Entrevista central, miércoles 11 de noviembre: Elbio Rosselli

Entrevista con Elbio Rosselli, futuro representante uruguayo ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

EN PERSPECTIVA
Miércoles 11.11.2015, hora 8.20

EMILIANO COTELO (EC) —Durante la visita oficial del presidente Tabaré Vázquez a Francia, el canciller Rodolfo Nin Novoa realizó un anuncio que sorprendió a propios y extraños: Uruguay apoyará una coalición de países orientada a encontrar “una solución militar” frente al accionar de Estado Islámico.

Aunque luego la participación militar directa de nuestro país quedó descartada, esta novedad cambió el clima de optimismo que reinaba en gran parte del espectro político desde octubre pasado, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas votó el ingreso de Uruguay como miembro no permanente al Consejo de Seguridad.

Sorprendidos, varios representantes de la oposición y el oficialismo vieron este anuncio como una primera muestra de las presiones y la exposición a las que estará sometido Uruguay por los miembros permanentes del Consejo, entre ellos Francia, que lleva adelante bombardeos en Irak y Siria.

¿Debemos acostumbrarnos a pronunciamientos de ese tipo? ¿Cómo se discutirán a nivel nacional las posturas que Uruguay lleve al Consejo de Seguridad?

Vamos a conversar de estos y otros temas con quien será nuestro representante en Naciones Unidas y en ese órgano, Elbio Rosselli, que en los últimos años venía desempeñándose como embajador en Canadá.

Lo encontramos esta mañana en Ottawa.

ELBIO ROSSELLI (ER) —Sí, todavía estoy retirándome de Ottawa; es un proceso que lleva unos días, lo mismo que la entrada a Nueva York.

Usted estuvo la semana pasada aquí en Montevideo y compareció en la Comisión de Asuntos Internaciones del Senado, para preparar lo que vendría después, la votación de su venia para el nombramiento, que se terminó aprobando ayer por unanimidad.

ER —Sí. Es una cuestión muy grata para nosotros los funcionarios profesionales del Servicio Exterior el saber que contamos con tan amplio respaldo del Senado de la República.

EC —Esa presencia en Montevideo fue muy corta, volvió rápido a Canadá. ¿Cómo vienen los preparativos para trasladarse a Nueva York?

ER —Todo viene dentro de los parámetros normales. Hay toda una serie de cuestiones burocráticas que deben cerrarse al interior de nuestro ministerio, hay informes, cerrar libros de contabilidad, preparar la salida física inclusive, esto es, la mudanza de los efectos personales. En fin, todo un procedimiento que estamos tratando de acelerar lo más posible para poder estar en Nueva York pronto, puesto que hay mucho trabajo ahí. De todas maneras voy a ir en poquitos días a unas reuniones de trabajo, para volver otra vez a Ottawa y ahí sí tratar de zarpar.

EC —Cuando la Asamblea General de la ONU aprobó el ingreso de Uruguay al Consejo de Seguridad, el diario El País tituló “Dos años en la cocina del mundo”. ¿Qué le parece esa lectura? ¿Es correcta?, ¿es un poco exagerada?

ER —Digamos que es un muy buen titular de prensa que de alguna manera refleja una situación de realidad. El Consejo de Seguridad es en la estructura de las Naciones Unidas el órgano decisorio por excelencia, puesto que tiene como característica que sus decisiones son obligatorias para todos los miembros. Al contrario de las resoluciones de la Asamblea General, que son de acatamiento voluntario, las decisiones del Consejo deben ser acatadas por los miembros, así está dispuesto en la Carta y esa es la estructura generada, no lo olvidemos, 70 años atrás, a la salida de la Segunda Guerra Mundial. Se entendió que las Naciones Unidas, como ya se la llamaba en aquel entonces, necesitaba un organismo ágil, donde hubiera la… digamos, labor predominante de las entonces cinco potencias victoriosas, a través de un consejo que pudiera tomar medidas rápidamente y fueran obligatorias para toda la organización. Por consiguiente, de alguna manera sí, efectivamente, es la cocina en el sentido clásico del término, pero al mismo tiempo es un ámbito de intensa negociación, en el que 15 países tratan de ir resolviendo de las mejores maneras posibles los distintos problemas que están a su cargo.

