Entrevista, miércoles 2 de mayo: Santiago Fariña

El director de Programa de Lechería del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, habló sobre el tambo robot que se puso en funcionamiento a mediados de abril.

Video de la entrevista

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EN PERSPECTIVA
Miércoles 02.05.2018, hora 8.00

EMILIANO COTELO (EC) —Imaginen un tambo en el que ni una persona participa en el proceso de ordeñe. Las vacas entran por sí solas, son ordeñadas por una máquina automática y salen luego a comer. Cuando los trabajadores se despiertan, la leche fresca ya está en los tanques. Parece de ciencia ficción, pero nos vamos acercando: hoy, ya, en el departamento de Colonia puede verse uno de estos tambos robotizados.

“Sistema voluntario de ordeñe automatizado”, ese es el nombre completo de esta tecnología, que en Uruguay viene probando el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). Este tambo futurista quedó instalado en setiembre del año pasado en la estación experimental La Estanzuela, sobre la ruta 1, a pocos kilómetros de Colonia del Sacramento. Desde entonces se trabajó en formato de prueba piloto, y el mes pasado se terminó el entrenamiento de las vacas y el sistema quedó funcionando de manera normal.

¿En qué consiste esta innovación? ¿Qué impacto puede tener en el sector lechero nacional?

Vamos a conversarlo con el ingeniero agrónomo Santiago Fariña, director del programa de Lechería del INIA.

Una aclaración al principio: el INIA no inventó el tambo robotizado. Este sistema ya existe desde hace años en otros países del mundo, y en Uruguay mismo tenemos por lo menos dos en el sector privado.

SANTIAGO FARIÑA (SF) —Seguro, este es un sistema que de hecho hace más de 30 años que existe en el mundo.

EC —¡Más de 30 años! Es impresionante.

SF —Sí, 30 años desde que apareció el primero, y hoy hay cerca de 30.000 robots que ordeñan vacas en el mundo.

EC —¿De dónde surge entonces este proyecto, de dónde surge el interés del INIA por instalar un sistema uruguayo de ordeñe robotizado?

SF —Hace dos años yo empezaba mi trabajo en el programa y se discutió con productores y con técnicos del sector cuáles deberían ser las prioridades para la investigación en lechería. Surgieron tres prioridades, y el sector nos marcó claramente que una de ellas era investigar sistemas de producción que fueran más atractivos para las personas y en particular para las nuevas generaciones.

EC —¿Cómo es eso? ¿Por qué el ángulo viene por ahí?

SF —Porque estos robots en el mundo se imponen o entran en los sectores lecheros no por una cuestión de ahorro de mano de obra o de mayor rentabilidad o de mayor calidad de leche, sino buscando mejores condiciones laborales para las personas que trabajan en los tambos. En general se habla de poder llegar a un trabajo de 8 a 17 horas, que sea competitivo con el trabajo en la ciudad. Quizás todos saben o se imaginan que en el tambo el ordeñe es de las tareas más sacrificadas y que tiene que ser muchas veces desde las 4, 5 de la mañana, todos los días del año, Navidad, 1.º de Mayo. Entonces se busca reemplazar ese trabajo, y el otro trabajo sacrificado, que es el acarreo de vacas, traer las vacas desde el potrero, con barro, con lluvia, por un tambo robotizado.

EC —O sea que este proyecto de investigación en buena medida busca generar condiciones de trabajo en el sector lechero que resulten más amigables, más atractivas para el personal. Se parte de la base de que hay un inconveniente en esa materia, de que hoy el tambo no resulta una opción para muchos jóvenes.

SF —Totalmente. Por suerte todavía existe, creo que en Uruguay hay una cultura tambera bastante importante, hay gente joven interesada, pero cada vez es menos atractivo, especialmente para las nuevas generaciones, para los llamados millennials, la generación e, que tienen un abanico mucho más amplio de opciones o buscan opciones más amplias. El tambo, con el sacrificio que significa, especialmente esas tareas, se hace cada vez menos atractivo y es más difícil conseguir gente con ganas y motivada para trabajar.

