Entrevista central, jueves 29 de setiembre: Eduardo Lust y Martín Risso

RA —¿Cómo lo ven ustedes, que día a día están tratando con ella?

EL —Yo siempre hago un ejercicio en clase, digo lo siguiente. Una fecha que cualquier estudiante sabe es el 18 de julio, que es la jura de la Constitución. Ha quedado en segundo término la fecha de declaratoria de la independencia, si bien hay una discusión histórica acerca de cuándo fue realmente. En todas las ciudades del Uruguay la calle principal, con alguna excepción, es 18 de Julio. En Montevideo el monumento más importante creo que es el de los constituyentes de 1830, el Obelisco. Los constituyentes del 30 merecieron un barrio en Montevideo, que es Pocitos, las calles de Pocitos llevan los nombres de los constituyentes del 30. Al cumplirse el centenario de la Constitución de 1830, Uruguay organiza un mundial de fútbol para festejarla, el nombre del Estadio Centenario viene de la primera Constitución. La piedra fundamental del edificio de la Universidad de la República se colocó el 18 de julio de 1906. Cuando Uruguay sale campeón del mundo el 16 de julio de 1950 en Maracaná, el gobierno hace que la delegación llegue el 18 de julio. Hay una relación con la Constitución, aunque la ciudadanía no la perciba.

Además hay una cosa muy curiosa. Desde el año 1918, cuando se hizo la primera reforma de nuestra Constitución del 30 y diríamos que ahí empezamos a adquirir la mayoría de edad constitucional, que llegó –coincido plenamente con el doctor Risso– con la del 67. Esa es una muy buena Constitución, el tema es que hay que aplicarla, por lo menos hay que leerla, pero no ha pasado prácticamente un período de gobierno sin que se haya intentado reformarla. Es decir: a pesar de que tenemos la fama de ser un país conservador, a nivel constitucional en forma permanente se plantean reformas.

RA —¿Por qué entienden que pasa eso del lado del sistema político?

MR —Yo soy muy pragmático: porque los partidos políticos intentan obtener ventajas, no es por otros motivos. Básicamente la ventaja electoral. Pero a mí también me parece que esta Constitución tiene algunas cosas extrañas. Se le critica que es muy vieja, pero en realidad esa es una fortaleza, la Constitución del 67 no da sorpresas, la conocemos y la manejamos con certeza. Las constituciones más importantes del mundo en la actualidad son mucho más viejas que la nuestra y a nadie se le ocurre modificarlas –la alemana, la italiana, ya no digamos la de Estados Unidos, que es de 1787–. Muchas veces se dice que hay que modificarla porque es vieja; es al revés, es muy bueno que sea vieja: las constituciones son como el vino, cuanto más viejas, mejores. Es un dato de la realidad.

Después está el tema de que los uruguayos en general se sienten conformes con la Constitución, no hay objeciones. Consciente o inconscientemente, sabiendo lo que dice o no, no hay mayores objeciones.

Me parece que son tan fuertes las fortalezas de la Constitución que es un error pensar en modificarla, porque vamos a correr el riesgo de perder muchas de las cosas que tenemos. Diría que si no me encuentran una modificación que sea imprescindible, que nos digan “hay que modificar esto por tal cosa”, preferiría no modificarla.

NB —¿Dónde se notan esas fortalezas y esas debilidades de la Constitución?

MR —Debilidades tienen todas las constituciones. Yo no veo debilidades tan fuertes en la nuestra que hagan necesaria una modificación. Por ejemplo, tenemos el tema de la descentralización territorial, se precisaría quizás más autonomía constitucional para que funcionen mejor los gobiernos departamentales. Pero no es necesario modificar la Constitución, esas cosas pueden establecerse por ley. No veo motivos realmente relevantes y contundentes que lleven a decir: “esto hay que modificarlo”.

NB —En el sistema político se está dando una discusión acerca de la pertinencia de una reforma constitucional ahora. Algunos entienden que, más allá de si es importante o no, debe darse más adelante porque el país está metido en otros problemas, económicos, sociales… Esto nos lleva a preguntar si Uruguay hasta la Constitución del 67 atravesó los procesos de reforma en momentos de auge, y si los momentos de crisis o como el actual, de problemas económicos y sociales, no son idóneos para dar este tipo de discusiones.

EL —Todas las reformas son políticas más que por un tema de una crisis económica. Incluso tenemos dos constituciones, la del 34 y la del 42, que son producto de golpes de Estado, que luego, por un tema de filosofía del derecho constitucional, fueron convalidadas por la ciudadanía. Es decir que el tema de hacer una Constitución en medio de una crisis no es muy importante desde el momento que tenemos constituciones que nacieron de los golpes, en el gobierno del doctor [Gabriel] Terra la Constitución del 34 y la del presidente [Alfredo] Baldomir en el 42.

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