Sindicato policial pidió “protocolos más claros” para dispersar aglomeraciones

El Sindicato de Funcionarios Policiales de Montevideo-Uruguay (Sifpom) le pedirá al Ministerio del Interior (MI) que defina protocolos “más claros” para la actuación policial ante aglomeraciones en espacios públicos.

El planteo surge luego de que se produjeran incidentes en varios procedimientos para disolver aglomeraciones en diferentes puntos del país. 

La presidenta del gremio, Patricia Rodríguez, explicó en Radio Sarandí que el objetivo de la solicitud es que “la ciudadanía y el personal [policial] no tengan la menor duda de cómo y cuándo puede actuar el funcionario y cómo y cuándo pueden estar los jóvenes” en los espacios públicos:

Estamos teniendo una dificultad pero no en todos lados. Hay más de 300 procedimientos de esta índole en todos los departamentos y no hubo problema hasta ahora. Entonces ahí entra a jugar una manija complicada. Si les decimos a los gurises “rebélense”, o les decimos que si viene el funcionario policial a pedirles que se retiren no lo hagan, o si hay distintas versiones sobre lo que puede hacer un policía, etc… Todo eso hace que esos gurises se envalentonen contra la policía.

Rodríguez acusó a algunos sectores políticos de “dar manija” contra la institución policial. A juicio de la presidente del sindicato, esa “manija” puede “beneficiar” a quienes quieren “mostrar que ahora hay una Policía que pasó a ser abusadora, teniendo en cuenta también un futuro plebiscito de la LUC (Ley de Urgente Consideración)”.

La Tertulia de los Jueves con Martín Couto, Daniel Supervielle, Esteban Valenti y Cecilia Eguiluz.

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Foto en Home: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

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4 Comentarios - Escribir un comentario

  1. qué divertida estuvo esta tertulia! aunque el tema es serio … Martín como siempre con intervenciones muy inteligentes … ese muchacho promete mucho. Una cosa que me dejó pensando: ¿hay realmente manija contra los jóvenes y adolescentes? ¿qué veterano/a no tiene un/a nieto/a en esas edades? los menos, supongo! jamás daría o entraría en una manija contra ellos!

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  2. La gente reunida en plazas y parques es la misma que antes de la pandemia, la policía también; lo que varió son los mandos y las directivas del Instituto.
    No voy a redundar sobre lo que ya escribí sobre el evento de la plaza ni sobre el inexistente marco legal de varios procedimientos.
    °
    Un par de apuntes puntuales.
    °
    Punta Rubia y el sui géneris concepto de «allanamiento voluntario»…¡bajo presión de la fuerza pública!
    ¿A quién con una pizca de sensatez se le puede ocurrir normalizar semejante exabrupto en nombre de la ley?

    Trabajo en Piedras Blancas, la otra mañana un veterano desquiciado revoleaba un machete; cualquier predador -de cuatro patas- sabe que para lograr el objetivo hay que rodear a la «presa», a los agentes no se les ocurrió, cuando el orate se acercó a uno de ellos, la única reacción que tuvo fue pegarle un tiro en el pecho, ni siquiera en una pierna, menos intimidarlo con un disparo al aire ¿el broche? fue que otro esposó al baleado caído.
    ¿Tienen una debida preparación profesional para la tarea?
    Y no soy quien para juzgarlos.
    — —
    Viendo el informativo (12), en que la señora policía gremialista era entrevistada por la reunión con el Pit Cnt en virtud de la disconformidad con el comunicado de la central sindical, de repente ella lanza el pedido de un protocolo claro ¿consecuencia? cortaron de una y sin más el móvil.

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  3. En reglas generales lo que plantea la sindicalista es correcto: pide que los políticos se hagan cargo de decisiones que son políticas. Larrañaga, defendiendo la idea de dejar un vacío legal para que lo llene «cada corazón, cada razón», lo que dice es que el gobierno no quiere hacerse cargo de tomar medidas antipáticas ni hacerse cargo de las consecuencias de no tomarlas.

    Entonces todo queda como un accionar policial, basado en la subjetiva valoración del riesgo sanitario de un policía. Se vuelve «conducción»: algo que ocurre sin previo análisis ni planificación y cuya acción es discrecional y no está amparada por la ley. Larrañaga podrá además arreglarlo invocando que es «hincha de la policía», lo cual lo pone como respaldando emotivamente al cuerpo pero sin hacerse cargo de la decisión política de reprimir la reunión.

    Manijas, si claro, de todos lados como siempre. Hay organizaciones que reivindican la acción directa, el vandalismo y la desobediencia civil como método político. Así vandalizaron y pelearon con la policía en varias marchas durante los gobiernos del FA y cuando los llevaban presos por vándalos argumentaban que se estaba «criminalizando la protesta».

    El FA no ha públicamente llamado a actuar de esa forma, pero entiendo que la condena de los distintos sectores del FA a esas conductas ilegales es variable. No lo ven igual el MPP, el PS o el PCU que Casa Grande, por ejemplo. Ese conflicto interno ya ocurrió con los megaoperativos cuando asumió Leal en lugar de Paternain. Mientras una parte del FA estaba tratando de entrar en barrios en los que mandaban los delincuentes, Casa Grande protestaba porque «se estigmatizaba la pobreza» con operativos al norte de Av Italia. Pero bueno, en líneas generales, más allá de matices discursivos que de a poco se van licuando frente a la realidad, el FA no convoca a resistir a la autoridad policial y eso debería estar más que claro. Decir lo contrario es mentir, a menos que se exhiban pruebas.

    También hay en las filas policiales gente que entiende que vastos sectores de la sociedad son genéricamente «pichis» y que a los «pichis» se les acabó el recreo. Da lo mismo un rapiñero, un bichicome, un sindicato o una comparsa: todos «pichis». Sobreinterpretan la LUC porque «se acabó el recreo» y pretenden que no se puede filmar un operativo porque «lo prohibe la LUC».

    En el medio estamos los que creemos en la necesidad de que haya leyes, autoridad y cuerpos que repriman racional y progresivamente los apartamientos de la ley. Somos los locos de siempre que no nos gustan los vacíos legales, que preferimos que todo se arregle por la vía institucional, que creemos en la presunción de inocencia como un estadio superior de civilización y que todo delito se debe basar en una ley que lo tipifique y en la construcción de una prueba judicial en un proceso con garantías. No nos gusta la arbitrariedad policial ni tampoco el desacato. En pocas palabras, somos los «hinchas del Estado de Derecho».

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