EC —¿El motivo es ese, no la situación por la que está pasando el sector lechero nacional, que en estos últimos años atraviesa inconvenientes en materia de competitividad, etcétera?

SF —No es ese el motivo. Buscamos que esto sea en paralelo, tenemos bien claro que esto no va a ser para reemplazar los tambos de todo el país en un par de años, porque no es así, no se dio así tampoco en otros lugares del mundo. Lo que hace INIA es investigar en estas tecnologías que son un poco de futuro, se habla de que puedan ser más predominantes dentro de 15, 20 años, adelantarse y ver cómo se adaptan a las condiciones de Uruguay. Porque hay 30.000 en el mundo, pero solamente un 1 % están en países con condiciones parecidas a las de Uruguay, donde las vacas pastorean a cielo abierto. En el resto los animales están en situaciones confinamiento, en galpones, que es lo que se ve en la mayor parte de Estados Unidos, en el norte de Europa, etcétera.

EC —Se trata entonces de un proyecto de investigación, de adaptación de esa tecnología al caso concreto de Uruguay y su lechería. Tanto es así que el equipamiento que están probando no lo crearon ustedes, lo importaron directamente.

SF —Sí, el robot en sí lo único que hace es ordeñar, captar una serie de información y dar alarmas que nos permiten “hacer hablar” a la vaca. En general en los tambos convencionales siempre hay una persona que coloca el aparato de ordeñe, espera que la vaca se ordeñe, la puede observar y ver si tiene por ejemplo una inflamación. En este caso no está la persona haciendo ese trabajo, entonces el robot captura cierta información. Estos robots se compraron a la empresa Gea, pero existen varias empresas que los ofrecen. No fue un desarrollo de INIA.

EC —Desde hace más de un año ustedes vienen trabajando en este proyecto, que demandó una inversión de unos US$ 600.000. ¿En qué consistió el trabajo previo, antes de la inauguración del tambo a principios de abril?

SF —Uno de los puntos más importantes de nuestro trabajo está más mirando las vacas que mirando el robot. Imaginate que no hay personas y las vacas van a ordeñarse cuando ellas quieran, a veces a las 10 de la noche, a las 2 y 3 de la mañana. Entonces tenemos que lograr que ellas quieran venir por sí solas al tambo. Por lo tanto se generan una serie de incentivos, decimos que si la vaca tiene comida, agua y sombra se queda en el potrero, no va a venir, entonces hay que darle una asignación parcial de esos elementos, del alimento, para que quiera venir al tambo a ordeñarse. Por lo tanto el trabajo ha sido diseñar el sistema de callejones para que sean lo más cómodos posible para las vacas. El bienestar para las vacas tiene que ser 100 %, si no, no logramos que ellas se muevan naturalmente en el sistema.

EC —En eso estuvieron trabajando entonces, en el diseño de esa ruta y de esos incentivos. Y también en el entrenamiento de las vacas; ¿hay que entrenarlas?

SF —Sí, esa fue una tarea interesante y bastante innovadora en lo que se viene haciendo. Generamos un grupo de lo que llamamos vacas maestras, un grupo de cerca de 20 vacas a las que les enseñamos a entrar por sí solas al robot y a sentirse cómodas ahí, a moverse. Y ahora estamos sumando, todas las semanas sumamos 10 vacas para ver hasta dónde va el sistema, y esas vacas nuevas aprenden de las vacas ya entrenadas, las vacas maestras.

EC —Las vacas maestras… Tiene hasta alguna connotación graciosa, me hace acordar de canciones como la de María Elena Walsh.

EC —Vamos a cómo funciona. Como dijimos, en el proceso de ordeñe no participan humanos. En un tambo convencional, las vacas llegan en grupos dos veces por día y hay personas que les van colocando el órgano de ordeñe. En general, ¿cuánto tiempo lleva esa tarea?

