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Telegramas. La Tertulia de los Viernes con Alejandro Abal, Juan Grompone, Teresa Herrera y Gonzalo Pérez del Castillo.

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  1. En filosofía del derecho existe la oposición entre derecho natural y derecho positivo. La corriente «iusnaturalista» sostiene como Herrera que el derecho es algo escencial a lo humano y que preexiste a su codificación en leyes. La corriente «iuspositivista» sostiene que el derecho es una invención humana y por lo tanto los derechos existen porque hay leyes que los define y los atribuye. Que Herrera sea iusnaturalista es una posición filosófica mujy respetable, como la de quienes sean iuspositivistas. Lo equivocado en su planteo es corregir a quienes no comparten sus posición como si estuvieran equivocados. Más constructivo e intelectualmente honesto es explicar su punto de vista, argumentar a favor, pero dejando en claro que es una posición filosófica.

    Y ya que estamos… el problema que modestamente veo con el iusnaturalismo es que a poco de aceptarlo, es difícil que los iusnaturalistas se pongan de acuerdo en cómo es ese derecho inmanente al ser humano. En una entrevista que J.M.Bordaberry concedió a Alfonso Lessa y que Lessa recopila en su libro «Estado de Guerra», el entrevistado afirma que él es partidario del derecho natural, «que es el derecho de Dios» (seguramente refiriéndose a Jeová). Pues bien, conociendo el pensamiento del difunto dictador y el de Herrera no es difícil imaginar que el derecho natural de Herrera y el de Bordaberry no coinciden en diversos temas, como ser por ejemplo en el derecho a abortar por oposición al derecho del feto a que lo dejen completar su gestación. Los cristianos suelen adherir a ciertas formas de iusnaturalismo y este es el caso (si entiendo bien, Herrera es social cristiana), pero con eso es poco lo que se avanza, ya que toda la dificultad consiste en determinar cuáles son esos derechos naturales, que crecen silvestres en el campo de lo humano.

    Los que intuitivamente adherimos al iuspositivismo no tenemos estos problemas, porque es fácil al menos ponerse de acuerdo sobre la existencia y la vigencia de una ley. Eso no quiere decir que no haya un apriori que sea el motor de la legislación, pero mientras ese apriori no sortea los vericuetos que lo conviertan en ley, es apenas una posibilidad.

    Con este modesto apunte aprovecho para sugerir que sería sin dudas beneficioso que en alguna de estas mesas se abordara este tema y se le diera un tratamiento desde la óptica de la filosofía y del derecho.

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