La Mesa Agropecuaria
Balance 2015 rubro por rubro y desafíos para 2016

Hoy les proponemos una edición especial de La Mesa Agropecuaria: vamos a darle una mirada al campo, rubro a rubro, evaluando el 2015 que termina para ver cómo ingresamos en 2016.

Participaron Marcelo Bonomi, María Inés Rovella, Daniel Laborde y Adriana Zumarán.

Coordinación: Rosanna Dellazoppa.

La Mesa Agropecuaria
Martes 22.12.2015, hora 9.08

EMILIANO COTELO (EC) —Se va el 2015. Ya casi estamos dando vuelta la página de este año que se termina. Buen momento, entonces, para analizar dónde estamos.

Hoy les proponemos una edición especial de La Mesa Agropecuaria: vamos a darle una mirada al campo, rubro por rubro, evaluando el 2015 que termina para ver cómo ingresamos en el 2016.

En ese esfuerzo, nos acompaña en el estudio parte del grupo de Agro En Perspectiva, algunos de los amigos que durante todo el año profundizan con Rosanna a propósito de los temas que después vamos tratando en estas mesas.

Están con nosotros Marcelo Bonomi, María Inés Rovella, Daniel Laborde y Adriana Zumarán.

ROSANNA DELLAZOPPA (RD) —María Inés está en la zona este, en Lascano, y fundamentalmente su rubro de trabajo es la producción agrícola.

Adriana Zumarán está en la zona de Melilla y su rubro es la producción frutícola.

Daniel Laborde, en el departamento de Flores, en producción lechera.

Y Marcelo Bonomi, también en la zona este, más hacia el lado de Mariscala y Alférez, fundamentalmente en la producción de carne.

EC —Rosanna va a completar el panorama con los rubros madera y arroz, a partir de consultas que hizo.

RD —Sí, en el grupo Juan Rimoldi está en el área forestal y Bernardo Bocking en el área arroz, uno en Salto y el otro en Durazno.

EC —Empecemos con algunas consideraciones generales. ¿Cómo fue este año 2015 en cada caso? ¿Qué pasó desde el punto de vista productivo, desde el punto de vista climático, desde el punto de vista financiero en la granja?

ADRIANA ZUMARÁN (AZ) —En la granja, específicamente en la fruticultura, 2015 se presentó como una zafra normal en volúmenes, pero complicada en los números de la producción de fruta. La fruticultura es una producción intensiva, de pequeña escala, muy intensiva en el uso de mano de obra, de capital y de tierra. Para que se hagan una idea, el 85 % de los productores frutícolas son menores de 20 hectáreas. En este sentido el panorama ha sido el equilibrio de precios para saldar la ecuación interna de los productores. Es importante decir que la producción de fruta está básicamente orientada al mercado interno, por eso se ubica en los alrededores de Montevideo, pero las exportaciones tienen un rol estratégico en la regulación de esa oferta-demanda y en los últimos años se han tornado muy difíciles por la baja competitividad, por los altos costos de producción que tenemos.

RD —¿En términos de clima?

AZ —La gran sequía que afectó al Uruguay provocó cierta merma, por el calibre de fruta, sobre todo en manzanas, manzanas tardías. Pero sobre todo en materia climática el 2015 nos está repercutiendo en la producción. Se sumó una seca importante de otoño, y los frutales entran en recesión a finales de otoño…

EC —Recesión

AZ —Se duermen. Se dice recesión porque todas las funciones fisiológicas quedan latentes. Eso se produce en otoño. Y otra condición que es bueno nombrar porque es bastante exclusiva de los frutales de hoja caduca es que requieren de frío invernal. Si no tenemos buenas horas de frío en invierno, no tenemos una buena producción. Este año se juntó la seca de otoño, cuando la planta está entrando en esa recesión o en dormancia, con pocas horas de frío –tuvimos un invierno con muy muy poco frío–, lo que determinó una primavera de bajas floraciones, bastante dramático en pera, importante en manzana. Y además una primavera fría, hubo una baja floración y condiciones de primavera que llevaron a bajo cuajo de frutas.

RD —¿Poca fruta y cara?

AZ —Poca fruta y cara. Esperemos que cara, porque es la forma de que el productor sobreviva. Cuando los rendimientos se resienten de esta forma, el único modo de que el productor pueda mantener no digo una ganancia, digo una estructura productiva, es compensando con el precio.

