Entrevista central, miércoles 13 de julio: Jaime Saavedra y Daniel Garay

Entrevista con Jaime Saavedra, adscrito al ministro del Interior, y Daniel Garay, director general del Polo Industrial del Comcar.

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Video de la entrevista

EN PERSPECTIVA
Miércoles 13.07.2016, hora 8.11

EMILIANO COTELO (EC) —El comisionado parlamentario para el Sistema Carcelario, Juan Miguel Petit, está muy preocupado por lo que viene ocurriendo en los módulos 8, 10 y 11 del Comcar, el complejo carcelario de Santiago Vázquez. La descripción que hizo la semana pasada, cuando lo entrevistamos aquí en En Perspectiva, nos golpeó a todos los que lo escuchamos. Allí, en esa parte del Comcar, en lo que va del año, cinco personas murieron en episodios violentos y otras 50 fueron heridas con arma blanca. El cuadro que se vive implica una serie de violaciones a los derechos humanos, no solo por el lado de la violencia, sino también en materia de hacinamiento, encierro, ocio absoluto y obligado.

Sin embargo, a pocos metros de eso que algunos podrían definir como un infierno, hay un lugar donde cabe la esperanza. Me refiero al Polo Industrial que funciona en el Comcar desde el año 2014 y por el cual pasan a diario más de 400 personas privadas de libertad que buscan la rehabilitación a través del trabajo.

El mes pasado Rosario hizo una primera crónica sobre este lugar. En ese momento nos quedó claro que valía la pena conocer más a fondo esta experiencia. Por eso llegamos hasta aquí el viernes y dedicamos varias horas a preguntar, ver, dialogar. Y hoy volvimos, para conversar con sus protagonistas y, sobre todo, para contárselo a ustedes.

Estamos con dos de esos protagonistas. Jaime Saavedra, adscrito al ministro del Interior y a quien todos definen como “el padre de la idea”… ¿Puede ser?

JAIME SAAVEDRA (JS) —No, hubo una serie de encuentros con personas muy experimentadas en el trabajo penitenciario y entre todos fuimos dándole forma a este sueño en acción que es el Polo Industrial hoy.

EC —También está conmigo Daniel Garay, director general del Polo Industrial.

Empecemos por la explicación básica: ¿qué es este Polo Industrial?

JS —Empezaría por una cuestión un poquito filosófica o vinculada al corazón o a los sentimientos. Lo definiría como un sueño que quiere transformarse en acciones que contribuyan a que el Uruguay sea un poquito mejor y un poquito más integrado. Y en lo que tiene que ver con nosotros, trabajando desde este territorio muchas veces tan áspero que es el sistema penitenciario, pero en el fondo lo que nos vincula a todos es tratar de que en Uruguay vivamos un poquito más armoniosamente.

EC —¿Cómo aparece esta idea? Estamos hablando del año 2014. ¿Se gestó en ese mismo momento?

JS —No, fue todo un proceso en el que fuimos viviendo experiencias puntuales y en el que el sueño del Polo Industrial fue tomando forma. Empezamos con algunas obras de refacción de la estructura del sistema para mejorar la habitabilidad, porque las estructuras estaban colapsadas. Entonces se mejoró el módulo 7, que es uno de los módulos donde viven algunas de las personas privadas de libertad que trabajan en el Polo Industrial; se hizo el módulo 4, e hicimos una experiencia en Canelones. Y el sueño fue creciendo hasta que nos vimos en la necesidad de tener esta planta física que hoy nos cobija. Hoy ya tenemos un programa más consistente, más armado, con más proyección de futuro.

EC —En síntesis, ¿qué tipo de rubros están representados acá como opciones de trabajo?

JS —Hay cuatro componentes. Uno es el componente obras, hay personas privadas de libertad, operadores penitenciarios y policías que trabajan juntos para la refacción de la estructura del sistema, arreglando módulos, generando estructuras nuevas, arreglando esta planta física.

