Entrevista central, lunes 21 de marzo: Sandra González, Javier Silva, Pastor Cardozo

Entrevista con Sandra González, concejala del municipio F por el Partido Nacional, el maestro comunitario Javier Silva y el sacerdote Pastor Cardozo, de la parroquia Cristo de Toledo.

Video de la entrevista

EN PERSPECTIVA
Lunes 21.03.2016, hora 8.13

EMILIANO COTELO (EC) —El jueves a medianoche, después del partido entre Nacional y Palmeiras por la Copa Libertadores, Pablo Montiel tomó su bicicleta. Vestido con la camiseta tricolor, este joven de 18 años se dirigió a la zona de la terminal de ómnibus de Villa García a buscar a dos amigos.

Los tres fueron luego hacia la esquina de Camino Paso Hondo y La Corona, a una cuadra de la Ruta 8, donde se toparon con un grupo de hinchas de Peñarol que realizaban pintadas en un muro. El encuentro derivó en un altercado y Pablo terminó muerto de un disparo en la espalda.

La jueza en lo penal Julia Staricco, que está a cargo del caso, procesó ayer a un hincha de Peñarol al que le tipificó el delito de homicidio doloso agravado por el uso de arma de fuego. La magistrada había citado a declarar como indagadas a otras 11 personas vinculadas a los hechos, que ahora quedaron en libertad. Paralelamente, interrogó a un dirigente de Peñarol y a los encargados de seguridad interna de los dos equipos grandes, a quienes consultó sobre los vínculos entre los clubes y los barras bravas implicados.

Es que la muerte de la semana pasada develó una vieja disputa entre grupos de hinchas de los dos grandes, con amenazas por redes sociales y guerra de pintadas en paredes, columnas, contenedores y señales de tránsito. Parece que basta que un bando pinte un muro indicando que la zona pertenece a su equipo, para que la patota rival se dirija allí y lo tape con leyendas alusivas al suyo.

¿Qué es lo que está sucediendo en esos barrios de Montevideo? ¿Cómo se hace para parar esta vorágine de violencia?

Ayer Rosario y yo estuvimos en el lugar y conversamos con varios de los vecinos. Hoy vamos a analizar esta situación con algunos de ellos que son muy activos en la zona de Villa García y Punta Rieles.

Por un lado estamos con Sandra González, concejala del municipio F por el Partido Nacional, y con el maestro comunitario Javier Silva. Por teléfono estamos en contacto con el sacerdote Pastor Cardozo, de la parroquia Cristo de Toledo.

Primero, junto con Rosario, vamos a ubicar la zona de la que hablamos.

Vamos a estar hablando de dos barrios: Punta de Rieles y Villa García. Punta de Rieles empieza en el kilómetro 11 de la Ruta 8. Y Villa García va del 19 al 21…

JAVIER SILVA (JS) —…Un poquitito más tal vez.

EC —¿Cuál es el límite entre los dos barrios? ¿La ruta 102, donde está Zonamérica?

SG —Sí, donde están Zonamérica… y el estadio de Peñarol.

EC —Alrededor de estos barrios hay, además, varios asentamientos.

JS —Exacto, Villa García es una zona mucho más amplia y lo que ha sucedido es que se ha subdividido en distintos barrios, complejos y asentamientos. Encontramos una zona bien amplia como Villa García y luego barrios más chicos como Villa Isabel, Villa Centauro, Paso Hondo, etcétera.

EC —Los hechos del jueves pasado ocurrieron a la altura del kilómetro 21 de la Ruta 8, en el cruce de Ruta 8 con Camino Paso Hondo. ¿Qué es lo que hay allí? Si uno está yendo por Ruta 8 hacia fuera lo que encuentra a mano derecha es un bar, la terminal de ómnibus, una plaza y la parroquia. A mano izquierda, del otro lado de la ruta, están la escuela pública, la 157, y el liceo público, el 52. Rosario, ¿algo para agregar?

