Entrevista central, jueves 31 de diciembre: Gabriel Rossi

Entrevista con Gabriel Rossi, asesor del Ministerio de Salud Pública en temas relacionados con el consumo de alcohol.

EN PERSPECTIVA
Jueves 31.12.2015, hora 8.26

ROMINA ANDRIOLI (RA) —El Gobierno presentó ayer un plan piloto para reducir el consumo de alcohol en adolescentes y jóvenes en la “previa” a la ida a los boliches.

La medida incluye hacer espirometrías en las puertas de esos locales en los departamentos de Canelones y Rocha y premiar con el ingreso gratis a quienes den cero en esos controles.

La última encuesta realizada por la Junta Nacional de Drogas indica que la edad promedio de inicio en la ingesta de alcohol es de 12 años y 8 meses. Además, uno de cada cinco de los encuestados tuvo al menos un episodio de intoxicación en los últimos 15 días.

Vamos a conocer cómo va a funcionar este plan y cuáles son las expectativas de las autoridades al respecto en diálogo con Gabriel Rossi, asesor del Ministerio de Salud Pública (MSP) en temas relacionados con el consumo de alcohol, pero además es doctor en Medicina, psiquiatra de niños y adolescentes y máster en Drogodependencias. Y es autor del libro La previa. El consumo de alcohol entre los adolescentes. Guía para padres preocupados.

¿Por qué el gobierno decide poner el foco de atención en el fenómeno de las “previas”? ¿Qué han detectado allí?

GABRIEL ROSSI (GR) —Lo que tú planteabas en el inicio, tenemos una población de jóvenes que tienen una forma de consumo que realmente nos preocupa en cuanto a la intensidad y la frecuencia. Si bien cuando hablamos de este tema siempre tratamos de no cargar las tintas en los jóvenes y los adolescentes, porque la población uruguaya en general toma mucho alcohol, esta población en especial es una de nuestras preocupaciones, no la única. Tenemos índices de un inicio muy temprano y de una percepción muy baja en cuanto al efecto del alcohol, los jóvenes plantean que es algo común, algo que no incide necesariamente en su funcionamiento, y no es así. Entonces hay que aumentar la percepción de riesgo de esta situación.

RA —¿Las previas son un fenómeno que ahora se ve como más común, en los últimos tiempos? ¿No existió siempre?

GR —La previa es algo que se fue instalando paulatinamente en los últimos 20 años y que ha cambiado además la forma de salir, seguramente ha incidido –entre otros muchos factores– en esto de que cada vez se sale más tarde. Hay una contextualización de una lógica de esperar, de juntarse para intoxicarse. No estamos en contra de la previa, la previa nos parece fantástica, que haya un grupo de jóvenes que se juntan para prepararse para hacer algo y que ese encuentro sea algo agradable es superrecomendable. El tema es que el centro de esto sea la intoxicación. Ha habido un cambio en el tipo de consumo, nuestra sociedad tenía antaño –y en algunos sectores todavía lo tiene– un consumo de tipo mediterráneo, por el sabor. Este es un consumo más nórdico, lo que importa es la intoxicación. Yo no busco tomar alcohol, busco intoxicarme para ir después al otro lugar.

Intentamos que no necesariamente pase así, que para divertirme no tenga que consumir, no tenga que intoxicarme. Desde el punto de vista de la salud y de la concepción, si hay algo en lo que hay que trabajar en prevención es en cómo romper esta fórmula que tiene que ver con la diversión. Plantear que uno puede divertirse perfectamente sin consumir nada. Es cierto que el alcohol tiene algunos efectos que la gente busca porque entiende que bajo esos efectos va a divertirse más, pero básicamente lo que hace es una desinhibición.

RA —Usted ya planteaba algunas de las características del consumo de alcohol que se hace en la previa. ¿Hay algo más específico que se pueda detallar de lo que han detectado allí? Por ejemplo estoy pensando en el tipo de bebidas que se consumen.

GR —Yo historizaba un poco esto de la previa. La previa antes, quizás 10 años atrás, no mucho, se podía hacer con cerveza. Hoy la cerveza está dejada para otras situaciones, en la previa se consumen bebidas de más alta graduación alcohólica (vodka, whisky, últimamente fernet), hay un cambio en cuanto a la graduación y sin duda en el impacto. Muchas veces esto también se asocia a la rapidez, tengo que consumir mucho y muy rápido, entonces una bebida con mayor graduación alcohólica incide en esta situación. Esto no quiere decir que consumir cerveza sea más inocuo que consumir vodka, el tema es que al consumir vodka [el efecto] es más rápido, pero también la cerveza tiene alcohol y si consumo mucha cerveza también rápidamente voy a tener una intoxicación alcohólica.

