Entrevista central, miércoles 13 de julio: Jaime Saavedra y Daniel Garay

EC —El lugar, la zona del Comcar donde está montado el Polo Industrial, es de algún modo una metáfora del cambio. ¿Qué era esto antes?

DG —Esto iban a ser talleres que nunca se pusieron en funcionamiento por diversas razones, que se encontraban sumamente abandonados y en desuso. Fue una ardua tarea su reconversión en lo que hoy vemos.

EC —O sea que la primera tarea que hubo que desarrollar fue la de generar un espacio a partir de lo que existía y que estaba abandonado.

DG —Sí, es una doble construcción, no solo lo edilicio, sino las voluntades de las personas que trabajaban acá.

EC —Ya que estamos en lo físico, Rosario, contanos cómo luce el predio donde se ubica el polo.

ROSARIO CASTELLANOS (RC) —Tratemos primero de ubicar esta gigantesca extensión que ocupa el Comcar. Son varias hectáreas y con varias edificaciones diferentes. En medio de ese enorme predio […] unos 200 metros del ingreso, es donde se encuentra el Polo Industrial, que a su vez es un sector de ese enorme predio que está perfectamente delimitado por un vallado, con sus correspondientes portones con la guardia policial, donde se desarrollan la serie de edificios que alojan las distintas actividades que están mencionando. Además hay dos módulos de habitación que también han sido incorporados al polo en la medida en que están ocupados fundamentalmente por la gente que trabaja aquí.

Caminando desde la puerta vamos dejando a un lado una zona que es la central energética, donde están los tanques de agua, donde están los equipos generadores en caso de apagón, hay dos canchas de fútbol enormes, va quedando el celdario número 9, que es otro de los que ocupa la gente que trabaja aquí. Luego llegamos a un predio con acopio de materiales, seguramente material de obra, y luego a dos edificios que ya por su aspecto marcan una clara diferencia con el resto de las instalaciones. Pintados en blanco con azul, que indican Polo Industrial, rodeados de jardín con plantas y césped.

En estos momentos comienza la actividad con un marcado de tarjeta. Cada una de las personas que intervienen en el polo tiene su tarjeta, tiene que marcar en el reloj su llegada a distintos momentos, de acuerdo a de dónde viene, siempre dentro del predio, pero algunos de mayor distancia. Luego pasan a un comedor, donde en este momento está por ocurrir el desayuno, que también se alimenta de lo que se prepara en una cocina contigua. Ese es el aspecto diferente que vamos encontrando. En general el personal está todo de mameluco naranja, muy abrigado, y curiosamente tienen unos chalecos que los identifican como PPL, personas privadas de libertad, de color fucsia, y que tienen atrás el INR, de Instituto Nacional de Rehabilitación, que los identifica como gente que está alojada en este centro carcelario.

EC —Vale la pena detenerse en ese detalle que introducía Rosario: las personas que asisten al Polo Industrial marcan tarjeta. ¿Cómo es el régimen de trabajo?

JS —Salen de sus celdas a las 8 de la mañana, vienen hasta el ingreso de la planta física del Polo Industrial. Cada persona privada de libertad tiene su tarjetita, que tiene un código de barras, que pasa por el lector para ingresar a trabajar; luego desayuna y después se dirige al emprendimiento en el que trabaja o a la obra en la que está desarrollando su tarea. Esto es particularmente importante, nos sirve para medir objetivamente el trabajo personal y el rendimiento colectivo, y además tiene la importancia ulterior de que hacemos un registro prolijo de las actividades de la persona privada de libertad que luego elevamos al juez de la causa, que es el que determina si las actividades realizadas aquí en el Polo Industrial significarán un descenso en los días de pena.

EC —Ahí hay una “retribución” por el trabajo, o puede haber una retribución por el trabajo, según lo que disponga el juez: la reducción de la pena en función de las horas dedicadas a estas tareas. Pero ¿además cobran algo de dinero?

JS —Tenemos tres situaciones de los 400 que hoy integran el Polo Industrial. Primero los 70 que cubran peculio, que es un medio salario mínimo nacional que se les pagaba a las personas que trabajaban durante ocho horas haciendo actividades dentro del sistema penitenciario. De eso reciben una parte para sus gastos personales y la otra parte queda en una cuenta que administra la Subdirección Nacional Administrativa y que se le reintegra a la persona una vez que sale en libertad.

La otra situación es la que viven los que están integrados a la plantilla de las empresas privadas que trabajan. Ahí la persona cobra el laudo como cualquier trabajador afuera, con los beneficios y los descuentos de cualquier trabajador. Pero el grueso de la gente está trabajando acá solo por la promesa de redención de pena en términos de bienes. Lo que vivimos todos los días es que en realidad participan porque están todos comprometidos con este proyecto.

EC —¿En todos los casos son jornadas de ocho horas?

DG —Sí.

EC —Y además utilizan uniforme.

DG —Sí, se les hace una entrega de mamelucos o zapatos adecuados para el trabajo. Se trata de recrear, no solo con el marcar tarjeta, el afuera, que es lo que tanto se extraña. Recrear que esto es una planta industrial, en la cual se debe cumplir un horario, se debe cumplir un régimen. De alguna manera se disciplina de esa manera a las personas privadas de libertad, preparándolas para el afuera, donde también se encuentran con esas cosas.

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