Entrevista central, lunes 29 de agosto: Raúl Rosende

Entrevista con Raúl Rosende, desde Bogotá.

Video de la entrevista

EN PERSPECTIVA
Lunes 29.08.2016, hora 8.19

EMILIANO COTELO (EC) —Más de 200.000 muertos, 87.000 desaparecidos, 33.000 secuestrados, 7 millones de desplazados y 6 millones de hectáreas despojadas… Esos son los números de un conflicto armado que, con 52 años, se convirtió en el más largo de América Latina y que ahora parece llegar a su fin.

(Audio Juan Manuel Santos.)

Colombianos: hoy me dirijo a ustedes con una profunda emoción, con gran alegría. Hoy comienza el fin del sufrimiento, del dolor y la tragedia de la guerra. Hoy, 24 de agosto del año 2016, podemos decir que esa esperanza nacional se ha vuelto realidad. Hemos alcanzado un acuerdo final, completo, definitivo, para poner fin al conflicto armado con las FARC.

(Fin audio)

EC —Con estas palabras, el presidente colombiano Juan Manuel Santos anunciaba la semana pasada la firma de un acuerdo final de paz con la guerrilla de las FARC, que se alcanzó tras cuatro años de negociaciones sobre varios puntos controversiales, incluyendo los cultivos ilícitos, los derechos sobre la tierra, la reparación a las víctimas de la violencia, la incorporación de los combatientes a la vida política y la dejación de las armas.

A aquella jornada histórica se suma la de hoy, porque hoy desde la hora 0 rige el cese al fuego decretado por las dos partes. Una misión política de Naciones Unidas integrará el mecanismo tripartito encargado de monitorear este cese al fuego, colaborar en el desarme de los rebeldes y verificar que se dé cumplimiento al acuerdo en general.

El uruguayo Raúl Rosende, quien trabaja en misiones de paz de la ONU desde 1990, fue designado jefe de gabinete de esta operación. Y con él estamos en comunicación.

Usted estuvo presente la semana pasada en la firma del acuerdo en La Habana, que se concretó un poco antes de lo previsto… ¿Cómo vivió ese momento?

RAÚL ROSENDE (RR) —Efectivamente, estuvimos la semana pasada en La Habana. Primero fueron las últimas horas de las negociaciones, todavía quedaban algunos puntos pendientes. Ya se veía venir que el acuerdo se iba a firmar en cualquier momento, aunque no se sabía exactamente cuándo, por esos temas pendientes.

La metodología por la cual se avanzó en estas negociaciones, que duraron cuatro años, fue ir llegando a acuerdos, pero a su vez poner paréntesis en cada uno de los acuerdos en los puntos sobre los cuales no se podía lograr consenso en ese momento. En los últimos días y horas, básicamente la semana pasada en La Habana, todos estos paréntesis, todos estos puntos pendientes, se resolvieron, como se imaginará, para las dos delegaciones, pero también para la gente de Naciones Unidas fue una emoción enorme porque se ponía fin a 54 años de conflicto en Colombia.

EC —¿Cómo se “festejó” en ese grupo que estaba participando del acuerdo? ¿De qué manera se eligió conmemorar ese salto?

RR —El anuncio final se hizo en el Palacio de Convenciones de La Habana, que es un lugar bastante emblemático y simbólico en Cuba. Las partes estaban realmente exhaustas después de tantas horas, tantos días y tantos años de negociaciones, no hubo lugar para muchos festejos. El festejo fue mucho mayor el 23 de junio, cuando se firmó el acuerdo de cese al fuego y dejación de armas. Ahí vinieron una plétora de presidentes latinoamericanos y dignatarios de diferentes partes del mundo, allí realmente hubo una celebración importante. Esta vez no tanto, la gente estaba cansadísima después de negociar de manera tan ardua. Igual, esta no fue la firma final-final, fue lo que en Colombia llaman la rúbrica del acuerdo. El mismo acuerdo se va a firmar en una ceremonia que probablemente tenga lugar en Bogotá entre el 22 y el 27 de setiembre.

EC —¿Cómo es el día de hoy? ¿Hubo algún tipo de celebración a la hora 0, cuando entró en vigor el cese al fuego?

RR —Ha habido celebraciones en diferentes partes de Bogotá, también en varias ciudades del interior. Como se imaginará, hoy es un día fundamental porque es el comienzo formal del cese al fuego. El nivel de […] entre las partes se había reducido de manera dramática en los últimos meses, pero hoy comienza formalmente el cese al fuego.

