¿Qué dejó el primer día de venta de cannabis legal en farmacias?

Ayer a las 17 horas se acabó el stock de marihuana producida bajo control del Estado en las 16 farmacias del país habilitadas para su comercialización, según un relevamiento realizado por el diario El País.

El primer día de venta fue en general exitoso, salvo algunos problemas en el software con alguno de los consumidores a los que la máquina no les reconoció la huella dactilar, mecanismo obligatorio para comprar cannabis, previa inscripción en el registro correspondiente.

Mientras los químicos farmacéuticos continúan pensando que las farmacias no son el lugar adecuado para la distribución de marihuana, fuentes de Presidencia de la República aseguraron que hay otros 20 locales “que estarían para sumarse en pocos días».

Cada farmacia puede obtener hasta dos kilos de marihuana al mes, que son 400 paquetes (cada paquete contiene 5 gramos), mientas que el comprador puede hacerse de hasta diez gramos por semana (40 gramos al mes).

Por el momento, los departamentos que no cuentan con locales que ofrezcan el cannabis estatal son: Cerro Largo, Durazno, Florida, Rocha, Río Negro, Rivera, Soriano y Treinta y Tres

La Mesa de los Jueves con Esteban Valenti, Carlos Ramela, Fernando Butazzoni y Antonio Mercader.

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Foto en Home: Miguel Rojo/AFP

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8 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Me pareció muy honesta y valiente la “confesión” de Mercader. Por radio me pareció percibir que por un instante descolocó a los demás integrantes de la Mesa, reacción que no se hubiera producido si, por ejemplo, hubiera dicho que en determinada etapa de su vida fue usuario de Diazepam. Pero, ¿qué droga hubiera sido peor?
    Reitero el elogio a Mercader porque esa afirmación podría incluso no resultarle gratuita . . . y me motiva a compartir algunas ideas desordenadas sobre el asunto de fondo, saliendo de la ley particular, de si las farmacias, o el registro, etc.
    No digo nada nuevo al afirmar que se trata de un tema complejo que admite múltiples miradas. Uno de los problemas que creo que existen para abordarlo adecuadamente es que es muy difícil despojarse de las ideas preconcebidas que cada uno tiene, las que muchas veces están tan naturalizadas que nos cuesta pensar que puede haber otros enfoques. Junto con eso, la escala temporal del análisis también complejiza la discusión.
    Cuando, como en mi caso, adhiero a la idea que la liberación absoluta de todas las drogas es -si no la única- la más inmediata vía a explorar para en el largo plazo contribuir a solucionar el problema, comprendo que a una madre que ve a su hijo destruido por la pasta base o la inhalación de pegamento le resulte violenta esa afirmación y que, en la inmediatez de su dolor, desee mil veces la represión y prohibición absoluta de todas las drogas con tal que su hijo no hubiera caído en ellas. Pero creo que ese anhelo es sólo una quimera. Porque aunque parezca contra-intuitivo, es en la liberación de las drogas donde muy posiblemente se reduzca el riesgo de caer en el uso problemático de las mismas.
    También comprendo que en el dolor de esa madre le sea muy difícil ver el dolor de otra madre igual a ella cuyo hijo fue asesinado por ser de la banda rival de traficantes o que murió acuchillado en la cárcel en la que cayó por vender unos pocos gramos de una sustancia que tiene un absurdo valor de mercado porque el Estado decidió prohibirla multiplicando con ello varias veces su precio.
    También creo que complica la discusión el planteo maniqueo de que el Estado controla el uso del tabaco y el alcohol a la vez que promueve las drogas (la marihuana en este caso, pero idealmente me refiero a todas). Eso es una falacia. De hecho, de lo que se trata, es de poner en pie de igualdad a todas las drogas para que, efectivamente, el Estado pueda regular su consumo, asegurar los mejores estándares de calidad posibles, promover su uso responsable, educar sobre sus riesgos, etc.
    Porque, en definitiva, de lo que se trata es de asegurar la libertad de elección del individuo a la vez de cumplir con el objetivo de hacerle saber que determinados hábitos tienen efectos nocivos sobre algunas dimensiones de su vida (salud, por ejemplo), sin perjuicio del placer o satisfacción que puedan ocasionarle en otras dimensiones.
    Salvando las distancias, lo mismo ocurre con el consumo excesivo de sal, azúcar o grasa; si bien tiene la ventaja de hacer más sabrosos y disfrutables nuestros alimentos tiene, simultáneamente, indiscutibles efectos perjudiciales sobre la salud. Como Estado, permitimos su consumo pero no por ello resignamos el derecho (u obligación) de hacer ver sus riesgos para la salud, promover la reducción de su consumo, proponer productos alternativos, etc.
    Creo también que caemos sistemáticamente en una sobre-simplificación al hablar genéricamente de “las drogas” o “los consumidores”. Existe tanta heterogeneidad al interior de estos grupos que es un error tratarlos como si fueran una única cosa.
    Obviamente, el potencial de adicción y efectos sobre la salud de, por ejemplo, la marihuana, la cocaína, la pasta base, la hoy menos usada heroína o las nuevas drogas de síntesis son muy diferentes. La hipótesis subyacente en la que creo es que si las drogas fueran de libre acceso es menos probable que se caiga en aquellas más nocivas, que en caso de hacerlo la frecuencia de su consumo sería menor, que se desestimularía su producción porque los precios serían más bajos y porque los potenciales usuarios tendrían alternativas accesibles con calidad controlada, y porque se reduciría el componente “sicológico” sobre lo prohibido, la transgresión, etc. que en determinadas etapas de la vida oficia como atractivo.
    De manera análoga, es necesario salir del estereotipo del “drogadicto” como un joven “ni-ni” y comprender que muchos médicos, contadores, periodistas, legisladores, docentes, deportistas, doña María y Don José, son también usuarios de drogas hoy ilegales (¡y ni qué hablar de drogas legales!).
    Porque lo que hay que comprender -creo yo- es la existencia de conductas adictivas. Son ellas el enemigo sobre el que hay que actuar. Las conductas adictivas tendrán seguramente diferentes causas u orígenes pero pienso que están mucho más vinculadas en una primera instancia con la peripecia sicológica del individuo que con el objeto de la adicción (sin desconocer el posterior potencial adictivo diferente).
    Porque se es adicto a drogas ilegales pero también a drogas legales, al trabajo, a los juegos de azar, a determinados alimentos o bebidas, etc. Lo que cambia, entre otras cosas, es la valoración social que hacemos de esa adicción. Muy probablemente un adicto al trabajo tenga una mucho menor condena social -incluso puede ser elogiado en muchos casos- que un consumidor de cocaína (aunque paradojalmente también es probable que ambas adicciones vayan en yunta). Y esa diferente valoración social nada tiene que ver con el daño que haga una u otra adicción, sino más bien con preconceptos que no alcanzamos a cuestionar.
    Si aceptamos sin mucho juicio crítico que se puede ser bebedor social y que eso es distinto que ser alcohólico (consumo abusivo), ¿por qué no aceptamos también que pueda haber usuarios sociales de drogas hoy ilegales? ¿Quién dijo, y con qué base real, que eso no es posible? ¿Acaso son todos “yonkis” los usuarios de drogas ilegales? Con honestidad y sensatez, la realidad -y las propias estadísticas- parecen indicar lo contrario.