Otro componente tiene que ver con el espacio cultural, tratar de desarrollar actividades que rescaten ese conocimiento que todos tenemos de que uno necesita de la cultura para promoverse, para desarrollarse, para ser más feliz, y ese territorio es muy olvidado insólitamente dentro del sistema penitenciario. Uno escucha música y sale distinto de como entró, uno lee un libro y sale distinto de como entró, pero esa experiencia, que es evidente para todo el mundo, acá es olvidada y nosotros tratamos de potenciarla.

Otro componente son los emprendimientos institucionales, toda aquella cosa que podamos hacer que sirva para que la gente trabaje, para que la gente se capacite y para abaratar costos la hacemos acá y no la compramos. Por ejemplo, las ollas, los bloques, las rejas, la pintura, detergente, en fin, todas estas cosas que ustedes vieron el otro día.

El otro componente es el espacio privado. Felizmente tuvimos la suerte de que al día de hoy dos empresas privadas con las mismas condiciones de las que están instaladas afuera trabajen aquí con nosotros en su emprendimiento y les den tareas a las personas privadas de libertad.

Y el último componente, que se va a inaugurar a la brevedad, es una suerte de pequeña UTU, que va a estar financiada por el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop). Se pondrá en funcionamiento si Dios quiere el mes próximo y allí se van a desarrollar 19 capacitaciones. Todo con el objetivo de este programa de ayudar a que la gente que pase por aquí una vez que salga en libertad no nos vuelva a visitar.

EC —El lugar, la zona del Comcar donde está montado el Polo Industrial, es de algún modo una metáfora del cambio. ¿Qué era esto antes?

DG —Esto iban a ser talleres que nunca se pusieron en funcionamiento por diversas razones, que se encontraban sumamente abandonados y en desuso. Fue una ardua tarea su reconversión en lo que hoy vemos.

EC —O sea que la primera tarea que hubo que desarrollar fue la de generar un espacio a partir de lo que existía y que estaba abandonado.

DG —Sí, es una doble construcción, no solo lo edilicio, sino las voluntades de las personas que trabajaban acá.

EC —Ya que estamos en lo físico, Rosario, contanos cómo luce el predio donde se ubica el polo.

ROSARIO CASTELLANOS (RC) —Tratemos primero de ubicar esta gigantesca extensión que ocupa el Comcar. Son varias hectáreas y con varias edificaciones diferentes. En medio de ese enorme predio […] unos 200 metros del ingreso, es donde se encuentra el Polo Industrial, que a su vez es un sector de ese enorme predio que está perfectamente delimitado por un vallado, con sus correspondientes portones con la guardia policial, donde se desarrollan la serie de edificios que alojan las distintas actividades que están mencionando. Además hay dos módulos de habitación que también han sido incorporados al polo en la medida en que están ocupados fundamentalmente por la gente que trabaja aquí.

Caminando desde la puerta vamos dejando a un lado una zona que es la central energética, donde están los tanques de agua, donde están los equipos generadores en caso de apagón, hay dos canchas de fútbol enormes, va quedando el celdario número 9, que es otro de los que ocupa la gente que trabaja aquí. Luego llegamos a un predio con acopio de materiales, seguramente material de obra, y luego a dos edificios que ya por su aspecto marcan una clara diferencia con el resto de las instalaciones. Pintados en blanco con azul, que indican Polo Industrial, rodeados de jardín con plantas y césped.

En estos momentos comienza la actividad con un marcado de tarjeta. Cada una de las personas que intervienen en el polo tiene su tarjeta, tiene que marcar en el reloj su llegada a distintos momentos, de acuerdo a de dónde viene, siempre dentro del predio, pero algunos de mayor distancia. Luego pasan a un comedor, donde en este momento está por ocurrir el desayuno, que también se alimenta de lo que se prepara en una cocina contigua. Ese es el aspecto diferente que vamos encontrando. En general el personal está todo de mameluco naranja, muy abrigado, y curiosamente tienen unos chalecos que los identifican como PPL, personas privadas de libertad, de color fucsia, y que tienen atrás el INR, de Instituto Nacional de Rehabilitación, que los identifica como gente que está alojada en este centro carcelario.

EC —Vale la pena detenerse en ese detalle que introducía Rosario: las personas que asisten al Polo Industrial marcan tarjeta. ¿Cómo es el régimen de trabajo?