En la calle no ha habido demasiadas celebraciones. Un periodista colombiano decía, creo que con bastante tino, que la plaza pública hoy son más las redes sociales que las propias plazas físicas. Entonces en las redes sociales sí uno puede ver mucho intercambio, mucha celebración, muchas manifestaciones de apoyo, bastante más que en las calles, por el momento.

EC —¿Qué ambiente hay en la población?, ¿el entusiasmo es lo que gana?, ¿o hay rechazo con respecto a varios de los puntos que forman parte de este acuerdo?

RR —Como siempre pasa en este tipo de procesos y acuerdos en diferentes partes del mundo, hay mucha gente que está a favor, hay otra gente que discrepa, y eso sin duda está pasando en Colombia.

EC —Repasemos en qué consiste específicamente esta misión especial de Naciones Unidas que va a monitorear y verificar el cumplimiento del acuerdo de paz.

RR —La misión de Naciones Unidas es una parte del mecanismo tripartito de verificación del acuerdo. Es la primera vez que hay en el mundo un mecanismo tripartito de verificación de un acuerdo. Por lo general, lo que sucede –ha pasado en África, en Oriente Medio, en América Central incluso en los 90– es que las dos partes de un conflicto, el gobierno y la guerrilla, llegan a un acuerdo de paz y le piden a Naciones Unidas que verifique ese acuerdo, y Naciones Unidas lo hace sola. Aquí tanto el gobierno como las FARC le pidieron a Naciones Unidas, y a nosotros nos pareció una buena idea, que Naciones Unidas no estuviera sola verificando los acuerdos, sino que fuera parte de un mecanismo tripartito en el cual también estaba el gobierno y también estaban las FARC. Quiere decir que la misión de Naciones Unidas, que va a ser una misión bastante grande, de alrededor de 500, 550 personas, va a ser un componente, el componente internacional del mecanismo tripartito de verificación. Es un caso único en el mundo. Las dos partes en el curso de la negociación en La Habana se pusieron de acuerdo en el mecanismo de verificación, le pidieron a la ONU que formara parte de ese mecanismo –esto fue en enero– y Naciones Unidas aceptó la propuesta.

EC —Otra singularidad, otra diferencia, si la comparamos con otras misiones de Naciones Unidas en otros puntos del mundo, es que esta no tendrá miembros armados. ¿Por qué?

RR —Exactamente, en esta misión vamos a tener civiles y militares. Los militares son fundamentalmente de países de la Celac, países latinoamericanos, no únicamente, pero fundamentalmente de la Celac, que van a estar desarmados, sin uniforme y subordinados al mando de Naciones Unidos y no de sus respectivos países. Esta fue una solicitud de las partes y a nosotros nos pareció bien. En otras partes del mundo los contingentes militares de Naciones Unidas, los cascos azules, están a cargo de la seguridad del proceso; pasa en muchos países de África y en otros lugares. En Colombia se partió de la base de que la seguridad de todo el proceso va a estar a cargo de la fuerza pública. La fuerza pública –policía, ejército– va a tener el rol de asegurar la protección del mecanismo de verificación y también la protección de todo el proceso, incluyendo los campamentos o las zonas donde las FARC se van a ubicar para hacer el desarme o la dejación de armas. Esa protección va a estar a cargo del Estado colombiano, es el Estado colombiano el que garantiza las condiciones de seguridad. Por lo tanto los militares de Naciones Unidas están desarmados y sin uniforme.

EC —Usted está a cargo del componente civil en esta misión. ¿Cuáles son sus tareas, concretamente?

RR —Exactamente, la misión de los componentes civiles, fundamentalmente la relación con los diferentes actores de la sociedad colombiana –sociedad civil, gobierno, Iglesia–. La verificación de un cese al fuego requiere un nivel muy alto de información, vamos a estar recibiendo información muy regular, muy permanentemente de lo que está pasando en el campo. Colombia es un país enorme, con una geografía sumamente compleja, muy linda pero muy compleja para este tipo de procesos, con montañas, con selva. Ahí es donde ha estado el conflicto y ahí es donde se va a realizar la verificación, por lo tanto lograr información de lo que está pasando en el terreno […] es fundamental. Para lograr esa información necesitamos una relación muy fuerte y muy cotidiana con los diferentes actores sociales y políticos, tanto en Bogotá como en el campo colombiano. El componente civil de la misión va a tener ese rol, construir la relación con las redes sociales, con las autoridades, con las iglesias, para lograr esos niveles de información.