SF —Depende del rodeo, de la cantidad de vacas y de la infraestructura de ordeñe. Pero en Uruguay, donde el rodeo tiene 120 vacas promedio –hay hasta de 800 y de menos de 50–, dura entre dos y tres horas.

EC —Vamos a poner el video para conversar sobre el sistema automatizado. Tú mencionabas que definen este sistema como un sistema voluntario porque las vacas ingresan solas. Veamos eso.

SF —Esa es quizás la parte más difícil, lograr que las vacas quieran venir a la sala de ordeñe por sí solas desde el potrero, desde el campo donde están pastoreando o desde un lugar donde están comiendo suplemento. En general el incentivo principal es la comida. Todas las vacas tienen un chip de identificación individual. Lo que hacemos es, en lugar de darles un potrero para que coman todo el día y se llenen, darles la misma cantidad de pasto pero repartida en tres potreros diferentes. Entonces cuando en el primer potrero empiezan a quedar con hambre, quieren ir al nuevo potrero con más comida. La vaca por sí sola no quiere ordeñarse.

EC —En el video vemos a la vaca yendo hacia el tambo en sí mismo. Es gracioso porque le colocaron una cámara a una de las vacas, entonces hay un punto de vista que es el de una de las vacas, mientras se va moviendo.

SF —Claro, queríamos mostrar esa visión vacacéntrica, qué es lo que le pasa a la vaca. Porque tenemos que entender muy bien sus incentivos para poder diseñar el sistema bien. Ella en realidad no quiere ir a ordeñarse, quiere ir a buscar más comida, pero sabe que para llegar al lugar con más comida tiene que pasar por el centro de ordeñe. Ahí se va a encontrar con una portera automática, una portera inteligente, que identifica, sabe qué vaca es, cuánto hace que se ordeñó…

EC —Antes de habilitarle el paso esa portera registra qué vaca es esa.

SF —Exacto. Y si se acaba de ordeñar le va a decir “no, tenés que volver porque no vas a tener mucha leche para dar”, tienen que pasar dos o tres horas desde un ordeñe para que pueda acceder de vuelta al tambo. En el corral de espera se va a encontrar con las otras vacas y se ponen de acuerdo en cuál pasa primero y cuál pasa segundo.

EC —En el corral de espera cada una decide, la que va primero es la que toma la decisión.

SF —Sí, hay siempre una jerarquía. Está muy estudiado, yo no soy especialista en comportamiento, pero hay una jerarquía en los grupos de vacas, siempre hay una que es más dominante y entra primero, etcétera. Ahí van a decidir, en sus tiempos, nadie las apura, nadie las arrea.

EC —La primera avanza porque quiere comer, va a ese habitáculo porque ahí encuentra más comida. Resulta que ahí queda “encerrada” y el robot se pone en marcha para aplicarse sobre las ubres y comenzar con el ordeñe.

SF —Exactamente, ella tiene el incentivo de que dentro del habitáculo del robot se le da un poco de ración para que se quede tranquila, y también es como un premio por haber entrado. Hay una tecnología de videocámaras y haces de luz infrarroja que le permiten a ese brazo robótico identificar dónde está la ubre y colocar las pezoneras para empezar a hacer el lavado, la estimulación y el ordeñe. Ese proceso dura aproximadamente cinco minutos.

EC —Cinco minutos después la vaca está ordeñada y se le libera el paso para que continúe.

SF —Exacto, ahí logra lo que ella quiere, que es pasar para acceder a más comida. Así es su día, esto puede suceder a cualquier hora del día, ellas mismas se van organizando en el grupo quién va antes, quién va después.

EC —Eso es interesante, el ordeñe no ocurre de madrugada, a esas horas salvajes de la madrugada, que es uno de los momentos de ordeñe en el sistema tradicional.

SF —En el sistema tradicional casi siempre se ordeña a la madrugada, a veces se empieza a las 3 de la mañana, a las 4, a las 5, a las 6, según el tambo, y generalmente 12 horas después en la tarde.

