayos durante la dictadura/gobierno de facto o como quieran llamarlo se parecen mucho más a esto que a una batalla entre dos ejércitos. La sola idea de violar, robar niños o secuestrar, matar y públicamente desaparecer gente por su adhesión a cierta ideología es un acto criminal que nada tiene de una guerra.

    La cuestión que me asombra de todo esto es la discusión semántica. La palabra dictadura (dictator) es una institución romana. Se daba el imperium dictator a un magistrado para que ejerciera el poder absoluto por causa de un peligro en general militar. La dictadura duraba a lo sumo 6 meses, luego de lo cual la república se restituía o se nombraba a un nuevo dictador. Se parece bastante a las medidas prontas de seguridad. Con un criterio romano, podríamos decir que Pacheco fue un dictador, por ejemplo.

    Las palabras no tienen un significado intrínseco, no son la materia misma, sino que son una representación y una clasificación de las cosas. Si uno quiere decir que Venezuela vive bajo una dictadura, entonces está redefiniendo el concepto de dictadura. Lo mismo pasa para el último régimen militar en Uruguay. Cuando se discute de esto, tiendo a pensar que la gente cree que está calificando a la cosa por la palabra que usa, siendo que la discusión va exactamente alrevés: describe el alcance que se le quiere dar a una palabra por los casos a los cuales se la quiere aplicar. Esta tendencia algo fetichista a pensar que el lenguaje es la sustancia y que según las palabras que le asignamos a la realidad, la realidad se adapta a ellas es algo que realmente me preocupa en el Uruguay de hoy. En mi modestísismo análisis la sustancia no es discutir si Maduro o Gregorio Álvarez son o fueron dictadores u otra cosa. La cuestión es si sus gobiernos son moralmente aceptables o no.

    De todo lo que dice Moreira, para mí lo realmente grave es que considere que el gobierno militar no actuó mal ni que lo hizo de forma sistemática, sino que los desvíos que se cometieron fueron clandestinos al poder dominante. Decir que los desaparecidos fueron pocos como para tener una mala opinión de ese gobierno, por ejemplo. Es eso lo que realmente huele necesariamente a defensa contextualizada de la dictadura. A propósito, otra cosa que considero un desvarío del debate político hoy día en Uruguay es la «contextualización» de las cosas como forma de normalizar o justificar crímenes. El lúmpen que mata a una bolichera por dos perfumes o el militar que en su misión de salvar a la patria se viola a una detenida, todo tiene su «contexto» que lo explica y a fortiori lo justifica.

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  2. Leonardo Nidingas. Un incisivo y terminante análisis.

    Tanto Rivera Elgue, como el candidato departamental de Artigas como el propio Manini Ríos no condenan la apropiación del poder político llevado a cabo por los funcionarios públicos militares el 27 de junio de 1973.

    Flaco favor político están haciéndole al Uruguay y a la coalición «multicolor» estos señores.

    Lacalle Pou puede llegar a pagar caro querer quitar al Frente Amplio del gobierno a cualquier precio.

    Tal vez, hasta llegar a pagar el precio miserable de la necesidad.

    Y lo pagó y lo pagará a ciencia y a conciencia, puesto que pensó sistemáticamente cada paso para acceder a la presidencia de la República.

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