EC —Seguimos recorriendo.

RD —Con Daniel, hablando de la seca de otoño.

DANIEL LABORDE (DL) —Después de años en la lechería, creo que el 2015 fue un año complicado. La seca que padeció el país en el otoño pegó muy fuerte en los costos de producción y en la parte financiera de los productores, porque se asociaron altos costos con la caída en el precio recibido por el productor. A modo de anécdota, en el 2013 la leche en polvo, que es la principal exportación del Uruguay lechero, estaba a US$ 4.700 la tonelada, en el 2014 bajó a US$ 3.500 y en el 2015 bajó a US$ 2.400, tocó fondo.

EC —Está en la mitad de ese pico maravilloso que llegó a alcanzarse.

DL —Se asociaron problemas climáticos en el otoño, que financieramente demandaron poner plata para seguir produciendo, con bajo precio de la leche. Eso financieramente pegó muy fuerte. Y se complicó más porque las industrias se encontraron con un escenario externo muy difícil para la colocación de los productos. Eso llevó a que las industrias acumularan stock.

EC —¿Por qué el escenario externo se complicó en cuanto a colocación?

DL —En el 2014 el crecimiento de la producción mundial de leche fue de 4 %, la producción superó la demanda. China desapareció del mercado, Venezuela se cayó, países que eran muy importantes para nosotros. Eso llevó a que aun a muy bajos precios no se pudiera exportar. Y eso llevó a que las industrias acumularan stock de productos para mantener el precio del litro de leche al productor. Pero eso tiene un límite. Bajo precio de leche, altos costos de producción, los números empezaron a no cerrar y en este ejercicio ya hay un número importante de productores con números negativos.

MARCELO BONOMI (MB) —Una historia similar, pero no tan grave, se ha dado en la ganadería. Es el principal rubro de exportación, ocupa 75 % del área de Uruguay, también la pasó la seca terrible de otoño-invierno, pero está relativamente mejor que los otros productos, que los otros commodities, tipo granos y lechería. La caída de precios fue menor.

EC —Hubo caída pero no fue tan seria.

MB —No fue tan seria. Secas hemos tenido miles, lo grave de esta seca y lo relativamente insólito fue que en pleno julio, en pleno invierno, tuvimos problemas de agua para el ganado, para beber, las cañadas y las aguadas estaban secas en invierno. Eso fue terrible.

EC —Eso no es habitual.

MB —No, para nada, yo nunca lo había visto. Cualquier lluvia en invierno te rinde mucho más, porque no se pierde agua ni por el sol ni por nada, 15, 20 milímetros, los bichos toman agua en cualquier lado, en cualquier charco de agua. Pero acá había aguadas literalmente secas, animales enterrados en pleno invierno. Eso es lo insólito, el panorama del invierno fue ese, pérdida de kilos en las categorías, falta de agua y compra de granos para suplementar. No es tan rígido como en la lechería, la lechería tiene una exigencia mucho más del día a día, no te perdona.

EC —Miraba una nota de Blasina y Asociados de estos días, muy reciente, a propósito de los datos del stock ganadero. Dice: “Los datos primarios para este 2015 son una colección de luces amarillas. La ganadería uruguaya ha dejado de crecer. Y ese estancamiento que surge de múltiples datos del stock se produce cuando la agricultura está cediéndole áreas a la ganadería. Por lo tanto, es doblemente preocupante”. La nota señala que la ganadería había logrado crecer cuando la agricultura le estaba sacando espacio, de todos modos había crecido.

MB —Había crecido porque mantuvo su producción en menos área, que eso por unidad de superficie es crecer. Ahora, frente a la gran crisis de la agricultura y en los campos marginales dedicados a la agricultura, se le cede área a la ganadería, los ojos vuelven sobre la ganadería porque es un rubro estable, más seguro. Va a haber una baja de producción.

EC —Completemos la rueda con María Inés, a propósito de granos.

MARÍA INÉS ROVELLA (MIR) —El rubro agrícola ocupa un 10 % de la superficie nacional y justifica en el entorno del 50 % del producto bruto agropecuario. O sea que es un rubro bastante importante dentro del sector agropecuario.