ROSARIO CASTELLANOS (RC) —Sí: la Ruta 8, que es un poco el eje de lo que tú estás contando, es ancha, tiene dos vías, cada una de ellas de tres carriles, con cantero al medio y una batería de semáforos exactamente frente a la escuela 157. Hay un centro de actividades que durante el fin de semana es usado por los vecinos del barrio, particularmente esa plaza al frente de la parroquia, donde se desarrollan los juegos -había un partido de fútbol dentro del propio predio de la parroquia-. O sea, hay un centro de vida cívica allí, en ese kilómetro 21, donde ocurrieron lamentablemente estos otros hechos que poco tienen que ver con lo que estamos describiendo.

EC —Ahora vamos presentar un poco mejor a nuestros invitados.
Sandra, yo mencionaba que tú eres concejal del municipio F. ¿Qué actividad desarrollas, aparte?

SG —Aparte estoy dirigiendo una asociación civil de seguridad y justicia, que son familiares de víctimas del delito. Venimos trabajando desde hace cinco años y me he movido mucho por ese tema, por eso estoy más al tanto de los temas de seguridad.

EC —…Es que tú, concretamente, eres familiar de una víctima de delito…

SG —Yo soy familiar de víctima. A mi padre lo mataron el 29 de marzo; hace casi siete años. Nosotros teníamos un negocio, lo fueron a asaltar y le pegaron tres tiros en el pecho.

EC —¿Tú te mueves estrictamente en Villa García?

SG —No, en realidad vivo en Villa García y trabajo en Punta de Rieles. Mi padre nació en Punta de Rieles y estuvo sus 54 años ahí, entonces como que ya conocemos bien la zona, más allá de dónde vivamos o trabajemos. Sabemos las realidades y conocemos los cambios que se han producido últimamente.

EC —¿En qué trabajás?

SG —Tengo un negocio, una pollería.

EC —Javier Silva, maestro comunitario. Te desempeñas en la escuela 140.

JS —Sí, soy efectivo allí hace diez años, soy maestro de aula de tarde y de mañana soy maestro comunitario.

EC —Y eres uno de los dirigentes de la asociación civil Villa Centauro. ¿Qué es, exactamente?

JS —Es una asociación civil que responde a uno de los barrios que tenemos dentro de lo que es Villa García. Justamente, lo que estamos tratando de hacer en esa asociación es nuclear diferentes acciones para potenciar la zona a nivel cultural y recreativo.

EC —¿Y dónde vivís?

JS —Yo vivo en el kilómetro 19, Villa García, y trabajo en el kilómetro 14.

EC —[…] Por teléfono está el sacerdote Pastor Cardozo, que es responsable de la parroquia Cristo de Toledo, ubicada allí mismo, en el kilómetro 21 de la Ruta 8. Es paraguayo. ¿Cuántos años hace que está en la zona?

PASTOR CARDOZO (PC) —Sí, soy paraguayo, estoy aquí hace 14 años, desde 2002. Fui asignado por monseñor [Nicolás] Cotugno al frente de la parroquia y estoy aquí desde ese entonces.

***

[ EC- Una aclaración: En Perspectiva pretendía que en esta mesa hubiera otras voces. Invitamos, por un lado, al alcalde del  Municipio F, Francisco Fleitas, que en primera instancia aceptó participar pero ayer de tarde se comunicó con la producción de nuestro programa para informar que no podría asistir. Por otra parte, nos interesaba el punto de vista de las autoridades policiales de la zona; realizamos la gestión en Ministerio del Interior, donde se nos respondió que el comisario no realizaría declaraciones y que no existía la posibilidad de contar con otro vocero de esa cartera.]

***

EC —Padre Cardozo: ¿Cómo describirías el ambiente de esta zona? En qué medida desde tú lugar allí, desde la parroquia, has estado observando la evolución de esto que apareció en la prensa en estos días, la guerra de pintadas entre barras de hinchas de Nacional y Peñarol?

PC —Es una situación que se respira desde hace mucho tiempo. De cualquier manera creo que es bastante contenida, se reduce a pequeños grupos que manifiestan estas orientaciones o actitudes. Por otro lado, lo que se ve en muchos vecinos es como una especie de indiferencia forzada frente a esto, como una actitud de “Mejor no me meto”, por cierto temor a represalias, por las amenazas que corren por las redes y verbalmente. Los que están involucrados directamente son muy pocos en realidad. En el resto de la gente hay como indiferencia.