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  2. Está permitido, Don César, por supuesto. Y vale la corrección. En realidad, por una cuestión de gustos, no quise usar el vocablo inglés sino su similar castellanizado (aunque no aceptado por la RAE) pero que igualmente escribí mal:
    Yonqui (Del ingl. junkie.)
    s. m. y f. argot Persona adicta al consumo de drogas duras, en especial de heroína.
    Gracias por la observación.

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  3. Estimado Gustavo yo lo «postulo» desde ya para la «La mesa», mucho más interesante
    lo suyo que lo de algún integrante de la misma, por lo menos lo quiero en la banca y
    calentando para entrar; ¿ud. está de acuerdo?
    Saludos desde México
    Julio

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  4. Estimado Julio,
    Gracias la «postulación» que la recibo como una guiñada amable.
    Afortunadamente, hace unos meses tuve el gusto de haber sido invitado un par de veces a integrar la Mesa, participación que me resultó una muy grata experiencia y sin dudas fue un honor haber sido parte -aunque sea mínima- de este programa que sigo desde 1985.

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  5. La Sociedad Uruguaya de Pediatría al igual que el resto de los pediatras del Cono Sur afirmaron hace menos de 2 meses “que la mayor disponibilidad de marihuana amenaza inducir un consumo significativamente mayor entre niños y adolescentes Y advierten que están bien demostradas las consecuencias negativas del consumo de marihuana durante el embarazo y en los niños y adolescentes con relación al aprendizaje, la deserción estudiantil, la salud mental, los riesgos de adicción y lesiones producidas en siniestros de tránsito”. Concluyen que los más afectados son y serán los pobres.*

    Estimados Sres de la Mesa de los Jueves

    Con franqueza, trataron el tema con una liviandad que asusta. No es un tema para reírse y lo hicieron con mucha frecuencia.

