Inspectores proponen que abanderados no sean electos por desempeño académico

La inspección técnica de Educación Primaria presentó una propuesta para que los alumnos abanderados de las escuelas públicas sean electos mediante a una votación que no tome en cuenta su desempeño académico, informó El País.

Según la inspectora técnica Milka Shanon, “la nueva concepción, como sucede en la vida real, es que todo alumno pueda ser elector y elegible”.

El reglamento vigente desde 1999, establece que los abanderados se eligen sólo entre los alumnos que llegan a quinto de escuela con calificaciones de muy bueno para arriba, buena asistencia y conducta. A llegar a noviembre, todos los cursos de quinto año eligen, dentro de ese grupo de niños, a tres que serán quienes portarán la bandera nacional, la de Artigas y la de los Treinta y Tres Orientales. Simultáneamente se eligen seis escoltas, dos para cada bandera.

En cambio, la nueva propuesta establece que la elección se haga en la primera quincena de marzo con todos los escolares que llegaron a sexto sin importar su desempeño académico. Los alumnos votan a sus compañeros y en función de esos resultados se repartirían las banderas.

La Mesa de los Lunes con Adriana Marrero, Casilda Echevarría, Gabriel Mazzarovich y Fernando Scrigna.

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6 Comentarios - Escribir un comentario

  1. De acuerdo con la mesa. Deben valorarse los méritos. Estamos asistiendo a una «embestida » de la mediocridad disfrazada de «anti – districriminación «.

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  2. Un niño, el mejor, el meritorio, el votado en la interna infantil, el que sea; un niño y el premio, el premio de portar una bandera de las del podio de las banderas.
    Los niños tienen natural vocación lúdica y curiosa, la edad desprejuiciada, imaginativa, acaso la única edad humana de mayor libertad; los niños -por suerte- no tienen vocación solemne, aunque con tiempo y paciencia y machacando, se «domestican».
    Para sostener la bandera, mejor un pedazo de madera, que las banderas, himnos y escudos son cosa de «grandes».
    Dadle premio al niño, dadle un libro, una música, dadle sobre todo un juego y no olvides nunca darle cariño; con eso quizá sea suficiente.

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  3. Al igual que la Mesa, yo también me escandalizo por las cosas que se han escuchado.
    Me escandaliza escuchar que el que saca nota más alta es porque está encerrado estudiando mientras que el otro está en la esquina o mirando un partido de fútbol. Afirmar eso a la vez de indignarse por falsas oposiciones es como para participar en una competencia de colmos.
    ¿Acaso no es posible pensar que el que obtuvo nota baja quizás estudió tanto o más que el compañero con notas altas pero lo que ocurre es simplemente que le cuesta más aprender? ¿De qué meritocracia habla?
    ¿O acaso no ocurre también que la nota alta a veces es sólo producto de una natural facilidad o mayor inteligencia innata que no exige ningún esfuerzo particular mientras que el más «burro» se rompe el alma y no llega a esas notas?
    Premiar eso es exitismo; nada tiene que ver con méritos.
    Lo que hay que premiar es el esfuerzo por la auto-superación, la dedicacion y la responsabilidad con la que se asumen las obligaciones y el empeño para superar fracasos y frustraciones en las tareas que no alcanzan buena nota.
    Pero además -Gardner mediante con sus inteligencias múltiples (ya que de Harvard hablaron)- ¿quién dijo que la nota alta -que en nuestro sistema educativo básicamente valora la inteligencia lógico-matemática y lingüístico-verbal- debe tener más valor o importancia que las restantes 10 inteligencias para decidir quién lleva la bandera?
    Finalmente, quien pone tanto empeño para forzar argumentos traídos de los pelos para alertar sobre la existencia de un plan maquiavélico para transformar la matriz cultural uruguaya, sinceramente creo que merece ser abanderado.

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    1. Garibotto: me permito recordarle que nuestra Constitución, ya desde 1830, admite la distinción según los talentos y las virtudes. Y, viniendo más acá, en el siglo pasado Discépolo se lamentaba que «todo es igual; nada es mejor; lo mismo un burro que un gran profesor…»

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