Ensayos
En Perspectiva y el idioma inclusivo

Exposición de Emiliano Cotelo en el coloquio ¿Discrimina el idioma español?, organizado por la Academia Nacional de Letras el 21 de abril de 2016.

Ponentes: Virginia Bertolotti (Academia Nacional de Letras, Facultad de Información y Comunicación de la Udelar), Edgardo Ortuño (Casa de la Cultura Afro-Uruguaya), Mariela Mazzotti (Instituto de la Mujer), Emiliano Cotelo (En Perspectiva)
Moderador y relator: Gerardo Caetano (Academia Nacional de Letras, Facultad de Información y Comunicación de la UDELAR)
Día y Hora: Jueves 21 de abril, 19:30 horas.
Lugar: Sala Maggiolo, Universidad de la República, 18 de Julio 1824.

***

Señoras y señores tengan ustedes muy buenas noches.

Permítanme que empiece esta presentación con un par de aclaraciones sobre mi participación en esta mesa.

1) Yo trabajo como periodista. Uso el lenguaje y lo cuido especialmente. Pero no soy lingüista. Ni siquiera profesor de idioma español. Por lo tanto, pido disculpas de antemano por los errores o imprecisiones que pueda cometer en el manejo de términos técnicos.

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Emiliano Cotelo durante el coloquio “¿Discrimina el idioma español?”

2) Comparto la preocupación que está detrás del llamado “lenguaje inclusivo”. En el mundo, y también en la sociedad uruguaya, existen bolsones de discriminación. Y los medios de comunicación juegan un papel importante en esta materia, para bien y para mal. Yo estoy dispuesto a contribuir en el sentido positivo.

Pero…siento que muchas de las fórmulas que se impulsan resultan, más bien, artificiales y hasta contraproducentes.

Me explico.

Suena artificial

Varios organismos regionales latinoamericanos han ido adoptando expresiones del lenguaje inclusivo y, en particular, del lenguaje no sexista. Por ejemplo, abandonan el uso del masculino con valor genérico, recurren al desdoblamiento o adaptan al femenino los nombres de algunas profesiones y de algunos puestos de trabajo.

Así, el año pasado tuvo lugar la “49º CUMBRE DE JEFAS Y JEFES DE ESTADOS PARTE DEL MERCOSUR”; de esa manera se la presentaba en los documentos oficiales y en la cartelería instalada en la sede de esa reunión.

Desde mi experiencia como director y conductor de un programa de radio, yo digo ya mismo, claramente, que esas fórmulas suenan forzadas. Que este tipo de textos y de giros resulta pesado y artificial.
Y eso es un problema.

Hubo una época (hasta los años 70 u 80) en que los locutores e informativistas de radio se expresaban de manera impostada, pomposa y grandilocuente. Afortunadamente aquella onda de la declamación fue retrocediendo y ganó espacio otro estilo, más cercano a la forma cómo la gente se comunica diariamente con sus familiares, amigos y compañeros de trabajo. Eso nos ha hecho bien a todos. No tiene sentido que ahora, en aras del combate a la discriminación, volvamos a alejarnos de la naturalidad y separemos así a los dos lados del receptor de radio.

Pero las complicaciones no terminan allí.

Contra la economía del lenguaje

Muchas veces estas nuevas directivas alargan las oraciones y las notas.

Con esto último no estoy exagerando. Imaginen que yo tengo que leer al aire este artículo tomado de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela:

«Solo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.»

En nuestro caso, la radio, la economía del lenguaje es muy relevante. Nosotros trabajamos pautados por el reloj. Por lo tanto, no podemos añadir páginas como, teóricamente, puede hacerse en un diario; y tampoco podemos sumar minutos, como es posible en una película.

