Entrevista central, lunes 28 de noviembre: Fernando Ravsberg

Entrevista con el periodista uruguayo Fernando Ravsberg, radicado en La Habana desde hace más de 20 años.

EN PERSPECTIVA
Lunes 28.11.2016, hora 8.21

EMILIANO COTELO (EC) —El rumor se había echado a correr muchas veces en los últimos 10 años, pero en cada una de esas ocasiones fue desmentido, incluso con apariciones públicas del protagonista. En la madrugada uruguaya de este sábado, en cambio, la noticia fue confirmada oficialmente.

(Audio Raúl Castro.)

Querido pueblo de Cuba. Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre de 2016, a las 10 y 29 horas de la noche, falleció el comandante en jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz.

(Fin audio.)

EC —El presidente cubano, Raúl Castro, hablaba así por cadena de radio y televisión al informar sobre la muerte de su hermano, ocurrida a los 90 años de edad.

¿Qué impacto se espera tenga esta novedad en las próximas horas y en los próximos días? ¿Cuál es el cambio en Cuba a partir de este momento, si es que se lo prevé?

Vamos a conversar con Fernando Ravsberg, periodista uruguayo, colaborador de medios internacionales, radicado en La Habana desde hace más de 20 años.

La primera pregunta es bien general, para que tú nos tires datos, primeras impresiones. ¿Cómo ha sido el ambiente en Cuba desde el viernes de noche?

FERNANDO RAVSBERG (FR) —El ambiente ha sido bastante tranquilo, se nota en la gente, o en mucha gente, tristeza. Pero era de alguna forma una muerte anunciada, no ha tenido el impacto, por ejemplo, que tuvo en el 2006 cuando él renunció y se informó que iba a tener una operación quirúrgica de alto riesgo. En aquel momento la reacción de la gente fue mucho más fuerte que ahora. En estos últimos 10 años la población y los fidelistas comprendieron que Fidel era mortal y que esto iba a pasar en algún momento. Ha sido mucho más tranquilo a nivel popular, a nivel social, la gente lo ha aceptado mejor, aunque por supuesto hay dolor en sus partidarios.

EC —Leía uno de los tantos tuits de Yoani Sánchez, que decía: “Tantos rumores sobre su muerte que la gente se acostumbró a que ya no estaba. Algunos lo enterraron en vida”.

FR —Sí, me imagino que en el caso de sus opositores sí puede haber, pero los opositores en Cuba organizados, la disidencia, es un grupo muy reducido, que integra Yoani Sánchez. El resto de la gente de alguna forma se había acostumbrado ya a vivir en una Cuba sin Fidel y esperaba que de un momento a otro ocurriera lo inevitable.

EC —De todos modos, simbólicamente la muerte de Fidel Castro es un dato muy fuerte, tanto para los partidarios de la revolución como para los opositores: desaparece quien marcó la vida de los cubanos durante 50 años.

FR —Así es. Todo un símbolo desaparece de la realidad, pero políticamente hay que tener en cuenta que estos 10 años han servido para que Raúl Castro consolide un nuevo gobierno y sobre todo se consolide hacia el futuro. De todas maneras, Fidel Castro lo apoyó, fue el respaldo que tuvo durante 10 años para construir este nuevo modelo.

EC —Fue el respaldo que tuvo Raúl Castro. Ahí estás contestando a una especulación: si va a cambiar algo en el rumbo político y/o económico de Cuba debido a la muerte de Fidel. ¿La línea marcada por Raúl tenía condicionamientos, limitaciones debido a posturas de su hermano? Por lo visto, no.

FR —Es difícil saberlo exactamente. Yo me imagino que algunas de las medidas tomadas por Raúl Castro eran tragos amargos para Fidel Castro. Por ejemplo, el crecimiento de la desigualdad dentro de Cuba, Fidel Castro tenía topes salariales que hacían que los que más ganaban solo ganaran cuatro veces más que el salario mínimo; Raúl Castro ha cambiado eso, lo ha abierto completamente. Fidel Castro tenía la teoría de que la ayuda a los demás pueblos es internacionalismo proletario gratuito, que Cuba no debería ganar nada por esa ayuda; Raúl Castro ha convertido esa ayuda en una cooperación sur-sur, en la cual manda especialistas, médicos, maestros, profesores, entrenadores, arquitectos, ingenieros a otros países y esos países le pagan a Cuba por los servicios. Entonces hay una serie de cosas que me imagino que para Fidel Castro han sido tragos amargos.

