Entrevista, martes 26 de junio: Álvaro Garcé

EC —¿Cómo vio ese gesto?

AG —Como un cambio muy significativo. La realidad les pasó por arriba a las estadísticas. El año pasado cuando se decía que definitivamente se había ingresado en un camino de descenso de las rapiñas y que se iban a cumplir las promesas realizadas en la campaña 2014 –bajar un 30 % los hurtos y rapiñas y bajar a un 30 % la reincidencia–, pensábamos que había un manejo que no era profesional ni serio de las estadísticas y que no estaban reflejando lo que verdaderamente sucedía. Y yo creo, por aquello de que no se puede tapar el sol con la mano, que la realidad les pasó por arriba a esas expresiones de deseo y hoy se está viendo con toda crudeza…

EC —¿Entonces no eran realistas las cifras, las estadísticas del año pasado?

AG —No, evidentemente no reflejaban la realidad en la medida en que hay una cantidad de delito muy importante que no se denuncia –la cifra oculta–, y por otra parte no se tiene un claro conocimiento de cuáles son los criterios que se emplean para la categorización de ciertos ilícitos. Por ejemplo, hay una frontera muy tenue entre el hurto con destreza y la rapiña; es decir, la persona que le tironea la cartera a una señora y la arrebata, ¿hasta qué punto emplea violencia? ¿Cuándo deja de ser un hurto con destreza y se transforma en una rapiña? Durante mucho tiempo hemos recibido denuncias de ciudadanos que habiendo sido rapiñados fueron a realizar la denuncia policial y salieron con un registro por hurto mediante destreza. Entonces lo que hubo fue un manejo de las estadísticas poco claro, poco profesional y tendiente a acercar, por lo menos en los números, la promesa.

EC —¿Cuál es el límite entre lo que usted está señalando y la manipulación?

AG —Creo que se manejó de una manera poco clara y nunca se plantearon explicaciones cuando se les preguntaba al ministro y al MI cuáles eran los criterios. Nunca apareció una respuesta muy clara.

EC —Está hablando de una especie de manipulación o maquillaje de las cifras.

AG —Un manejo poco profesional y sobre todo dirigido a presentar en forma apresurada resultados que no se estaban obteniendo. En definitiva la realidad terminó pasándole por arriba a eso. Eso es lo que está ocurriendo ahora, ha estallado con crudeza un problema profundo de seguridad, como nunca antes había ocurrido en el país.

EC —Cuando se examina lo que está pasando en estos primeros meses del año aparecen distintos análisis, se buscan causas. Tengo acá anotadas las que se han mencionado, básicamente cuatro. Podrían ser algunos de los motivos la aplicación del nuevo Código del Proceso Penal (CPP); mayores facilidades para realizar denuncias, a partir de la distribución de tablets entre los funcionarios policiales que operan en las calles d a fines del año pasado; menor cantidad de dinero en circulación debido a la bancarización, que obligaría a los delincuentes a mayor cantidad de hurtos y rapiñas para obtener objetos que después comercializan, y por último problemas en la actuación policial frente a la delincuencia. Son esas cuatro razones las que han estado en la vuelta.

AG —Las tres primeras suenan francamente como justificaciones y bastante absurdas. Y me llama la atención, porque no es la primera vez que el MI insiste en esta tesis que presenta a la eficacia policial como una razón para el aumento del delito. Si fuera así sería francamente absurdo; decir que como la eficacia policial aumentó la gente tiene que delinquir más es inconsistente e insostenible.

De las cuatro razones la que más o menos se aproxima a la realidad es la que refiere al problema del funcionamiento del servicio, los problemas que tiene la Policía. Pero el núcleo, la raíz del problema, no está en la Policía sino en su conducción política. El problema no está en la Policía Nacional.

EC —¿Qué quiere decir que el problema esté en la conducción política?

AG —Que ha habido una política equivocada. Por un lado, por ejemplo, lo vemos en el manejo de la autoridad. Ha habido una renuncia al empleo de la autoridad y de la ley en muchas situaciones, no sé si por prejuicio ideológico solamente, pero lo cierto es que vemos una Policía que está en retirada, que está atada, que no siente el respaldo de los mandos políticos, una Policía a la cual en general los grupos criminales le han ido perdiendo el respeto. Y se da una situación paradojal y muy compleja para el Estado de derecho, y es que mientras los delincuentes están más seguros, la ciudadanía se siente más desprotegida. Entonces allí hay un problema que no se revierte fácilmente, hay sin duda una dificultad objetiva en el funcionamiento de la Policía, pero, reitero, no por un problema intrínseco de la Policía. Hay un divorcio además muy claro, una falta de sintonía entre el ministro, su equipo y en general los cuerpos policiales. Todo esto termina resintiendo un servicio que es esencial.

Respecto a las otras causas, me parece que son justificaciones y que no son capaces de pasar un análisis profundo de las cosas. Que alguien diga que porque existe más eficacia policial los delincuentes tienen que robar más es insostenible.