Por ejemplo, para dar mi resumen de noticias yo dispongo de 15 minutos. ¿Por qué menciono esto? Porque las palabras que yo agregue para cumplir con lo políticamente correcto en materia de lenguaje no sexista dejarán afuera otras palabras; o sea, el oyente recibirá algo menos de información debido a la obligación de “visibilizar” a la mujer (o lo femenino) en el léxico de un programa de radio.

Todo tiene un límite

Pero además: ¿Hasta dónde hay que llegar?

Observen que la UNASUR, que también ha adoptado estos manuales, cuando en su sitio web describe su organización interna informa que tiene un “Consejo de Ministras y Ministros de Relaciones Exteriores”. Pero, paralelamente, el lema de la organización señala: “Todos somos UNASUR”. ¿No habría que corregirlo? ¿No tendría que ser “Todas y todos somos UNASUR”?

Yo tengo una interpretación sobre por qué no se da ese paso.

Porque todo tiene un límite. Siempre llega un momento en que hay que parar porque la redacción se va volviendo rocambolesca y, de algún modo, insoportable.

Una penitencia al comunicador…

Esta solución de hacer visible lo femenino por la fuerza y de manera mecanicista no es sostenible. A mí me hace acordar a las penitencias que se les imponía a los niños en las escuela. Es como poner a los comunicadores a escribir en el pizarrón 50 veces: Yo no debo discriminar a la mujer. Yo no debo discriminar a la mujer. Etc. ¿Es ese un buen método pedagógico?

…y un castigo al público

En mi programa todos los meses informamos sobre la Encuesta de Expectativas del Banco Central. Y en esa noticia siempre hay un párrafo en que aludimos a “los economistas que respondieron” las preguntas de la autoridad monetaria. En esa frase, según las campañas de los últimos tiempos, nosotros estamos discriminando. ¿Deberíamos decir “las economistas y los economistas que respondieron la encuesta”? ¿O, como economista vale tanto para hombre como para mujer se nos admitiría una fórmula más breve, “las y los economistas”?

Si yo hiciera eso, si yo pusiera ese cuidado, ustedes, como oyentes, seguramente irían juntando fastidio por esta acumulación de redundancias. Yo me las imagino y me los imagino pegando un golpe arriba de la mesa y diciendo: “¡Pará, Cotelo, ya entendí, no seas tan latoso, no me satures la oreja con tanta palabra!”.

Audiencia dividida

Antes de seguir agrego otra puntualización.

Este tema no es para nada indiferente para nuestra audiencia.

En un programa de radio en vivo, nosotros estamos en contacto permanente con el público, que nos envía sus SMS, sus correos electrónicos, mensajes de Facebook y de Twitter.

Y ya hace años que en estas cuestiones yo me siento tironeado de un lado y del otro:

Si digo la presidente Michelle Bachelet, recibo una andanada de quejas, las de quienes me catalogan de anticuado y sexista.

Y si digo la presidenta Michelle Bachelet, me llegan las otras quejas, las de quienes me acusan de lastimar el idioma y de que estoy dejándome dominar por un lobby radical que impulsa costumbres absurdas.

Yo tengo que navegar entre esos dos lobbies. Y voy diseñando mi propio camino.

Mis concesiones

Por ejemplo. Yo me resistí durante mucho tiempo al uso de la variante “presidenta”. Para mí es claro que la palabra “presidente” alude a “quien preside”, sea hombre o mujer, y por lo tanto, para mí, lo correcto es decir “la presidente” Michelle Bachelet. Ahí no hay nada parecido a la discriminación. Pero la presión ha sido muy fuerte a favor de “presidenta” y llegó un momento en que terminé aflojando.

La acepté. Pero no la comparto; entre otras cosas porque le quita a la palabra su sentido.

Y bajo protesta adopté también algunas más de ese estilo, como “gerenta” o “intendenta”, que siguen rechinándome cada vez que las pronuncio.

Digamos que incorporé algunas de esas variantes, las simbólicamente más importantes(*).

Preguntas incómodas

¿Debería seguir?