La agricultura se compone de dos fases, la fase de invierno, que está constituida por cultivos de invierno, que son trigo, colza y cebada, y los cultivos de verano, que son sorgo, maíz y soja. La vedette de todo esto es la soja, lo venía siendo hasta 2013, 2014.

Para no ser ajenos a esta situación, venimos de una campaña 2014 que tuvo una merma muy importante en los rendimientos de los cultivos de invierno y en la calidad. La calidad son las características para que el producto sea exportable. Nosotros exportamos principalmente a Brasil, que tiene unos requerimientos de proteína muy importantes. En la zafra pasada se perdió mucha calidad, lo que implicó que no tuviéramos mercado para vender nuestras exportaciones, por lo tanto nuestro valor de producción quedó muy bajo.

EC —¿Por qué fue la pérdida de calidad?

MIR —La pérdida de calidad fue por los excesos hídricos, que generaron una baja de las características particulares del trigo, que son proteínas, pH, fusarium, un montón de características que hacen a las condicionantes para que ese producto sea vendible. Vos podés plantar un cultivo y tenerlo espectacular, pero si te cae una lluvia antes de la cosecha tu calidad se deteriora rápidamente y pasa a ser un producto no comercializable. Eso fue lo que pasó en la zafra pasada, tuvimos malos rendimientos y malos precios de trigo. Arrancamos con una soja que venía con un auge impresionante, la plantamos con un precio de US$ 500 y cuando estábamos en pleno cultivo pasó a valer US$ 340, perdimos entre 30 % y 40 % del valor del producto.

EC —De nuevo: se estaban moviendo con números excepcionales, absolutamente increíbles para muchos. La caída en algún momento iba a venir.

MIR —La caída iba a venir, lo que hubo fue un desfasaje entre la caída de los precios y los costos del cultivo. Veníamos con rentas caras, con precios de los insumos caros…

EC —Cuando en esta mesa se dice renta se habla del alquiler de la tierra.

MIR —Exacto. La figura más importante en el sector agrícola es el arrendatario, como en todos los sectores. Pasa también en el sector arrocero, el que domina el mercado agrícola es el arrendatario, no el dueño de tierra.

EC —Tú decías que las rentas, o sea los alquileres de tierra, estaban caros.

MIR —Veníamos con una demanda muy alta de campos, la gente quería plantar, cualquier productor de la zona quería estar en el sector, porque dejaba rentabilidades excepcionales, nunca vistas, y además en corto plazo. Llegó a dar rentabilidades de 70 % en seis meses. Todos queríamos participar en ese negocio, el agricultor y el no agricultor. Eso generó una alta demanda, y esa alta demanda, con poca superficie, generó una suba en las rentas. Entonces altas rentas, altos precios de los insumos por la elevada demanda, altos costos de las labores. Resultado final: una baja de 30 % del valor de nuestro producto y además la seca, en el período más crítico para el cultivo, que llevó a rendimientos por debajo de lo normal y del promedio que veníamos teniendo. Por lo tanto se generaron baja de rendimiento, baja de precio, resultado de trigo de los cultivos de invierno negativo, con lo cual el desfinanciamiento no fue ajeno al sector agrícola y se viene con una falta de liquidez muy importante. Se arrancó la zafra de 2015 con falta de liquidez y eso está teniendo un impacto que se está viendo ahora.

***

EC —Falta ver algún rubro que queda a cargo de Rosanna.

RD —Para la forestación, los déficits hídricos del primer semestre, del que hablaron todos, que en algunos casos estuvieron asociados a pocas pero muy intensas heladas, determinaron pérdidas importantes en las plantaciones nuevas de eucaliptos, en algunos casos pérdidas totales. Y los crecimientos de plantaciones instaladas también estuvieron restringidos por ese fenómeno.

En lo que respecta al arroz, me uno a lo que comentaba María Inés, los cultivos de verano son más difíciles de analizar porque se siembran a fines de año, de noviembre en adelante, y se cosechan al año siguiente. Para comentar algo del 2015 tenemos que hablar del final de la zafra 2014-2015.

Para el arroz fue un año de excelente producción y récord en cosecha. Sobre mediados de enero las lluvias se frenaron, entonces empezó un período seco, pero cuando un cultivo es regado se puede manejar en términos de agua. En el este la seca fue muy grande, eso permitió un buen desarrollo de los cultivos en el tercio final y por lo tanto grandes rendimientos en Uruguay.

