Entrevista central, lunes 28 de noviembre: Fernando Ravsberg

EC —De todos modos, simbólicamente la muerte de Fidel Castro es un dato muy fuerte, tanto para los partidarios de la revolución como para los opositores: desaparece quien marcó la vida de los cubanos durante 50 años.

FR —Así es. Todo un símbolo desaparece de la realidad, pero políticamente hay que tener en cuenta que estos 10 años han servido para que Raúl Castro consolide un nuevo gobierno y sobre todo se consolide hacia el futuro. De todas maneras, Fidel Castro lo apoyó, fue el respaldo que tuvo durante 10 años para construir este nuevo modelo.

EC —Fue el respaldo que tuvo Raúl Castro. Ahí estás contestando a una especulación: si va a cambiar algo en el rumbo político y/o económico de Cuba debido a la muerte de Fidel. ¿La línea marcada por Raúl tenía condicionamientos, limitaciones debido a posturas de su hermano? Por lo visto, no.

FR —Es difícil saberlo exactamente. Yo me imagino que algunas de las medidas tomadas por Raúl Castro eran tragos amargos para Fidel Castro. Por ejemplo, el crecimiento de la desigualdad dentro de Cuba, Fidel Castro tenía topes salariales que hacían que los que más ganaban solo ganaran cuatro veces más que el salario mínimo; Raúl Castro ha cambiado eso, lo ha abierto completamente. Fidel Castro tenía la teoría de que la ayuda a los demás pueblos es internacionalismo proletario gratuito, que Cuba no debería ganar nada por esa ayuda; Raúl Castro ha convertido esa ayuda en una cooperación sur-sur, en la cual manda especialistas, médicos, maestros, profesores, entrenadores, arquitectos, ingenieros a otros países y esos países le pagan a Cuba por los servicios. Entonces hay una serie de cosas que me imagino que para Fidel Castro han sido tragos amargos.

Pero lo cierto, lo que sí sabemos, es que en el 2010 les dijo a unos periodistas norteamericanos –fue público– de la revista Atlantic que el modelo cubano, el modelo que él construyó, “ya no sirve ni para nosotros mismos”. Avaló el cambio que estaba realizando Raúl Castro.

EC —¿Y cómo definimos ese cambio? Hemos charlado en otras ocasiones contigo a propósito de él, pero, ¿se trata de una cauta apertura económica sin mayores novedades en materia política?

FR —Sí, creo que se va al modelo vietnamita, sin cambios políticos y una transformación económica, una apertura al mercado, a la pequeña, mediana y microempresa –que ya se anunció para este año–, la privatización de muchas cosas del Estado y dejar en manos del Estado solamente a las grandes empresas. Creo que ese es el camino que va a tomar. Políticamente no creo que haya cambios porque la disidencia es tan pequeña que no genera presión. Por ende, la presión mayor es el descontento de la población, y es una presión fundamentalmente económica. Por eso el proyecto de Raúl Castro se basa en generar un socialismo que él llama próspero y sustentable, que sea próspero para la gente y que además pueda sostenerse con los recursos propios de Cuba, no como ha pasado hasta ahora, que cuando no ha tenido el apoyo de la Unión Soviética lo ha tenido de Venezuela.

EC —¿Cómo se nota esa disconformidad de la gente con lo económico?

FR —Se nota cuando vas a un supermercado y ves a la gente que tiene que pagar los productos en moneda convertible, el CUC, cuando gana en pesos cubanos. Eso hace que los productos le cuesten 24 veces más, ya que esa es la diferencia entre una moneda y la otra. Fundamentalmente lo ves en esos momentos, lo ves cuando hay que echar combustible y cuesta un dólar y tanto la gasolina. Cuando el cubano se enfrenta a la economía nacional ves las reacciones más fuertes.

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