Protestas antirracistas desembocaron en daños a estatuas de personajes históricos

Las protestas antirracistas que se desataron a partir de la muerte de George Floyd a manos de un policía estadounidense han llevado a manifestantes a derribar o degradar estatuas de personajes controvertidos en varias partes del mundo.

En Estados Unidos, y en varias partes de Europa, se vandalizaron estatuas de Cristobal Colón, que es visto como uno de los responsables del genocidio de indígenas por los sectores más radicales del movimiento Black Lives Matter. Además, en Praga, una estatua del ex primer ministro británico Winston Churchill apareció una mañana pintado con leyendas que decían «era un racista». En Bélgica, una estatua del rey Leopoldo II fue quemada y recubierta de pintura roja, como símbolo de la sangre derramada por los congoleños, colonizados en su momento por los belgas.

Las movilizaciones contra el racismo, por otro lado, también impactaron en el sector cultural. Por ejemplo, la semana pasada la cadena HBO, retiró de su plataforma de streaming la película Lo que el viento se llevó, que retrata la Guerra de Secesión desde la perspectiva de una familia de esclavistas. El largometraje será repuesto con el agregado de una reflexión sobre su contexto histórico, sin alterar la película.

De Netflix a Amazon, las plataformas reaccionaron a homicidio de Floyd, destacando las obras de artistas negros, con secciones consagradas al movimiento Black Lives Matter.

La Tertulia de los Viernes con Alejandro Abal, Susana Mangana, Juan Grompone y Gonzalo Pérez del Castillo.

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Foto en Home: Un trabajador limpia la estatua del ex Primer Ministro británico Winston Churchill, pintada con los slogans: «Black Lives Matter» y «He was a racist». Crédito: STRINGER / AFP) / Czech Republic OUT

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Me parece correcta la exposición de la Sra. Mangana. Pero además, hay un hecho: cuando se radicaliza una posición política o social, y esa radicalización toma auge, se produce por reacción el desarrollo y crecimiento de la posición antagónica, y eso puede desembocaren conflictos civiles.

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  2. Sin ánimo alguno de defender la destrucción inútil de estatuas, merecidas o no (vaya en la diversidad de sentires sopesarlo), y por supuesto contextualizando cada coyuntura histórica con sus peripecias, personajes e improntas; creo también es inexcusable intentar entender la catarsis de este hoy en carne viva.
    ¿Acaso el ayer no es el ítem de principal discusión en este trance? ¿Y si lo es la ancha y también dolorosa flagrancia reciente?
    Toda la historia universal reposa en cada presente, que es YA el único tiempo humano de vivir (así estés en este instante leyendo los mas remotos relatos ancestrales)

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  3. Las estatuas invariablemente homenajean. Homenajear es algo que depende de la perspectiva histórica. Por ejemplo, que un filántropo de Bristol haya ganado traficando esclavos el dinero que donó para obras de caridad de su ciudad podría ser una anécdota en el momento en que se erigió la estatua o algo que invalida en gran medida esta acción, hoy día. No hay que hacer juicios anacrónicos, pero tampoco se está obligado a mantener eterna veneración a un personaje que a la luz de la moral actual ya no tiene un balance positivo. No hay que temerle a la revisión histórica, a bajar estatuas ni al eregir nuevas. Sólo las religiones tienen dioses eternamente venerables. La historia si se la estudia para ampliar la comprensión del pasado debe estar en permanente reelaboración y revisión.

    PD: Guillermo Vázquez Franco tiene una visión crítica del rol de Artigas y del proceso de independencia oriental. Esa posición es hoy minoritaria, casi aislada. Pero tiene un gran valor testimonial, porque desacraliza a Artigas y el culto oficial a su figura como la razón de ser del Uruguay como estado independiente. Entiendo que la disidencia y la revisión son fundamentales, incluso para legitimar a la «historia oficial» como mayoritaria, pero no impuesta por la fuerza.

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