Pero como comentaron ellos, los grandes rendimientos no se vieron complementados con precios que pudieran cubrir los costos. Para que tengan una idea, hoy estamos hablando de US$ 2.000 por hectárea de costo. Cuando acá se decía que los costos no habían acompañado las diferencias, las bajadas de los precios internacionales, fundamentalmente hablábamos de energía muy cara, de combustible caro, de mano de obra cara. Ese desfasaje es lo que ocurre. Otra cosa importante es que en agricultura casi el 75 % de los productores no son dueños de la tierra, o sea que esa renta, ese alquiler que hay que pagar es un costo importantísimo en el sistema de producción.

EC —¿Y si tenemos que resumir todo lo que hemos escuchado hasta ahora?

RD —Pensaba plantearles esa pregunta en general. Porque de esa década de crecimiento 2003-2013, de enorme crecimiento, de soja a US$ 500, de precios de la leche inéditos, pasamos a un período que se habría iniciado en 2014 y ahora en el 2015, que se ve en los cierres de ejercicio, y uno se pregunta qué hace el productor agropecuario en los distintos rubros, cuáles son sus fortalezas y cuáles están siendo sus estrategias para vivir estos momentos.

AZ —La década de enorme crecimiento no corresponde a la granja. Ha sido una década de desaparición de mucho productor, hay un tema de escala cada vez más importante, y sobre todo Uruguay se ha convertido en un país muy caro para producir. Una hectárea de frutales –y es más grave en la parte hortícola– anda en US$ 8.000, US$ 9.000 de costo y el 60 % es mano de obra y el otro [20 %] se compone de energía, que tiene un peso tremendo, todo lo que es la cadena de frío, de conservación, de flete. Eso ha hecho que solo [seamos competitivos] en circunstancias en que los rendimientos agronómicos o productivos son muy buenos y acompañados de buena calidad, buenas estrategias de conservación o de integración producción-conservación-venta, pero sistemáticamente nos ha dejado fuera de competencia en las exportaciones.

Eso es especialmente crítico en la citricultura, ni que hablar en el arándano. Esa década que en la parte agrícola se ve como una década de crecimiento en la parte granjera o de producciones intensivas en general ha sido muy complicada, ha habido una pérdida de competitividad sistemática. En fruticultura nuestros principales mercados son Brasil y la Unión Europea, entonces la pérdida de valor del euro y del dólar y los altísimos costos de producción nuestros nos dejan fuera de batalla. En eso hay un contraste bien claro entre las actividades económicas más importantes del Uruguay y la actividad granjera.

EC —Entonces ¿dónde están las fortalezas?

AZ —En lo que decía, son sistemas de altísimas especialización, prácticamente familiares o con un gran componente artesanal, pero sobre todo se componen de dos cosas muy importantes o que deberían ser muy importantes en nuestra dieta, que son las frutas y las hortalizas.

EC —Vamos a la lechería.

DL —Creo que el año 2015 va a ser un año bisagra, pasamos de los altos precios, del muy buen negocio en la lechería a una etapa complicada, en la que ya el negocio empieza a encender luces amarillas, y en el 2016 seguramente va a encender luces rojas.

Veníamos de años en los cuales el productor se había armado muy bien desde el punto de vista de la alimentación, contaba con reservas financieras y alimentación, que le permitieron pasar un 2015 complicado. Pero está entrando en un 2016 que pinta bien complicado desde el punto de vista de los precios, sin la reservas que venían de los años buenos.

EC —De todos modos, hay una acumulación de mejoras, profesionalización, eficiencia, inversión en tecnología.

RD —Además con el apoyo del Fondo de Financiamiento y Desarrollo Sustentable de la Actividad Lechera (FFDSAL).

DL —Hay dos o tres fortalezas. El nivel tecnológico de la lechería es otro, quedó meridianamente clara la importancia del sistema cooperativo en la lechería nacional. Lo vemos en dos o tres empresas privadas que cerraron las puertas de un día para el otro y dejaron a los productores sin remitir la leche. Ahí hay una fortaleza muy grande y que necesariamente los productores no tenemos que olvidar –a veces lo olvidamos, en las buenas lo olvidamos–. La tercera fortaleza fue la respuesta del sector político a través del FFDSAL. Seguramente en el 2016 va a haber que agudizar la inventiva e inventar algo nuevo, porque es el tercer fondo, es un endeudamiento a largo plazo. Pero fue una respuesta rápida y buena.

