Telegramas

Telegramas. La Tertulia de los Miércoles con Gabriel Budiño, Agustín iturralde y Carina Novarese.

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  1. A Budiño le preocupa contar a las mujeres de la comisión. Insinúa o presupone que hay un mecanismo de confabulación masculina que no permitió que hubiera más mujeres integrando la comisión. ¿Se ofrecieron mujeres para integrarla? ¿Con qué criterios seleccionó cada partido a los miembros? ¿El FA no se supone que está absolutamente alineado con la lógica de imponer cuotas? Es raro que de sus 5 miembros no haya ni una mujer, ¿ṅo? Antes de reaccionar en forma conspiranoica a partir de un conteo habría que preguntarse cómo armó cada partido su delegación y qué gente tenía con voluntad de ir. Si hubo gente que se la excluyó por ser mujer, sería gravísimo. Pero sin pruebas, mejor no insinuar nada.

    Novarese todavía la completa con que las mujeres y los hombres no vemos igual las cosas. En mi época, cuando el feminismo pensaba como pienso yo, esto se llamaba estereotipo de género. Es un estereotipo primo hermano del que afirma que una mujer intendente es mejor para la limpieza, que las mujeres no saben conducir vehículos, que son ineptas para todo lo que sea racional porque su naturaleza es ser emotivas y sensibles.

    En aquéllos tiempos roles de género y estereotipos de género eran cosas malas, que había que eliminar. Eran fruto de la cultura, que desde niños nos preparaba para reproducir el estereotipo que la sociedad esperaba de cada uno. En estos tiempos de feminismos de cuotas los estereotipos son aceptados y reivindicados, como si enriquecieran un debate.

    Personalmente sigo pensando lo que siempre pensé y creyéndome mucho más feminista que quienes hoy se llaman feministas. Me preocupa que haya pocas mujeres en la política, pero también que no conozca ninguna en Uruguay que labure en un taller mecánico o que el ejercicio del magisterio o del servicio doméstico sean casi exclusivamente femeninos. En los preescolares me arriesgo a decir que si no hay ni un institutor hombre, pega en el palo. ¿Qué pasa con cuidar y educar niños o cuidar el hogar, que no entramos los hombres? ¿Será que nos discriminan por ser hombres? ¿Vamos por las cuotas ahí también? ¿Porqué en profesiones como la mecánica o la construcción no se habla de poner cuotas femeninas? La IM podría empezar por poner cuotas de género en sus talleres y dar el ejemplo, ¿no?.

    La preocupación de estas críticas no es por la igualdad, sino por disputar la punta de la pirámide. Una sociedad igual de sexista que hasta hoy pero modificando la distribución de los cargos de más prestigio y salario es algo que no cambia la sociedad y, sobre todo, es algo de lo que se beneficiarían muy pocas mujeres de un sector muy privilegiado de la sociedad. En el fondo, lo triste de esto es que es una agenda de la elite para la elite.

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