EC —¿Quién dice eso?

AG —Yo se lo he escuchado al subsecretario del Interior, lo he escuchado en general en el discurso del MI. Pero aquí, yendo a lo que me preguntaba en el inicio de la nota, ha habido un cambio claro en cómo se está posicionando el MI respecto a esta crisis de seguridad. Ahora hay una admisión del problema, siempre relativizando las causas y siempre transfiriéndolas, porque, nos faltó decir, la culpa es de los magistrados, la culpa es del CPP. Se presenta un tema que es estructural y en aumento en los últimos 10 años como un efecto de los últimos ocho meses en que se ha aplicado el nuevo modelo procesal penal. Suena a justificación.

EC —Me quedé pensando en lo siguiente. Usted decía que quizás lo que ahora se ve como un salto adelante en las cifras de hurtos y rapiñas no esté reflejando una realidad.

AG —Un sinceramiento con la realidad, en todo caso. Ahora sí. Los homicidios.

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  1. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    Entrevista al Dr. Garcés

    Tengo algunas reflexiones con respecto a los dichos del Dr. Garcés.
    En primer lugar, afirma que existe un manejo poco claro y poco profesional de las estadísticas. Es su opinión. Quisiera saber en qué se basa para hacer tal afirmación. Es probable que los argumentos los reserve para sus alumnos. Los lectores quedamos sin conocerlos.
    En segundo lugar, afirma como un ejemplo de que el manejo es poco profesional el hecho de que muchos delitos no se denuncian. Quisiera saber qué hqría el manejo profesional del Dr. Garcés para incluir en las estadísticas los hechos que no son recogidos en ningún registro porque no se denuncian.
    Después aporta el tema de diferenciar hurto con destreza de rapiña en casos límites, como el despojo de una cartera a una dama. Entiendo que la rapiña es hurto con violencia y entonces habría que establecer una graduación de la violencia para saber si llega a ser un poquito de violencia para categorizar el delito como rapiña o si no llega a ese poquito categorizarlo como hurto con destreza. Verdaderamente si hay error en los casos límites, yo no me preocuparía y en todo caso consideraría a ambos delitos en un mismo grupo de delitos semejantes. Y eso creo que no haría pecar a la estadística de poco profesional.
    A continuación, establece que en el Ministerio del Interior no existe conocimiento de los criterios que se emplean para categorizar a los delitos y entonces, según el Dr. Garcés, por ese motivo también el manejo es poco claro y poco profesional de las estadísticas con el propósito de acercar los resultados de las estadísticas a las promesas electorales. Es verdaderamente increíble la información que posee el Dr. Garcés de los procedimientos que utiliza el Ministerio del Interior para diseñar y elaborar las estadísticas. De todas maneras, dice que el Ministerio no da información clara con respecto a los criterios. Con la información que el Dr. Garcés consigue del Ministerio no comprendo para qué le pregunta al Ministro.
    Emiliano le cita lo que se ha expresado por varias personas con respecto a las causas del crecimiento del delito. El Dr. Garcés no opina, solamente califica que algunas de ellas son absurdas. Y con eso alcanza.
    De todos modos se refiere al aumento de la eficacia policial, como argumento del crecimiento de los delitos y se muestra irónico cuando dice que no es concebible que porque aumente la eficacia de la policía la gente tiene que delinquir más. Me parece que el Dr. Garcés se confunde. No es que la gente cometa más delitos sino que más gente que comete delitos es apresada por la policía y entonces la cantidad de delitos se reflejan en las estadísticas.
    Uno de los temas que más le gustan al Dr. Garcés se refiere a la conducción política de la policía. El problema no está en los funcionarios policiales sino en el Ministro y en el Sub-Secretario del Ministerio. Dice el Dr. Garcés que la policía está carente de respaldo político y jurídico. En relación a este último déficit, promueve el cambio en las normas que refieren a la legítima defensa.
    Lo que no encuentro es relación de la necesidad o conveniencia de reformar las normas respecto a la legítima defensa con el Ministerio del Interior. Creo que este tema tendría que tratarse con los parlamentarios y no con el Ministerio. Por lo menos, creo que es conveniente no juntar este tema con el respaldo político. Afirma el Dr. Garcés que los funcionarios policiales necesitan más apoyo del Ministro y del Sub-Secretario para realizar de mejor manera su tarea. Yo no creo que la policía realice su tarea de manera inadecuada porque si bien han crecido los delitos, también han crecido los arrestos. De todos modos, no sé como sabe el Dr. Garcés que los funcionarios policiales no tienen respaldo se sus autoridades.
    Finalmente, el Dr. Garcés se explaya con respecto a las cárceles y en esto claramente hay que darle la derecha porque conoce el paño. De todos modos, creo que el Gobierno ha realizado importantes mejoras tanto en las condiciones edilicias como en el incremento de las actividades laborales y educativas de las personas privadas de libertad. De eso, naturalmente, el Dr. Garcés no habla porque su propósito es criticar, aunque para ello no tenga suficientes argumentos.

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