Pero lo cierto, lo que sí sabemos, es que en el 2010 les dijo a unos periodistas norteamericanos –fue público– de la revista Atlantic que el modelo cubano, el modelo que él construyó, “ya no sirve ni para nosotros mismos”. Avaló el cambio que estaba realizando Raúl Castro.

EC —¿Y cómo definimos ese cambio? Hemos charlado en otras ocasiones contigo a propósito de él, pero, ¿se trata de una cauta apertura económica sin mayores novedades en materia política?

FR —Sí, creo que se va al modelo vietnamita, sin cambios políticos y una transformación económica, una apertura al mercado, a la pequeña, mediana y microempresa –que ya se anunció para este año–, la privatización de muchas cosas del Estado y dejar en manos del Estado solamente a las grandes empresas. Creo que ese es el camino que va a tomar. Políticamente no creo que haya cambios porque la disidencia es tan pequeña que no genera presión. Por ende, la presión mayor es el descontento de la población, y es una presión fundamentalmente económica. Por eso el proyecto de Raúl Castro se basa en generar un socialismo que él llama próspero y sustentable, que sea próspero para la gente y que además pueda sostenerse con los recursos propios de Cuba, no como ha pasado hasta ahora, que cuando no ha tenido el apoyo de la Unión Soviética lo ha tenido de Venezuela.

EC —¿Cómo se nota esa disconformidad de la gente con lo económico?

FR —Se nota cuando vas a un supermercado y ves a la gente que tiene que pagar los productos en moneda convertible, el CUC, cuando gana en pesos cubanos. Eso hace que los productos le cuesten 24 veces más, ya que esa es la diferencia entre una moneda y la otra. Fundamentalmente lo ves en esos momentos, lo ves cuando hay que echar combustible y cuesta un dólar y tanto la gasolina. Cuando el cubano se enfrenta a la economía nacional ves las reacciones más fuertes.

EC —¿Cómo se manifiesta?

FR —Con protestas, la gente protesta por tener que pagar esos precios, protesta a viva voz, no es que lo hagan bajito o te lo cuenten al oído. La protesta por la situación económica, el descontento por la situación económica lo percibes en una parada de ómnibus.

EC —¿De qué manera responde el aparato del Estado? ¿Qué tipo de represión o control hay a propósito de ese tipo de expresiones?

FR —Ese tipo de expresiones no son reprimidas, realmente la gente se expresa y lo hace cada vez más. En lo que hay más represión es en el tema de la disidencia organizada, la oposición política, pero no en la expresión popular. Además muchos de los que protestan son funcionarios de Gobierno que tampoco tienen un salario tan grande. Tengo amigos en el Ministerio de Relaciones Exteriores que ganan una miseria y enfrentan las mismas dificultades que el resto de la población.

EC —¿Cuál es la actitud de la disidencia?, ¿qué ha ido cambiando o no en esta materia? ¿Qué grado de represión está vigente hoy?

FR —Las leyes del viejo sistema de Fidel no permiten la organización de partidos ni de manifestaciones públicas, en el año 2003 Fidel daba prisión de hasta 28 años por actividades no violentas de oposición. Raúl Castro se limita a detener, como el domingo pasado, a los disidentes cuando hacen una manifestación pública, pero a las dos horas están libres otra vez. Ese es el sistema que usa y ese ha sido el cambio que ha habido, no ha habido juicios con largas penas de prisión, en este momento casi ni siquiera son llevados a los tribunales.

EC —¿Y qué ocurre en cuanto a la cantidad de presos políticos? ¿Hoy cuál es el balance?