MIR —Como fortaleza del sector agrícola uno se encentra en primera instancia con un producto que son los granos, con una demanda creciente a nivel mundial y con perspectivas a mediano y corto plazo de que se revierta la situación actual de precios a la baja. Venimos de dos zafras con producciones récord, sobre todo en Estados Unidos, eso llevó a una bajada de precios interesante. Pero la fortaleza más grande es que venimos de una serie histórica de precios eufóricos que generaron una demanda elevadísima y que sobreestimó mucho el negocio. Creo que a futuro va a haber un reordenamiento del negocio agrícola que va a permitir un arrendatario con un negocio mucho más rentable y estable a largo plazo. Creo que esas son las fortalezas grandes: una soja con un valor no de US$ 500, sino de US$ 400…

RD —¡Se jugó! Tirar un número así, clave, con esa tranquilidad, es una jugadita interesante.

MIR —El precio promedio histórico de la soja está en el eje de los US$ 400, no es ambicioso pretender ese valor de US$ 400. Volver al valor de US$ 500 sí es ambicioso y es soñador, pero creo que volver a un precio de mercado de US$ 400 no es ambicioso y es lograble. Tenemos un equilibrio que también es la entrada de Macri en Argentina, la corrida de argentinos hacia su país. Si bien fueron los que ingresaron a colonizar la agricultura, sobre todo en zonas marginales en el Uruguay, vuelven a Argentina, y eso de cierta manera permite abrir cancha a que el Uruguay vuelva a estabilizarse con nuevos precios de rentas, de insumos y de labores que permitan un negocio más competitivo.

EC —La presencia argentina en la agricultura uruguaya fue muy importante, fue un gran catalizador, una gran locomotora, pero al mismo tiempo fue un “problema”, porque infló, demandó de manera fuerte por ejemplo tierra. Y eso trajo aumentos de precios, etcétera.

MB —Hacia fuera la fortaleza de la ganadería es que tenemos más y mejores mercados que nuestros competidores. Y tenemos que seguir tratando de diferenciarnos al máximo para que nuestra carne sea diferente de la de los demás. La luz amarilla muy importante ahí es que van a un ritmo devaluatorio muy superior al nuestro y que nos pueden dejar afuera, en cantidad de rubros de producción nos dejan afuera.

EC —¿Quiénes?

MB —Brasil, Paraguay y otros. Argentina creo que no va a entrar a tallar tan rápidamente porque tiene que reconstruir su stock y le va a llevar un tiempo. Hacia la interna, veo como una oportunidad –lamentablemente– para los agricultores el uso de granos para la alimentación animal, por la relación precio-carne-grano que se está dando en este momento. La ocupación de algunas áreas que retornan de la agricultura marginal, el uso de la suplementación. Y no quiero dejar de mencionar la exportación de terneros en pie, que en plena crisis de seca sostuvo el precio del ternero, que es muy importante.

***

RD —Como fortaleza para todos, mencionaría la figura del productor agropecuario. No quiero ser con esto volada ni romántica, pero me parece que, por ejemplo en el caso de los arroceros, a pesar de estos US$ 2.000 por hectárea, se sembró un área similar a la del año pasado, hubo algunas complicaciones por los excesos de agua en el norte, un poquito fuera de fecha, pero en el este está sembrado todo muy bien. Y si bien el precio del dólar en alguna medida ha favorecido, no ha subido lo suficiente como para acompasar los costos de producción. Quiero resaltar la figura del productor agropecuario en todos los rubros. Hay un tema muy importante que es el social y el favorecer la competitividad para que estas producciones puedan levantarse.

***

EC —Rosanna, ¿te quedó algo sobre arroz o madera?

RD —Sí, me quedó algo muy importante, que es que el 2015 ha sido un año de inflexión en la actividad forestal uruguaya porque se incorporó la producción de Montes del Plata. Eso duplicó la cantidad de maderas cosechadas y transportadas sin que se manifestara ningún inconveniente en particular. Tenemos los datos de Deloitte por ejemplo de celulosa, que pasó de US$ 756.000 en el período enero-noviembre de 2014 a US$ 1.139.000 en 2015. Una variación de 51 %.