¿A la mujer que ejerce la docencia, debería presentarla como “docenta”? ¿Y a la mujer que estudia, como “estudianta”?

Y, volviendo a la audiencia, ¿cómo debería hacer al dirigirme a quienes me escuchan en la radio?

Por ejemplo, más de una vez tengo que decir cosas como esta: “Les recuerdo a nuestros oyentes que mañana vence el plazo del concurso de cuentos de este mes”. En ese parlamento, teóricamente, estoy invisibilizando a una parte del público. ¿Cómo corrijo eso? ¿Agrego a “nuestras oyentas”? Con el criterio con el cual se introdujeron términos como presidenta y gerenta, también habría que sumar esta otra palabra: Oyenta. Pero…¿eso no sería un exceso absoluto?

Por fortuna nadie en la audiencia me ha reclamado algo así. Debe ser por aquello de que en algún punto hay que parar.(**)

Aclaración

Por favor, no quiero que se me malinterprete.

No estoy tomándome el tema para la chacota. Existen tendencias a la discriminación en la sociedad uruguaya, y en particular hay discriminación contra la mujer.
Hay que luchar por cambiar esa realidad y a esos efectos los periodistas y los medios de comunicación jugamos nuestro papel.

Pero yo siento que muchas de las reglas de lenguaje que se han estado promoviendo no ayudan nada. Más bien hacen lo contrario. No suenan naturales, se apartan a años luz de la conversación cotidiana y, por ende, no resultan eficientes. Si se usan efectivamente, provocan rechazo. Son como un boomerang.

Ahora, también digo que toda esta discusión ha tenido su lado productivo. Aunque exagerada, para mi gusto, esta movida nos ha hecho reflexionar y comprender que existen comportamientos verbales sexistas y, más en general, discriminadores.

Por ejemplo, si alguien escribe “los refugiados viajan con sus pocas pertenencias, sus mujeres y sus niños”, esa frase está llena de barbaridades y deberá corregirse.

También hemos ido asumiendo que solemos utilizar expresiones o dichos que están cargados de prejuicios y hasta de desprecio.

Algunos ejemplos:

  • antes era habitual en las conversaciones y también en los medios el uso del adjetivo “mongólico”; hoy nos choca y lo evitamos porque no queremos denigrar a quienes padecen esa discapacidad.
  • hasta hace poco decíamos “discapacitado” y ahora nos preguntamos si no es más adecuado decir “persona con discapacidad”.
  • antes decíamos “Roberto está trabajando como un negro”; hoy buscamos otras imágenes que hablen de trabajo duro pero no reafirmen la segregación racial que estaba implícita en aquella frase hecha.

No al autoritarismo

Yo creo que esas (tres) depuraciones del lenguaje que acabo de mencionar son buenos ejemplos de cambios a favor de la inclusión que pueden consolidarse porque ocurren a partir del razonamiento y la convicción de quienes los adoptan.

Bienvenido el debate sobre estos temas.

Pero evitemos los autoritarismos (o el despotismo ético, como algunos lo denominan). Y, sobre todo, no caigamos en reglamentos tan detallistas y extremistas que se dan de bruces contra el lenguaje fluido en el que nos sentimos cómodos.

***

(*) En esa línea hemos ido detectando problemas y realizando ajustes. Incluso hemos adoptado alguna medida propia. Les cuento.

Es muy común que cuando nos referimos a un personaje público en una nota, la primera vez que lo mencionamos digamos su nombre y apellido (por ejemplo, Danilo Astori) y de ahí en adelante, en las siguientes menciones, usemos solo el apellido (Astori).

A mí me resulta incómodo hacer eso mismo si ese personaje público es una mujer. Tomemos el caso de la senadora Verónica Alonso. Yo siento que si la cito solo por su apellido, Alonso, la audiencia tenderá a pensar que se trata de un hombre, porque eso es lo que ha ocurrido tradicionalmente en la política nacional. Me parece que hay que visibilizar a la mujer en la política uruguaya y entonces yo opto por repetir el nombre y el apellido (Verónica) o decir la senadora Alonso, etc., para que quede claro que es una parlamentaria y no un parlamentario.