JS —Salen de sus celdas a las 8 de la mañana, vienen hasta el ingreso de la planta física del Polo Industrial. Cada persona privada de libertad tiene su tarjetita, que tiene un código de barras, que pasa por el lector para ingresar a trabajar; luego desayuna y después se dirige al emprendimiento en el que trabaja o a la obra en la que está desarrollando su tarea. Esto es particularmente importante, nos sirve para medir objetivamente el trabajo personal y el rendimiento colectivo, y además tiene la importancia ulterior de que hacemos un registro prolijo de las actividades de la persona privada de libertad que luego elevamos al juez de la causa, que es el que determina si las actividades realizadas aquí en el Polo Industrial significarán un descenso en los días de pena.

EC —Ahí hay una “retribución” por el trabajo, o puede haber una retribución por el trabajo, según lo que disponga el juez: la reducción de la pena en función de las horas dedicadas a estas tareas. Pero ¿además cobran algo de dinero?

JS —Tenemos tres situaciones de los 400 que hoy integran el Polo Industrial. Primero los 70 que cubran peculio, que es un medio salario mínimo nacional que se les pagaba a las personas que trabajaban durante ocho horas haciendo actividades dentro del sistema penitenciario. De eso reciben una parte para sus gastos personales y la otra parte queda en una cuenta que administra la Subdirección Nacional Administrativa y que se le reintegra a la persona una vez que sale en libertad.

La otra situación es la que viven los que están integrados a la plantilla de las empresas privadas que trabajan. Ahí la persona cobra el laudo como cualquier trabajador afuera, con los beneficios y los descuentos de cualquier trabajador. Pero el grueso de la gente está trabajando acá solo por la promesa de redención de pena en términos de bienes. Lo que vivimos todos los días es que en realidad participan porque están todos comprometidos con este proyecto.

EC —¿En todos los casos son jornadas de ocho horas?

DG —Sí.

EC —Y además utilizan uniforme.

DG —Sí, se les hace una entrega de mamelucos o zapatos adecuados para el trabajo. Se trata de recrear, no solo con el marcar tarjeta, el afuera, que es lo que tanto se extraña. Recrear que esto es una planta industrial, en la cual se debe cumplir un horario, se debe cumplir un régimen. De alguna manera se disciplina de esa manera a las personas privadas de libertad, preparándolas para el afuera, donde también se encuentran con esas cosas.

EC —Rosario hablaba del desayuno, que tiene lugar a esta hora. ¿Qué otras comidas tienen?

DG —El almuerzo y la cena se dan aquí también.

EC —Es evidente que el recluso que pasa a trabajar en estos lugares tiene una jornada muy distinta de la del recluso que está en la celda o en los otros pabellones. Para empezar, por este sistema de comidas, que no es el habitual. No es lo habitual un comedor. ¿Cómo es la calidad de vida, qué salto se produce en esta materia?

JS —La idea nuestra es que en todo lo que esté a nuestro alcance hacer que el Polo Industrial se parezca lo más posible a la vida afuera, que todos nos comportemos con arreglo a lo que sería el país del sentido común. Entonces si yo en mi casa me levanto y desayuno con mi familia, acá nos tenemos que levantar y desayunar entre nosotros. Si yo después de desayunar voy a trabajar, como cualquier cristiano, acá tiene que pasar lo mismo. Y lamentablemente esas cosas, que parecen obvias, en otros lugares del sistema están faltando. Es un espíritu general, más allá de las cosas concretas, que tiene que ver básicamente con el orden. Ustedes acá ven todo muy modesto, porque son modestos nuestros recursos, pero todo muy cuidado. Cuando algo se rompe se arregla, cuando algo se ensucia se limpia, la gente se saluda, la gente se llama por el nombre. Él se llama Daniel y yo me llamo Jaime, no es ni ñeri ni tío ni esas cosas que te gritan en el lenguaje habitual. Todas esas cosas tratamos de cultivar.

EC —De algún modo ustedes «obligan» a que cambie el lenguaje de estas personas.

