Entrevista, miércoles 2 de mayo: Santiago Fariña

EC —¿Mejora el bienestar animal?

SF —Necesitás que haya muy buen bienestar animal. Nadie va a invertir en uno de estos tambos simplemente para que las vacas tengan bienestar, pero las vacas están a su ritmo, muy tranquilas, hay una sensación de bienestar.

EC —¿Eso tiene impacto después en la producción de leche, en el tipo de leche que sale?

SF —No en el tipo de leche, pero sí en el nivel de producción. Una vaca que tiene algún tipo de estrés siempre va a reducir su producción y además, como cualquier persona con estrés, es mucho más proclive a enfermarse.

EC —O sea que desde ese punto de vista también hay ventajas.

SF —En ese sentido hay ventajas, sí.

EC —Y en cuanto a los desafíos, hablemos de lo que quería saber un oyente hace un rato: qué costo tiene instalar este sistema en un tambo convencional.

SF —Para nosotros tuvo un costo de poco más de US$ 600.000, pero esto tiene que verlo cada uno. Para empezar, este es un tambo de investigación, tiene un diseño diferente de lo que tendría un productor. Creo que cada uno tiene que llamar a la empresa que tiene el equipamiento, pero también dimensionar todo el resto, porque los robots salen entre US$ 130.000 y US$ 150.000 cada uno.

EC —El robot de ordeñe. ¿Y cuántos robots de ordeñe se necesitan según la cantidad de vacas? ¿Cómo es esa ecuación?

SF —Eso no lo sabemos para Uruguay, es una de las preguntas a responder en nuestro estudio. Sabemos que en países similares está en entre 50 y 70 vacas por robot.

EC —¿Y ustedes en este tambo cuántos robots tienen?

SF —Tenemos dos.

EC —¿Para cuántas vacas?

SF —De 100 a 120. El año que viene te puedo contar a cuántas llegamos, porque si uno satura el sistema las vacas van a estar mucho tiempo esperando sobre cemento, van a ordeñarse poco, no van a querer venir. Entonces hay un punto crítico, un punto de equilibrio que tenemos que encontrar. Como decía, un robot sale US$ 130.000, US$ 150.000, pero lo caro es todo lo que hay alrededor.

EC —El robot cuesta eso, pero también hay que poner el sistema de puertas que se abren y se cierran en función de la información que tiene la vaca en el chip.

SF —Exactamente, y tiene su costo cada uno y depende del diseño. Incluso otras cosas que son comunes en cualquier sistema convencional en este caso son críticas.

EC —Los alambrados eléctricos, por ejemplo.

SF —Sí, eso está siempre, pero no es el costo mayor. Los callejones son un tema central, porque si hay barro o un impedimento en el callejón, la vaca no va a tener ganas de meterse en el barro, como cualquiera. Se va a quedar y no va a venir a ordeñarse. Todo el flujo del sistema tiene que estar impecable. También tiene que haber aguadas disponibles en la parcela. Toda esta infraestructura es lo que tiene que dimensionar cada persona que se largue y no ver solamente cuánto sale el robot.

EC —¿Cuándo puede pensarse en una multiplicación de proyectos como este en Uruguay, con qué plazos?

SF —No sabemos, INIA piensa que nosotros como instituto de investigación tenemos que pagar el costo del aprendizaje, no un productor que va a riesgo. Hoy hay cerca de cinco proyectos de tambos robot en Uruguay, hay dos que están bastante cerca de empezar a funcionar y no sabemos cuál va a ser la tasa, pero pensamos en 15, 20 años para que se pueda. Pensamos que no va a haber un reemplazo masificado, pero sí que dentro de 10 años cualquier productor que quiera renovar su tambo o abrir un tambo nuevo tenga tantas herramientas para hacerlo como un tambo robotizado que para hacerlo como un tambo convencional.

EC —El INIA por definición tiene una política muy abierta a los productores, a la comunidad. En ese caso concreto, ¿qué posibilidades hay de visitar este proyecto de tambo robótico, verlo, ir, preguntar? ¿Cómo es la relación con el sector?

SF —Somos muy conscientes de que el 50 % de esto lo están pagando los productores y el otro 50 % lo están pagando –si bien uno de los robots fue donado– los contribuyentes.

EC —Por las características del INIA como institución.

SF —Exactamente, como institución pública. Entonces tenemos claro que queremos compartir lo que vamos aprendiendo con el público. Por una cuestión de orden les pedimos que nos llamen para venir grupos, para no tener que estar atendiendo a cada uno, porque nos volvemos locos y porque hay que llamar a la gente de comunicación de La Estanzuela.

EC —¿Ya está pasando?

SF —Sí, por suerte ya está pasando.

EC —¿Han tenido varias visitas? Largaron ahora en abril…

SF —Claro, pero desde que se ordeñó la primera vaca de prueba en setiembre del año pasado pasaron unas 700 personas. Está muy bueno cuando pasan productores porque ellos conocen de vacas, entonces entienden lo que está sucediendo y también entienden lo que es dejar de tener que levantarse a las 3 de la mañana y ordeñar todos los días del año.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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