¿Hay una nueva y una vieja política?

¿Hay una nueva y una vieja política?

¿La política es sólo conseguir el poder, repartir cargos entre familiares y los que no consiguieron votos? ¿Eso es lo natural, lo aceptable? ¿O es posible pensar en otro tipo política que implique mirar el futuro del país y del mundo y decidir en consecuencia?

Juan planteaba esta discusión en los telegramas de la mesa del viernes pasado. Lo hacía a raíz de la renuncia de Ernesto Talvi a la política “activa”. Una renuncia que dejó traslucir cierto “cansancio” con los tejes y manejes de la política, que Juan identificaba con la «vieja política».

La Tertulia de los Viernes con Alejandro Abal, Juan Grompone, Rafael Mandressi y Gonzalo Pérez del Castillo.

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Telegramas

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Foto en Home: Torre Ejecutiva. Crédito: Pablo Vignali / adhocFotos

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4 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Me gusta que se ponga en la picota a la política partidaria sin aprensiones y culpas. Creo que es lo que nos ha inculcado la parte involucrada. Si uno critica a la corporación política ( otra más y van…) enseguida salta el alerta por aquello de que ponemos en peligro las instituciones democráticas.
    Tal vez sea un miedo justificable por el trauma sufrido pero a mi me gusta pensar que es al revés y que es absolutamente necesario y saludable que se señalen defectos como los que menciona Juan, gravísimos a mi entender. Pensar solo en el poder y en las próximas elecciones – esto último de las cosas más perniciosas que nos estanca y degrada.
    No hablar y dejar pasar sin exigir a la clase política, ética y trabajo es lo que más daño hace a la democracia y con el efecto colateral indeseable de futuro que es ahuyentar a los jóvenes.

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  2. Aplaudo de pié a Mandressi. Hay políticos que tienen capacidad y vocación de trascender y otros que no, pero eso es viejo como la humanidad. ¿Alejandro magno, Augusto o Iván el terrible eran parte de la vieja o de la nueva política? ¿Tipos como Sarkozy, Blaire o Rajoy, son parte de la nueva o de la vieja política? Parece que estos últimos pasarán a la historia sin gloria y con alguna que otro pena y sin embargo gobernaron en el S XXI y se creyeron en su momento gente trascendente y modernizadora.

    Adhiero al reclamo de más vuelo en la política, más vocación por escribir con hechos la historia. Pero la ambición por recrear el mundo es tan vieja como la necesidad de medrar en el sistema. No hay vieja ni nueva política, hay política buena y política mala, como hay periodismo bueno y malo, ingeniería buena y mala, etc. ¿Cuántos Eladio Dieste ha dado el Uruguay? Dieste fue un innovador, pero innovó sobre todo porque logró hacer, con la gente que había. Sabía cómo vender sus ideas para convencer gente. El vuelo profesional suele comportar riesgos y el ser humano ante todo precisa sobrevivir. Tanto riesgo como sea posible, tanto medrar como sea necesario parecería ser «el justo medio» y cada quien debería saber dónde está su justo medio. Y sí, porque asumir riesgos no es para todos, depende de la capacidad de cada uno.

    Gente como Talvi son malos políticos por eso mismo, porque al final no cambian nada, porque llegan pensando que tienen la posta pero se pelean con toda la gente que precisan alinear para hacer cambios. Están anciosos, no tienen tiempo para convencer, para construir su base de poder. Se van indignados porque no saben recrear el mundo real, sólo sabrían recrear uno en el que la gente se pone a sus pies y los deja hacer.

    El saber navegar en las aguas procelosas de la política es también un oficio, un arte. Hay que saber rodearse, reconocer al que sabe y al que es leal para apoyarse en ellos, alejarse de los desleales, los traidores, los que siempre están dispuestos a serruchar pisos, a hablar por la espalda. Hay un olfato que desarrollar si se quiere sobrevivir. El clientelismo es un método para fidelizar gente. Es un mal método porque la selección no es por capacidad sino por necesidad y probablemente el cliente se venda más temprano que tarde al mejor postor. Pero pelearse con todo el mundo, ¿para qué sirve?

    El despecho de los que se declaran «nuevos políticos» no es otra cosa que una declaración de incapacidad para actuar en política.

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  3. Recuerdo que en 1973, cuando llegó la dictadura – que se autodenominó «proceso cívico-militar» – el objetivo proclamado era, no eliminar a los comunistas y a los tupamaros, sino cambiar la forma de hacer política, reemplazar a los viejos políticos que sólo pensaban en sus beneficios, y para eso los cambiaron por los altos oficiales de las fuerzas armadas (que estuvieran de acuerdo con ese plan, claro), más un número indeterminado de civiles que también estaban de acuerdo con ellos, conformando entonces un grupo autorreferencial, como una casta de déspotas ilustrados, que hacían y deshacían a su parecer, sin consultar a la población. No había denuncias de corrupción, porque si alguno la hacía, caía bajo la figura delictiva de «ataque a la fuerza moral de las fuerzas armadas», de lo que pueden informar mejor varios periodistas que actuaron en aquella época. Ya sabemos cómo epilogó aquella gesta renovadora de la política: se fueron en el mayor descrédito de la población.

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  4. Hay un fuerte intento de instalar en la marquesina el titular: «nueva política» (acólito de la «nueva normalidad»); lo que no hay es política novedosa; si se mira con detenimiento se pueden señalar -entre otras- dos vigencias muy destacadas:
    1- La añeja concepción teórica del acceso al poder por la división, a la que alguien redenominó «grieta» (no sé con certeza la hondura de su dimensión en nuestro país, si sé que existe y se fogonea); que no son otra cosa que las máximas de Maquiavelo.
    2- La potencia del marketing en el discurso por repetición, favorecido por la impronta tecnológica totalizadora y global: la propaganda. Es cierto que él no la inventó, pero la pulió hasta convertirla en instrumento de aceptación acrítica de sus contenidos; me refiero a Goebbels que marcó escuela y tiene adeptos.
    °
    ¿Qué se necesita para erigir una nueva política?
    Se necesita un Piazzola, un Pink Floyd, la comparación musical es por la deconstrucción (Derrida) de «sonidos políticos» para la formulación o re formulación en otros distintos y no necesariamente antagónicos y parricidas de los precedentes (el agua del río nunca es la misma, corre
    -Heráclito-; aunque es agua y su esencia es la misma
    -Parmenides-)
    °
    El poder es fuente tentadora de vicios que tienden a repetirse, el tamaño de dichos vicios dice de los valores de quienes ostentan parcelas de poder, en política por supuesto y en todos los ámbitos pasibles de relacionamiento humano.

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