EC —Pero no tiene por qué ser así, esta otra experiencia demuestra que el ordeñe puede ocurrir en dos momentos cualesquiera del día.

SF —Incluso hay tambos donde las vacas van dos veces y a veces alguna vaca no quiere ir un día y va una sola vez. Estamos expuestos a eso y no las obligamos.

EC —¿Y dónde están los trabajadores?

SF —En ese momento no los mostramos, pero una cosa importante para tener en cuenta es que seguís necesitando personas trabajando en el tambo porque esa comida que ves ahí alguien la puso, las parcelas de pastoreo alguien las armó. Las personas tienen que ir todos los días a trabajar, e incluso en el mundo vemos que los tambos robotizados no reducen la cantidad de personas, sino que esas personas hacen tareas diferentes.

EC —¿Qué tareas hacen?

SF —Las básicas: dar de comer, armar parcelas, inseminar a las vacas, tratar a las vacas, limpiar las planchadas en las tareas de limpieza generales, y una muy importante y que va jerarquizando el trabajo de los equipos de tambo, de las personas que trabajan en el tambo, que es chequear las alarmas en la computadora.

EC —¿Cómo es esto último?

SF —Hay una vaca que por ejemplo se ordeñó a las 10 de la noche, yo me fui a las 5 de la tarde y no vi que esa vaca cuando se ordeñó tenía mastitis, una inflamación en la glándula mamaria. Entonces el robot va a detectar que hay más conductividad, o sea que hay una alerta de conductividad, que es una propiedad de la leche. Entonces en la mañana cuando voy el robot me va a decir “la vaca 1175 posiblemente tenga mastitis”, el robot mismo la apartó para que vos le hagas un tratamiento. Entonces uno, como no las ve todo el tiempo, tiene que mirar las alarmas en la computadora y ver cómo está fluyendo el sistema.

EC —Veía que el sistema computarizado obtiene mucha información a propósito del funcionamiento del tambo: número de ordeñes totales, número de ordeñes por vaca, horario del día en que se juntan más vacas a ordeñarse, datos de comportamiento, actividad, reproducción, calidad de la leche, entre otros. ¿Qué pasa con toda esa data, qué se puede hacer con ella? Porque se supone que ahí está otra de las ventajas del sistema.

SF —En realidad te podés marear nadando en datos y no hacer nada. El desafío es integrar toda esa información y generar unos pequeños relojes, como el tablero de control de un avión o de un auto, un tablero con algunos controles que permiten saber cómo viene el sistema y si algo está pasado con alguna vaca detectarlo a tiempo.

Mencionabas la reproducción. Cuando uno quiere que una vaca sea inseminada tiene que estar en celo y la forma de darse cuenta de si está en celo es observando, y si uno no la ve el mismo collar detecta actividad. Si una vaca camina más rápido de lo normal es posible que esté en celo, entonces la detectamos. Esa es la información que uno tiene que integrar, pero tiene que ser muy sintética, porque las personas que trabajan en el tambo no tienen que ser especialistas en electrónica ni hackers ni mucho menos, sino entender en una pantalla muy simple qué está pasando.

EC —Ustedes destacan que a partir de toda esta acumulación de datos es posible mejorar el sistema de producción, tomar mejores decisiones, ser más eficientes, etcétera.

SF —Sí, este proyecto de investigación es para entender cómo se adapta a Uruguay. Uruguay tiene veranos muy secos y muy cálidos, tiene inviernos con mucho barro, entonces queremos ver cómo se adapta este sistema de producción a las condiciones de Uruguay. No pretendemos que este sistema sea más eficiente o más rentable que los mejores sistemas convencionales. Si funciona bien, debería funcionar al menos como los mejores sistemas convencionales, no ser más eficiente. Sí es cierto que se logra –según nos dicen, porque nosotros llevamos un mes de funcionamiento a pleno– una sistematización del proceso. O sea que las cosas sean exactamente de la misma manera todas las veces. Eso puede que ayude a la eficiencia en algunos procesos.