Nosotros vemos también desde nuestro lugar aquí que en general hay como una especie de intolerancia hacia lo diverso, de lucha extrema por la igualdad, todo tiene que ser igual, todos tienen que ser de mi partido, de mi color, de mi cuadro. Si aparece alguien que no [es igual], lo tenemos que anular de alguna manera. Esto de la conquista de los territorios, por ejemplo, los que no pertenecemos a ninguno de esos cuadros tenemos que decidir por cuál estar. Un día la plaza amanece de Nacional, otro día de Peñarol. En ese sentido hay como una especie de indiferencia forzada ante este acontecimiento y a otros que hemos vivido.

EC —¿Qué dicen los otros invitados? Estas guerras entre hinchas, ¿son un fenómeno minoritario, ustedes tienen la misma sensación?

SG —Yo no sé si es minoritario o si en realidad tenemos una gran parte de jóvenes en la zona que no tienen actividad. Yo siempre digo que pasa por la cabeza de muchos jóvenes que el existir pasa por tener un carnet de socio de un club y no una cédula de identidad. Para ellos su cédula de identidad es el carnet de socio de ese club determinado.

JS —Pienso algo parecido, creo que más allá de que esta es una situación gravísima que nos está castigando a nosotros como Villa García, la preocupación es esta: los jóvenes no tienen un espacio, no tienen objetivos, están como medio perdidos, y frente a situaciones puntuales que se les aparecen, como el deporte o el identificarse con un club, ahí ponen toda su energía y pierden la noción de la realidad. Esta cuestión fanática los supera y pierden ese valor que planteaban los adolescentes ayer: el valor de la vida, por decir algo.

EC —Tú eres maestro, ese ambiente o esa mentalidad, ¿ya se nota entre los niños en la escuela?

JS —Totalmente, totalmente. Uno tiene que estar permanentemente trabajando sobre esos conceptos, sobre esta cuestión del valor al otro, de que esto es un juego, de qué es lo realmente importante. En eso se masifica ese fanatismo que se plantea y ellos, ya tan solo con 12 o 13 años, manifiestan algo que uno ve en los grandes, eso llama mucho la atención.

EC —El sacerdote lo planteaba en términos más generales: él hablaba de que nota una intolerancia a lo diverso, no solo en materia futbolística.

SG —Pero eso no pasa solo en Villa García, eso pasa mundialmente y en Uruguay lo estamos viviendo en todos los barrios. Creo que el tema de Villa García en particular es que son barrios olvidados: tenés una terminal de ómnibus que no tiene baño, vas a una plaza y tenés que ir a pintarla una vez por semana porque la destruyen, no tienen un club ni privado ni público, vas a jugar al fútbol y tenés que jugar en un campo pelado porque no tenés arcos. Todo ese tipo de cosas… se va olvidando y los jóvenes de eso se dan cuenta, no son tontos, ellos se aferran a aquello que de repente les da algo: emociones, sensaciones, buenas o malas, que en este caso fueron malas.

EC —Vayamos a la experiencia en la parroquia del sacerdote Cardozo. ¿Esto se nota entre los jóvenes, por ejemplo? Ayer estuvimos en el lugar, vimos que había muchos de ellos jugando al futbol, justamente, dentro del predio cercado de la parroquia, alrededor del cual hay una reja. ¿Qué dicen esos chicos que van ahí?

PC —Nosotros vemos desde otro punto de vista esta situación. Nosotros tenemos las puertas abiertas todo el tiempo, es verdad que hemos sido víctima de algunos pequeños robos. Existe un ambiente de confianza, de contención y de encuentro también, sin negar lo que dicen los compañeros de la mesa. Más allá de eso nosotros vemos que hay algunos signos de una descomposición en estas relaciones, que se ve a varios niveles…

EC —Pero, el ambiente allí puede ser distinto, o un poco mejor, ¿por qué, porque allí se juntan, porque hay actividades sociales, deportivas, en la que estos chicos quedan involucrados?

PC —Exactamente, pensamos que en cuanto aparece una comunidad que acoge, las personas se humanizan, sin ninguna duda. Donde aparece el amor, la compasión, el valor del otro, donde existen la gratuidad, el trabajo gratuito por los demás, y el perdón después de las grandes peleas, sin duda alguna la persona se humaniza y la descomposición se detiene, se regeneran las relaciones. Cuando no existe esto aparecen una especie de soledad, de desentenderme de todo y la agresión.

