Putin exalta el nacionalismo durante conmemoraciones por la derrota nazi en la 2ª Guerra Mundial

Este miércoles, durante la conmemoración de los 75 años de la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial, el presidente ruso, Vladimir Putin, destacó el “sacrificio soviético y la deuda que el mundo tiene aún con Moscú”:

Cuesta incluso imaginar cómo habría sido el mundo si el Ejército Rojo no hubiera salido a defenderlo, proclamó Putin, dando comienzo al desfile que debería haberse celebrado el 9 de mayo pero que fue aplazado por la epidemia de nuevo coronavirus.

En este acto, que Rusia organiza cada año para celebrar el fin de la Segunda Guerra Mundial, desfilaron esta vez en la Plaza Roja 14.000 soldados, así como tanques, misiles, sistemas antiaéreos y aviones, algunos de los cuales participan en la guerra en Siria, lo que ilustra el regreso del poder ruso al escenario internacional

El evento, que también simboliza el orgullo y el poder de Rusia tras 20 años de gobiernos de Vladimir Putin, tuvo lugar justo antes del referéndum sobre una reforma constitucional que da al actual jefe del Estado la posibilidad de permanecer en el poder hasta 2036, cuando cumplirá 84 años.

La reforma también otorga al presidente prerrogativas como la designación y cese de jueces, la indexación de las pensiones, consagra la “fe en Dios” en la Constitución y el matrimonio como institución heterosexual.

La votación comenzó ayer y durará hasta la fecha oficial de la “consulta popular” establecida para el 1° de julio.

La Tertulia de los Viernes con Alejandro Abal, Susana Mangana, Juan Grompone y Gonzalo Pérez del Castillo.

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Foto en Home: Vladimir Putin. Crédito: Mikhail KLIMENTYEV / SPUTNIK / AFP

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. La verdad, el imperialismo y el colonialismo campeaban en Europa antes de la Segunda Guerra. Inglaterra era la máxima, con posesiones en todos los continentes («where the sun never sets», decían; pero Francia tenía la mitad norte de África y la Indochina, además de la Guayana francesa e islas en el Pacífico; Italia tenía Libia, Etiopía y Somalía, y hasta Bélgica tenía su Congo. Y Alemania era la cenicienta de ese cuento; por eso, con la ideología supremacista del nazismo, salió a conquistar territorios en Europa tratando de reconstruir lo que había sido el Sacro Imperio Romano-Germánico; así fue que chocó contra los intereses de otras naciones.

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  2. Me he quedado asombrado del ejercicio de historia contrafáctica que hizo Grompone. De hecho metió al resto de la tertulia en un ejercicio tan imaginativo como estéril. ¿Qué sentido tiene eso? Siguiendo el razonamiento de Grompone, como las guerras las pelean las economías, la guerra de Vietnam la perdió EEUU por el poderío de la economía vietnamita y del apoyo soviético. Claro que pelean las economías, porque sin economía no hay nada. Pero pelean también las culturas y los regímenes políticos.

    Francia en la WWI ganó como aliada la guerra, haciendo un enorme sacrificio en vidas humanas y privaciones materiales. El mariscal Pétain fue un héroe de las trincheras, que organizó la remontada francesa luego de un proceso de desmoralización que llevó al sistema político a considerar la capitulación. En la WWII se entregaron casi sin pelear y el mismo Pétain se volvió un testaferro alemán para el sur de Francia, al mismo tiempo que cedía el control del norte rico e industrial. ¿Qué pasó? Pasó que el pueblo francés ya no quería pelear, vivir en guerra, con racionamientos y miles de muertos todos los días. Es el mismo móvil que tuvieron las potencias europeas para firmar el pacto de Munich (el tan olvidado antecedente del mucho más citado acuerdo Molotov-Ribbentrop). En Munich se capitulaba frente a las pretensiones expansionistas de los nazis en los sudetes de Checoslovakia, con el argumento de apaciguar a Hitler y evitar la guerra. Chamberlain fue el gran impulsor de esta política, pensando en que el fascismo era la alternativa popular para defender al capitalismo frente a la eventualdiad de una revolución. Davidov, representante de la URSS en la Sociedad de las Naciones, solicitó hacer una coalición para parar a Hitler y las potencias capitalistas no quisieron hacerlo esgrimiendo en la interna de sus países que Hitler era sólo un peligro para la URSS. Buena parte de ese autoconvencimiento venía de negar la inexorabilidad de una nueva guerra contra Alemania, porque no querían pelear.