(**) Yo siempre he usado la fórmula clásica “señoras y señores”; es una parte fundamental del saludo que realizo cada día, a las 7.00, al comenzar el programa. Es algo formal de más, pero integra la estética de En Perspectiva (y, de paso, prueba que no tengo ninguna intención de relegar o ignorar o menospreciar a mi público femenino).

Ahora, la discriminación sexista no es la única posible. Entonces, ¿no debería ampliar mi saludo para visibilizar a otros colectivos?

Lo pregunto porque estoy seguro de que mis oyentes más jóvenes se sienten excluidos de un trato de “señoras y señores”, algo que pueden ver arcaico y más bien asociado a las personas mayores. ¿Tengo que agregar “chicas y chicos”? Pero allí no termina el proceso. ¿Qué hago para no me acusen de que invisibilizo a los niños, que siempre hay algunos acompañando a sus padres al lado del receptor? ¿Debo agregar: “Niñas y niños”?

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14 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Excelente. El despotismo ético no es el único que existe. El despotismo inclusivista debería decirse. Recomiendo, en ese plano, el artículo de Aldo Mezzucchelli en http://www.henciclopedia.org: La theory de los cuatro elementos que son cinco. Allí se había, con acierto, de que un discurso políticamente correcto y con pretensiones de ser exitoso y convocante en Uruguay hoy debe incluir estas cinco categorías: minoría, género, raza, víctima; a lo que habría que agregar: de izquierda. El análisis o producto resultante, que casi cualquiera sin demasiadas pretensiones puede hacer, resulta pobre, desprovisto de sorpresas intelectuales e incapaz de dar cuenta de la complejidad existente en el mundo natural o cultural.

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  2. Muy bueno, Emiliano. En principio, no es un problema de discriminacion, sino de los idiomas latinos. The president, the boss, the dentist, no necesita variacion e incluye no solo hombres y mujeres, muchachos y muchachas, sino tambien muchaches, muchachis y muchachus, para dejar a todos contentos. Insisto en que es un problema de desconocimiento del idioma. Presidente no es masculino ni femenino, la presidente y el presidente es lo correcto, lo contrario seria la presidenta y el presidento. Seguramente los primeros dentistas y taxistas o taximetristas fueron todos hombres por un largo periodo, y nadie los bautizo dentistos o taxistos. Igualmente el chofer y la chofer es lo correcto, no el chofero y la chofera. Aunque con excepciones, hay una concordancia entre el sustantivo y el articulo, por eso es la mesa , la silla, el banco. Pero el mar o la mar son igualmente validos. Por que decimos el agua?, porque antiguamente era el banco y ela silla, por lo tanto era ela agua; ela silla perdio la e, pero ela agua perdio la a. La lengua es viva. La concordancia se da entonces por el articulo, que determina el genero del sustantivo. Nadie asume que el dentista, el taxista, el taxidermista, es mujer. De igual manera , la presidente, la ministro, la chofer, se sabe que son mujeres. La maestra y el maestro suenan natural, pero no el albanil y la albanila, la costurera y el costurero. Posiblemente a muchos y muchas inclusionistos e inclusionistas , como al presidento Maduro, les falte leer libros y libras.