EC —Cierra de alguna manera con lo que decían Sandra y Javier, que hablaban de que los chicos y los adolescentes, los jóvenes, no tienen mucho que hacer en esa zona de Montevideo. ¿Efectivamente hay pocas instituciones? Acá estamos hablando con una, la parroquia, pero…

SG —Está la parroquia y tenemos también Beraca, que funciona ahí, con muchos adictos…

EC —¿Qué es Beraca?

SG —Es una institución evangélica que trabaja con jóvenes y sus familias. A dos cuadras de donde estábamos [en la concentración] hay un centro hermoso al que tú entrás y es un parque, parece que entrás al paraíso más o menos, totalmente diferente a la realidad de lo que está afuera. Hay muchas instituciones trabajando, hay muchas instituciones trabajando, pero individualmente, eso era lo que hablaba ayer con Pastor, cada una está en su chacrita. Acá lo que falta es la unión.

EC —Estamos adelantándonos en todo caso a la búsqueda de soluciones o alternativas que me gustaría que charláramos después. Ustedes decían que estos chicos no tienen qué hacer en su tiempo libre, o tienen pocas opciones, pero algo hay, por lo visto.

JS —Sí, y trabajamos en función de que existan más cosas. El tema es que los adolescentes y la realidad que ellos están teniendo hoy en día, su estructura social, es muy frágil. Tenemos que realmente estar con determinadas propuestas, muy potentes, para que los chiquilines sean seducidos, porque de lo contrario no lo pueden sostener. En esta cuestión que planteaba el sacerdote, cuando logramos proponer espacios donde el otro se humaniza, se solidariza, uno se pone en el lugar del otro, se van a dar los cambios. En tanto y cuanto eso no pase, esto es como un juego al solitario, porque estamos jugando con cartas que solo nosotros estamos viendo y repartiendo.

EC —Sé que el padre Cardozo tiene poco tiempo porque 8.30 es la misa, pero una última pregunta: este fenómeno de la guerra de pintadas y muros, ¿cómo lo vienen observando ustedes?, ¿qué antigüedad tiene, un año un poco más?

PC —Un poco más, sí, digamos que se ha recrudecido últimamente, pero es una cosa anecdótica de este lugar desde hace mucho tiempo.

EC —¿Cómo se gesta?, ¿Qué es lo que ustedes han visto?

SG —Acá pinta Peñarol y luego viene Nacional a los tres días y pinta encima… Es como decir: este es mi territorio. Ahora se ha generado como más intensidad…

EC —Pero, ¿por qué ahí?

SG —Pero todo, desde Punta de Rieles hasta Villa García.

EC —¿Por qué?

SG —Porque tenés una juventud que tiene ocio en relación a otras zonas.

EC —¿Por qué se da a ese grado, allí, ese enfrentamiento?

SG —Ahora tenemos la sensación del estadio de Peñarol. Por más que no quieran, eso repercute socialmente y en la cabeza de cada chico. Pasa alrededor del Parque Central. Creo que es algo que hay que estudiar.

EC —Recordemos lo que decíamos hace un rato: el estadio de Peñarol viene a estar en el límite de estos dos grandes barrios que estamos considerando, Punta de Rieles y Villa García. El movimiento se da entre esas dos zonas. ¿Hay gente de Punta de Rieles que viene a pintar a Villa García, es así?

SG —Exacto. Es ganar territorio, es una lucha de territorio: “Yo pinté y este territorio es de Peñarol”; a los tres días: “Yo pinté y este territorio es de Nacional”. Es algo que se genera, ahora con más intensidad. Lo que pasa es que no se ha hecho tampoco un estudio social de la zona, por eso es que digo que está olvidada.

EC —Para no sacarle más tiempo al padre Cardozo, una última pregunta: en este episodio dramático del jueves por la noche había armas de fuego en juego, porque hubo un muerto que tenía la camiseta de Nacional pero también un herido de bala que tenía una camiseta de Peñarol. Se dispararon 20 balas, por lo menos. ¿Cómo es eso de las armas de fuego en esa zona?

