Entrevista, miércoles 2 de mayo: Santiago Fariña

EC —¿Y dónde están los trabajadores?

SF —En ese momento no los mostramos, pero una cosa importante para tener en cuenta es que seguís necesitando personas trabajando en el tambo porque esa comida que ves ahí alguien la puso, las parcelas de pastoreo alguien las armó. Las personas tienen que ir todos los días a trabajar, e incluso en el mundo vemos que los tambos robotizados no reducen la cantidad de personas, sino que esas personas hacen tareas diferentes.

EC —¿Qué tareas hacen?

SF —Las básicas: dar de comer, armar parcelas, inseminar a las vacas, tratar a las vacas, limpiar las planchadas en las tareas de limpieza generales, y una muy importante y que va jerarquizando el trabajo de los equipos de tambo, de las personas que trabajan en el tambo, que es chequear las alarmas en la computadora.

EC —¿Cómo es esto último?

SF —Hay una vaca que por ejemplo se ordeñó a las 10 de la noche, yo me fui a las 5 de la tarde y no vi que esa vaca cuando se ordeñó tenía mastitis, una inflamación en la glándula mamaria. Entonces el robot va a detectar que hay más conductividad, o sea que hay una alerta de conductividad, que es una propiedad de la leche. Entonces en la mañana cuando voy el robot me va a decir “la vaca 1175 posiblemente tenga mastitis”, el robot mismo la apartó para que vos le hagas un tratamiento. Entonces uno, como no las ve todo el tiempo, tiene que mirar las alarmas en la computadora y ver cómo está fluyendo el sistema.

EC —Veía que el sistema computarizado obtiene mucha información a propósito del funcionamiento del tambo: número de ordeñes totales, número de ordeñes por vaca, horario del día en que se juntan más vacas a ordeñarse, datos de comportamiento, actividad, reproducción, calidad de la leche, entre otros. ¿Qué pasa con toda esa data, qué se puede hacer con ella? Porque se supone que ahí está otra de las ventajas del sistema.

SF —En realidad te podés marear nadando en datos y no hacer nada. El desafío es integrar toda esa información y generar unos pequeños relojes, como el tablero de control de un avión o de un auto, un tablero con algunos controles que permiten saber cómo viene el sistema y si algo está pasado con alguna vaca detectarlo a tiempo.

Mencionabas la reproducción. Cuando uno quiere que una vaca sea inseminada tiene que estar en celo y la forma de darse cuenta de si está en celo es observando, y si uno no la ve el mismo collar detecta actividad. Si una vaca camina más rápido de lo normal es posible que esté en celo, entonces la detectamos. Esa es la información que uno tiene que integrar, pero tiene que ser muy sintética, porque las personas que trabajan en el tambo no tienen que ser especialistas en electrónica ni hackers ni mucho menos, sino entender en una pantalla muy simple qué está pasando.

EC —Ustedes destacan que a partir de toda esta acumulación de datos es posible mejorar el sistema de producción, tomar mejores decisiones, ser más eficientes, etcétera.

SF —Sí, este proyecto de investigación es para entender cómo se adapta a Uruguay. Uruguay tiene veranos muy secos y muy cálidos, tiene inviernos con mucho barro, entonces queremos ver cómo se adapta este sistema de producción a las condiciones de Uruguay. No pretendemos que este sistema sea más eficiente o más rentable que los mejores sistemas convencionales. Si funciona bien, debería funcionar al menos como los mejores sistemas convencionales, no ser más eficiente. Sí es cierto que se logra –según nos dicen, porque nosotros llevamos un mes de funcionamiento a pleno– una sistematización del proceso. O sea que las cosas sean exactamente de la misma manera todas las veces. Eso puede que ayude a la eficiencia en algunos procesos.

EC —Por ejemplo, en la distribución del alimento en todo el itinerario. Ese es un punto crítico, cuánto se coloca en cada lugar, porque hay que lograr que se vaya produciendo el movimiento de las vacas.

SF —Exactamente, diste en el clavo. Eso todavía depende de las personas, tengo que ser muy fino en el manejo del pastoreo, cuánto pasto hay acá, cuánto pasto hay disponible, estimar los kilos y saber exactamente cuánto le estoy dando, porque si le doy demasiado la vaca se queda chocha ahí pastoreando y no va a ordeñarse.

EC —Ese es el tipo de datos que se va recolectando con el funcionamiento hasta llegar a la ecuación más adecuada. En eso han estado trabajando ustedes en estos meses.

SF —En eso estamos, y todavía nos va a llevar un año de adaptación para que el sistema funcione bien, y recién el segundo año, el año que viene, vamos a empezar a hacer investigación. Porque este tambo tiene un diseño particular, son dos tambos en uno. Son dos tambos en espejo, hay un robot con su sala de espera y su sala de correr posordeñe que puede funcionar independientemente del otro robot con su sala de espera y su portera. De esta manera, si uno quisiera comparar cómo se adaptan dos razas diferentes a un sistema de robot, podemos hacerlo en dos sistemas en paralelo. Esto todavía no está en marcha, queremos entender el sistema en general antes de largarnos a hacer esa investigación.

EC —“¿Qué costo tiene un tambo de este tipo? ¿Qué cantidad de vacas puede manejar?”, pregunta Juan Carlos.

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