Entrevista central, miércoles 13 de julio: Jaime Saavedra y Daniel Garay

EC —Rosario hablaba del desayuno, que tiene lugar a esta hora. ¿Qué otras comidas tienen?

DG —El almuerzo y la cena se dan aquí también.

EC —Es evidente que el recluso que pasa a trabajar en estos lugares tiene una jornada muy distinta de la del recluso que está en la celda o en los otros pabellones. Para empezar, por este sistema de comidas, que no es el habitual. No es lo habitual un comedor. ¿Cómo es la calidad de vida, qué salto se produce en esta materia?

JS —La idea nuestra es que en todo lo que esté a nuestro alcance hacer que el Polo Industrial se parezca lo más posible a la vida afuera, que todos nos comportemos con arreglo a lo que sería el país del sentido común. Entonces si yo en mi casa me levanto y desayuno con mi familia, acá nos tenemos que levantar y desayunar entre nosotros. Si yo después de desayunar voy a trabajar, como cualquier cristiano, acá tiene que pasar lo mismo. Y lamentablemente esas cosas, que parecen obvias, en otros lugares del sistema están faltando. Es un espíritu general, más allá de las cosas concretas, que tiene que ver básicamente con el orden. Ustedes acá ven todo muy modesto, porque son modestos nuestros recursos, pero todo muy cuidado. Cuando algo se rompe se arregla, cuando algo se ensucia se limpia, la gente se saluda, la gente se llama por el nombre. Él se llama Daniel y yo me llamo Jaime, no es ni ñeri ni tío ni esas cosas que te gritan en el lenguaje habitual. Todas esas cosas tratamos de cultivar.

EC —De algún modo ustedes «obligan» a que cambie el lenguaje de estas personas.

JS —Los obligamos con nuestra actitud. Yo saludo cordialmente a todo el mundo, a personas privadas de libertad, operadores, policías, soy el primero en saludar a todo el mundo, saludar cariñosamente, llamarlos por el nombre y ponerme a disposición, como lo hago en todos lados. Con el ejemplo, que es el único modo de enseñar, como alguien dijo, tratamos de cultivar estos valores, que son los que regulan la vida de este programa. Entonces hay ciertos comportamientos que si no se dan afuera no se tienen que dar acá adentro y están al alcance de todos nosotros.

Además son cosas que están muy vinculadas al sentido común. Yo siempre les digo en las reuniones colectivas: ¿qué es lo que indica el sentido común, que tu madre te venga a visitar al Comcar o que tú los domingos almuerces en tu casa con tu madre? Todo el mundo sabe la respuesta, vos tenés que estar almorzando con tu madre los domingos, con tu familia. ¿Tus hijos tienen que visitarte acá, o vos tenés que estar con tus hijos en tu casa haciéndoles todos los mimos que puedas? La respuesta la sabe todo el mundo. Eso es lo que queremos cultivar acá adentro, el sentido común. Con el ejemplo de todos, no se puede faltar el respeto a nadie, no lo falto yo, no lo falta nadie, y si uno falta el respeto tiene que pedir perdón. Tan sencillo como eso.

EC —El cambio en la vida de estas personas que trabajan en el Polo Industrial también se da en cuanto a las condiciones de reclusión mismas, a qué celdas vuelven una vez que terminan su jornada de trabajo.

Rosario ha estado visitando uno de esos módulos.

RC —Estoy ingresando en este momento en el pabellón número 7. Y seguramente es el más sorprendente de los cambios, porque uno tiene la idea de lo que es un pabellón del Comcar, con sus puertas rejas, con mirillas, y esto no tiene nada que ver. Hay una especie de gran espacio en doble altura central al que dan todas las habitaciones celda, pero a través de una puerta de madera común y silvestre y una ventana de acero y vidrio. Lo que no tienen, por lo menos los que yo recuerdo haber visitado, son ventanas hacia el exterior. Toda la comunicación se da hacia ese espacio común, al cual dan los dos niveles de habitación. En este preciso momento estoy ingresando a ese espacio, que posiblemente sea de puertas abiertas a lo largo del día. Por supuesto hay una reja en la parte que da ingreso, pero de puertas abiertas y donde están las habitaciones que en este momento están en plena etapa de limpieza. Unas escaleras dan a lo que viene a ser una planta alta que balconea este espacio en doble altura, que conserva las mismas características, la puerta de madera y las ventanas de acero y vidrio que dan a este lugar.

***

EC —Hablemos de qué tipo de reclusos pueden acceder al Polo Industrial. Por ejemplo, ¿asisten a este Polo Industrial las personas que están privadas de libertad en los módulos 8, 10 y 11, esos módulos tan problemáticos, esos que el comisionado parlamentario definió como una “bomba” que ya explotó?

DG —Salvo el módulo 8, que es un módulo de seguridad, del 10 y el 11 tenemos operadores que se encuentran en este momento.

EC —¿Ese es un proceso reciente?

DG —No.

EC —¿Desde cuándo vienen acá reclusos de esos módulos?

DG —Desde mediados del 2014. No hay una selección previa para elegirlos de algún lado, pueden venir de cualquiera de los módulos, pueden ser del módulo 3, del módulo 4, módulo 10, del módulo 11, del módulo 6. No hay algo que limite a venir.

EC —Para esos presos en particular es muy importante cambiar de ambiente. ¿De qué depende? ¿Quiénes son y cómo los seleccionan?

JS —Complementando lo que decía Daniel, a propósito de esta situación no deseada de los módulos 10 y 11, en las últimas dos semanas estuvimos haciendo un trabajo un poquito especial y sacamos 70 personas que se están incorporando a trabajar ahora con nosotros en los distintos emprendimientos. No están contabilizados todavía dentro de los 400, porque con estos 70 hicimos un trabajo especial de acondicionamiento espiritual y psicológico para que bajaran un poco las revoluciones. Después hay un período de prueba para ver si se adaptan al programa, porque son ellos los que tienen que decidir si quieren o no, y recién después los vamos a incorporar. Pero hoy ya están trabajando. La selección corre siempre por cuenta de la Subdirección Técnica del Comcar.

EC —¿Es a partir de la iniciativa del preso?

JS —Hay dos cosas. Cuando aparecen necesidades del Polo Industrial, supongamos que el comando ministerial define que se va a arreglar el módulo 2, que está inactivo, ahí vamos a tener 70 vacantes, notificamos a la Subdirección Técnica del Comcar que vamos a precisar 70 presos, y ellos eligen de acuerdo a criterios establecidos quiénes son los 70. Las personas privadas de libertad a su vez pueden solicitar ir a trabajar o tener alguna actividad, y eso también va a la Subdirección Técnica, que es la que hace la derivación.

EC —Entonces, ¿qué capacidad tiene el Polo Industrial, cuántas personas más podrían incorporarse? Estamos hablando de un Polo Industrial que hoy da cabida a 400, que podrá llegar a 470 con este último grupo, pero implantado en un complejo carcelario que tiene 3.500 presos. ¿Entonces?

JS —Tenemos por un lado que aumentar el número de obras que tenemos. Si empezamos a trabajar en el módulo 1 vamos a tener más espacio para trabajar. Otra apuesta fuerte nuestra es al desarrollo de los emprendimientos privados, ya sea de los privados que están aquí, como por suerte está sucediendo, que les vaya bien en sus negocios y contraten más personas, o ya sea –y estamos en la búsqueda– que otros privados acompañen esta experiencia muy exitosa y vengan a instalarse aquí también.

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