JS —Los obligamos con nuestra actitud. Yo saludo cordialmente a todo el mundo, a personas privadas de libertad, operadores, policías, soy el primero en saludar a todo el mundo, saludar cariñosamente, llamarlos por el nombre y ponerme a disposición, como lo hago en todos lados. Con el ejemplo, que es el único modo de enseñar, como alguien dijo, tratamos de cultivar estos valores, que son los que regulan la vida de este programa. Entonces hay ciertos comportamientos que si no se dan afuera no se tienen que dar acá adentro y están al alcance de todos nosotros.

Además son cosas que están muy vinculadas al sentido común. Yo siempre les digo en las reuniones colectivas: ¿qué es lo que indica el sentido común, que tu madre te venga a visitar al Comcar o que tú los domingos almuerces en tu casa con tu madre? Todo el mundo sabe la respuesta, vos tenés que estar almorzando con tu madre los domingos, con tu familia. ¿Tus hijos tienen que visitarte acá, o vos tenés que estar con tus hijos en tu casa haciéndoles todos los mimos que puedas? La respuesta la sabe todo el mundo. Eso es lo que queremos cultivar acá adentro, el sentido común. Con el ejemplo de todos, no se puede faltar el respeto a nadie, no lo falto yo, no lo falta nadie, y si uno falta el respeto tiene que pedir perdón. Tan sencillo como eso.

EC —El cambio en la vida de estas personas que trabajan en el Polo Industrial también se da en cuanto a las condiciones de reclusión mismas, a qué celdas vuelven una vez que terminan su jornada de trabajo.

Rosario ha estado visitando uno de esos módulos.

RC —Estoy ingresando en este momento en el pabellón número 7. Y seguramente es el más sorprendente de los cambios, porque uno tiene la idea de lo que es un pabellón del Comcar, con sus puertas rejas, con mirillas, y esto no tiene nada que ver. Hay una especie de gran espacio en doble altura central al que dan todas las habitaciones celda, pero a través de una puerta de madera común y silvestre y una ventana de acero y vidrio. Lo que no tienen, por lo menos los que yo recuerdo haber visitado, son ventanas hacia el exterior. Toda la comunicación se da hacia ese espacio común, al cual dan los dos niveles de habitación. En este preciso momento estoy ingresando a ese espacio, que posiblemente sea de puertas abiertas a lo largo del día. Por supuesto hay una reja en la parte que da ingreso, pero de puertas abiertas y donde están las habitaciones que en este momento están en plena etapa de limpieza. Unas escaleras dan a lo que viene a ser una planta alta que balconea este espacio en doble altura, que conserva las mismas características, la puerta de madera y las ventanas de acero y vidrio que dan a este lugar.

***

EC —Hablemos de qué tipo de reclusos pueden acceder al Polo Industrial. Por ejemplo, ¿asisten a este Polo Industrial las personas que están privadas de libertad en los módulos 8, 10 y 11, esos módulos tan problemáticos, esos que el comisionado parlamentario definió como una “bomba” que ya explotó?

DG —Salvo el módulo 8, que es un módulo de seguridad, del 10 y el 11 tenemos operadores que se encuentran en este momento.

EC —¿Ese es un proceso reciente?

DG —No.

EC —¿Desde cuándo vienen acá reclusos de esos módulos?

DG —Desde mediados del 2014. No hay una selección previa para elegirlos de algún lado, pueden venir de cualquiera de los módulos, pueden ser del módulo 3, del módulo 4, módulo 10, del módulo 11, del módulo 6. No hay algo que limite a venir.

EC —Para esos presos en particular es muy importante cambiar de ambiente. ¿De qué depende? ¿Quiénes son y cómo los seleccionan?

JS —Complementando lo que decía Daniel, a propósito de esta situación no deseada de los módulos 10 y 11, en las últimas dos semanas estuvimos haciendo un trabajo un poquito especial y sacamos 70 personas que se están incorporando a trabajar ahora con nosotros en los distintos emprendimientos. No están contabilizados todavía dentro de los 400, porque con estos 70 hicimos un trabajo especial de acondicionamiento espiritual y psicológico para que bajaran un poco las revoluciones. Después hay un período de prueba para ver si se adaptan al programa, porque son ellos los que tienen que decidir si quieren o no, y recién después los vamos a incorporar. Pero hoy ya están trabajando. La selección corre siempre por cuenta de la Subdirección Técnica del Comcar.