***

EC —En esta entrevista quizás hemos dado como un hecho que Colombia está dando vuelta la página de esta guerra. Y es una tentación, no solo en este diálogo se da, seguramente aparece en varias crónicas periodísticas, en muchos análisis, en editoriales. Pero en realidad todavía falta que la población avale el acuerdo. El 2 de octubre habrá un plebiscito y por ahora las encuestas muestran que lidera el no. ¿Cómo analiza ese escenario?

RR —Faltan algunos pasos. El plebiscito es uno de los más importantes. Otro paso que también va a tener lugar va a ser la conferencia guerrillera, los días 13, 14 y 15 de setiembre. En algún lugar de la selva colombiana alrededor de 300 personas de las FARC, las de nivel más alto, van a concentrarse para discutir durante varios días el acuerdo y fijar una posición final. Descontamos que esa posición va a ser favorable.

Y el 3 de octubre, efectivamente, va a tener lugar el plebiscito. Las encuestas están arrojando resultados muy disimiles. Hasta el momento registramos cinco encuestas, de las cuales dos dan mayoría al no y tres dan mayoría al , y las diferencias son enormes. Desde alguna que le da al un porcentaje de 30 y pico por ciento hasta otras que le dan un porcentaje de 60 y pico por ciento. O sea que el margen de diferencia es enorme.

Sin duda hay una controversia fuerte, hay sectores políticos colombianos a favor del , hay sectores políticos colombianos al favor del no; hay expresidentes como Gaviria, Betancur que han expresado públicamente el apoyo al , y hay otros expresidentes, como Uribe y Pastrana, que han dado el apoyo al no. O sea que hay una gran controversia. Del lado del gobierno se ha dicho que si saliera el no, no habría lugar para la renegociación.

EC —Es un punto muy delicado. ¿Qué pasa si en el plebiscito los colombianos rechazan este acuerdo? ¿Cuál es el plan B?

RR —El negociador del gobierno, el señor De la Calle, ha dicho –lo dijo en La Habana la semana pasada– explícitamente que si saliera el no, no habría espacio para renegociar. Por otro lado, los sectores que apoyan el no, en particular el expresidente Uribe, que es la figura más visible de esta tendencia, ha dicho que el no abriría las puertas a una renegociación. Es evidente que no está claro, es una incertidumbre con la cual vamos a tener que lidiar.

EC —Da la impresión de que se está jugando a todo o nada. El gobierno en particular está jugado a que la respuesta sea , a que la población apruebe el acuerdo. Y si la respuesta es no, no se sabe qué pasa, se cae todo. ¿Qué puede pasar? ¿Al día siguiente pueden regresar las hostilidades, puede volver el enfrentamiento armado? ¿Qué pasa con las propias estructuras de la guerrilla, que van a estar flexibilizándose?

RR —En estos momentos el gobierno ha iniciado una muy fuerte campaña a favor del . Efectivamente los representantes del gobierno han dicho que si saliera el no, eso implicaría terminar con el proceso de negociaciones, terminar con el proceso de paz y estaría el riesgo inminente de que se volviera a las hostilidades. Esto es una posición que el gobierno ha manejado. Partidarios del no han dicho que si saliera esta posición finalmente en el plebiscito se darían las condiciones políticas como para renegociar el acuerdo. Esto es negado por el gobierno. Obviamente las posiciones están muy polarizadas. Nosotros como Naciones Unidas nos declaramos neutrales y vamos a estar a lo que resuelva la ciudadanía. La misión ya la estamos preparando, estamos desplegados en Bogotá, nos estamos desplegando en el terreno. Nos parece importante estar preparados, es lo que nos pidió el gobierno, es lo que nos pidieron las FARC, pero obviamente vamos a estar a lo que resuelva la ciudadanía el día 3 de octubre.

EC —Otra instancia fundamental que falta cumplirse es la aprobación por el Parlamento de una ley de amnistía para los guerrilleros, uno de los factores de controversia. ¿Cómo es este paso?

RR —El Parlamento todavía tiene que aprobar varias cosas. Hoy aparentemente aprobaría la convocatoria al plebiscito; si bien el presidente ya anunció el plebiscito, hoy o en los próximos días el Parlamento debería aprobar la convocatoria para que toda la organización del proceso marche de una manera eficaz.

