El homicida de Quebracho se suicidó y dejó cartas de arrepentimiento

Ayer de tarde se realizó en Quebracho, Paysandú, el sepelio de Martín Bentancur, el hombre que mató a su ex suegra y a un policía, e incendió la casa de la familia del nuevo compañero de su ex pareja, incluyendo un galpón y maquinaria agrícola nueva.

Bentancur estaba prófugo desde el miércoles, cuando ocurrieron los homicidios, y venía siendo buscado por las autoridades, en helicóptero, con drones, camionetas 4 x 4, lanchas de la Armada y decenas de efectivos policiales.

Recién lo encontraron ayer, a primeras horas de la mañana, y sin vida: se había pegado un tiro a pocos metros de la entrada de las termas de Guaviyú. A su alrededor dejó mensajes destinados a sus afectos, escritos en un mantel, pidiendo perdón.

La Mesa con Teresa Herrera, Fernando Scrigna, Gabriel Mazzarovich y Guillermo Fossati.

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Foto en Home: Escuela Saladero de Guaviyú. Crédito: Ministerio del Interior.

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Al contrario de lo que opina la Sra. Teresa Herrera, creo que es bueno que en el interior sobreviva esa cultura «pueblerina», que hace que la gente se conozca entre sí y haya solidaridad, a diferencia de lo que pasa en las grandes ciudades donde somos todos extraños y la ayuda al desconocido no se brinda, incluso hasta por razones de seguridad propia. Si acaso, hay que inculcar más el respeto a la vida de las otras personas (incluyendo a las mujeres amadas) por encima de diferencias que se tengan. Y eso de «problema de polleras», no es que se reduzca la mujer a un objeto, por Dios; es una expresión humorística tradicional que va perdiendo sentido en la medida que casi no quedan mujeres que no usen pantalones como prenda de vestir y la pollera es relegada para contadas ocasiones.

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  2. Emiliano Cotelo fue quien mejor habló. Hizo muy bien en leer la opinión de un experto, también. Guillermo Fosatti –psicólogo– de psicología sabe poco. Teresa Herrera –socióloga con doctorado– debiera estudiar los libros que no aprendió, en lugar de nutrirse de los comentarios de las redes sociales. Además, es muy claro que necesita tratamiento, alguna terapia. Ella dice con orgullo, como exhibiendo un preciado logro, que a su marido/pareja «¡yo lo mandé preso».
    Un oscuro rencor gobierna su pensamiento y sus actos hoy, según me parece. En tanto no se cure, seguirá sola –sin el amor de un hombre y sin poder dar amor a un hombre– por siempre. Y cuando dice y repite «la maté porque era mía» demuestra un simplismo que bastaría para que se abstuviera de hablar de estos temas, o para que la dejaran fuera de un micrófono público. Escuchar hablar a esta persona puede llegar a enojar, a menudo es perder el tiempo, por decir poco.

    Sugerencia de un bobo: Que para tratar determinado tema como es debido, se convoque a quienes realmente saben, o que a los integrantes semi-permanentes de La Mesa les propongan temas acorde a sus conocimientos, más allá de los «títulos» y certificados que como académicos muestren. En dos palabras, elevar el nivel.

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