RA —Veamos los aspectos que presentaron ayer del plan piloto. ¿Cómo va a funcionar el “Free pass, si no tomaste, entrás”.

GR —Va a haber promotores en las playas, va a haber una camioneta, que va a estar identificada, que se va a parar en determinados lugares, en determinados boliches. Llega la persona, quiere entrar, se le hace una espirometrías, y si la espirometría le da cero entra gratis. Esto durante el tiempo en que la camioneta identificada esté ahí con los promotores que van a hacer la espirometría. La espirometría no tiene ningún otro fin jurídico. Si bien la Unasev (Unidad Nacional de Seguridad Vial) participa conjuntamente con el MSP, que es el que lidera, el INAU y la Secretaría de Drogas, esta espirometría no tiene ninguna relevancia más allá de que la persona entre gratis o no al lugar. Porque si paga entra aunque esté bajo los efectos del alcohol.

RA —La espirometría le tiene que dar cero.

GR —Le tiene que dar cero para entrar gratis. Después estará en los dueños de cada uno de estos lugares si la persona ingresa o no, según cómo esté quizás. Esos serán criterios propios de cada lugar.

RA —¿Quiénes forman parte del público objetivo al que apunta la campaña? ¿Hay algún tipo de segmentación por edad?

GR —Nos planteamos entre 15 y 25 años. Esto está determinado también por las características de los boliches, hay algunos que son plus 15 y otros que son plus 18, depende de las características de cada lugar. Pero queremos llegar a una población de menores de 18 años y mayores.

Hay una diferencia bien importante que tiene que ver con la población objetivo, porque el impacto en el neurodesarrollo también varía mucho según la edad. Dejamos bien claro que no es lo mismo un consumo de inicio a los 13 años de un o de una adolescente que el consumo de una persona de 25. El impacto en el cerebro es totalmente distinto. Más o menos, con variabilidades, pero cerebro no se desarrolla totalmente hasta los 23, 24 años. O sea que, más allá de que alguien sea mayor de edad, tenemos todo este período en el cual el cerebro se está desarrollando y el alcohol puede incidir en el neurodesarrollo. La incidencia no es algo permanente, dura el período que dure el consumo de esta manera, que muchas veces es dos días consumo mucho y cinco días descanso, a lo largo del año, quizás trastocado un poco en el verano. Hay un impacto en el neurodesarrollo.

Son elementos de salud. Hay distintos impactos según las edades y también según el sexo, no es lo mismo que consuma un hombre que que consuma una mujer. La mujer es más vulnerable biológicamente a los efectos del alcohol. Para ser prácticos, el hombre puede consumir casi el doble de lo que puede consumir una mujer. Esto no es darles vía libre a los hombres, pero sí plantear que la mujer que toma igual que el hombre está tomando muchísimo más, por una característica biológica, por una distinta distribución de la grasa corporal y por algunas enzimas que tienen que ver con la destrucción del alcohol.

RA —Una consulta práctica acerca de este operativo: si se les realiza la espirometría a menores de edad y da positivo con un consumo alto, ¿cuál es el procedimiento en ese caso?

GR —En este caso no tiene más que esta situación, no hay una incidencia. Los promotores pueden llegar a comunicarse, pero no hay una medida sanitaria más allá de esta situación de entrar o no gratis al baile. Son parámetros que tenemos que evaluar, por eso planteamos hacerlo del 1º al 15 de enero y ver qué parámetros tenemos que ordenar, corregir, modificar o mantener. Este es uno de los elementos. Lo vamos a estar haciendo con técnicos del INAU, vamos a ir monitoreando todo esto y viendo qué situaciones están pasando de hecho en este momento. Porque muchas veces, más allá de los relatos, no tenemos la realidad de cuánto se está consumiendo y de lo que está pasando con estos adolescentes que muchas veces quedan intoxicados, que tienen dificultades en ese sentido. Ahí vamos a ver si tenemos que adoptar algunas otras medidas, en este momento la medida es solo el free pass.

RA —Por lo que decía, la Unasev tampoco va a sancionar ni va a tener en cuenta la espirometría en caso de que el joven llegue manejando.

GR —No. Sin duda que la Unasev, la Policía Caminera, todos aplicarán las sanciones correspondientes en otros ámbitos, no en este. Esta espirometría no tiene un fin jurídico, solo es entrar gratis o no.

RA —¿Dónde se enteran los jóvenes de en qué boliche se va a hacer esto?