Otra de las leyes importantes es la ley de amnistía. Lo que se acordó en La Habana es que va a haber amnistía para los delitos de rebelión y conexos, la amnistía va a cubrir particularmente a aquellos combatientes que tengan como causa penal solamente haberse incorporado a las FARC y delitos eventualmente conexos con esto. Quedarían fuera de la amnistía los crímenes de guerra o los delitos de lesa humanidad.

EC —¿Cómo se los juzgaría? ¿Qué es esto de la justicia transicional?

RR —En los acuerdos también se estableció que, además de la amnistía, en paralelo a la amnistía, se va a crear una jurisdicción especial, todo un sector del Poder Judicial que va a ser el encargado de juzgar tanto a exguerrilleros como a miembros de la fuerza pública por eventuales delitos de lesa humanidad o crímenes de guerra. En el acuerdo se establece que en esos juicios, que se van a llevar a cabo en la Jurisdicción Especial de Paz, en caso de que una persona se declare culpable las penas no serían punitivas, de cárcel, sino que serían penas de reparación, penas de revelar la verdad de lo que ha pasado, penas de servicio a la comunidad y penas de garantías de no repetición. Esto es la aplicación del concepto de justicia transicional, que ha ocurrido en varias partes del mundo, ha pasado en Sudáfrica y en otros lugares. Seguramente con este acuerdo Colombia es donde el concepto de justicia transicional se lleva a un nivel más sofisticado. No son penas punitivas, no son penas de cárcel, sino que fundamentalmente son penas restaurativas.

EC —Y allí radica buena parte del rechazo de una parte de la población, el hecho de que los guerrilleros culpables de crímenes como homicidios, por ejemplo, no paguen con cárcel, pero además tengan asistencia del Estado, puedan dedicarse a la actividad política.

***

EC —Hoy es un día histórico para Colombia, a la hora 0 de este lunes entró en vigor el cese al fuego definitivo entre el ejército y la guerrilla de las FARC. El presidente Juan Manuel Santos había dado su orden la semana pasada, aclarando que regía desde hoy. El anuncio de las FARC demoró algo más, se produjo ayer y estuvo a cargo del líder máximo de esa organización, Rodrigo Londoño, alias Timochenko.

(Audio Rodrigo Londoño.)

En mi condición de comandante del Estado Mayor Central de las FARC, ordeno a todos nuestros mandos, a todas nuestras unidades, a todos y cada uno de nuestros y nuestras combatientes a cesar el fuego de hostilidades de manera definitiva contra el Estado colombiano a partir de las 24 horas de la noche de hoy.

(Fin audio.)

***

EC —¿Cuál es el plan para integrar a la vida civil a los miembros de la guerrilla?

RR —Esto es muy importante. Como Naciones Unidas hemos visto que a veces los procesos de paz fracasan por no tener un plan claro de […] la reintegración de los excombatientes. Esto significa algún plan con acciones concretas para que los exguerrilleros puedan reincorporarse a la vida civil. Muchos procesos han fracasado por esta situación. Recuerdo hace muchos años, a comienzos de los 90, en Nicaragua, los planes que se adoptaron inicialmente para la reintegración fueron muy débiles, fueron malos, y a los pocos meses de la desmovilización ocurrió lo que era evidente que iba a ocurrir, un proceso de rearme de aquellos que se habían desarmado y desmovilizado. Esto ha pasado en varias partes del mundo y se ha acumulado mucha experiencia.

Para nosotros es claro que debe apoyarse el proceso de reintegración. Estamos hablando de combatientes o guerrilleros que han estado en la guerra por decenios a veces; como sabemos, en Colombia las FARC ha peleado por más de 50 años. Entonces para gente que ha estado en la guerra muchos años la posibilidad de capacitarse, de educarse, de aprender un oficio ha sido prácticamente nula. Por lo tanto la salida de los desmovilizados de los campamentos es un desafío.

Las partes en La Habana han logrado un acuerdo muy importante en cuanto a cómo reincorporar a los exguerrilleros, a los desmovilizados, que implica dos o tres cosas fundamentales. Por un lado, los desmovilizados van a recibir individualmente una ayuda económica por una determinada cantidad de meses, que no es gran cosa, incluso es menos que el salario mínimo en Colombia, pero es algo que les permite sobrevivir mientras logran un trabajo, logran aprender un oficio, logran una capacitación. Es una ayuda de emergencia en un primer momento.