PC —Sí, es algo que se ve, sin duda alguna no es ninguna novedad tampoco. Se escucha y se ve en diferentes episodios: pequeños asaltos, persecuciones, peleas nocturnas… Nosotros aquí en la plaza somos testigos privilegiados de muchas de estas cosas. Sí, es una realidad que existe y que no se puede negar.

JS —Es un tema que también se plantea, se discute y se dialoga muchísimo. No es algo que es inocente en la realidad de los chicos, ellos lo manejan y lo comentan. Por ejemplo, cuando uno abre la cancha para hablar alguna temática, ellos hablan con total naturalidad del calibre, con total naturalidad. No digo todos, obviamente, pero hay una gran cantidad que están familiarizados con esas situaciones.

EC —Lo de la guerra de pintadas, como docente, ¿de qué manera te lo encontrás?

JS —Es esta cuestión de marcar territorio, de marcar el poder, de decir: “Acá estoy yo”, y en esta cuestión de uno ser más que el otro.

EC —¿Pero están identificados los que integran estas bandas?

JS —Sinceramente no sabría decirte…

EC —Ustedes, por ejemplo, ¿conocen a alguno? No les pido que me den los nombres, pero: ¿es un fenómeno absolutamente minoritario que hace mucho ruido, o andan por allí y son claramente conocidos?

SG —Creo que hay instituciones… Creo que ayer tendrían que haber estado las instituciones de cada club, los clubes tenían que estar allí apoyando, por lo menos a los padres del chico. Creo que hay como un aire de que: “Bueno, paciencia, esto pasa todos los días”, nadie se hace cargo de nada y nadie se hace responsable. Creo que el tema pasa por: “Bueno, voy a salir a pintar, yo organizo, compro una pintura, agarro a 20 chiquilines y salimos todos de pintada”.

EC —“Agarro”, tú estás hablando de un cierto liderazgo, de que hay alguien que junta a esos chiquilines y salen a pintar.

SG —Es así, a ver, esto es como una familia: alguien la dirige. Quién no sé…

EC —Alguien paga la pintura, los pinceles.

SG —Claro.

JS —Es lo que hablábamos…

SG —A ver, en todos lados pasa eso.

EC —¿Y tú tenés la impresión de que es gente vinculada a la estructura de Peñarol y Nacional?

SG —No sé si es gente vinculada o es algún rayado que dice: “Bueno, tengo ganas de marcar territorio porque yo soy fanático de Peñarol” o “de Nacional”.

JS —Ahora, tiene que tener una buena solvencia económica para cubrir desde el kilómetro 21 hasta…

SG —Hasta el 11, exacto.

EC —Rosario, ayer de tarde estuvimos allí. Tú hiciste una recorrida bastante más amplia que la mía. Contales a los oyentes cómo es esto de las pintadas.

RC —Bueno, yo creo que es claro que cuando uno viaja desde el centro hacia afuera lo que va encontrando a uno y otro lado de esa ruta es la manifestación de esa guerra de pintadas. En particular recuerdo que en el kilómetro 14, que aparentemente es un lugar de reunión de los hinchas de Peñarol, hay hasta una subestación de UTE abandonada que es una especie de reducto totalmente pintado de amarillo y negro, que da cuenta de que ese es un punto de reunión aurinegro. A lo largo de la ruta se ven las columnas del alumbrado, los postes de luz del cantero central, los refugios peatonales, los contenedores de basura, todo lo que tenga cierta verticalidad, pintado de amarillo y negro con intensidad. Eso en ese primer plano que correspondería a la zona de Punta de Rieles.

Luego aparece una zona más tranquila, donde están Zonamérica y el estadio, y de ahí en adelante comienza a aparecer más tímidamente esa presencia. Tal es el que caso que cuando llegamos al kilómetro 21, donde sucedió esto… Aparentemente lo que sucedió es que tras una pintada en amarillo y negro -que, además, abarcó hasta las señales de tránsito que son de por sí, amarillas y negro, pero lograban taparlas en parte para que quedara una franja amarilla y una negra-, por encima de eso, aparece una especie de lavado de cara en blanco. Se hizo con una pintura muy lavada, que no logra taparlo todo sino más bien ensuciar la columna o la pared del boliche donde hubo pintadas en amarillo y negro, detrás del blanco se nota la pintura de los aurinegros.

