La Flauta Mágica de Mozart en el Teatro Solís

<em>La Flauta Mágica</em> de Mozart en el Teatro Solís

El Teatro Solís presenta una nueva producción de La Flauta Mágica junto a la Orquesta Filarmónica de Montevideo y con la dirección musical de la maestra Ligia Amadio. La puesta en esencea estará a cargo de la italiana Zamira Pasceri y, según lo prometido por Martín Jorge en Oír con los ojos algunos programas atrás, ofrecerá un espectáculo de mucho impacto y diferente de cualquier cosa que el público montevideano haya visto en ópera hasta ahora.

La Flauta Mágica (KV 620) singspiel en dos actos con música de W. A. Mozart y libreto en alemán de Emanuel Schikaneder se estrenó en Viena en septiembre de 1791, lo que la convierte en la última ópera estrenada en vida del compositor, que falleció en diciembre de ese mismo año.

«La historia enigmática de un hombre que descubre la Verdad y por esto recibe una enorme Fortuna —dice la gacetilla del Solís— va mas allá de la fábula. Los símbolos y acontecimientos presentes en ella dejan una pista para imaginar un cuento real, algo sensacional que podría ocurrir en un futuro muy cercano».

El espectador que se limitara a conocer la superficie del argumento —el enamorado bueno, la bruja mala; su hija, muy bella y de muy buen corazón— pensaría que se trata de un mero cuento de hadas. Nada más lejano. Además de ser musicalmente una obra maestra, la ópera final de Mozart está llena de detalles y sutilezas que tienen que ver, por ejemplo, con la masonería. En su columna y en diálogo con Fernando Medina, el profesor Guilherme de Alencar Pinto explicó esos detalles y presentó la obra para Oír con los ojos.

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En La Flauta Mágica, Mozart pensó el papel de la Reina de la Noche para una soprano de un virtuosismo muy elevado. Esto hace que sea un reto para los directores y una prueba de fuego para las sopranos mozartianas del mundo.

La argentina Oriana Favaro, que será la Reina en la producción del Teatro Solís, visitó Oír con los ojos para una conversar sobre ópera con Fernando Medina. Además de aceptar con mucha seguridad el reto vocal que demanda el papel, Favaro tiene su propia visión de la Reina. Por un lado, subraya lo importante que es poner en contexto —finales del siglo XVIII— su condición de «villana». Por otro, destaca que, pese a que le toca estar solo unos pocos minutos de escena, la experiencia de cantar este rol es una experiencia grande. «Es un rol límite —explica—. Lo emocional, lo mental, son muy importantes. La voz tiene que estar al cien por ciento. De lo contrario, corrés riesgo de no cantar bien. Pero el placer es enorme. Cuando representé este papel por primera vez, terminé de cantar la segunda aria, salí del escenario y era tal el nivel de adrenalina en mi cuerpo que no podía dejar de temblar. Estaba exultante. Es un rol maravilloso. Te quedás con ganas de más».

La Flauta Mágica en el Teatro Solís. Detalles aquí. 

Imagen: Puesta en escena para La Flauta Mágica por Karl Friedrich Schinkel (1815).

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