¿Cómo es hoy el vínculo entre el gobierno y la oposición?

Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS

¿Cómo es hoy el vínculo entre el gobierno y la oposición? 

¿Hay una polarización excesiva de las posiciones de uno y otro, o la situación está dentro de lo esperable?

Fito propuso discutir sobre el “tono” de la relación entre el gobierno y el Frente Amplio en este momento en que la agenda política se encuentra dominada por la gestión de la pandemia, sus consecuencias y las medidas que deberían adoptarse para aplanar la curva de contagios…

La Mesa de Análisis Político con Fernanda Boidi, Daniel Buquet, Daniel Chasquetti y Adolfo Garcé.

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¿Pueden funcionar bien las instituciones democráticas en un contexto de emergencia?
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4 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Garcé que no se haga el inocente y el preocupado por una grieta que él, como parte de los que están al frente del gobierno, contribuyó a construir. No le creo su «preocupación», más bien lo que quiere es culpar al FA de todo como han hecho desde el primer día sus correligionarios, todos. Qué opina Fito Garcé del hecho que cada vez que salía el gobierno a hablar sobre qué perilla iba a mover, acusaba al FA de corrupto y de despilfarro? Sin pruebas? En el fondo Garcé está acusando al FA de que se podrían haber hecho mejor las cosas SI EL FA
    se hubiera sometido sin chistar a las acusaciones del gobierno. Sobradas muestras dio el FA de su voluntad de diálogo y fue rechazado.

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  2. Hay 3 temas en la vida del país que requieren políticas de largo plazo y eso, en democracia, sólo es posible con acuerdos entre diferentes partidos. Yo los nombraría en el siguiente orden de prelación:

    1. Modelo de producción y desarrollo. ¿Es viable un Uruguay basado exclusivamente en la producción de materias primas? ¿Es posible diversificar la matriz productiva y agregar valor? Todas cosas muy discutidas desde los años 60, en consonancia con la CEPAL. El problema es que el Uruguay está perdiendo empleos y eso no es porque la izquierda pagó demasiado el trabajo (como cree la derecha), sino que es consecuencia de un cambio tecnológico. Por poner un ejemplo, el comercio, que siempre fue fuente de muchos empleos (muy mal pagos, pero empleos al fin), cada vez precisa menos trabajadores. La industria ya la destruimos en los 90, todo lo volcado al mercado interno sufre de la polarización de la economía: mucho desempleo y mucha pobreza genera menos consumo que no se compensa con un aumento de consumo de la elite.

    2. El modelo educativo. Cada vez más el sistema está siendo controlado por un establishment que considera que incluir es asegurar trayectorias (adoptando el lenguaje de este establishment). El resultado es terrible, porque el sistema en 15 años de «trayectoria» garantizada por políticas de promoción que aseguran el pasaje por el sistema sin transformar al educando. Todo esto justificado por el relativismo cultural tan caro a la posmodernidad, que acepta que ni la comprensión lectora es un resultado exigible al estudiante.

    3. Un modelo de convivencia. El tema de la llamada «seguridad pública» no es otra cosa que una consecuencia de una suerte de «lumpenización» de la sociedad. Es un problema muy complejo, porque la difusión de valores marginales es algo que no se frena con dinero. Las sociedades occidentales están basadas en la reproducción basada en la familia y los vínculos entre pares. Cuando el capital cultural de una familia o de un barrio acepta al delito como una estrategia cotidiana y exitosa de supervivencia, es muy difícil evitar que las nuevas generaciones no reproduzcan ese capital cultural. ¿Cómo hacer en un sistema donde la escuela y el liceo son instituciones débiles, desprestigiadas y cuestionadas por izquierda y por derecha? Bueno, tal vez hay que «empoderar» a los docentes, pagarles bien y exigirles una formación disciplinar rigurosa y una práctica exigente de la enseñanza. Volver al positivismo vareliano y guardar por un rato la retórica de que enseñar disciplinas con un enfoque universalista es oprimir al estudiante.

    Esos 3 problemas son los que están destruyendo desde hace décadas el tejido social que construyó el batllismo. Falta de oportunidades para insertarse por los problemas del modelo económico colonial, vaciamiento de la autoridad moral de los educadores por culpa del relativismo posmoderno y, como consecuencia de estas dos cosas, un marcado deterioro de la convivencia y de la adhesión al derecho por parte de un sector demográficamente creciente de la sociedad.

    Si la izquierda y la derecha no ven que van derecho a estrellarse, se van a convertir en gobernantes de un Estado fallido, es decir, en un puñado de burócratas que transan con las mafias para que los dejen cobrar un sueldo y hacer como que gobiernan. Tendrán que acordar un mínimo de políticas de Estado que permitan salir del pantano en el que estamos si no quieren destruir su propia y legítima ambición de alcanzar poder mediante la política.

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    1. Me corrijo: debí escribir «El resultado es terrible: un sistema que garantiza 15 años de «trayectoria» por políticas de promoción, pero que aseguran el pasaje por el sistema sin transformar al educando.» De escribir y reescribir la frase, quedó mal redactada.

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