GR —En las redes sociales –Spotify, Twitter, Facebook, YouTube– se va a informar dónde estará la camioneta esa noche. La camioneta va a empezar en Canelones, después se va a desplazar a Rocha y después va a volver a Canelones. Además los promotores van a estar en las playas durante el día anunciando que esa noche en tal lugar existe la posibilidad de entrar gratis.

***

RA —Usted decía que se coordinarán acciones con el INAU, y de hecho este plan fue presentado en conjunto. Teniendo en cuenta que hay menores y que los boliches en el interior que tienen permitido el acceso de menores no tienen posibilidad de vender alcohol, ¿por qué no se decide, por ejemplo, atacar ese foco y poner más énfasis en la venta de alcohol a menores?

GR —Este proyecto no va en contra de otras políticas que ya se están desarrollando. Hemos visto y evaluado que hay debilidades en muchas situaciones que tienen que ver con el tema alcohol, porque hay locales donde se les vende a menores en todo el país.

RA —Justamente, ¿no tendría que endurecerse esa política? Porque uno tiene la sensación de que el control es un tanto laxo.

GR —Sí. Se ha reforzado todo lo que tiene que ver con espectáculos públicos de INAU, ha habido un incremento del número de inspectores que están trabajando en este tema del control en el último período y en los últimos meses. El control tenía algunas debilidades y se ha reforzado. Esto es parte de una situación global que tiene que ver con la prevención en algún caso y en otros con la incidencia de una inspección y su consecuencia en determinadas situaciones que no son legales, como venderles alcohol a menores.

Esa situación no tiene que ver solo con controlar los lugares donde se le vende directamente al menor, sino también con una campaña de prevención para que los adultos, sean amigos de los menores o los padres, no les den alcohol para que consuman. El tema sancionatorio no es lo único. Sin duda hay que hacerlo y hay que hacerlo de modo más efectivo, por eso la mayor dotación de personas para la inspección. Tenemos que trabajar conjuntamente con muchas instituciones del Estado y privadas y con la sociedad civil en general. Esta es una situación en la que incide lo que pueda pautar el gobierno, pero también incide qué pasa y cuál es la conducta dentro de casa.

RA —Usted es autor del libro La previa El consumo de alcohol entre los adolescentes. Guía para padres preocupados. ¿Qué rol y qué responsabilidad tienen los padres en la problemática del consumo abusivo de alcohol en estas edades, incluso en la previa? Porque hay algunos que dicen “yo prefiero que tomen en casa antes que que tomen afuera, por eso le digo que pruebe en casa”.

GR —Sí, mejor que estén en el fondo, que están acá, que los puedo controlar, si están afuera no sé qué va a pasar. Sin duda hay una incidencia muy importante de lo que cada uno en su casa determina. Hay investigaciones en Inglaterra, en Australia y en Estados Unidos –sin duda hay que hacer el recorte de lo cultural– que plantean la incidencia enorme de cómo se para un padre, cómo se para una madre frente al consumo de alcohol. Los hijos de padres que no consumen con los adolescentes y que son previsibles –“si mi hijo está intoxicado va a pasar tal cosa”– son adolescentes que consumen menos que los otros.

Hay una investigación muy interesante que hizo en nuestro país el Observatorio Uruguayo de Drogas que hace caracterizaciones de padres involucrados en el desarrollo de sus hijos y de padres menos involucrados. Cuando los padres se involucran en el desarrollo de sus hijos, conocen el nombre de sus amigos, saben a qué juego de PlayStation o de computadora juegan, saben cómo van desde el punto de vista académico, cosas que tienen que ver con la cotidianidad, eso tiene una incidencia en el desarrollo de los adolescentes, en su desarrollo social, en cómo se vinculan, van a ser adolescentes que consumen menos. ¿Esto quiere decir que la culpa la tienen los padres? No necesariamente, pero incide.

RA —¿Qué consejo les daría? Porque el alcohol a esa edad es una realidad, para los padres a veces es difícil luchar contra ese consumo abusivo cuando en el grupo social se ve tan bien el consumir. ¿Qué consejos les daría usted como especialista?

GR —Primero capaz que sacar las palabras lucha, guerra. A veces parece que los padres se terminan poniendo en la vereda de enfrente, “¿cómo me hizo esto?, me lo hace a mí, “todo lo que hago por este hijo”. Hay cosas que tienen que ver con esto, con el encuentro, con estar más cercanos a los adolescentes, a los niños, porque esto se va construyendo. Esto no nace el día que el adolescente fue a su primer consumo de alcohol, al cumpleaños de 15 o salió y se fue a tomar a la playa con los amigos su primera botella de vino, de cerveza o de lo que sea. Esto surge desde el principio, de cómo yo me vinculo, qué hago por ejemplo con el tiempo libre.