EC —Por ejemplo, en la distribución del alimento en todo el itinerario. Ese es un punto crítico, cuánto se coloca en cada lugar, porque hay que lograr que se vaya produciendo el movimiento de las vacas.

SF —Exactamente, diste en el clavo. Eso todavía depende de las personas, tengo que ser muy fino en el manejo del pastoreo, cuánto pasto hay acá, cuánto pasto hay disponible, estimar los kilos y saber exactamente cuánto le estoy dando, porque si le doy demasiado la vaca se queda chocha ahí pastoreando y no va a ordeñarse.

EC —Ese es el tipo de datos que se va recolectando con el funcionamiento hasta llegar a la ecuación más adecuada. En eso han estado trabajando ustedes en estos meses.

SF —En eso estamos, y todavía nos va a llevar un año de adaptación para que el sistema funcione bien, y recién el segundo año, el año que viene, vamos a empezar a hacer investigación. Porque este tambo tiene un diseño particular, son dos tambos en uno. Son dos tambos en espejo, hay un robot con su sala de espera y su sala de correr posordeñe que puede funcionar independientemente del otro robot con su sala de espera y su portera. De esta manera, si uno quisiera comparar cómo se adaptan dos razas diferentes a un sistema de robot, podemos hacerlo en dos sistemas en paralelo. Esto todavía no está en marcha, queremos entender el sistema en general antes de largarnos a hacer esa investigación.

EC —“¿Qué costo tiene un tambo de este tipo? ¿Qué cantidad de vacas puede manejar?”, pregunta Juan Carlos.

EC —Tengo una cantidad de preguntas y comentarios de los oyentes. Algunas muy específicas, muy técnicas, y otras más generales, como esta de Leticia: “Qué bueno cuando la entrevista central no es de política. Es un alivio”. Nos gusta intercalar este otro tipo de novedades, buenas noticias podría llamárselas, investigación, tecnología en este caso.

Estamos hablando de un proyecto que por lo que tú decías está guiado básicamente por la preocupación por la mano de obra.

SF —Totalmente, surge de esta necesidad o exigencia que nos pone el sector de investigar. La mayoría somos agrónomos o veterinarios y nos plantearon esto de que la intensificación sostenible con que estamos trabajando no es sostenible si no entran las personas ahí dentro. Es un desafío difícil para nosotros porque es investigar y entender la lógica de las personas dentro de los sistemas productivos, pero es así, si hacemos cosas cada vez más productivas y rentables pero que no atraen a las personas, las personas no están cómodas, la cosa no va a funcionar.

EC —Hoy con el sistema convencional de lechería hay una parte del personal que no se entusiasma, que se va, que deja la actividad, por estas condiciones duras de las que hablábamos.

SF —Es cada vez más difícil que la gente se interese, que las nuevas generaciones se interesen en este tipo de trabajo.

EC —Parecería que es necesario algo de tecnología para mantener la atracción por este trabajo en particular. Una tecnología que alivie una parte de la tarea. Ustedes insisten mucho tanto en la comunicación oficial del INIA como en apariciones públicas en que esta modalidad robotizada no implica la reducción de la plantilla de personal, que lo que hace es atenuar el trabajo, quitarle sus aristas más amargas, más duras. En definitiva es eso.

SF —Sí, y jerarquizar el trabajo.

EC —Pero yo he visto sistemas de tambo robotizado en los que efectivamente no hay nadie. Por ejemplo, no hay nadie ocupándose de la limpieza de las explanadas, no hay nadie distribuyendo las raciones. Todo eso también lo hacen máquinas. Ese sistema existe, se llega a ese extremo.