    Opino, que al igual que muchos medios de comunicación tomaron el asunto de la venta de marihuana en farmacias de una forma banal. ¿Se preguntaron qué siente el joven al ver al Estado como productor y comercializador de marihuana y a las farmacias como dispensadoras? ¿Qué se va a buscar a la farmacia?: Medicamentos y recuperar la salud.

    ¿Qué pueden pensar los niños y jóvenes al ver en todos los canales de TV en el horario central y repetidos hasta el hartazgo, personas saliendo desesperadas de la farmacia a ver como pega la marihuana que compraron al módico precio de $187 el paquete?
    Los invito a analizar la cobertura mediática que se hizo. Nunca vi en mi vida mayor publicidad de un producto.

    Le reclamo al Estado uruguayo al menos los mismos subsidios que tiene el cannabis de venta en farmacias, así tal vez, tantas personas que no acceden al tiquet de la mutualista o no hay en Asse, puedan obtener el medicamento que necesitan a menos costo.

    Por otro lado, encontré completamente ofensivos (para un profesional de la salud) los comentarios sobre la venta en farmacias de medicamentos controlados. No es tan sencillo obtener una receta. Es necesario concurrir a un médico que haga la prescripción. Si los Sres conocen como obtener psicofármacos de otro modo, sería bueno que realicen la denuncia, o al menos que le digan a quien los obtiene de forma tan irregular que está en un error.

    También los invito a acompañarme a barrios muy pobres para ver el “pegue” de tantas sustancias que consumen allí. ¿De qué libertad hablan en personas que no tienen ni para comer?, que en muchos casos no tienen ni cédula de identidad, abandonaron el sistema educativo para deambular por la vida quien sabe buscando qué. En su mayoría son muy jóvenes, en el entorno de los 20 años, ya padres y madres. Sin futuro y muchas veces con experiencias de reclusión.

    Hace unos meses se hizo una experiencia en varios centros juveniles de una determinada zona, no de las más “sumergidas”; con la consigna de dibujar algo que los identifique, y la planta de marihuana resultó ser la preferida.

    Reitero ¿De qué libertad hablan?. Libertad tiene el quien puede elegir sin coacción. Libertad como la entienden Uds se tiene cuando se tiene un techo, un plato de comida caliente, y una familia con trabajo y que brinde amor.

    Cuando existen personas en extremo vulnerables, la sociedad, a través del Estado o por otras organizaciones, tiene el deber de protegerlos hasta que puedan lograr cierto grado de autonomía.
    Antes de asegurarles la marihuana legal que los ayude a salir del pozo y retornarles la dignidad.
    Estas personas no van a acceder a la marihuana de las farmacias, ni por el autocultivo, y menos por los clubes . Pero la sobreexposición y la publicidad hará que lo deseen más.

    Les pediría a los medios de cominicación que no confundan más con mensajes engañosos: no existe la marihuana medicinal, por más que se vende en farmacias, y no existe consumo de drogas «recreativo».

    Y al Ircca le que afine más sus mensajes, al “La marihuana altera la percepción, la falta de información también” DEBE DE IR SEGUIDOS DE MENSAJES Y FOTOS COMO PUEDE DESENCADENAR EPISODIOS DELIRANTES, DEPRESIÓN. etc etc.
    Al igual que las cajillas de cigarrillos que nos impresionan con sus fotos y mensajes impactantes y desagradables.

    Sin más los saluda,

    Marie González,
    médica.

    Les dejo la Web de la Sociedad Uruguaya de Pediatría,

    pd. no me explico como no se hicieron sentir más fuerte, al igual que los psiquiatras, psicólogos, y los químicos farmacéuticos.

    *http://www.sup.org.uy/web2/2017/05/15/declaracion-del-foro-de-sociedades-de-pediatria-del-cono-sur-fospecs-sobre-la-salud-de-las-proximas-generaciones/

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    1. muy valiosa tu reflexión.
      Un problema que tenemos en nuestra sociedad es que somos muy poco críticos con lo que pueda mejorar nuestra autoestima como uruguayos. Por tanto, si nos dicen que el mundo habla de nosotros con admiración, suponemos que debe ser por algo bueno y dejamos de ejercer nuestra capacidad de evaluar con inteligencia.
      Tendencia provinciana que me resulta patética.
      Triste también que gobiernos como el de Mujica vayan a ser recordados por este tipo de medidas. Y no por haber minimizado, sustentablemente, la pobreza. O haber mejorado sustancialmente la educación o la salud. O sea, los que antes eran considerados, y creo deberían seguir siendo, los objetivos desde una perspectiva de izquierda.

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