    A EEUU le costó muchísimo entrar en la guerra. Roosevelt hizo campaña prometiendo neutralidad, que era lo que quería «John, the people». El ataque a Pearl Harbord fue providencial para generar la opinión pública favorable para entrar en guerra. Varios cabos sueltos han generado una teoría conspirativa que afirma que tenían información del ataque que planificaba Japón y lo dejaron hacer. Las guerras de EEUU son viables si ocurren lejos y mueren pocos de los suyos, si son negros, latinos y pobres, mejor. Precisan tener una superioridad aplastante, que les asegure ganar la guerra apretando botones, o bien tercerizarla apoyando a ejércitos locales para que sean los que ponen la sangre (como pasó con la URSS en la WWII). Si empiezan a llegar los ataúdes con la bandera, se termina el apoyo al gobierno. Homero Simpson, ése personaje que tan bien representa a «John the people», quiere tomar cerveza, comer pizza y criar a sus hijos. Las guerras requieren un espíritu de sacrificio que trasciende la satisfacción individual. El que muere es el hijo, el sobrino, el primo, el amigo: la única gente que a un individualista le importa. Un gobierno democrático, con elecciones competitivas cada 4 años y un pueblo acostumbrado a vivir preocupado exclusivamente de aumentar su confort material y cuidar su entorno de afectos no es lo más adecuado para perder millones de vidas en una guerra. Un pueblo acostumbrado al autoritarismo, con raíces históricas y culturales que los hacen sentirse parte de una comunidad espiritual, es mucho más operativo para resistir una guerra y poner la sangre necesaria. Los soviéticos llamaron a esta guerra la «Gran Guerra Patria». Stalin fue astuto, rehabilitó a la inglesia ortodoxa y se fueron todos a pelear por la «Madre Rusia».

    En Vietnam, a los EEUU les tocó poner la sangre y no pudieron bancar el costo político de la guerra. ¿Acaso no tenían los medios materiales de ganar esa guerra? Por supuesto que sí, pero no tenían en quién tercerizar los muertos para ocupar el territorio. Podían destruir Vietnam desde el aire, hacer llover bombas, napalm o agente naranja durante horas, matar de hambre a los vietnamitas destruyendo sus cultivos pero no lograban ocupar territorio sin arriesgar vidas propias. La política interna los hizo perder esa guerra. Quedaron traumadísimos e hicieron catarsis durante años con películas que trataran de exorcizar los fantasmas de Vietnam.

    Un dato revelador sobre quién hizo la parte dura de la guerra: de cada 5 tanques alemanes, 4 estaban en el frente soviético y 1 solito fué enfrentado por el resto de los aliados. Éso es lo que significaba la «generosidad» de darles suministros, armas, aviones y dejarlos tomar Berlín: ustedes pongan la sangre, disputen territorio palmo a palmo, que nosotros los apoyamos desde el aire. En la guerra cada uno puso lo que le resultaba política y materialmente posible: EEUU puso su capacidad industrial y de producir alimentos. La URSS puso vidas regimentadas dispuestas a morir por la patria, mientras desarrollaba su complejo militar-industrial. Luego llegaró uno de los mejores tanques de la guerra (el T34) y uno de los mejores fusiles (la AK-47). ¿Era un canalla Stalin por hacer eso? Y bueno, tal vez si hubiera capitulado, hubría entregado el petróleo y la siderurgia soviética y se hubiera quedado con alguna zona agrícola para reinar en ella, como lo hizo Pétain. Como los recursos son finitos, un recurso perdido por la URSS no hubiera sido sólo una pérdida para los aliados, sino también un nuevo recurso a disposición de Alemania. A Alemania el petróleo soviético le hubiera venido muy bien, por ejemplo para no tener que fabricar petróleo sintético… pero mejor paro por acá, porque la historia contrafáctica no es lo mío.