Posteriormente se plantea la posibilidad de darles crédito a aquellos desmovilizados que quieran establecer una microempresa o un emprendimiento económico a los efectos de que puedan salir adelante. Y en tercer lugar la capacitación y la educación para aquellos que lo deseen. Estos son elementos económicos fundamentales para que los desmovilizados logren cumplir de manera efectiva el tránsito de la guerra a la paz, de la violencia al posconflicto.

Además hay otro elemento fundamental tiene que ver con la seguridad de los desmovilizados. Eso también lo hemos visto en otras partes del mundo, procesos que fracasan porque la gente se desarma, sale de los campamentos y después no tiene garantías de seguridad. Aquí se ha establecido un acuerdo entre las partes, como parte del acuerdo global, para que los desmovilizados tengan garantías de seguridad una vez que se van reincorporando a la vida civil.

EC —¿Cómo se logra eso? Cuesta pensar en un mecanismo.

RR —La fuerza pública ya no va a tener como tarea combatir a las FARC. Si bien en Colombia hay diferentes grupos armados, hay otra guerrilla que todavía está en el campo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la principal fuente de confrontación eran las FARC, la violencia entre el gobierno y las FARC. La fuerza pública, ejército y policía, ya no va a estar dispuesta en el territorio para pelear con las FARC, por tanto va a haber recursos disponibles para poder proteger las zonas y las áreas geográficas donde las FARC van a tener más presencia, y de esa manera tratar de brindar garantías de seguridad. Es un desafío, pero hemos visto los planes que tiene para proteger las zonas donde las FARC se van a reinsertar y nos parece que lo está haciendo de una manera seria.

EC —Leo un fragmento de una nota del New York Times publicada al día siguiente de la firma del acuerdo (textual): “Todavía existen dudas sobre cómo se adaptarán los guerrilleros a la sociedad y si la sociedad colombiana está lista para aceptarlos. Y un punto muy importante: ¿los guerrilleros están dispuestos a entregar no solo sus armas, sino también el control que ejercen sobre el negocio del narcotráfico?”. ¿Cómo ve este capítulo en especial?

RR —La posición de la población en cuanto a recibir a los excombatientes. Esto pasa en todos lados, como le decía, hay gente que va a estar a favor y gente que va a estar en contra. De cualquier, el centro-sur del país es donde las FARC han estado presentes por décadas y uno podría pensar que allí tal vez haya un mayor nivel de receptividad.

Sobre el tema del narcotráfico, uno de los capítulos del acuerdo final tiene que ver con cultivos ilícitos y con soluciones para el problema de las drogas. En estas soluciones ha habido un compromiso muy fuerte tanto del gobierno como de las FARC. Básicamente la solución que se plantea es la sustitución de cultivos, generar una estrategia para que aquellos campesinos que estén dedicados a los cultivos ilícitos puedan hacer una sustitución voluntaria de esos cultivos y dedicarse a plantar otro tipo de cultivos. Va a haber un plan, cuyas bases están establecidas en el acuerdo.

El plan de sustitución de cultivos implica fundamentalmente dos cosas. En primer lugar, darles ayuda económica a los campesinos para que logren este tránsito de los cultivos ilícitos a cultivos lícitos mediante créditos, subsidios, asistencia técnica, formalización de la propiedad rural. Esto último es muy importante porque en Colombia hay grandes baldíos, grandes tierras fiscales que están ocupadas por campesinos, muchísimos de los cuales se han dedicado a los cultivos ilícitos, entonces formalizar el tema de la propiedad es fundamental para que ellos puedan hacer el tránsito hacia los cultivos lícitos. También hay medidas de fomento a la comercialización de esos nuevos cultivos que los campesinos harían.

Entonces por un lado ayuda económica a los campesinos para que puedan sustituir los cultivos ilícitos, y por otro lado protección de las áreas mediante un mayor despliegue de la fuerza pública. O sea, protección de los campesinos que viven en estas áreas y que voluntariamente aceptan la sustitución de cultivos, protección mediante una mayor presencia de la policía en esas zonas.

EC —Usted se refiere a los campesinos, pero veía que el Departamento de Estado de Estados Unidos describe a las FARC como una organización terrorista que “controla la mayoría de la producción y distribución de la cocaína en Colombia, y es responsable de gran parte de la oferta mundial de cocaína”. ¿Qué pasa con esta otra parte del negocio?

RR —Si usted ataca la producción, el tema de la comercialización del producto, del bien ilícito, quedaría fuera de lugar. Por eso en esta estrategia que el gobierno y las FARC han acordado se ataca de forma muy concreta la producción para que no haya más cultivos ilícitos disponibles en el mercado.

