Hashtag #CosasQueHaceLaGenteDeBien muestra un tono caldeado en redes sociales

Foto: Luis Lacalle Pou en el acto de conmemoración de los Mártires de la Aviación Militar en el panteón de la Fuerza Aérea en el Cementerio del Norte en Montevideo. Crédito: Javier Calvelo / adhocFOTOS

Declaraciones que realizó el miércoles pasado el presidente Luis Lacalle Pou en el acto de inauguración de la sede de la Dirección Nacional de Seguridad Rural derivaron en una polémica intensa en redes sociales.

Los ciudadanos de bien no están reclamando, están clamando por el orden. 

No es la primera vez que Lacalle Pou utiliza la expresión “ciudadanos de bien”, ni la primera vez que recibe críticas por ello.

La novedad fue que durante el fin de semana se convirtió en tendencia el hashtag #CosasQueHaceLaGenteDeBien, que nació como una burla hacia el gobierno y fue luego apropiado por tuiteros oficialistas, quienes lo emplearon para criticar a las administraciones frenteamplistas.

El caso puede parecer menor pero da pie a varias reflexiones, por ejemplo sobre quién puede considerarse “ciudadano de bien” y sobre el tono caldeado que alcanza el discurso en redes sociales.

La Tertulia de los Lunes con Martín Bueno, Pablo Carrasco, Ana Laura Pérez y Daoiz Uriarte.

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5 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Hay que tener presente las circunstancias en que fueron dichas esas palabras, y los antecedentes delos hechos. Era la inauguración de un centro de policía para la zona rural, y todos debemos recordar que desde hace bastante tiempo se oyen quejas y denuncias de acciones de abigeato y faena clandestina de animales en pleno campo, y de ataques de jaurías salvajes a majadas principalmente. Y no es un paisano que sacrifica una oveja para comer él y su familia, sino organizaciones que matan cualquier clase de ganado para sustraer sus carnes y venderlas a carnicerías Incluso se ha llegado a sacrificar piezas de plantel premiadas en exposiciones. O perros que andan errantes, atacando cualquier animal que se les aparezca, por lo general ovinos. A más de varias rapiñas y copamientos de establecimientos rurales que han habido, algunos incluso con asesinatos. Y es ésta, la gente de bien que clama por soluciones, como dijo el presidente.

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  2. Salir del guión tiene sus riesgos, hay que improvisar.
    La expresión «gente de bien» lleva implícita la otra: «gente del mal» ¿cuál es la línea divisoria? ¿quién tiene la vara precisa?
    «La gente de bien no anda reclamando…»
    Quienes nada reclaman o están resignados o están anestesiados o son pusilánimes o peor, son alcahuetes.
    La gente del bien reclama, siempre, porque reclamar y aún en el error, es su potestad legítima; reclaman desde la memoria, hasta los muertos.
    °
    Infeliz dicho que mas que sazonar la coyuntura política, abona «la grieta».
    Por ahí no es.

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    1. El límite entre el bien y el mal nunca es preciso, pero no por eso quedamos imposibilitados del juicio moral. Es lo que me asombra de la forma de pensar en estos tiempos, que como aceptamos las dificultades de recortar conceptos con precisión, como entendemos que hay ciertas cuestiones que son relativas, entonces terminamos por aceptar que ningún juicio de valor es posible. Es como si un biólogo negara la existencia de los seres vivos porque existen categorías en la frontera, como los virus o los priones. ¿Estoy vivo yo? ¿Está viva la silla que estoy usando? Bueno, esas preguntas por lo menos las podemos responder. El pensador posmoderno es diletante, cuando algo se pone difícil se aferra a la idea de que nada tiene sentido y piensa que eso es una idea superior. No sé cuando ni porqué fenómeno la izquierda se aferró a esta forma de pensar.