EC —¿Es a partir de la iniciativa del preso?

JS —Hay dos cosas. Cuando aparecen necesidades del Polo Industrial, supongamos que el comando ministerial define que se va a arreglar el módulo 2, que está inactivo, ahí vamos a tener 70 vacantes, notificamos a la Subdirección Técnica del Comcar que vamos a precisar 70 presos, y ellos eligen de acuerdo a criterios establecidos quiénes son los 70. Las personas privadas de libertad a su vez pueden solicitar ir a trabajar o tener alguna actividad, y eso también va a la Subdirección Técnica, que es la que hace la derivación.

EC —Entonces, ¿qué capacidad tiene el Polo Industrial, cuántas personas más podrían incorporarse? Estamos hablando de un Polo Industrial que hoy da cabida a 400, que podrá llegar a 470 con este último grupo, pero implantado en un complejo carcelario que tiene 3.500 presos. ¿Entonces?

JS —Tenemos por un lado que aumentar el número de obras que tenemos. Si empezamos a trabajar en el módulo 1 vamos a tener más espacio para trabajar. Otra apuesta fuerte nuestra es al desarrollo de los emprendimientos privados, ya sea de los privados que están aquí, como por suerte está sucediendo, que les vaya bien en sus negocios y contraten más personas, o ya sea –y estamos en la búsqueda– que otros privados acompañen esta experiencia muy exitosa y vengan a instalarse aquí también.

**

EC —Vayamos a los distintos componentes del polo. Detengámonos en los talleres que producen para abastecer al sistema carcelario, al INR, o sea, a establecimientos como el Comcar y otros. ¿Qué se produce aquí? ¿Qué soluciones se suministran a las otras cárceles?

DG —Por ejemplo, pintura, ventanas de aluminio, rejas, todo lo que es herrería en general, puertas, lo que sea necesario. Bloques, tenemos artículos de limpieza, escobas, escobillones, de fabricación propia.

EC —Hay un taller mecánico también.

DG —De mecánica muy ligera, no puntualmente. Tenemos un taller de tornería.

EC —Capaz que yo me refería a otra cosa. Vi el momento en que se estaba instalando en una camioneta del Ministerio del Interior la protección de los vidrios [con una malla metálica].

DG —Sí, la protección exterior para los grupos de choque. Es la protección de las camionetas de la Brigada [de Conducciones y Traslados]. También se hace el interior para el traslado de las personas privadas de libertad.

EC —Era muy curioso observar trabajando juntos allí a los policías responsables de esa camioneta y a los reclusos que estaban colocando el equipamiento.

DG —Totalmente, esa es una de las principales cosas que hemos logrado, el trabajo en conjunto de policías, operadores penitenciarios y personas privadas de libertad.

EC —Quedó mencionada al pasar, dentro de este capítulo (o componente) del Polo Industrial, la carpintería de aluminio. El viernes, cuando estuvimos de recorrida, conversé con una de las personas que en ese momento estaban trabajado en el lugar. Vamos a escucharlo y verlo.

(Video)

EC —¿Dónde estamos acá, dentro del Polo Industrial? ¿Cómo se llama esta parte?

Recluso (R) —Carpintería de aluminio. Se arman ventanas y se cortan vidrios.

EC —¿Cuánto hace que te dedicás a esto?

R —Acá adentro, van a hacer tres años.

EC —¿Y antes de entrar qué hacías?

R —Nada, no estaba trabajando.

EC —Pero ¿a qué te dedicabas?

R —¿En la calle?

EC —Sí.

R —Trabajaba en el Mercado Modelo, en un puesto de verduras.

EC —¿Y cómo salió esto de la carpintería de aluminio?

R —Cuando llegué acá empecé a trabajar de pintor. Me dieron este sector para pintar, en el cual trabajaba un policía, estaba encargado acá. Me enseñó a trabajar acá, me dijo que me podía quedar acá y me quedé acá. Y hoy en día estoy acá como encargado.

EC —Tuviste que aprender el oficio.