EC —Si miramos ahora hacia el año 2016, ¿qué podemos apuntar? ¿Cuánto juega el factor Argentina, por ejemplo?

RD —Fundamentalmente pensamos en estrategias empresariales. Dado este panorama que presentamos, cómo se planta un productor en esta coyuntura que estamos viviendo.

MIR —En lo que refiere al sector agrícola, se distinguen dos etapas muy diferentes. Tenemos la agricultura tradicional en zonas tradicionales, como el litoral y el litoral sur, donde venimos con resultados muy positivos de la cosecha de trigo, con rendimientos históricos, récord, que generaron un empuje interesante. Pero si bien tuvo rendimientos positivos aún no está concretado el precio de comercialización por lo que hablamos de la calidad, que no está siendo la óptima para el mercado brasileño específicamente, y dependerá de cómo se comercialice el resultado que se obtenga. Pero con un empuje positivo y con grandes expectativas hacia el cultivo de soja en cuanto a rendimiento y a márgenes, apostando a rendimiento y no a precio. Hoy la búsqueda va hacia la productividad, creo que en los sistemas litorales tradicionales no es tan fácil salir de la agricultura porque está todo diseñado para los sistemas agrícolas. Entonces a largo plazo el esquema va a estar más centralizado en la rotación y la diversificación de cultivos, lo que no solo permite disminuir riesgos, sino que además permite hacer sustentable y sostenible en el tiempo la producción.

En las zonas marginales que comentaba Marcelo Bonomi, que son las zonas no tradicionalmente agrícolas, como el este, que es la zona de influencia mía, o la zona centro, o la zona noreste, creo que la agricultura va a estar más volcada hacia un esquema agrícolo-ganadero en el que la agricultura y la ganadería van a asociarse, van a trabajar juntas mejorando tanto la ganadería como la agricultura y logrando un número también sustentable y sostenible en el tiempo.

RD —¿Cómo es la situación financiera para esos esquemas del subsector agrícola?

MIR —Se va a necesitar un empuje interesante de inyección de capital. Para plantar una hectárea de soja precisás US$ 500 y para poblar una hectárea con ganadería y con una pradera arriba precisás cerca de US$ 1.000, la cantidad de capital que precisás para generar ese input es muy importante. Pero como la ganadería nunca salió y nunca fue desplazada de la zona este, creo que fácilmente se va a revertir y que una inyección de capital, ya sea de fuente de financiación o de acuerdos con frigoríficos, que están precisando esa carne y están ofreciendo opciones para recuperar la ganadería en esa zona, va a ayudar. Hay un desfinanciamiento, es claro, porque no hay valor de venta en ninguno de los sectores, pero a corto plazo va a ir revirtiéndose de manera gradual y con sustentabilidad a largo plazo.

EC —Te veo muy segura, muy confiada.

MB —Sí, y además aportó mucho en la parte de la ganadería. La ganadería también estaba muy basada en los altos precios, entonces ahora el productor tiene que afinar el lápiz, afinar los números, ser cuidadoso en los gastos, en las inversiones, y tiene que producir más.

EC —¿Qué quiere decir afinar el lápiz?

MB —Afinar el lápiz es ser cuidadoso en gastos superfluos, en gastos que no reditúen en un ingreso.

EC —Por ejemplo, ¿dónde se puede recortar?

MB —Recortar no sé. No se puede recortar en alimentación, el ganado tiene que estar con buena alimentación, tiene que ganar kilos.

EC —¿Dónde hay margen para recortar?

MB —En retiros personales, gastos de estructura, si el parque tiene el pasto un poco más largo mala suerte; el mantenimiento de algunas cosas que no reditúan rápidamente. Es problemático tener que encarar inversiones en pasturas en un momento en que se está desfinanciado. Por suerte hay plata.

RD —Esa es mi pregunta: ¿fuentes de financiamiento?

MB —Como decía María Inés, los frigoríficos, y el banco también, creo que es un instrumento que hay que usar.

RD —Y gente de fuera del sector que esté interesada, ¿cómo creés que lo ve?

MB —Hoy los que tienen algo de capital miran la ganadería, porque es un rubro seguro y diría un rubro refugio. Saben que aseguran el capital, que compran ganado, el ganado está ahí y que no va a pasar algo grave. No es lo mismo que invertir en agricultura.

