Entrevista central, lunes 2 de mayo: Fernando Pereira, Marcelo Abdala

Entrevista con Fernando Pereira y Marcelo Abdala, presidente y secretario general del PIT-CNT.

Video de la entrevista

EN PERSPECTIVA
Lunes 02.05.2016, hora 8.19

EMILIANO COTELO (EC) —Ayer se celebró el Día Internacional de los Trabajadores. En nuestro país, el acto central organizado por el PIT-CNT tuvo lugar en Montevideo, en la plaza Mártires de Chicago, como ya es una tradición.

La oratoria tuvo como ejes principales la pérdida de fuentes laborales, las pautas fijadas por el Poder Ejecutivo para las negociaciones salariales, la situación difícil por la que pasa la economía uruguaya. También hubo espacio para reivindicar el papel del propio movimiento sindical, ya que en 2016 se están cumpliendo 50 años de la fundación de la CNT y el centésimo aniversario del nacimiento del líder histórico José Pepe D’Elía.

Para analizar las demandas y propuestas del movimiento sindical hemos invitado a Fernando Pereira, presidente del PIT-CNT, y Marcelo Abdala, secretario general.

Para empezar, dos palabras en general a propósito de cómo están viendo ustedes el escenario económico del país. ¿Qué términos, qué calificativos usan?

FERNANDO PEREIRA (FP) —No hay posibilidad de que exista ningún tipo de autarquía, la economía mundial está interconectada de distintas formas, en particular la trasnacionalización, las trasnacionales. Empiezan a llegar los impactos de la crisis mundial del capitalismo a América Latina, en particular por la vía de la reducción general de los precios de los commodities, que afecta en el ingreso de divisas al país y además repercute en un pronóstico, una prospectiva de un crecimiento más lento de la economía, la llamada desaceleración.

Esto, que es el promedio general de todos los comportamientos económicos de la sociedad uruguaya, en algunos casos es crítico. Aquellos sectores más internacionalizados son como el sistema nervioso del capitalismo, sufren los impactos más rápidamente. Ha habido problemas en el sector lácteo, ha habido problemas en la industria automotriz y autopartista. Y eso implica todo un debate acerca de cuáles son las respuestas que se deben dar ante una situación de ese tipo. Y ahí es que, sin desmedro de otras opiniones, nuestra central dice: cuando empiezan a suceder estas cosas es el tiempo de medidas anticíclicas.

EC —¿A qué llaman medidas anticíclicas en este contexto?

FP —A un rol inversor importante del Estado, a un dinamismo creciente de las empresas públicas, a un análisis riguroso y hasta podría ser consensuado mediante la negociación tripartita de las políticas públicas, que se procesen en la economía uruguaya otros efectos multiplicadores que compensen las dificultades en nuestro frente externo. Ese es básicamente el planteo que ha hecho el PIT-CNT. Sin pensar que el mercado interno, la demanda interna por sí sola pueda proveer estímulos para cambios estructurales en la economía, para diversificar la matriz productiva, hasta por las características hasta demográficas de nuestro país, pero en el corto plazo, cuando tenemos dificultades en la exportación, la vida demostró ya, particularmente en el año 2008, que el dinamismo del mercado interno, que el papel de la demanda interna puede cumplir un rol de amortiguar los efectos negativos de esta influencia de la crisis mundial.

EC —Ustedes hablan de medidas anticíclicas por ejemplo del Estado con inversiones de las empresas públicas. Pero el Estado no tiene tanto margen para eso, entre otras cosas porque –y esa es una crítica que hace la oposición– durante la época de bonanza que tuvimos, que fue larga, no se ahorró, no se hicieron las previsiones para tener fondos a esos efectos. ¿Cómo se plantan ustedes en ese brete? ¿De dónde surgirían los fondos que hoy para el gobierno o para las empresas públicas no es sencillo tener?

MARCELO ABDALA (MA) —Sobre el despilfarro habría que discutir, porque cuando asumió el gobierno progresista en el Uruguay no había inversión social. Uno mira el presupuesto educativo de los últimos 50 años y se pregunta por qué los resultados son malos, y es porque el Uruguay en 50 años no invirtió en educación, nada, andaba siempre por abajo del 3 % del producto.

EC —¿Lo de despilfarro ustedes lo toman de las críticas que hace la oposición?

MA —Sí, claro, es una crítica lógica dentro del mundo político, pero si miramos dónde se invirtió desde el punto de vista de las políticas sociales, para mí es compartible.

Había miles de uruguayos en situación de emergencia –Batlle ahora habla como si no tuviera nada que ver con el tema–, el Uruguay había quedado con un nivel de pobreza absurdo, con un nivel de segmentación social increíble. La frase de Varela «todos sentados en una misma escuela, hijos de trabajadores, intelectuales» no existía más. Hoy los hijos de determinado contexto van a colegios privados con tal y cual nombre, los de clase media van a otro tipo de colegios y otros van a escuelas de contexto sociocultural crítico. ¿Había que colocar dinero en ese plan de emergencia o no? Para nosotros, sí.

Si miramos el Sistema Nacional de Salud, es un cambio estructural profundo. Implicó que los hijos de los trabajadores pudieran entrar a una mutualista o a ASSE, pero con todos los derechos. Cuestión que no existía. Si a eso se le llama despilfarro, yo le llamo construir derechos sociales.

En una situación de este tipo, ¿el Estado uruguayo tiene posibilidades? Sí, tiene posibilidades. De hecho, el anuncio del propio Tabaré Vázquez de inversión pública para el quinquenio fue de un monto importante.

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