R —Claro, hice un curso con Inefop.

EC —¿Lo dieron acá mismo?

R —Lo dieron acá mismo, en la carpintería de aluminio.

EC —No eras tú el único alumno, había otros.

R —No, hubo más gente que trabajó acá, hizo el curso. Algunos están trabajando en otros lados, otros están trabajando acá conmigo.

EC —¿Es un curso corto ese?

R —Sí, seis meses. Nos dieron un diploma, yo lo tengo ahí colgado en la pared.

EC —Entonces te dedicás a este taller, ¿cuántas horas por día?, ¿ocho?

R —Sí, ocho horas.

EC —¿De lunes a viernes?

R —De lunes a viernes.

EC —¿Y para dónde producen? ¿Qué destino tiene lo que hacen acá?

R —Viene por encargue, tanto para la calle como para otra cárcel. Los vidrios igual, para la calle y para otra cárcel también. Ahora estoy cortando vidrio para otra cárcel, para la cárcel de mujeres.

EC —¿Sos el único acá?

R —No, tengo dos compañeros que ahora están trabajando en el módulo 5, están colocando las ventanas. Somos tres.

EC —¿Está bueno esto?

R —Está buenísimo, la verdad, que lo vine a aprender acá adentro. Está muy lindo esto.

EC —¿Puede ser tu oficio cuando salgas?

R —Sí, creo que sí.

EC —¿Cuánto te falta?

R —Me faltan 10 años todavía para salir.

EC —¿Pensás aprender alguna otra cosa?

R —Me anoté para electricidad, electrónica.

EC —¿También?

R —Sí.

EC —¿Y cómo es eso? ¿Estás esperando?

R —Sí, estoy esperando a ver si va a salir el curso.

EC —¡Suerte!

R —Gracias.

EC —¿Tu edad es…?

R —37

(Fin video)

EC —Me impresionó eso, le faltan 10 años. Tiene mucho por delante, y por lo visto lo va a seguir pasando en esta experiencia.

JS —La historia que cuenta resume un poco, para nosotros, el escenario ideal en términos de proceso, de progreso personal, de tener escasísima calificación a dar los pasos para tener un oficio que mejore las chances cuando salga.

EC —Ya tiene una formación.

JS —Ya tiene una formación.

EC —Y se dispone a tener otras, en la medida de lo posible. ¿Cómo es esto de los cursos con Inefop?

JS —Tuvimos la suerte el año pasado de que nos hiciera una preciosa visita el ministro Murro. Quedó muy sensibilizado con lo que vio y nos hizo la conexión con Inefop e Inefop va a financiar 19 capacitaciones para los integrantes del Polo Industrial. Eso nos va a permitir dar un salto cualitativo importante; por ejemplo, en la carpintería de aluminio, en la medida en que podamos capacitar más gente, vamos a poder integrar más gente a trabajar. Y así con cada uno de los emprendimientos. Está el convenio firmado, está todo instrumentándose, los equipos técnicos del INR e Inefop ya se han puesto de acuerdo, y si Dios quiere el mes que viene vamos a empezar a trabajar en las 19 capacitaciones. Ahí va a participar gente que está en el polo y vamos a incorporar otra gente que de repente no tiene cabida en el Polo Industrial en actividades concretas pero va a poder venir a capacitarse. Algo es algo.

EC —Pasemos a otro de los componentes, la Unidad Cultural. ¿De qué se trata exactamente? ¿Qué rubros están comprendidos?

JS —Una vez me invitaron al Polo Tecnológico del Cerro –creo que era el cumpleaños–, y cuando llego había una toda una explanada dedicada a las actividades culturales. Dije: “esto es lo que nos está faltando en el programa”, por las razones que te contaba al principio. La idea es, en el marco de nuestras modestas posibilidades, tener una buena biblioteca adonde se pueda recurrir, hacer espectáculos de cine, que vean una buena película de televisión, que haya un espectáculo musical. El sábado que viene vamos a empezar con un taller de murga. Poner todo lo que tenga que ver con el mundo de la cultura, facilitar el acceso de todos nosotros a la vivencia cultural como un factor ineludible del proceso de crecimiento personal.

