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Entrevista central, jueves 23 de marzo: Danilo Astori

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EC —A eso voy, ahora acaban de darse los datos del resultado del año pasado de UTE: más de US$ 400 millones de utilidades, porque no se recogieron las ventas en materia de costos de generación de energía que han implicado los aerogeneradores, las energías renovables, etcétera. La tarifa de la energía pudo ser más barata.

DA —Para reflexionar sobre esa afirmación, que es correcta, tengo que agregar los otros factores que hay que tener en cuenta cuando se fija un precio público, una tarifa pública. Mencioné uno, situación de la empresa.

EC —Esa empresa está bien, esa no es una empresa con problemas desde ese punto de vista. Ancap es otra historia.

DA —Sin duda alguna. Pero el que tiene problemas fiscales es el país.

EC —Y el país o el Estado le pide a UTE…

DA —Los otros factores que hay que tener en cuenta cuando se fija un precio público, además de la situación de la empresa, son los efectos sobre la sociedad en su conjunto. Por ejemplo, los efectos sobre la situación fiscal del país. Por ejemplo, los efectos sobre otro elemento del orden macroeconómico fundamental que es la inflación. Es en la consideración equilibrada de todos esos factores que se define una tarifa.

EC —De ahí mi pregunta: ¿hasta cuándo van a mantenerse estos niveles de tarifas, por ejemplo de los combustibles, que son más altos de los que deberíamos tener, o de la energía eléctrica, que es más cara de la que podríamos tener, debido a razones fiscales?

DA —De más está decir que nuestro objetivo es lograr tarifas, precios públicos, que sean representativos no solo de un bien o un servicio público de calidad, sino además coherentes con las necesidades de la población en su conjunto. Es más, pasamos muchos años con un deterioro real de todas las tarifas públicas en el Uruguay. Por ejemplo, el año 2014, comienzo de 2015, fueron años en los que las tarifas cayeron en términos reales, estuvieron por debajo de la inflación. Y hemos tenido también, por supuesto, que manejar la situación complicada de alguna empresa, como Ancap, cuando se definió la tarifa correspondiente.

Es en la consideración de todos esos factores que tenemos que ir definiendo las tarifas o precios públicos. No son tributos encubiertos, son precios que tienen que tener en cuenta el equilibrio necesario que entre los factores explicativos de la tarifa o el precio público. El objetivo es tener lo antes posible empresas públicas sólidas, solventes, bien administradas, bien gestionadas, y al mismo tiempo precios de servicios públicos compatibles con las necesidades de la población en un ambiente fiscal sano. El ambiente fiscal se compone de ingresos y gastos públicos, y entre los ingresos están las tarifas, y al mismo tiempo un entorno ordenado desde el punto de vista inflacionario, cosa que afortunadamente venimos logrando porque la inflación viene descendiendo notablemente en el país. Esto es una noticia muy importante desde el punto de vista de la fijación de tarifas y del papel que van a jugar en el futuro.

EC —Volviendo al documento del senador Luis Lacalle Pou entregado al presidente de la República, el propio presidente dijo que lo había trasladado a los distintos ministerios. Y hay más de una propuesta que tienen que ver con el MEF. Una dice: “Antes de que termine el primer trimestre, crear un grupo de trabajo de alto nivel al que se le encomiende elaborar, antes de fin de año, una propuesta de regla fiscal que obligue a tener una conducta contracíclica”. Es un debate que periódicamente, cada tanto, aparece. ¿El gobierno está dispuesto a dar ese paso?

DA —Estamos totalmente de acuerdo en que tiene que existir una regla fiscal. Nuestra diferencia con la propuesta señalada –que además se reitera, porque el año pasado también se había formulado, y obviamente es digna de nuestro respeto– es que tal como está es demasiado rígida, a nuestro juicio, para manejar equilibradamente las diferentes herramientas del gobierno. Hemos preferido un camino más flexible que limita el resultado fiscal por la vía del endeudamiento del país. Como se sabe, el déficit fiscal se financia con deuda y nosotros tenemos una regla que limita el incremento de la deuda neta, que es la deuda pública que tiene el Uruguay menos las reservas internacionales.

EC —Lacalle Pou responde “los hechos demostraron que esa ley no funciona como regla fiscal porque el propio gobierno se encarga de perforarla. Durante el período 2006-2016, en cinco oportunidades se votaron leyes que habilitaron nuevos endeudamientos”.

DA —Discrepo con el uso de la palabra perforación, porque lo que hicieron el MEF y el gobierno fue aplicar la norma que está en vigencia, no se perforó ninguna norma, se aplicó la norma. Ese es un ejemplo de la flexibilidad de la que hablo. El país en una situación fiscal que tiene que corregir necesitó usar la modificación del tope de deuda neta para manejar con flexibilidad el resultado fiscal.