DL —Hablando en términos futbolísticos, yo soy hincha de Danubio, me gusta el buen fútbol, llegar al área tocando y hacer muchos goles…

EC —Desde la cabina se levanta un brazo, una mano…

DL —…pero como empresario este año me parece que voy a jugar a lo Peñarol, o sea, apostar al 0 a 0 y hacer un gol ahí, en el último minuto. Realmente, creo que cuando uno analiza las expectativas internacionales, lo que dicen los informes de Rabobank, de USDA es que las perspectivas para el primer semestre del 2016 son que el precio de la leche en polvo no va a levantar, la demanda está floja, China no compra leche en polvo, entonces eso habla de que vamos a tener la tonelada de leche en polvo en el entorno de US$ 2.400, US$ 2.500.

. Y eso habla de que el precio del litro de leche al productor no va a superar los US$ 0,23, 0,24, 0,25. Por otro lado, una parte importante del relativo buen precio que todavía estamos cobrando hoy es debido a un fondo de estabilización que Conaprole acumuló en los años de bonanza, una muy buena decisión.

RD —¿No se acabó todavía?

DL —No se acabó, pero en algún momento se va a terminar, los meses que le quedan no son muchos. Eso implica que $ 1, $ 1,5 de los $ 8 que estamos cobrando hoy van a desaparecer. Uno quiere ser optimista, pero creo que el primer semestre del 2016 va a ser muy complicado y entonces la apuesta es a tratar de pasar ese semestre. Financieramente para los productores va a ser muy complicado, yo percibo productores desapareciendo del negocio, nada dramático, pero sí un incremento del número de productores que van a dejar el negocio lechero. Ya ha habido algunos tambos grandes que han dejado el negocio lechero en este semestre.

EC —¿Qué ocurre en esos casos? ¿Deja de producir o pasa a producir otro?

DL —El 50 % de los productores lecheros son productores de chicos a muy chicos, familiares; creo que va a haber un número importante de productores familiares que lamentablemente van a dejar el negocio. Lo asocio a productores de 60 años, que no están dispuestos a endeudarse, que creo que va a ser la tónica este semestre para poder pasar ese pozo. Entonces creo que va a ser un año para jugar al empate, no para locas pasiones, y para tratar de mantener producción a costos razonables y pasar.

RD —Ahora que hablaste de endeudamiento, lo del fondo de apoyo al sector lechero es discutible. ¿Lo mirás como un peligro de endeudamiento del sector o como un apoyo?

DL —Del total del FFDSAL se cobró la mitad en octubre y se cobraría la otra mitad en febrero. Creo que fue una sabia decisión, porque hubo muchos productores que ya se gastaron, por deudas anteriores, la primera mitad, y por lo menos tenemos la segunda mitad en febrero.

RD —¿Sobre todo para el productor chico?

DL —En general, ahí no diferencio en chicos y grandes.

EC —Adriana.

AZ —A veces me viene cierta envidia de la movilidad, cuando escucho a María Inés que habla de plantar esto o lo otro. Para ubicarnos un poco, un monte frutal se planta hoy, la primera cosecha es a los cinco o seis años, y por lo menos va a durar 25, 30 años.

EC —Ustedes trabajan con plazos largos.

AZ —Con plazos muy largos. Frente a un año malo, como claramente va a ser este, eso da muy poca flexibilidad. Sobre todo creo que va a ser un año de un gran desafío de no desandar caminos andados que han costado mucho. Se ha trabajado mucho, incluso con el ministerio en programas de manejo de plagas que nos ponen con una ventaja comparativa en relación con alguna barrera sanitaria muy importante. El primer reflejo frente a un año malo es parar ese tipo de cosas que tienen un costo directo quizás más alto, pero un beneficio a largo plazo muy importante. Coincido con Daniel en que va a ser un año en el que a mucho productor familiar le va a ser muy complicado seguir. Ahí empieza a tallar un tema de escala bastante complicado.

EC —¿Hay quien sustituya a esos productores familiares?

AZ —En fruticultura y en la granja en general no. Es un camino que después no se puede recomponer.

EC —Una granja que decide dejar de producir es eso, es una plantación abandonada.