EC —Cuando visitamos el viernes la Unidad Cultural pudimos conversar con Nilson, un poeta joven, que tiene varios libros publicados y que llegó hace pocos meses al Comcar. No tiene sentencia todavía, contaba que fue procesado por la justicia penal “por una macana” que se mandó. Vamos a verlo y escucharlo.

(Video)

EC —¿Cómo es el movimiento de gente? ¿Qué interés despierta la biblioteca acá?

Nilson (N) —Interés, que en el horario de descanso la gente pueda venir a buscar un libro para llevarse al módulo, para su fin de semana o su rato tranquilo, pueda leer una novela, poesía, historia o algo por el estilo.

EC —¿Viene efectivamente la gente?

N —Sí, sí.

EC —¿Qué demanda hay?

N —Todos los días viene alguien, y tratamos de inculcar la lectura también, recomendarles, a la hora de salir a buscar el almuerzo encontrarme con alguno y decirle “mirá que tenemos una biblioteca con libros, andá a buscar, que te vas a entretener un fin de semana”. Creo que la lectura es muy importante.

EC —¿Qué tipos de libros son los que la gente pide?

N —Novelas, […]. Esto es lo que han devuelto en el día de hoy. Tenemos revistas, tenemos enciclopedia, de todo un poco. También están pidiendo poesía, por ejemplo, porque en estos días están levantando el concurso […] poemas, entonces la gente quiere leer para inspirarse para escribir para los concursos.

EC —¿Hay varios poetas acá, entonces?

N —Sí, supongamos que sí. Todos tenemos un poeta escondido en la solapa. Yo ya soy poeta publicado…

EC —Vos sos el consagrado acá.

N —No, no, no estoy consagrado. Yo soy uno más dentro del montón, tratando de dar lo mejor de mí para salir adelante.

EC —¿Cuántas horas por día trabajás acá?

N —Ocho horas.

EC —Todos los días, de lunes a viernes; ¿fin de semana también?

N —De lunes a viernes.

EC —¿Qué expectativa tenés?, ¿cuánto te falta acá adentro?

N —No sé, no he sido condenado, estoy procesado. Estoy esperando que la causa siga su curso nomás. Mientras, vamos dando el granito de arena para salir mejor.

EC —Suerte, entonces.

N —Muchas gracias.

(Fin video)

***

EC —Veamos ahora las obras de infraestructura. Se trabaja tanto acá adentro como afuera. Dentro del Comcar, ¿en qué proyectos concretamente se ha estado o se está?

JS —Lo que se ha hecho es infinito. A esta altura llevamos afectados cerca de 96.000 metros cuadrados, o sea que detallarlo todo insumiría un tiempo que no tenemos. Pero para que tengan una idea les relato en qué estamos hoy. Estamos haciendo el hospital penitenciario, que si Dios quiere se va a inaugurar en mayo del año que viene.

EC —Es una mejora importante para el Comcar, no había un hospital penitenciario.

JS —No había un hospital penitenciario, y es problemático para el INR no tenerlo y problemático para Salud Pública. Para el INR porque el traslado de las personas privadas de libertad a Salud Pública insume una logística y unos gastos muy importantes y afecta recursos humanos que son escasos. Y para Salud Pública porque no tiene las condiciones para recibir a la población nuestra, que tiene un perfil muy peculiar.

EC —En esa construcción se está ahora. ¿Qué otros ejemplos?

JS —Estamos con el módulo 5, vamos a inaugurar 160 plazas en una inauguración parcial la semana que viene, y para fin de año vamos a tener todo pronto el módulo recuperado. Empezamos con las tareas de refacción de limpieza del módulo 1 con las personas privadas de libertad que salieron del módulo 10. Estamos trabajando en el módulo 7, que es uno de los módulos donde viven las personas privadas de libertad del Polo Industrial. Inauguramos una parte este año, hay 160 y vamos a inaugurar 90 plazas más. Eso dentro de la unidad penitenciaria.