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  3. Lenguaje inclusivo, políticamente correcto, lenguaje espontáneo, lenguaje tutelado; palabras de poeta, palabras rústicas, lo que la boca quiere decir, lo que los oídos quieren oir. Idioma de alta ética, de moral común, de moralina, idioma amoral.
    Lenguaje salvaje, libre y fluyendo, lenguaje sin adjetivos, a secas nomas; palabras sin biombo ni cortina, palabras necias, palabras sabias, palabras necesarias o no, dejarlas vivir, son palabras y son humanas…

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  4. Muy de acuerdo. Es cierto que se requiere algo de atención al comunicar (sobre todo en medios masivos) conceptos o noticias que incluyan distintos colectivos, porque tradicionalmente se ha supuesto que sólo es necesario dirigirse a la audiencia dominante; y la elección de ésta es personal y arbitrario. Pero hay que tener cuidado de no llegar a la exageración, y eso pasaría si se tomara el asunto al pie de la letra. Hace unos años, en la terminal de ómnibus de Paysandú, había letreros que, alternadamente, rezaban: «Bienvenidos a Paysandú» y «Bienvenidas a Paysandú». Siempre me pregunté por qué no había también carteles que dijeran «Bienvenidos los blancos» y «Bienvenidos los negros», «Bienvenidos los adultos» y «Bienvenidos los niños», y un larguísimo etcétera. Pero evidentemente, en ese caso, habría que hacer que el sector de andenes ocupara varias cuadras de largo. Sólo un ejemplol.

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  5. Y si nos ponemos ridículos podría decir que yo necesito que se hagan algunos cambios al idioma español, porque quiero recalcar el hecho de que no soy machisto ni racisto, pero no veo por qué no puedo aclarar que soy automovilisto y no ciclisto, socialisto pero no terroristo, que no soy atleto ni artisto, pero sí quisiera ser novelisto, porque me gusta escribir pero no tengo vocación de poeto, y que nunca pensé en ser policío pero soy muy patrioto. Y eso SÍ sería ridículo.

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  6. Era hora Emiliano que hicieras esta reflexión públicamente y explicaras como eliminar la aberración lingüistica de la «corrección política». Yo mismo he sido uno de los oyentes que sistemáticamente he pedido terminas con el «todas y todos» que tan artificial e hipócrita suena. El español es un idioma hermosa, y bien utilizado es la mejor arma en contra de la violencia y la discriminación. Gracias!!

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  7. Una vez más, el análisis correcto, mesurado y con reflexión que lo caracteriza. Comparto totalmente su opinión y, prefiero, aún siendo mujer, no escuchar el ridiculo desdoblamiento del lenguaje. La inclusión, a mi juicio, no pasa por una palabra sino por las actitudes de quien las usa y principalmente también de quien las escucha: ¿Por qué sentirnos excluidas cuando se usa un término que incluye a ambos géneros? Es nuestra actitud como mujeres la que hace aparecer la exclusión.

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  8. Totalmente de acuerdo, Emiliano.
    Cuando alguien dice «todos los uruguayos», yo me siento incluida. Lo mismo si te diriges a la audiencia diciendo «estimados oyentes», me siento aludida.
    Me rechina lo de «todos y todas» y otras ridiculeces por el estilo. La RAE ya se ha expedido al respecto, con múltiples ejemplos. No pasa por ahí la discriminación a la mujer, contra la que todos debemos luchar, lo mismo que contra todas las discriminaciones.
    Gracias por tu lucidez.

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  9. Por lo aprendido ( Docente de Idioma Español, Licenciada en Letras, Traductora Pública, Docente de Talleres literarios, Escritora Claudia Amengual, a quien estaré siempre agradecida ) no se aplica más «Ciudadanos y ciudadanas», «Señoras y señoras». Se expresa en un solo género: «Señores», «Ciudadanos» «uruguayos» que abarca mujeres y hombres. Es incorrecto hacerlo de otra forma.
    En cuanto a profesiones, funciones, oficios en lo posible se debe tratar de utilizar el femenino ( cuando puntualmente corresponde ) como: Médica, empleada, enfermera, neuróloga, Presidenta excepto cuando el caso no lo admite, por ejemplo los que terminan en iz: Actriz, institutriz. Tampoco en aquellos que a la vista rechinan y oídos cacofónicos ( suenan mal ) Cantante no Cantanta, Estudiante no estudiante, Docente no docenta. En ese caso la vista y oído nos guían. ¡Saludos!

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