La pianista coreana Yeol Eum Son se presenta en el Teatro Solís

La pianista coreana Yeol Eum Son se presenta en el Teatro Solís

La pianista coreana Yeol Eum Son (1986) se presenta este jueves 2 de octubre a las 19:30 h. en el Teatro Solís. Será junto a la Orquesta Filarmónica de Montevideo, dirigida por la maestra Ligia Amadio y será para tocar el Concierto para piano y orquesta n. 1 de Franz Liszt. Antes de uno de sus ensayos, en el propio Solís, dialogó con Fernando Medina para Oír con los ojos. 

Tenías apenas dieciocho años la primera vez que tocaste junto a Lorin Maazel y la Orquesta Filarmónica de Nueva York, nada menos. ¿Es correcto? ¿Cómo fue esa experiencia?

Tenía dieciocho años, sí. Fue realmente muy divertido. Fueron tres conciertos; dos en Corea y uno en Japón. Toqué Liszt y Beethoven. Las primeras noches toqué el mismo concierto que voy a tocar aquí en Montevideo (el Concierto para piano y orquesta n. 1 en mi bemol mayor de Franz Liszt); luego toqué el segundo concierto de Beethoven. La verdad es que no pensé demasiado en lo que me rodeaba. Creo que entonces, siendo más pequeña, me concentraba únicamente en lo que tocaba. Hoy tal vez me dejo contagiar un poco más por la atmósfera. Pero en aquel momento no fue así. Lo viví con mucha tranquilidad.

De todos los grandes directores junto a los que has tocado, ¿hay alguno con el que te hayas sentido especialmente bien? Ciertamente has tocado con grandes directores. Valeri Guérguiev, por ejemplo…

Valeri Guérguiev, sí, es un director maravilloso, debo decir. Lo adoro. Lo adoro porque tocar con él siempre es algo nuevo. Nunca te puedes imaginar cómo va a ser. Cada concierto es único. ¿Cómo decirlo? Es impredecible, es espontáneo, es auténtico. Adoro lo que hace. Pero bien, sí, he podido tocar con verdaderos grandes directos. Con Sir Neville Marriner, por ejemplo, de quien me siento muy cerca también, por su modo de hacer confluir los esfuerzos de todos, por su nobleza. Me sentí súper cómoda con él. Para mí, en música, es muy importante poder dejarme llevar, que todo sea lo más natural posible -en oposición a un modo más artificial de hacer música-. En ese sentido, en este momento pienso en esos dos directores.

¿Cómo es en genetal tu relación con la obra de Franz Liszt?

Bueno, es uno de los primeros compositores que conocí. Empecé a tocar pequeñas piezas suyas cuando tenía diez, once años. Poco después pasé a obras mayores, las rapsodias, las sonatas. Siento una profunda admiración por él. No solo por razones pianísticas. Su romanticismo, diría, es algo que adoro. Es una cualidad muy, muy rara de poseer. Especialmente si lo comparamos con sus contemporáneos, Schumann o Chopin. El romanticismo de Liszt es diferente. Y a mí no me importa tanto su virtuosismo. Me importa su condición de músico en general, su capacidad de producir, su manera de ser y de influir en los demás. La importancia que tuvo en su época. Es realmente muy especial.

El concierto suyo que vas a tocar aquí, el primero, ¿qué dirías que tiene de especial?

La primera vez que lo toqué, en Seúl, tenía catorce años. Fue de hecho la primera obra mayor que aprendí a tocar. Y pienso que es un gran concierto. Es compacto. Cada aspecto, cada costado de la obra está dotado de belleza, de emoción. Es un concierto que canta, que tiene hermosísimas melodías y armonías. Tiene de todo sin dejar de ser breve. Es muy notable eso. También -y esto es importante- es sencillo de entender para la audiencia. Lo pueden seguir fácilmente de principio a fin, cosa que no se puede decir de muchas obras análogas. Realmente tiene grandes cualidades.

¿Qué grandes pianistas de la historia admiras especialmente?

Muchos, muchísimos. A veces, cuando los empiezo a nombrar, nombro pianistas que no mucha gente conoce. Y es que desde pequeña he sido muy audiófila, muy aficionada -maníaca incluso- a las grabaciones. Siento mucha admiración por viejas grabaciones de grandes pianistas que hoy están un poco olvidados. Pero muchos, realmente muchos. De Liszt, por ejemplo, admiro las grabaciones de Gyorgy Cziffra, de Jorge Bolet, de Benno Moiseiwitsch. Solo por nombrar algunos.

De todo el repertorio, ¿cuál dirías que es tu obra para piano y orquesta favorita?

Hay un cierto número de obras de las que diría eso. El segundo concierto de Prokofiev, por ejemplo, sin duda. El segundo de Liszt, también, que me gusta mucho. Algunos de los de Mozart tal vez. El cuarto de Beethoven…

Todos esos los has tocado. ¿Alguno que nunca hayas tocado?

El segundo de Bartók, quizá. Es grandioso.

Por último, ¿cuál dirías que es tu obra favorita para piano solo?

Mhhh, en mis recitales, últimamente, he empezado a tocar los Preludios op. 32 de Serguei Rachmaninoff. Son trece preludios en total y los amo. No son tan famosos como los del op. 23, que son más tempranos, pero son extraordinarios. Luego, tal vez mi músico favorito sea Robert Schumann. Su Kreisleriana, su Humoreske son piezas increíbles. También muchas de las obras para piano de Ravel me gustan mucho. Díria esas.

¿Tienes pensado tocar algún bis, aquí en el Solís?

Es posible, sí. Veremos. Pero no creo que sea Schumann ni Ravel. Tengo que ver cómo está el ambiente. Para qué se presta.

Audio: Yeol Eum Son interpreta un fragmento de Le Tombeau de Couperin, de Maurice Ravel

 

Detalles del concierto y referencias biográficas y musicales de Yeol Eum Son aquí

Foto: Orquesta Filarmónica de Montevideo

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