EC —Lo que Lacalle Pou destaca es que se votaron nuevas leyes que habilitaron nuevos topes.

DA —No, no; se aplicó la ley del tope que implica que el propio sector público debe comunicar al Parlamento, por la vía de una referencia a la norma básica fundamental de origen de la regla fiscal, que va a modificar el tope de endeudamiento neto.

EC —“En algunos casos los nuevos topes permitidos casi duplicaron o triplicaron los valores originales.”

DA —Está previsto en la ley original de la regla fiscal. No tengo ahora en la cabeza los números exactos de la modificación del tope de deuda, pero no se puede hablar de perforación porque lo que hicimos fue aplicar la ley en vigencia.

***

EC —Hoy se dará a conocer el último dato de PBI, el cierre del año 2016. ¿Tiene ya algún adelanto?

DA —No, no lo puedo tener porque va a ser comunicado seguramente en la tarde. Esperamos que el número supere nuestras previsiones.

EC —Búsqueda dice hoy que el crecimiento de 2016 superará holgadamente el 1 %.

DA —Sinceramente no puedo dar la cifra, no la tengo; la voy a conocer, como todos los uruguayos, en la tarde de hoy. La va a dar a conocer el Banco Central del Uruguay (BCU) a partir del cierre de su sistema de cuentas nacionales referido al ejercicio 2016. Pero a partir de los indicios que hemos tenido y en particular del crecimiento también superior a lo previsto del tercer trimestre del año pasado, todos creemos que el número va a estar superando nuestra previsión para 2016, que era muy modesta, era una previsión de un crecimiento de 0,5 % respecto a 2015. Vamos a estar por encima de eso seguramente. Y cuando conozcamos el número concreto vamos a poder medir, por ejemplo, los efectos de arrastre de este número de 2016 hacia el ejercicio 2017 y beneficiarnos de esos datos a los efectos de la elaboración del proyecto de Ley de Rendición de Cuentas.

EC —Falta conocer ese dato. De todos modos, ¿cuál es su opinión sobre la evolución de la actividad económica últimamente?

DA —Creo que es una parte fundamental de lo que hoy llamábamos el proceso de diferenciación de Uruguay del vecindario. Uruguay nunca dejó de crecer, los vecinos cayeron en una proporción muy importante, particularmente Brasil llegó a acumular una caída de 8 puntos del producto en los años 2015 y 2016.

EC —También es cierto que pasó por un terremoto interno.

DA —Y también es cierto que la economía brasileña tiene una enorme influencia sobre la uruguaya. Brasil ha sido tradicionalmente, en los últimos tiempos, el principal socio comercial de Uruguay. Ya no lo es, precisamente por esta situación, sin embargo Uruguay se sobrepuso a ese impacto y al impacto también negativo que vino de la Argentina. Mantuvo el crecimiento, pequeño pero lo mantuvo, nunca estuvo estancado –ese es un factor fundamental de diferenciación–, y ahora esperamos empezar lentamente a recuperar niveles de crecimiento mayores que los que hemos tenido en los últimos dos años.

EC —En los últimos meses hemos visto algunos cierres de empresas que eran muy importantes para sus entornos, para sus localidades. Pienso en los últimos, el de Fanapel en Juan Lacaze, el de Molino Dolores, en Soriano. Más allá de que en algunos casos puede haber explicaciones muy específicas de eso que ocurrió, por otro lado en el mercado de trabajo seguimos viendo un desempleo en torno al 8 %, sensiblemente mayor que los valores de 6 %-7 % que vimos hace unos años, y los indicadores marcan una tendencia declinante, leve pero declinante, de la tasa de empleo. Eso se destacaba en un análisis de Deloitte hace pocos días acá en el programa. ¿Cómo evalúa el MEF el desempeño del mercado de trabajo?

DA —Como un tema de la realidad nacional al que hay que prestar mucha atención. Y no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino también desde el punto de vista cualitativo, porque también tenemos problemas de calidad del empleo que es necesario reconocer y trabajar para corregir.

Voy al primer aspecto. Estamos haciendo un enorme esfuerzo para mantener, con nuevas medidas incluso, la promoción de la inversión, único camino genuino para aumentar el nivel de actividad y lograr mayor cantidad de empleo. El tema de la construcción es absolutamente típico al respecto. Estoy pensando por ahora en la cantidad de empleo. Y estamos poniendo el foco en lograr incrementos de inversión con nuevas medidas que se pusieron en práctica en estos dos años de este tercer gobierno del FA, con buena respuesta. Por ejemplo, la inversión inmobiliaria, que es muy movilizadora de la industria de la construcción y de la cantidad de trabajo.

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