    Putin, el político haciendo demagogia, es sin embargo más mesurado que Grompone y apenas si dice que «no se imagina cómo hubiera sido la historia». Y sí, la historia sacando al actor principal del reparto es difícil de imaginar. Sin embargo, esa hipótesis en manos de un buen escritor como es Grompone, podría dar una buena novela del género de Ucronías, que con todo respeto le sugiero que escriba. Con gusto la leería para ver cómo resuelve esa guerra ganada por soldados estadounidenses, cuántas vidas perderían, qué impacto tendría en la política local. Si la Barbaroja hubiera salido bien, ¿habría ganado Roosevelt en noviembre del 41? ¿Eso habría hecho popular la idea de entrar en guerra o habría aterrorizado al pueblo, reforzando la opinión pública neutralista que ya tenían? ¿Qué habría votado el Congreso? ¿Habría buscado alguna cohabitación con Hitler o ir a la guerra? ¿Roosevelt habría tenido que dar un golpe de Estado para poder ir a la guerra? Todo está permitido como ejercicio literario. Sólo es importante que la historia sea creíble. Pero esto no se trata sólo de contar PBI.

    Por último, me queda claro de lo que dice Pérez del Castillo que finalmente el tema no es Putin, es Rusia. Cualquier gobierno legitimado por las instituciones rusas seguro que es ilegítimo, que proviene de un fraude electoral. En cambio, cualquier gobierno que provenga del sistema alemán, seguro que es honesto y legítimo. Ver la forma de pensar de Putin, su planteo imperial, autoritario y moralmente conservador me hace pensar desde acá que Pérez del Castillo se equivoca profundamente. Tal vez Putin sea un fiel reflejo de lo que quiere el pueblo ruso, electo entonces con total honestidad. El error a veces proviene de pensar que si en la cultura de uno un cierto líder sería impopular, seguro que en otra cultura lo es también. Chomsky tiene una frase al respecto, que grosso modo dice que los occidentales siempre nos pensamos que los líderes de otras zonas geopolíticas no son honestos, no son populares y que ocultan sus verdaderas intenciones. Tenemos otra vara muy diferente, mucho más crédula, con nuestros propios líderes.

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  3. En toda guerra hay un interés de origen económico que la sustenta y hay otro de origen propagandístico que la impulsa (Hitler + Goebbels en la 2da); la gangrena mayor siempre es el nacionalismo, siempre.
    Roosevelt, Churchill, Stalin, aliados pero no tanto, ni menos, entreverados.
    A Roosevelt le desagradaba el insular, USA era un país rico, indoors y bastante ingenuo; le rechinaban los imperios, hasta que luego en el periplo del tiempo se convirtió en uno, el mas grande.
    Churchill era ante todo un aristócrata, culto, brillante, audaz y decidido, eso representó y hay que decirlo sin titubeos, también era harto inescrupuloso; su paradigma inspirador en los hechos, era la resiliencia de una decadencia, la británica.
    Hablando de inescrupulosos, Stalin lo era en extremo, un hombre de aquellos que piensa que el fin justifica los medios, tanto que se declaró en su momento, marxista leninista… y gobernó a la usanza despótica de Nicolás.
    El peso gordo de la 2da guerra, en sangre y victoria recayó en la Rusia Soviética; hasta que con el tiempo (y otra vez, la propaganda), Hollywood se fue adueñando del relato y hasta resulta que en otra guerra después, Rambo ganó en Vietnam.
    ¿Putin?, frío, inteligente, líder nato en un país con impronta popular de apoyar líderes recios. De vuelta ¿Putin?…un zar mas, pero no un zar cualquiera y zar al fin.
    (Interesante comentario el de Leonardo)

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