EC —Supongamos que el acuerdo queda vigente, que es convalidado por la población en las urnas; de todos modos con él y sus dificultades y su proceso lento, tampoco alcanza. La paz en Colombia tiene por delante otros desafíos. Pienso en el ELN, otra guerrilla que no ha pactado; pienso en los grupos paramilitares que han proliferado en Colombia. ¿Qué hace, cómo maneja en particular Naciones Unidas ese escenario?

RR —Es un desafío muy grande. Es una característica de las nuevas guerras o los nuevos conflictos en el mundo, pasa no solo en Colombia, sino que pasa en gran parte del mundo donde hay guerra. Ya no hay un esquema, como había antes, del Estado enfrentado a una guerrilla, que es el esquema clásico, como en Nicaragua, como en El Salvador. Lamentablemente estamos enfrentando conflictos fragmentados en los que hay un Estado, más o menos fuerte, pero después hay una multiplicidad de grupos armados y de ilegales de diferente índole. Esto ha pasado en Sudán, pasa en Siria, pasa en Yemen. Y sin duda en Colombia, además de las FARC, hay otros actores.

Es muy difícil lograr un acuerdo o un proceso de negociación con todos los actores al mismo tiempo, porque los actores tienen diferentes estrategias, diferentes metodologías, diferentes demandas. Entonces nos parece muy importante el concepto que hemos llamado de paz por piezas, que quiere decir ir desmontando el conflicto de a poco, progresivamente. No es el ideal, porque el ideal sería que la violencia terminara de una vez por todas al mismo tiempo, sin embargo es muy difícil lograr esto. Sabemos que el gobierno ahora está haciendo esfuerzos muy ingentes, muy fuertes, para establecer una mesa de negociaciones con el ELN. Ha habido diálogos, hace algunos meses se anunció el lanzamiento de la negociación y esperamos que este proceso fructifique. Es muy difícil hacerlo al mismo tiempo, por lo tanto inevitablemente hay que hacerlo de manera progresiva y sucesiva.

EC —Leía un análisis de Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, que hablaba de los distintos riesgos que tiene por delante la era posconflicto. Decía que uno de ellos es el económico, la fundación tiene sus cálculos hechos a propósito de lo que se requeriría en los primeros cuatro años: 23 billones de pesos colombianos para que ande todo con mínimas condiciones, y agregaba “la plata no la hay toda”. ¿Cómo se maneja este asunto, esta clave de lo que viene?

RR —La paz está llegando en un momento económicamente complejo. A Colombia le ha pegado fuerte la baja de las materias primas, en particular la baja del petróleo, que era y sigue siendo uno de sus principales rubros de exportación. O sea que las finanzas públicas no están precisamente en una situación pujante, es un desafío grande. Sin embargo sabemos que el gobierno ha tomado medidas para reservar en el presupuesto rubros importantes para financiar la paz. Este financiamiento tiene que ver con varias de las cosas que decíamos: la sustitución de cultivos, la reintegración de los combatientes a la vida civil, la mayor presencia del Estado en las zonas donde históricamente ha habido conflicto. El gobierno está tomando decisiones para lograr recursos fiscales, para poner rubros presupuestarios que permitan financiar ese tipo de acciones.

También va a haber cierto nivel de apoyo internacional. Por lo general cuando hay un proceso de este tipo la cooperación internacional, los países donantes, se movilizan para contribuir con el país. De cualquier manera, seguramente la cooperación no va a ser tan grande, porque a pesar de las dificultades y de esta crisis fiscal, Colombia es considerado un país de ingreso medio-alto, incluso está por entrar a la OCDE como país de renta media. Quiere decir que, si bien hay un momento fiscal difícil y complicado, Colombia está en mucho mejor situación para enfrentar un proceso de paz que otros lugares donde hemos visto procesos similares, por ejemplo en África, Oriente Medio o Asia.

EC —¿Qué va a hacer usted hoy? ¿Qué tareas tiene por delante hoy?

RR —Hoy estamos abriendo las oficinas de la misión, del mecanismo de monitoreo. Hasta ahora estábamos trabajando en las oficinas de otras agencias del Sistema de Naciones Unidas, con otros colegas, pero hoy ya vamos a abrir la nueva oficina. En la nueva oficina vamos a estar junto con el gobierno y con las FARC. Así que vamos a estar trabajando muy juntitos para tratar de asegurarnos de que el proceso vaya lo mejor posible.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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