¿Qué necesita la política en Uruguay? ¿Cuáles son las perspectivas y los nuevos liderazgos?

¿Quiénes serán las figuras de renovación en el Partido Colorado?

La pregunta está instalada desde que Ernesto Talvi comunicó que se alejaba definitivamente de la actividad política a mediados del año pasado…

A raíz de este planteo, esta mañana nos preguntamos: ¿Qué necesita la política en Uruguay? ¿Cuáles son las perspectivas? ¿Cuáles los nuevos liderazgos?

La Tertulia de los Lunes con Oscar Ventura, Martín Bueno, Ana Laura Pérez y Miguel Brechner.

Viene de…
¿La gente entiende lo que implican las cifras de la pandemia de covid-19 en Uruguay?

Candela Stewart

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2 Comentarios

  • «El Uruguay es batllista». Frase tantas veces mencionada,pero inexacta, que repitieron en esta tertulia. Si bien nadie puede negar la incidencia que tuvo el pensamiento y las acciones de José Batlle y Ordóñez durante sus gobiernos (o los que siguieron sus líneas), las mismas fueron consecuencia de corrientes de ideas que tuvieron auge desde fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, que tuvo defensores en personas que no integraron el círculo de prosélitos de ese gobernante. Por ejemplo, una de las que se le atribuyen (la limitación de la jornada laboral) fue presentada al Parlamento en 1905 por los diputados Luis A. de Herrera y Carlos Roxlo, y Batlle, que ya ocupaba la Presidencia, no le dio trámite. Y hay que recordar también algunas figuras del Partido Nacional, como Lorenzo Carnelli, Daniel Fernández Crespo o Carlos Quijano (que militó en el nacionalismo independiente hasta 1958), que fueron propulsores de todas esas reformas sociales que se sustanciaron durante los gobiernos batllistas. Ahora queacaba de fallecer el ex- vicepresidente Gonzalo Aguirre, me viene a la memoria un artículo que escribió en «El País» el día 23 de julio de 2006, al cual me remito.

  • Batlle es la culminación de un proceso de modernización que arranca en el militarismo. Primero se moderniza la economía, se le da músculo al Estado y se crea un sistema de educación pública y luego llega Batlle y fija la agenda en torno al progreso material de los trabajadores y la libertad individual y de conciencia. Batlle en cierta medida es el que culmina la creación del Uruguay, porque le da identidad política diferenciada de la de Argentina. Si uno mira la agenda política del Uruguay en el S XIX, la política del Uruguay era política provinciana argentina, al punto de que allá de peleaban federales y unitarios y acá había una guerra entre simpatizantes de unos y otros.

    Con Batlle el Uruguay le saca varios cuerpos a la política argentina, al punto de que hasta el día de hoy sus autoridades siguen jurando por los evangelios cuando asumen una función pública. Otros beneficios como el divorcio tardaron más de medio siglo en llegar a la argentina, por no decir que la construcción sindical en torno al peronismo tiene características muy diferentes a los sindicatos de base socialista y anarquista que forjaron al sindicalismo uruguayo con el beneplácito de Batlle.

    La historia del Uruguay, desde el batllismo hasta hoy, es una historia centrada en la lucha entre reformistas y conservadores del régimen, que es algo que se corresponde con cualquier democracia moderna. Batlle instaló la idea de que no hay libre contratación posible entre desiguales, que es mucho más que una discusión sobre la duración del tiempo de trabajo: es la idea de que en la relación desigual entre patrones y empleados, el Estado debe poner el dedo en el platillo del empleado para equilibrar fuerzas. Eso es algo que en la concepción liberal no existe, como bien dijo en estas mesas el blanco Pablo Carrasco: no debe existir el derecho laboral.

    Dicho esto, cada uno puede deducir donde están los batllistas hoy día. Si un partido es el furgón de cola del herrerismo, no puede ser batllista. En mi opinión el planteo de Ventura es inadecuado a lo que el Partido Colorado es hoy, a lo que son los líderes como Bordaberry (del más puro cuño ruralista) y Talvi (un economista de la escuela de Chicago) que él mismo nombra. No busquen batllistas donde no están. Seregni se fué por eso mismo, porque era más batllista que el Partido Colorado de JM Bordaberry y Pacheco. Tras de sí se fueron otros grandes batllistas como Zelmar y Roballo.

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