EC —El ex embajador de Uruguay en EEUU, Álvaro Diez de Medina, recordó la semana pasada en una columna que publicó en El Observador que las potencias que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad y tienen derecho a veto dejan a los miembros no permanentes en un lugar casi irrelevante. A modo de ejemplo, Diez de Medina se preguntaba si alguien sabe que Chad, Lituania, Angola o Jordania hoy son miembros no permanentes del Consejo de Seguridad. ¿Qué comentarios le merece un análisis de ese tipo?

ER —Si fuera tan despreciable no habría necesidad de tener diez miembros no permanentes en el Consejo de Seguridad. Por consiguiente hay algo en la estructura de la Organización que les da valor a esos diez miembros no permanentes del Consejo de Seguridad. Y son precisamente los diez miembros del Consejo de Seguridad quienes tratan, normalmente, de ayudar en la conducción de una manera aceptable para todos los miembros de la Organización los trabajos del Consejo. Suele decirse que los cinco pueden vetar y con eso arreglan todo. El veto cuesta mucho, el veto afecta el prestigio del país que tiene que ejercerlo, y a lo largo de los miles de resoluciones que las Naciones Unidas han adoptado en 70 años son escasas decenas la cantidad de vetos que se han ejercido, porque el veto cuesta. Por consiguiente, no creo que sea ciertamente irrelevante, pero cada uno tiene derecho a su opinión.

EC —Otra pregunta conectada con lo anterior es cuánto tiene Uruguay para ganar y cuánto tiene para perder con su ingreso al Consejo de Seguridad. Hay quienes sostienen que hay mucho más para perder, porque Uruguay no podrá influir en las decisiones más trascendentes y en cambio quedará expuesto cada vez que se pronuncie, provocando, por ejemplo, problemas en la relación con un país con el que tiene buenos vínculos comerciales. Por ese motivo el doctor Julio María Sanguinetti declinó los ofrecimientos que hubo para que Uruguay integrara el Consejo de Seguridad durante sus dos presidencias.

ER —Declinar es una expresión que debe ser medida, porque no se puede declinar algo que no se tiene. Uno tiene que propiciar la candidatura. La decisión del 15 de octubre pasado no se tomó de la noche a la mañana, el Uruguay presentó su candidatura en el 2008. Una tarea de siete años de la diplomacia uruguaya, que tiene además como característica interesante el hecho de que la candidatura se presentó al fin de una administración –la administración del doctor Vázquez en su primer ciclo–, la campaña se desarrolló a lo largo de un segundo gobierno, del quinquenio 2010-2015, y recién en el curso de una nueva administración, 2015-2020, Uruguay resulta elegido. O sea que fue una decisión totalmente apartidista, porque nadie podía saber en 2008 quién iba a estar presidiendo el Uruguay en 2015 o en 2016, cuando vamos a asumir el cargo. No vino de la noche a la mañana.

EC —Lo que ha trascendido ahora es que cuando el doctor Sanguinetti era presidente, en sus dos presidencias, hubo países que se acercaron a Uruguay a señalarle “podríamos apoyar esta candidatura si a ustedes les interesara”, y lo que respondió el gobierno en esas épocas fue “no”.

ER —He leído tales comentarios. No tengo información de que nadie se haya acercado a Uruguay en ese sentido, pero que yo no tenga información no quiere decir que no haya sido posible.

EC —¿Y qué dice a propósito del análisis a partir del cual, por lo que ahora trasciende, Sanguinetti optó por correrse a un costado, por no competir por esa candidatura al Consejo de Seguridad?

ER —Son respetables las decisiones que cada uno pueda adoptar. El Uruguay ha entendido a lo largo de estos siete años de campaña que era algo deseable hacerlo y actuó en consecuencia. Por consiguiente me sorprende un poco la suerte de preocupación surgida de algo en lo que hace siete años que estamos trabajando. Además a veces por detrás de esto hay algo que francamente me llama la atención: cierta actitud que tomamos los uruguayos, una suerte de sabiduría criolla, el famoso “no te metás”, no te metas en problemas.

El “no te metás” es una posición relativamente egoísta y poco solidaria. Si en el Uruguay no se hubiera metido gente en problemas de derechos humanos, si no se hubiera metido gente en la militancia, si no se hubiera metido gente a buscar salir de la noche larga que tuvimos años atrás, vaya a saber dónde estaríamos. Entonces a veces meterse vale la pena. Y por detrás de estos comentarios de alguna forma se encuentra esa posición de “no te metas en problema, seguí pasándola lo mejor posible”.

EC —Quizás el comentario es “no te metas en problemas cuando no sos tú el que va a definir estas cosas, cuando los que definen son otros”.

ER —Pero es que eso es exactamente lo que decía 30 años atrás mucha gente, “no te metás, este no es tema tuyo”. Muchas veces hay que meterse, hay que dar la opinión, hay que dar la cara, porque, quiérase o no, este no te metás con ese señor que se llama Hitler, que está allá lejos en Europa, no te metás con el Estado Islámico, que está allá lejos en Oriente Medio… Por favor, hay momentos en que un país civilizado, un país estructurado, una democracia vibrante como es la uruguaya tiene todo el derecho a opinar, a dar su visión, a veces incluso más allá de cuánto puede influir en las cosas. Es la opinión del país, es el sentir de una sociedad. Yo creo que vale la pena expresarlo.

***

EC —Cuando el canciller Nin Novoa anunció que Uruguay va a apoyar una coalición de países orientada a encontrar “una solución militar” frente al grupo Estado Islámico, se despertó acá un debate, una polémica. Varios legisladores, tanto del oficialismo como de la oposición, reaccionaron sorprendidos. Por ejemplo, el diputado colorado Ope Pasquet dijo que se debió haber consultado al Parlamento porque esa decisión puede exponernos a riesgos. En el Frente Amplio, el diputado del MPP Jorge Meroni señaló que las misiones uruguayas son para preservar la paz y no para agredir a nadie. ¿Cómo hay que leer este cortocircuito que se dio adentro de Uruguay? O el canciller equivocó el procedimiento, ignorando la consulta a los partidos. O el espectro político uruguayo no había entendido el tipo de responsabilidades que implica la integración al Consejo de Seguridad…

ER —Como todo esto sucedió estando yo aquí en Ottawa, me resultó muy sorprendente. A mi manera de leer las cosas, las palabras del señor canciller y luego las propias palabras del señor presidente de la República fueron muy claras. El Uruguay no tiene ninguna posición ambigua en contra del terrorismo, ha apoyado fervientemente todas las actividades que se han tomado en Naciones Unidas en contra del terrorismo, y en ningún momento se dijo que iba a enviar tropas a pelear en un frente antiterrorista, que sería eventualmente la razón para pedir la consulta con el Parlamento para obtener una legislación que permitiera la salida de tropas.

Entonces no entendí, francamente. Si uno lee desapasionadamente, las expresiones del señor canciller y del señor presidente de la República son para nosotros los trabajadores de la diplomacia parte de una manifestación muy clara de un país democrático, tolerante, plenamente republicano de no aceptar de ninguna manera el menor atisbo de actividades terroristas.

EC —Pero una cosa es la condena en general al terrorismo y otra el apoyo explícito a una coalición armada que incursione en territorio que domina el Estado Islámico.

ER —Yo no leí en las palabras del señor canciller una aprobación de ninguna actividad armada. Habló de una coalición; una coalición es en definitiva el principio del mantenimiento de la paz por las Naciones Unidas en lo que se llama la seguridad colectiva, precisamente. Hemos respaldado todas las actividades en ese sentido en el marco de las Naciones Unidas, el Uruguay respalda plenamente cualquier decisión que se tome en el marco de las Naciones Unidas.

EC —Pero también hay antecedentes, por ejemplo, de la izquierda uruguaya condenando conflictos militares desatados con el pretexto de la lucha contra el terrorismo.

ER —Cada sector, cada grupo de opinión tiene derecho a su opinión, ciertamente.

EC —¿No hay acá una diferencia con posturas tradicionales de Uruguay en cuanto a no injerencia en asuntos bélicos?

ER —No injerencia en asuntos de otros estados. Injerencia en asuntos bélicos no es necesariamente algo que manejemos en derecho internacional. El Uruguay participa en todas las actividades de mantenimiento de la paz, de preservación de la seguridad internacional que las Naciones Unidas acuerdan. El Uruguay ha trabajado siempre en el marco de las actividades de Naciones Unidas. Esa es la ley superior, el Uruguay se rige por los principios de derecho internacional. Con esto le estoy diciendo que Uruguay puede participar en operaciones de las Naciones Unidas en la medida, una vez más, en que sean operaciones de las Naciones Unidas. Es muy claro, las palabras del señor canciller, las palabras del presidente de la República francamente en ningún momento apuntan a una participación militar de Uruguay en ningún tipo de actividad antiterrorista.

EC —No se habla de una participación militar de Uruguay, pero sí de que esa coalición lleve a cabo acciones militares.

ER —Insisto, el señor presidente de la República y el señor canciller han sido muy claros en expresar qué es lo que Uruguay va a hacer. A veces en Uruguay tenemos una gran tendencia a continuar las discusiones in eternum, pero aquellos que somos operadores en el concierto internacional tenemos muy claro cuáles son los lineamientos y en qué tenemos que trabajar.

EC —De todos modos, todo partía de otra pregunta que yo le hacía a propósito de la polémica que se desató: cuando Uruguay dé a conocer una postura como esta que dio a conocer Nin Novoa desde París, a propósito de cómo va a comportarse en el Consejo de Seguridad, ¿tiene que consultar previamente a los partidos políticos?

ER —La conducción de la política exterior del país es competencia del Poder Ejecutivo, y el Poder Ejecutivo busca al interior del país los apoyos necesarios para mantener su visión de la política exterior. Por consiguiente, hay ahí un trabajo a la interna del sistema político del Uruguay que cada gobierno ha llevado adelante de una manera u otra. La Cancillería es dentro del sistema del Servicio Civil del Uruguay la única estructura que es realmente verticalista y jerarquizada. Por consiguiente, nosotros operamos en función de las instrucciones que nos da el señor canciller habiendo consultado con el señor presidente de la República. A partir de ahí la línea jerárquica del ministerio actúa en consecuencia.

EC —Otra de las inquietudes en cuanto a los riesgos que podía implicar para Uruguay esta postura a favor de una coalición que enfrente al grupo Estado Islámico se refería concretamente al riesgo de padecer represalias de tipo terrorista.

ER —Amenazas de tipo terrorista las tenemos todos, nos guste o no nos guste, hayamos pensado al respecto o no. Recuerde que hace veintitantos años reventaron en Argentina terribles atentados terroristas en un país que uno diría ¿y por qué?, ¿por qué acá? El riesgo está ahí, como se dice, hay un libro que se llama Vivir es peligroso. Hay riesgos en toda actividad humana, no creo que los riesgos se vean aumentados porque Uruguay ingrese al Consejo de Seguridad y actúe en consecuencia con decisiones ya adoptadas por la Asamblea General y por el Consejo de Seguridad. Entonces sí, vivir es peligroso, hay riesgo en todo momento.

EC —¿Este tema de cómo enfrentar al Estado Islámico en particular figura ya en la agenda del Consejo de Seguridad de la ONU?

ER —Es una discusión que está en curso. Hay distintos procesos en movimiento, hay consultas a nivel de distintos países, hay una actividad militar no sancionada por Naciones Unidas en este momento en determinadas zonas de Medio Oriente. Esas son las realidades del mundo y todavía no hay una resolución en particular en este sentido. Hay puntos de vista bastante distantes entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, pero al mismo tiempo va más allá, porque se está trabajando a varias puntas en el Cercano Oriente, donde entonces esas distintas líneas de acción no convergen, más bien se entreveran. Habrá que hacer un paciente trabajo de discusión si se desea llegar a una acción colectiva en este sentido.

EC —Usted cree que sí, que efectivamente el Consejo de Seguridad próximamente va a discutir sobre ese tema.

ER —Normalmente el Consejo de Seguridad discute todos los temas que constituyen una amenaza a la paz. La discusión no necesariamente significa que haya entendimiento, que haya coincidencia de opiniones, que haya las mayorías necesarias para una resolución en el Consejo de Seguridad. Si la tarea primordial de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad es el mantenimiento y la preservación de la paz y la seguridad internacional, actividades como las que están sucediéndose en el norte de África y en el Cercano Oriente constituyen claramente riesgos y amenazas que son objeto de discusión.

***

EC —Elbio Rosselli tiene 69 años, es abogado y doctor en Diplomacia y se desempeña todavía como embajador en Canadá. En el pasado ocupó el cargo de embajador ante Naciones Unidas, fue representante uruguayo ante la Organización Mundial de Comercio, la Unión Europea, la Aladi y Bélgica. También fue primer secretario en la embajada en EEUU, director de Integración y Mercosur y de Asuntos Políticos en la Cancillería. Y el 1º de enero asumirá como representante de nuestro país ante el Consejo de Seguridad de la ONU, luego de que ayer el Senado de la República aprobara por unanimidad su venia. Hace 50 años que Uruguay no integra el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

***

EC —Usted señalaba que hay distintas estrategias en torno al enfrentamiento al Estado Islámico, sobre todo en cuanto a qué hacer en Siria. Por un lado, EEUU, junto con Francia, sostienen que el presidente sirio Bashar Al Assad debe salir del poder, e incluso respaldan militarmente a grupos rebeldes que procuran derrocarlo. Pero Rusia, por su lado, tiene una alianza, una afinidad histórica con Bashar Al Assad y lo apoya en la lucha contra el Estado Islámico, una lucha que, según EEUU y Francia, también está afectando a los rebeldes moderados que se oponen al régimen de Bashar Al Assad. En esa dicotomía, ¿cómo juega un planteo como el de Uruguay?

ER —En esa dicotomía dudo mucho de que Uruguay vaya a tener algún planteo en estos momentos, porque estamos hablando de toda una situación geográficamente localizada en el Cercano Oriente pero que atrae y conmueve la atención de principales actores de la política internacional, del mundo. La posibilidad de insertarse en una discusión de ese tipo debe ser muy cuidadosamente calibrada para poder ser de utilidad, para poder ser de ayuda, porque en definitiva esa es la paciente tarea de los miembros del Consejo de Seguridad, llegar a entendimientos.

Estamos todavía lejos de que ese tema pueda encontrar dentro del Consejo de Seguridad el ámbito necesario para una discusión profunda. Lamentablemente así son las realidades de la vida cotidiana en la esfera internacional. Kissinger decía que uno tiene que distinguir aquellas situaciones que puede controlar de aquellas que no puede controlar. En este momento nosotros –las Naciones Unidas, no el Uruguay– no estamos todavía en condiciones de poder incidir directamente como Naciones Unidas en este conflicto.

EC —A raíz de la discusión que se dio cuando Nin Novoa hizo el anuncio, cuando algunos parlamentarios dijeron “debió haberse consultado antes”, el viernes pasado, discutiendo el tema en La Mesa de En Perspectiva, Gonzalo Pérez del Castillo señalaba que va a ser imposible mantener informados a los partidos políticos, porque el Consejo de Seguridad toma resoluciones a diario y frecuentemente tiene que reunirse de urgencia cuando estalla alguna crisis en alguna arte del mundo. ¿Qué dice sobre ese desafío?

ER —Gonzalo tiene una larga experiencia en el sistema y conoce que efectivamente las cosas son así muchas veces. Otras veces los temas llegan a resolución del Consejo de Seguridad luego de muchas semanas, por no decir meses, de consideración. Por consiguiente, sí, hay decisiones que deben ser tomadas al instante y otras que no tanto. La casuística va a ir dependiendo.

En cuanto a la organización, la Cancillería mantiene continuamente líneas de comunicación con el Parlamento, institucionalmente, más allá de los contextos a nivel político. El Parlamento uruguayo –la Cámara de Senadores, la Cámara de Diputados– ha convenido en que ambas comisiones de Asuntos Internacionales formen lo que han llamado un “grupo de amigos” de Uruguay en el Consejo de Seguridad a los efectos de ir haciendo un seguimiento de todas las actividades. Va a haber entonces un gran trabajo de compartir información.

Y al respecto, si bien me halaga mucho la mención que se hace de que seré representante en el Consejo de Seguridad, en realidad voy a hacer uno de los muchos representantes que va a tener el Uruguay.

EC —¿Cómo es eso?

ER —Tenemos en Nueva York armado en este momento un equipo de unos 15 funcionarios diplomáticos que van a estar compartiendo las tareas. El Consejo de Seguridad se reúne continuamente a través de los distintos grupos de trabajo que tiene, a través de los distintos mecanismos de consulta, es una tarea permanente que un solo hombre ciertamente no puede realizar. Entonces tenemos un elenco formado que tiene a su vez un espejo en la Cancillería. La Cancillería ha venido trabajando a lo largo de estos siete años en la conformación de un grupo de tareas del Consejo de Seguridad que son básicamente el espejo de nuestras actividades en Nueva York. Vamos a estar trabajando también con las embajadas de Uruguay en el mundo, en particular con las cinco embajadas en las capitales de los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad. O sea, acá hay una gran labor de conjunto. A mí me toca la suerte, de alguna manera, de tener cierta mayor visibilidad, pero la tarea es de la Cancillería en su conjunto actuando con el sistema de toma de decisiones en materia de política exterior y vamos a estar involucrados un gran número de personas en este gran desafío. Porque realmente constituye un lindo desafío.

EC —¿Lo correcto entonces es decir que usted será el jefe de la delegación uruguaya en el Consejo de Seguridad?

ER —Yo soy el representante permanente ante las Naciones Unidas y soy el jefe de quienes dependen de mí, pero también tengo jefes arriba.

EC —Retomando lo que venía diciendo, otra de las consideraciones que surgían en La Mesa del viernes pasado era si Uruguay contaba con información propia suficiente como para la toma de decisiones. Gonzalo Pérez del Castillo recordaba que EEUU tiene un staff de cientos de personas que recogen y procesan datos sobre los distintos conflictos que están sobre la mesa. Entonces, ¿cómo se siente usted, como se se siente la delegación en esta materia?

ER —La delegación se siente muy segura de las limitaciones que tiene, y al mismo tiempo muy segura de las capacidades que tiene. Vamos a estar trabajando duro, muy duro; nos pasa en todo orden de la vida, nunca tenemos la misma cantidad de delegados que tienen otros grandes países. No somos una potencia como para poder tener esas estructuras, pero sí tenemos capacidades construidas y sobre todo principios sobre los cuales actuar y con los cuales regir nuestra actividad en Naciones Unidas. Siempre da tranquilidad tener un conjunto de elementos de naturaleza principista que guían el accionar.

EC —¿Cuáles destaca en ese sentido? ¿Cuáles son esos principios?

ER —Los principios fundamentales con que Uruguay siempre se ha regido. En primer lugar la primacía del derecho internacional, la necesidad de respeto de la autodeterminación de los países, la no injerencia en los asuntos externos, el respeto a los derechos humanos, la valoración de la democracia como el gran instrumento de convivencia pacífica. En fin, son los lineamientos históricos con los que Uruguay ha participado en el concierto internacional de naciones y que nos dan clara sensación de la ruta que tenemos que seguir.

EC —Le hice una cantidad de preguntas a lo largo de esta entrevista. ¿Le parece que quedó algún aspecto de la tarea que se va a encarar que no haya sido mencionado o que a usted le parezca importante resaltar?

ER —Creo que lo que corresponde en resaltar es el hecho de que un pequeño país como el Uruguay –pequeño en su dimensión comparativa, somos más grandes territorialmente que varios países de Europa– tenga el derecho a hacer sentir su voz, su opinión, a nivel internacional. Uruguay siempre lo ha hecho, hasta hace poco éramos miembros del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, fuimos presidentes de Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas durante casi tres años. Uruguay siempre ha tenido una gran visibilidad internacional producto de su actitud principista, su respeto por el derecho internacional. Hasta el día de hoy se sigue hablando a nivel internacional de la Ronda Uruguay del GATT como el ejemplo más exitoso de negociaciones comerciales multilaterales. O sea que Uruguay –lo digo a veces en términos de boxeo– pega por encima de su peso, tenemos la capacidad de proyectar ideas, de proyectar posiciones. Para un funcionario diplomático de carrera eso constituye un orgullo muy grande, yo confío en que al término de los dos años el Uruguay pueda decir “cumplimos”.

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Transcripción: María Lila Ltaif

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