FR —Cuando Raúl Castro llegó al poder había unos 300, hoy todas las fuentes hablan de menos de 100. Pero nadie tiene una cifra exacta, porque unos suman como presos de conciencia a gente que ha hecho atentados o ha asesinado a personas; otras cifras hablan de 30 o 40 presos políticos, que son solamente aquellos que realizaban actividades pacíficas. En todo caso el número se ha reducido a menos de la tercera parte de lo que había al llegar Raúl Castro. También las penas de muerte que estaban pendientes de ejecución fueron eliminadas por Raúl Castro, cambiadas por penas de prisión, de forma masiva, todas, fueran casos de delitos políticos o de delitos comunes.

EC —En el tema de los cambios que puede traer la muerte de Fidel Castro en el rumbo económico, en el rumbo en materia política, entra en juego la figura del actual presidente, el hermano de Fidel, Raúl, que tiene 85 años. ¿Hasta cuándo va a gobernar?

FR —Él mismo estableció un límite de dos mandatos para todos los políticos del país en cualquier nivel, entonces seguramente en enero o febrero de 2018 abandonará el cargo de presidente de la República y tal vez quede como secretario del Partido [Comunista]. Sería un cambio fundamental, por primera vez el primer secretario del partido y el presidente no serían la misma persona. Creo que un año y tanto es lo que le queda al frente, aunque sus planes de desarrollo nacional son al 2030, sabe que no va a verlos.

EC —¿Es un hecho la sucesión a cargo de Miguel Díaz Canel?

FR —Pienso que sí, es el candidato del Partido Comunista para ser el próximo presidente, y no hay otros partidos, por tanto no hay más candidatos.

EC —Miguel Díaz Canel es ingeniero eléctrico, sucesor designado de Raúl Castro desde febrero de 2013, cuando fue nombrado primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, exjefe provincial del Partido Comunista en Villa Clara y Holguín, exministro de Educación Superior, y nació en abril de 1960. Si se produce efectivamente su acceso a la presidencia, tendrá lugar un cambio generacional importante.

FR —Sí, va a haber un cambio generacional importante. Y no solamente en su caso, todo el grupo de gente que queda a cargo de los puestos claves es de la misma edad que él o menor. Viene un cambio generacional, es inevitable de todas formas.

EC —Son funcionarios situados entre los 50 y los 60 años, más cerca de los 60.

FR —Exacto; aquí les llaman jóvenes.

EC —Es gente que nació después del triunfo de la Revolución.

FR —Sí. Con lo cual se saltan una generación, no le entregan el poder a la generación que viene inmediatamente detrás de ellos, sino a gente que nació al triunfo de la Revolución y que ni fue a playa Girón ni cortó caña de azúcar, ni nada de eso, sino que sobre todo fue bien preparada académicamente. Cuando sus padres estaban combatiendo en el Escambray o estaban defendiendo Cuba cuando la invasión de playa Girón ellos estaban en la escuela y después pasaron a la secundaria, a la universidad. Díaz Canel es ese caso. Es un hombre muy querido en los lugares donde trabajó, es una persona con una mentalidad bastante avanzada. Por ejemplo, en los años 90, mientras en La Habana estaban metiendo presos a los travestis que andaban vestidos de mujer por la calle, en la Villa Clara gobernada por él iban a la universidad vestidos de mujer. Se abrió el primer club de homosexuales en el que participaba y había actividades para todo tipo de gente, no solamente para la comunidad gay. Se permitió el desarrollo de un fuerte movimiento de rock, de tatuajes, etcétera. Es un hombre de una nueva generación. En el Consejo de Ministros, por ejemplo, fue el primero que abrió una laptop, mientras todos los demás dirigentes políticos escribían en libretitas con un lápiz.

EC —¿Cuándo fue eso?

FR —Eso fue apenas asumió el cargo aquí en La Habana. Lo más importante es que Raúl Castro no tenía muchas opciones. En Cuba las personas que trabajaron muy cerca de Fidel lo hicieron más que nada como ayudantes, no como jefes de despacho, no tenían el peso que hay que tener para ser un primero. Entonces la única posibilidad de encontrarlo era ir a las provincias, donde los jefes del Partido Comunista provinciales funcionaron con total independencia de La Habana. Y ese es el caso, entre ellos, de Díaz Canel, personas que tenían que resolver por sí mismas los problemas sin que Fidel acudiera a decir qué había que hacer.