      La definición del bien en una sociedad liberal es todo lo que no está mal. Todos nacemos personas de bien y debemos ser considerados como tales hasta tanto no se pruebe lo contrario. El tipo de los dos bueyes que menciona LP, con la información de la que disponemos es de bien hasta tanto no se pruebe lo contrario. Los que lo robaron, en principio no, aunque no sepamos quiénes son.

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  3. Estimado Leonardo:
    Disculpe usted pero me llamó la atención su comentario, ¿quién puede aceptar que un juicio de valor es imposible?, lo pienso y lo que se me ocurre es una ameba o «algo así».
    «La forma de pensar de estos tiempos» ¿existe un uniforme mental general o incluso totalizador?, no lo creo, aunque a veces «la humanidad» decepcione mi fe en ella, percibo la versatilidad de ideas a diario y las «formas» de elaborarlas, también.
    «El pensador posmoderno es diletante», ¿quién es ese ser, un individuo, un grupo, una totalidad, una entelequia? ¿tal vez la misma «diletancia»?, cada pensador posmoderno o no o de cualquier «etiqueta de referencia», se caracteriza por ser una persona con nombre en un cuerpo y si algo no es, es otra persona.
    «La izquierda (toda) se aferró…nada (¡nada!) tiene sentido», creo que es un oxímoron, es mas, tanto izquierda como derecha son sentidos orientacionales definidos y ninguno de ambos, unidireccionales.
    (En mi comentario anterior me refería no a los bueyes sino a la marcha de estudiantes, dicho que luego el presidente acomodó en la forma sin apearse del fondo -diario El Observador-)
    °
    Otra vez disculpe, cabe la posibilidad de que haya malinterpretado parte o todo su texto.
    Saludos fraternos.

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    1. Estimado Juan,

      Gracias por su comentario. Creo que usted entreveró en su mensaje dos bloques diferentes del programa: Lo de la «gente de bien» hacía referencia a el asunto del comentario del presidente, respecto a que los «ciudadanos de bien» no reclaman, sino que claman por seguridad. Apareció en las redes la idea de criticar la sóla mención de que existan «ciudadanos de bien» y lamentablemente apareció desde la oposición (de la que ideológicamente me siento parte). Podemos discutir sobre lo difuso de la frontera entre una cosa y la otra, pero no negar la posibilidad de hacer ese juicio. Ése era mi punto en el mensaje. Esto en realidad fue una reedición con otros términos de la pelea twitera entre Sonsol y Dicandia, cuando Sonsol afirmó que un familiar de él, «un tipo normal», quedó atrapado en el medio de los desmanes que hubo en Kibon allá por diciembre y que tenía miedo de salir a la calle. Ahí Dicandia entendió que eso era «falta de empatia» y se lanzó en una diatriba contra la idea de que se pueda afirmar que ciertos comportamientos son normales y otros no.

      Según mi entender, en esta nota todos los comentarios harían referencia a lo que menciona este bloque de La Tertulia, que no tiene relación alguna con la marcha de los mártires estudiantiles. Le ruego me disculpe si le entendí mal y usted se refería a otra cosa. Respecto a eso último ni opiné, porque después de todos los –a mi juicio– disparates que escuché, no sabría ni por donde empezar. La idea de considerar «una baja» a un pibe estudiante que no tiró ni una piedra, sólo porque estaba marchando contra una flagrante violación a la autonomía universitaria que había hecho la policía del pachecato me excusa de cualquier comentario.

      Además quien lo dice considera apartentemente legítimo levantarse en armas contra el gobierno constitucional (y recién asumido) de Batlle y Ordóñez para exigirle que retire un destacamento del ejército nacional del departamento de Rivera. ¡También! ¿Cómo se le puede ocurrir a Batlle denunciar el pacto de La Cruz? Un pacto que consagraba la idea de que en los departamentos blancos el control territorial lo hacían milicias irregulares, en lugar del ejército y la policía nacional. Llamarlos para parar una incursión de unos bandoleros brasileros estaba bien, pero que después se quedaran era inadmisible.
      Atentos saludos.

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