Ya llegando a Villa García, se produce esa contra pintura de la gente de Nacional, que en realidad está borrando, yo no diría que aparece el tricolor como pintada en sí, pero es una forma de decir: “Bueno, acá en Villa García, las cosas son repartidas”. Es como que el de Villa García no tiene tal enfrentamiento, no llega a esos grados de enfrentamiento. Conviven de un lado y otro de la ruta, por supuesto, con altercados y gritos alusivos a cada uno, pero no llegan al extremo de esa guerra de pintadas que sí llegó hasta el propio pórtico que da ingreso al liceo, donde el “52” está pintado con un número en negro y el otro en amarillo y arriba dice… Eso como que de a dos colores vamos asumiendo el barrio. También los bancos de la plaza, todo aparece con una pintada que se intentó borrar en algún momento. Por lo visto ese fue el motivo del enfrentamiento.

EC —Enseguida vamos a completar esta entrevista. Vamos a detenernos en lo que ocurrió ayer, esa concentración de protesta e indignación por la muerte del hincha, que fue el jueves de noche, y, sobre todo, en por dónde se sale de este pantano.

***

EC —El asesinato de un hincha de Nacional a manos de simpatizantes de Peñarol el jueves a la medianoche, en la zona de Villa García, vino a destapar una disputa pesada entre grupos de simpatizantes de los dos cuadros grandes, con amenazas en redes sociales y una guerra cotidiana de pintadas en muros, columnas, paradas de ómnibus y contenedores.

En esa situación estamos profundizando En Perspectiva. Para eso nos acompañan en estudios Sandra González, que es concejal del Partido Nacional en el municipio F, y Javier Silva, maestro comunitario y dirigente de la asociación civil Villa Centauro. Por teléfono estuvo más temprano el sacerdote Pastor Cardozo, responsable de la parroquia Cristo de Toledo, ubicada en el kilómetro 21 de Ruta 8.

Ayer, cuando estuvimos en la zona, Rosario conversaba con otra vecina, María Lorenzo, que tiene su propia experiencia en estos asuntos de violencia:

[Audio entrevista]

MARÍA LORENZO (ML) —Yo te estoy hablando como vecina de este barrio. Lo que pasó acá, lo que está pasando acá, nunca pasó, no hay enfrentamientos entre jóvenes, acá comen asado los fines de semana los jóvenes de Peñarol y Nacional. Los días de clásico los de Peñarol salen de acá, los de Nacional se juntan todos en el [kilómetro] 20, los bajan del ómnibus porque van cantando. Eso es lo que hacen los jóvenes de Villa García de Peñarol y Nacional. Ahora empezamos a traer mugre de otro lado.

RC —¿De dónde, por ejemplo?

ML —De Punta de Rieles.

RC —O sea que tú le echás la culpa a la gente de Punta de Rieles.

ML —Por supuesto, si vos me decís: ‘Yo mando acá porque soy de Punta de Rieles’, ¿a quién querés que culpe?

ML —Firmaron las rutas…

[…] —Está escrito, está pintado.

ML —El día que llevaban a mi hijo y al otro chiquilín al [Hospital] Pasteur con un balazo cada uno la Policía llevaba, ahí adelante, iban las camionetas que habían agredido al barrio…

RC —Pero tú además decías que ustedes, como vecinos, tienen cierta responsabilidad en la medida que conocen el tema y sigue ocurriendo…

ML —Nosotros como vecinos sí tenemos responsabilidad, ¿sabés por qué?, porque en el momento que tomamos a la ligera a dos chiquilines heridos y no tomamos ninguna posición… Yo no te hablo de quemar ruedas ni nada, te estoy hablando de reunirnos, como hoy, y hablar de qué pasó acá. Hacer esto, lo mismo, sin necesidad de una muerte. Esto que pasó es terrible.

RC —Pero hay antecedentes…

ML —La zona de Villa García va a tener que cargar con lo que tiene que cargar. Yo estoy destrozada y sé que hice lo imposible, con otras personas de muy buena voluntad. Pero nosotros, como vecinos, ¿cómo vamos a permitir semejante brutalidad? Desde tiempos inmemoriales Peñarol pasa por acá…

[Fin audio]

EC —¿Qué pasó con María, por qué conoce de estos temas?