EC —¿En qué está el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos? ¿Qué ha dejado a esta altura?

FR —Creo que ha dejado muchas posibilidades nuevas para la economía cubana. Por ejemplo, el hecho de que [el presidente estadounidense Barack] Obama haya eliminado el peligro para los empresarios extranjeros ha provocado que muchos acudan a Cuba a buscar intereses de inversión. Hay 400 grandes empresas esperando a que el Gobierno cubano les diga que sí para invertir en el Puerto Mariel. Ya se aprobó la inversión de la holandesa Unilever, que es una de las 10 mayores empresas del mundo, que va a poner una fábrica de productos de limpieza en Cuba.

Y el turismo. El turismo norteamericano pasó de 50.000 o 60.000 a 200.000, pero influyó tanto en sí mismo como la repercusión que tuvo en el resto del mundo. Aumentaron los turistas de todas partes del mundo tratando de ver Cuba antes de que lleguen los norteamericanos y la estropeen, abran sus McDonald’s y la americanicen, la estandaricen. Eso ha provocado un crecimiento muy grande del turismo, realmente el país no da abasto. Ha habido lugares como Trinidad, donde los turistas han tenido que dormir en el parque, las autoridades de Trinidad han recorrido casa por casa pidiendo a los pobladores que cedan un dormitorio para una pareja de turistas. Eso ha sido la respuesta a lo que ha habido con Obama.

EC —¿Y qué pasará con ese proceso en la medida en que ahora asume como presidente de Estados Unidos Donald Trump?

FR —Creo que depende mucho de él, creo que el Gobierno cubano no sabe qué va a pasar. Lo cierto es que el Gobierno cubano ha tomado dos medidas. Una, al día siguiente de las elecciones de Estados Unidos informó de un ejercicio militar en toda Cuba, que ya estaba previsto, pero se informó en ese momento. Y la otra fue que Raúl Castro por primera vez saludó a un presidente electo de Estados Unidos con unas felicitaciones. De alguna manera Cuba está enviando el mensaje “estamos dispuestos a seguir conversando, pero estamos también dispuestos a llevar esto hasta las últimas consecuencias si ustedes así lo quieren”. Y sobre todo Cuba está a la espera de qué hará este hombre. Un hombre además impredecible y del cual solo conocemos su proyección electoral en Estados Unidos, no conocemos los pasos que piensa dar. Hay que ver qué se proyecta más, si el político de derecha que ve en el comunismo un grave peligro internacional o el empresario que ve a Cuba como una oportunidad de negocios. Hay que recordar que Trump intentó hace unos años violar el embargo e invertir en Cuba clandestinamente. Lo publicó la revista Newsweek.

EC —Cuba se prepara para una semana entera de ceremonias y procesión a raíz del fallecimiento de Fidel Castro. El primer homenaje fúnebre va a ser hoy en la plaza de la Revolución de La Habana. ¿Qué imaginas que va a ocurrir?

FR —Van a poner sus cenizas –porque él pidió ser cremado– en la plaza de la Revolución y la gente va a pasar por ahí a rendir homenaje y a firmar una especie de compromiso, basado en una definición de lo que Fidel Castro dijo que era una revolución, de que van a seguir apoyando. Es una cosa meramente formal.

EC —¿Cuánto de sentimiento sincero va a haber en esa concurrencia, cuánto de obligación? ¿Cómo lo ves?

FR —No se está acarreando gente, creo que va a ser bastante voluntario. Tal vez haya gente de Gobierno y de las instituciones que vayan por no quedar mal, pero creo que masivamente no va a haber acarreo, no va a haber buses llevando gente ni nada por el estilo. Tal vez algunas escuelas, o algo de eso. Por lo demás, van a ser dos días aquí en La Habana y al final los restos van a a ser trasladados hasta Santiago Cuba, va a ser enterrado en el mismo cementerio donde está José Martí. Pero va a ir recorriendo todo el país, tocando los mismos pueblos donde Fidel paró en su ruta invasora desde Santiago de Cuba hasta La Habana en 1959.

***

Transcripción: María Lila Ltaif

¿Hay errores en esta nota? Haz click aquí

Compartir

Escribir Comentario: