Entrevista central, miércoles 12 de abril: Enrique Méndez Vives

EC —Viene muy interesante lo que charlamos hasta ahora y los oyentes lo manifiestan. Pero ¿esta entrevista no termina siendo un endiosamiento de Artigas también?

EMV —No, no, para nada.

RC —Al bronce lo tenemos a través de la ventana, en un caballo imposible, como dice usted.

EC —¿No lo contagió el monumento de ahí enfrente? ¿Dónde está el Artigas defectuoso? Porque usted también ha tenido interés en mostrar esa otra cara.

EMV —Hay un episodio –confieso que no tengo una opinión definida totalmente, es un tema muy complejo–, el famoso Congreso de Capilla Maciel, cuando Rondeau maniobra de una forma muy desagradable y violando todo lo acordado organiza un congreso tratando de sacar a Artigas del medio. Artigas, como respuesta a esa maniobra tan baja de Rondeau, en connivencia con el gobierno porteño, se niega a concurrir al Congreso manifestando su protesta. Este tema sigue siendo discutido, muchos historiadores uruguayos dicen que es verdad, todo había sido manipulado de una manera escandalosa por Rondeau, pero que aun así debió haber ido a Capilla Maciel para dejar sentada su posición, incluso denunciar el hecho. ¿Por qué no lo hizo? Políticamente puede haber sido un error de Artigas.

RC —Pero creo que cuando Emiliano le preguntó no se refería a un error político, sino a pecadillos del hombre que en definitiva lo hacen más humano y menos de bronce.

EMV —¡Ah, sí! Por ejemplo, me parece que no es ninguna irreverencia, como a veces se ha tomado, la canción del Cuarteto de Nos, cuando Artigas se emborrachó. Hay que entender que es una broma, que es una forma ligera de enfocar, pero lo coloca a la altura de los mortales, como debe estar, y no en aquella especie de dios en el pedestal que ya de entrada en el pedestal estaba por encima de la gente, de los uruguayos, y se bajó. Felizmente los historiadores lo bajaron del pedestal, lo pusieron entre la gente, como en las novelas sobre los amoríos de Artigas. ¿Qué más orgullo para nosotros que que tuviera tanto éxito entre las mujeres, hoy que estamos además en pleno feminismo?

RC —Más allá de que además su matrimonio tampoco fue…

EMV —No, pobre Artigas, fue un matrimonio muy desgraciado. Tener un héroe con éxito con las mujeres, ¿por qué no?

EC —Pregunta incómoda, de varias que manda Manuel, a propósito de Purificación, la capital de la patria vieja, la capital de la Liga de los Pueblos Libres, ahí donde tenía instalado su campamento, su despacho, Artigas: “¿Fue Purificación algo parecido a un campo de concentración?”. Usted habla de ese tema, no es un párrafo largo pero está, en la página 84 aparece.

EMV —El nombre lo dice todo, ¿a quién se llevaba a Purificación? Aparte de que era el campamento militar de Artigas y la sede de su gobierno, modestísima, no pasaba de ser un rancherío, pero allí se llevaba a aquellos españoles recalcitrantes que en Montevideo vivían elucubrando maneras de retornar al poder español, etcétera.

RC —Y que eran enemigos de Artigas.

EMV —Totalmente, por completo. Boicoteaban todo lo que Artigas intentaba. Entonces van a Purificación, ¿a qué? Pues eso, a purificarse. Yo tengo mis reservas sobre Purificación, porque no creo, porque toda la trayectoria de Artigas va por otro lado, que hubiera castigos y torturas y todo eso que la leyenda negra le asignó, pero ojo.

EC —Usted dice: “Aunque las pruebas auténticas de malos tratos son escasas, no cabe hacerse muchas ilusiones. A lo largo de la historia, los campos de reeducación no han sido lugares propicios para los derechos humanos”.

EMV —No lo eran, no lo son y no lo serán. Cuando estamos llevando enemigos a un campo especial, con vigilancia especial y con medidas severas, es imposible –creo yo, porque es una cuestión de la naturaleza humana– impedir que haya quienes pasen los límites y cometan excesos. No ordenados por Artigas, ni seguramente permitidos, pero el control de todo eso es muy difícil. A mí no me gusta ese aspecto, francamente no me gusta.

EC —Uno no se lo espera a partir de aquella otra frase célebre: “Clemencia para los vencidos”.

EMV —Claro. Pero hay que ver, para colocarse más o menos en un justo medio – que a veces es tan difícil–, que había un sector enemigo de Artigas dispuesto a cualquier exceso –ellos sí con excesos– para combatirlo. Y la prueba está, los que pactaron con los portugueses la invasión del territorio contra Artigas, y ni hablemos ya de los gobiernos porteños. Hasta se intentó matar a Artigas, asesinarlo, Sarratea dio pistolas a Santiago Vázquez para que lo matara. Hay que tener en cuenta, como atenuante, a quiénes se enfrentaba.

RC —Hemos hablado de un personaje que hemos bajado del bronce, que usted pretende que camine entre nosotros, entonces mi pregunta es: ¿qué nos ha dejado como legado?, ¿qué heredamos de aquella política artiguista?

EMV —Pienso que Artigas tiene mucho que enseñarnos, mucho. Si me piden dos aportes de Artigas –tiene muchos–, uno es su obsesión por la justicia social, eso es fundamental. La frase famosa “que los más infelices sean los más privilegiados”, preocupado por los sectores marginados de la sociedad, por las mujeres viudas, etcétera. Y otro es la parte ética, la conducta de Artigas, que es un modelo universal y eterno, no es para un momento, son principios universales y eternos.

RC —Que deberían regir la conducta de cualquier gobernante, porque de cualquier forma eso es lo que él fue, un líder.

EMV —Exactamente. Y en eso creo que deberíamos insistir mucho. Alguien el otro día en un acto en Salto dijo: “Creo que Artigas está un poco dejado de lado en los programas de enseñanza porque al fin de cuentas molesta”. Yo no digo que esto sea premeditado, pero es verdad, creo que a mucha gente Artigas le molesta, porque colocada frente a ese espejo a veces las imágenes salen un poco deformadas. No la de Artigas, la de los que miran.

***

EC —Hay muchos mensajes y varios reconocimientos. Ejemplo: “Un saludo lleno de agradecimiento al profesor Méndez Vives de una pareja de maestros que siempre usaron en sus clases su otro libro, Artigas y la patria grande”.

EMV —Muchas gracias para los que tienen ese recuerdo.

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