SG —María es suplente de concejal municipal [por el Frente Amplio]. Con ella nos encontramos todos los miércoles en sesiones de Gobierno en el municipio. Pero además le balearon al hijo el 5 de diciembre, le pegaron un tiro en el hombro, no sabemos cuál fue el motivo. Hablando con María, le conté que «me enojé mucho» porque recién me enteré ayer de lo que le había pasado, cuando trabajamos prácticamente todos los días y nos vemos los miércoles a la noche, estamos largas horas en sesión de Gobierno…

Si será importante la comunicación y trabajar en equipo, que nos damos cuenta de que estamos totalmente desarmados desde las instituciones, desde el municipio, que es el tercer nivel de Gobierno, que tenemos que estar ahí, hombro con hombro, y no nos enteramos de una situación de estas. Yo le decía: “María, hoy estás acá porque te pasó, si no, no estarías”.

EC —Sobre el final de esta conversación me queda esta pregunta: esta muerte de la semana pasada, que se suma a otros hechos que ahora queda claro que habían ocurrido hace poco, ¿puede ser un revulsivo a partir del cual la convivencia en la zona mejore?

SG —Eso es lo que esperamos. La verdad que hay que felicitar a los chicos porque fueron los jóvenes los que tuvieron la iniciativa de la concentración de ayer. Y salió mejor que una concentración organizada por adultos.

EC —Nosotros estuvimos allí, y debo confesar que yo esperaba más gente.

SG —Yo esperaba menos.

EC —¿Cuántas personas había? Unas 50?

SG —Sí. Yo te voy a decir una cosa: yo, Sandra González, que nací ahí prácticamente, me crie en esas zonas, esperaba menos gente.

EC —Rosario, contanos un poco de qué se trató.

RC —Bueno, en realidad yo voy a aumentar un poco, porque creo que fueron más de 50, yo calculé unos 80, porque más allá de los que llevaban las pancartas y cortaban la ruta había gente en la plaza que estaba siguiendo los acontecimientos, con cierta distancia, porque no faltó temor tampoco, ¿verdad?

EC —Sandra recalca eso. Ella tiene la impresión de que el temor jugaba un rol.

SG —No es la impresión, es la realidad.

EC —¿Javier?

JS —Sí, totalmente, porque además en el momento en el que estaban haciendo la convocatoria las jóvenes la gente adulta no… a mí particularmente me planteaban si después eso no iba a terminar en una situación más grave, si no iba a haber desbordes… El temor existía.

EC —“Una vida no vale más que una camiseta”, decía una de las pancartas. ¿Qué más, Rosario?

RC —“Somos rivales, no enemigos”, decía otra. Lo más notable es que había mucha gente joven, muchas mamás con los niños en brazos o empujando un carrito, había familia. Creo que fue fundamentalmente una movilización de vecinos de Villa García, que concurrieron además con sus camisetas de Peñarol y de Nacional, con banderas de los dos equipos aunadas, llevándolas una pegada a la otra, y con muchos recuerdos de este joven, Pablo -o Pablito, como le llamaban algunos-, que es vecino de Villa García.

EC —Sandra quiere agregar algo.

SG —Quiero agregar que había gente de Punta de Rieles también. Eso hay que destacarlo, porque más allá de esta guerra hipócrita que tenemos hay que destacar que hay gente muy bien y que realmente la gente se sumó porque sabe que esto fue una locura.

RC —Fue una locura lo que ocurrió, pero por suerte no fue así la concentración. En realidad optaron por hacer una especie de corte muy corto, valga la repetición, de una y otra senda de la ruta durante más o menos la extensión del semáforo en rojo. Un ratito se plantaban, en absoluto silencio, frente a los autos detenidos, desplegaban sus pancartas, luego se desplazaban hacia el cantero central, esperaban la roja del otro lado y volvían a hacer lo mismo con los que iban en los carriles en el otro sentido. Se desarrolló con la más absoluta calma. Hasta que en determinado momento, y esto es anecdótico, vimos cierto movimiento y un patrullero que salía con sirena abierta, y resulta que era por la descomposición de la hermana del chico muerto que, embarazada de nueve meses, por lo visto había adelantado su parto y tuvieron que llevarla corriendo a la maternidad.