Fuera de la unidad penitenciaria entregamos hace poquitos días lo que va a ser la sede administrativa del Patronato. Se va a inaugurar también dentro de poco la Posada del Liberado, una obra que entregamos el año pasado. Entregamos esta semana o en los primeros días de la semana que viene lo que va a ser la nueva sede de El Molino, la unidad penitenciaria que alberga a madres con hijos. Y si Dios quiere, también estamos saliendo la semana que viene para San Gregorio de Polanco para colaborar en la refacción de una escuela y un liceo.

EC —Ese es un caso aparte o interesante, que vale la pena ver. Porque hasta ahora los ejemplos que venía mencionado Jaime se relacionaban con el propio INR, dependencias carcelarias o vinculadas con el Ministerio del Interior. En este caso hay un equipo que va a ir a San Gregorio de Polanco, en el departamento de Tacuarembó. Esto tiene que ver con lo que ocurrió en el último Consejo de Ministros, cuando algunos alumnos escolares reclamaron ante el presidente de la República por la situación de una escuela y de un liceo. En esa ocasión el ministro Eduardo Bonomi anunció que serían personas privadas de libertad quienes llevarían adelante las reparaciones. ¿Cómo van a hacerlo? ¿Cuánta gente va? ¿Por cuántos días?

JS —El martes siguiente al Consejo de Ministros fue el equipo técnico del polo para ver cuáles eran las necesidades del liceo y la escuela. Se hizo un plan de acción que fue aprobado por el comando ministerial y por Arquitectura del Codicen y la semana que viene –todavía no está claro el día– 10 personas privadas de libertad más nuestro equipo técnico, que van a ser tres policías, se van a instalar en unas cabañas municipales que organizó el Codicen y van a empezar las tareas, que van a insumir 15 días, aproximadamente.

EC —Durante todo ese período esos reclusos conviven en una especie de campamento, de noche no van a una celda.

JS —No, son cabañas municipales que hay en San Gregorio. Ahí vamos a estar alojados y después vamos a ir un equipo al liceo y otro equipo a la escuela, y en esos 15 días, si no ocurre nada raro, estaríamos terminando los trabajos previstos.

EC —¿Qué otras obras fuera del Comcar han hecho?

JS —Esto de San Gregorio es particularmente importante para el Polo Industrial y para lo que queremos trasmitir. Porque uno de los mensajes fundamentales para nosotros es el tema de la reconciliación, del encuentro entre la persona privada de libertad y la sociedad. Ya hicimos dos experiencias que fueron muy muy emocionantes y muy lindas. Una fue que hicimos la sede de la asociación que nuclea a las familias que fueron víctimas de la delincuencia, en Gral. Flores y Aramburú, que quedó preciosa. Hicimos también la sede de las oficinas de las Mujeres de Negro. Muy emocionante también fue que hicimos la sede para el espacio que nuclea a los hijos de policías que tienen algún tipo de discapacidad, el Espacio Candi, que quedó preciosa. Además nos pasó a todos, al equipo técnico, a los operadores, a los policías y a los privados de libertad, que los chiquilines y las chiquilinas del Candi nos regalaron un amor que nos llenó el corazón y nos hace llorar hasta el día de hoy. Porque nos van invitando sucesivamente a distintas celebraciones y se tejió un vínculo increíble.

EC —Son situaciones que impresionan y llaman mucho la atención. Son tareas en las que como que se están venciendo algunas resistencias culturales. Uno, que los presos no construyen cárceles, y resulta que sí, los presos acá están construyendo cárceles. Dos, que los presos no colaboran con la policía, y acá vemos que sí lo hacen, colaboran con las familias de los policías. Y por último colaboran con familias de víctimas de la delincuencia.

JS —Sí, totalmente, y ojalá siga así, siga profundizándose ese camino. Hay una cosa muy importante conceptual, que conversamos siempre con los privados de libertad. Mucha gente dice: “¿Ustedes están más con los presos que con la gente común que trabaja?”. Absolutamente no, esto lo digo siempre cuando trabajamos: si Jaimito rapiña a una señora y la tira por el piso para robarle 11 pesos y un celular, mi corazón está con la señora, no tenga duda. Y tanto está con la señora que por eso vengo a trabajar acá para tratar de moverles la cabeza y el corazón a quienes hacen esas tonterías para que no las vuelvan a hacer.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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