Hay un problema enorme entre los adolescentes con el aburrimiento, parece que no se pudieran aburrir. Entonces cuánto se involucran los papás con estos niños en el tiempo libre, cómo me divierto, esto que yo decía hoy de la fórmula de consumo y me divierto. Esto no es una fórmula contra el consumo de alcohol o de otras drogas, es a favor de la vida cotidiana y de poder ir desarrollándome yo como papá y que mis hijos que se vayan desarrollando conmigo en este arte que tiene que ver con educarlos. Que no es fácil, los papás no tienen un manual de cómo hacer las cosas, pero sin duda es con ellos, y muchas veces hay que invertir tiempo en esto. Uno que siempre está ahí invirtiendo tiempo en muchas cosas, también tiene que invertir tiempo en los hijos. Hay cosas que no va a solucionar el Estado, que no va a solucionar un profesor, hay cosas que voy a solucionar yo como mamá o como papá en lo cotidiano. No es fácil, claramente uno comete errores, pero una lógica de que el compartir, convivir con ellos es disfrutar de determinados momentos puede ser muy preventiva, a pesar de que no lo parezca. El tema no es educar en el terror, “no tomes esto”, sino educar en la salud y poder disfrutar de esto. Si hay algo que tiene la adolescencia es que tiene que ser un disfrute, con los amigos, y también tener la capacidad de decir “esto no me interesa”.

Pero sin duda incide la presión del grupo, todos toman, entonces yo tengo que tomar. Podemos evaluar que el encuentro de los padres con este adolescente, con este niño fue muy bueno y después la presión del grupo incide. Por eso digo que no necesariamente es uno más uno, pero tenemos muchos factores protectores. Muchas veces como comunicadores, como médicos, como psicólogos nos centramos mucho en lo negativo, pero tenemos que tratar de promover hábitos saludables, y hábitos saludables a veces es sentarse a escuchar música.

RA —Un oyente pregunta: “¿Vigilar compañías?”.

GR —Lo que pasa es que a veces terminamos siendo padres investigadores o policías, y eso no necesariamente es bueno. Esto de que llega el niño y lo huelo a ver si consumió, si no consumió, termina siendo una caza de brujas. Entonces es cierto que hay que controlarlo, pero que eso no sea el centro. Yo no me puedo transformar de la noche a la mañana de ser el padre de un escolar a ser el padre de un adolescente y en investigador privado. No lo soy, soy el papá de este adolescente que ahora puede estar consumiendo alcohol. El tema es la proximidad, esto que tiene que ver básicamente con la confianza. Si yo empiezo a generar desconfianza frente al otro, que es distinto, que puede tener otras características, no conozco a su padre y una serie de situaciones, empiezan a generarse dificultades. A veces uno puede decidir sugerirle “esta compañía no”, uno decide funcionar como pueda y como su hijo lo deje, porque a veces hay situaciones en que uno se entera de con quién anda.

RA —A propósito de la iniciativa del plan piloto Free Pass, un oyente plantea: “La iniciativa está bien, pero acá en el departamento de Colonia los boliches más grandes les venden a todos los menores alcohol, lo sabe todo el mundo y no pasa nada”. ¿Prevén extender el plan al departamento de Colonia?

GR —Es un plan piloto y cortito, son 15 días, después vamos a evaluar dónde seguimos en el verano, porque el verano no es solo es en la costa. Paysandú, Río Negro, en todos lados.

RA —Y en el departamento de Colonia concretamente, más allá del Free Pass, ¿se plantean incrementar los controles?

GR —Eso tiene que ver con lo que planteaba acerca del incremento de inspectores de INAU. Esto se puede comunicar a autoridades del INAU, que seguramente van a aumentar [los controles], porque ahora hay más inspectores para hacerlos. Esa es una de las medidas –esto sí que tiene que ver con el Estado– que se van a poner en práctica. En los últimos tiempos se han dado elementos que es muy difícil controlar. Por ejemplo, las motos que venden alcohol. A través de las redes los jóvenes se comunican, viene una moto y les vende alcohol u otras sustancias. Esas situaciones son muy volátiles, en eso está todo el control que tiene que ver con el INAU, con el Ministerio del Interior, que ya se viene instrumentando. La idea es ir reforzando estas acciones.

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Transcripción: María Lila Ltaif

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