EC —Sí, fue un momento de tensión, temimos que allí estuviera pasando algo complicado. Era complicado pero desde el punto de vista de la salud individual de esta chica, que fue llevada al sanatorio correspondiente.

***

EC ¿Qué personas, qué instituciones pueden encarar esta situación en busca de una convivencia recuperada?

SG —Todas, porque si no las involucramos a todas no funciona. Acá todas están trabajando, eso hay que considerarlo, pero todas aislada, separadas. Lo que se pide, y creo que la sociedad se está dando cuenta, es que todas esas instituciones, municipio, comunal, área social, escuelas, liceos, jardines, iglesias, evangélica, católica, todas, absolutamente todas, tienen que trabajar juntas, inclusive con el Ministerio del Interior.

JS —Totalmente, creo que es una problemática que abarca tantas dimensiones que es imposible tomarlo desde un lugar solo, esto tiene que ser tomado desde distintas perspectivas.

EC —¿Hasta ahora no se había intentado algo así?

JS —Creo que… vuelvo a lo mismo, es lo que dice Sandra: en forma coordinada, no, en forma aislada, sí.

SG —Claro, hasta ahora trabajan en mesas de convivencia…

EC —Por ejemplo, el problema este de la guerra de pintadas, ¿nadie había decidido interceder?

SG —No, absolutamente nadie. Porque incluso venimos también de unas pintadas políticas, entonces es como que la gente se acostumbra a eso, es una cosa que pasás, ves toda la ciudad pintada y está todo bien, no importa de qué color. Para nosotros es algo común, no importa sentarte en un banco que esté limpio o sucio, es lo mismo.

EC —Por supuesto que no hay soluciones mágicas, pero teniendo en cuenta la apuesta que el Gobierno y la propia Intendencia de Montevideo han hecho a las plazas de convivencia -la transformación de plazas que ya existen o la creación de espacios nuevos con infraestructura y equipamiento a efectos de que el barrio efectivamente se apropie y desarrolle un nuevo clima-, me da la sensación de que esa plaza, la que hoy existe en el kilómetro 21, está necesitando esa transformación. Es una plaza muy abandonada, muy venida a menos.

SG —Lo que no se ha logrado… está bárbaro decorar toda tu casa, pero si no la utilizás o no la disfrutás es lo mismo. Lo que no se ha logrado desde la intendencia, el municipio y la sociedad misma es que la gente se involucre. Creo que más allá de ponerle juegos hermosos, la gente tiene que tratar de intervenir en esa plaza y decir: “Bueno, yo puse este ladrillo, yo lo voy a cuidar”. Más allá de que venga un equipo e instale, tiene que haber una organización desde ese entorno…

EC —Lo que tú estás diciendo es que una plaza de convivencia instalada allí podría ser un instrumento, pero antes hay que crear la relación dentro de la comunidad.

SG —Creo que si la gente no se apropia, si no dice: “Esto es mío porque lo hice yo, esto lo voy a cuidar yo”, es lo mismo, le podés hacer el obelisco y no lo va a disfrutar.

JS —Si no lo trabajás desde la identidad y la apropiación, para que los vecinos valoricen a ese lugar como propio, como de ellos, como un lugar público de encuentro, por más que coloquen los mejores juegos o espacios éstos no van a ser disfrutados ni valorados. Hay que hacer un trabajo previo, es un proceso esto. La Plaza de las Carretas tiene muchísimos años y es un mojón muy importante para nosotros, sin embargo, por ahora no se ha intervenido de la forma adecuada. Fijese que tenemos enfrente a la escuela 157, que tiene una historia gigantesca, con el maestro [José Pedro] Martínez Matonte, con todo lo que él proponía a la hora de trabajar con la comunidad. Acá hay que trabajar con la comunidad, pero de verdad.

EC —¿Hay alguien que esté por dar ese paso?

SG —Creo que hay muchas personas que están trabajando, pero no se unan. Mientras no haya unión, no hay trabajo que valga.

Video de la entrevista

***
Transcripción: Andrea Martínez

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