AZ —Sí, pero es mucho más grave, porque el capital importante de un fruticultor o de un horticultor no es la tierra –estamos hablando de muy poca extensión–, sino lo vivo que hay arriba de la tierra, y si bien son ciclos biológicos muy largos, la inversión se pierde rápidamente. Toda la actividad granjera –fruticultura, vitivinicultura, horticultura, producción animal intensiva– son algo más de 60.000 hectáreas en Uruguay. Pero si sumamos el personal permanente y el zafrero afectado a la granja, son el 52 % de los trabajadores agropecuarios del Uruguay. Entonces es una actividad que en tierra en muy chiquita, pero tiene un impacto social y sobre todo en la actividad familiar intensiva brutal. Y ni que hablar de la mano de obra agropecuaria.

RD —Por eso tantas veces ha estado en manos de políticas de Estado.

AZ —Exactamente, y por eso se sigue viendo como un soporte. Estamos hablando de las cercanías de Montevideo y de cosas con otra implicancia en la seguridad alimentaria.

***

EC —Vamos a cerrar con una última ronda para pasar en limpio lo que cada uno fue exponiendo a propósito de cómo vislumbra el año 2016, sobre todo las primeras etapas, los desafíos que están por delante.

RD —El jugador de Danubio está clarísimo…

DL —Porque uno siempre termina dando una imagen negativa. Venimos de años gloriosos y nos enfrentamos a una realidad de costos y de precios que cambió radicalmente, y de estos la historia del país y la historia del agro está llena.

EC —Tu mensaje es “no dramaticemos, los ciclos existen y hay que adaptarse a ellos, hay que saber manejarlos”.

RD —Hay que ser realistas.

DL —Obviamente, el productor se tiene que adaptar a los cambios. Sería bárbaro vivir con la soja a US$ 500 de aquí a 50 años y la leche a US$ 0,50, pero vivimos en un mundo que no era real, entonces ahora estamos en un proceso de cambio, los costos se van a readaptar, se están readaptando y estamos entrando en un nuevo ciclo.

EC —Ese es un factor que hasta ahora capaz que faltó o no se subrayó demasiado: los costos también van a bajar, van a ir bajando.

DL —Los costos van a ir bajando. El tema es que los precios bajaron mucho más rápido que los costos. Entonces estamos en el peor momento, en el cual los precios bajaron mucho, y los costos recién comenzaron a bajar. La clave es gestionar esta transición.

EC —A propósito de precios, dice un oyente, Luis de Mariscala, en referencia a la intervención que realizaba hace un rato María Inés: “Yo por cinco zafras vendo a US$ 400 la soja encantado”.

MIR —La vende ahora, hace un año si le daban US$ 400 y la guardaba en el galpón esperando los US$ 500. Así somos los productores agropecuarios.

MB —Confirmo lo de la reestructura de costos. Se va a usar mucho la suplementación como una oportunidad. Creo que es positivo que la ganadería hoy esté mejor que los otros rubros, agrícola y lechero, y muchos inversores miran hacia ella.

EC —Adriana.

AZ —Como en todas las cosas, las crisis o los momentos bravos hay que tomarlos como oportunidades. Agudizar el ingenio, cada uno en su rubro. Nosotros básicamente tenemos que apuntar a bajar los costos de mano de obra, buscar formas de mecanización, ver por dónde le encontramos la vuelta. Creo que Uruguay en general –no hay rubro que se escape– se tiene que diferenciar por la calidad, por un producto diferenciado. Eso también es un desafío para productores, técnicos, ¿lindos, no?, en estas épocas en que hay que afinar la puntería y tratar de ser eficientes.

MIR —Creo lo mismo, en el sector agrícola hay una fuerte reestructura, que es desde todo punto de vista positiva. El sinceramiento del mercado es muy positivo, da oportunidades para ser eficientes, hacer las cosas bien, ser sustentables y sostenibles en el tiempo, lo cual a mediano y largo plazo va a repercutir de manera positiva. La demanda por granos va a seguir existiendo, no sé si será US$ 400, a US$ 360, pero creo firmemente que va a haber un precio de equilibrio que nos permitirá hacer un balance positivo en los resultados.

RD —Yo pongo el foco directamente en la gestión, en la gestión empresarial. Todo lo que decían de afinar, de reestructurar, de hacer la plancha, como se dice en la interna, me parece fundamental. Por lo tanto hay que apostar todas las fichas a eso, a la profesionalización de la gestión de un establecimiento como empresa que es y como negocio.

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Transcripción: María Lila Ltaif

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