SF —Sí. Son sistemas totalmente diferentes de lo que es el Uruguay, donde las vacas pastorean a cielo abierto. Y esto va a seguir siendo así en el futuro porque es una de nuestras ventajas competitivas, porque el clima da para eso y porque eso permite un sistema de producción que ya está establecido. En estos sistemas pastoriles no es posible automatizar todas las tareas. Es cierto que sistemas confinados o en que las vacas están encerradas en un galpón son más parecidos a lo que sucede quizás en sistemas fabriles, en que todos los procesos están sistematizados de esa manera, en que puede haber un aparato que les lleva la comida, otro que se la arrima, otro que limpia los comederos, y así. Siempre va a haber personas en esos sistemas, pero se reducen quizás a tareas de inseminación, tratamiento de las vacas y no mucho más.

EC —Casualmente llega un mensaje que dice: “Saludos desde Alemania. Estamos viajando haciendo ruta y escuchando En Perspectiva con mi familia. El abuelo comenta que en esa zona hemos visto mucho campo abierto pero ninguna vaca, están todas guardadas”. Tiene que ver con lo que venías comentando, el sistema de producción es diferente.

SF —Sí, la mayor cantidad de los robots están en los países nórdicos, ahí hay 100 % de confinamiento, pero también en el norte de Europa, en Estados Unidos, son tambos completamente diferentes. En los tambos pastoriles todas las tareas que tienen que ver con el pastoreo se tienen que hacer fuera, estamos todo el año trabajando y eso es imposible de automatizar.

EC —Sigo con consultas de la audiencia. Sobre el tema de la higiene: “La vaca llega al ordeñe con la ubre llena de pasto y muchas veces hasta salpicada con bosta o con barro. Sin duda la higiene es fundamental en todo esto. Tengo curiosidad por saber, dado que ordeñé durante un tiempo a mano y eso es como navegar a vela, uno aprende todos los problemas que presenta la tarea”. ¿Cómo resuelve el robot los problemas de higiene?

SF —Muy buena la pregunta. El mismo robot, el mismo órgano de ordeñe, cuando se coloca genera un lavado del orificio del pezón, donde se va a ordeñar, y un sellado para antibiosis, y después se produce el ordeñe. Pero sí, tiene que haber un lavado que el mismo robot hace.

EC —Hablemos de las vacas, porque nos hemos detenido en el personal, en ese eslogan que tiene el proyecto, que es llevar a que el trabajo sea de 8 a 17 horas. Ustedes resaltan que esta modalidad les permite a las vacas bajar el estrés, bajar la tensión bajo la cual muchas veces viven en un tambo. ¿Cómo es eso?

SF —No es el objetivo del proyecto, pero se da, necesitás que se dé para que funcione. Las vacas para que su movimiento sea voluntario tienen que estar cómodas, tienen que estar tranquilas. Lo que sucede es que en estos tambos no hay miedo, las vacas no les tienen miedo a las personas porque las personas no se acercan a ellas para empujarlas. Muchas veces pasa en los tambos que están apurados por terminar esos ordeñes larguísimos, entonces las empujan, les gritan.

EC —Y de hecho cuando se las trae del potrero a la sala de ordeñe se las “obliga”, se las va llevando.

SF —Es un movimiento forzado, por más que uno pueda hacerlo con buenas condiciones, es un movimiento forzado. En este caso el movimiento de las vacas es libre, por lo tanto están muy tranquilas.

EC —¿Mejora el bienestar animal?

SF —Necesitás que haya muy buen bienestar animal. Nadie va a invertir en uno de estos tambos simplemente para que las vacas tengan bienestar, pero las vacas están a su ritmo, muy tranquilas, hay una sensación de bienestar.

EC —¿Eso tiene impacto después en la producción de leche, en el tipo de leche que sale?

SF —No en el tipo de leche, pero sí en el nivel de producción. Una vaca que tiene algún tipo de estrés siempre va a reducir su producción y además, como cualquier persona con estrés, es mucho más proclive a enfermarse.

EC —O sea que desde ese punto de vista también hay ventajas.

SF —En ese sentido hay ventajas, sí.

EC —Y en cuanto a los desafíos, hablemos de lo que quería saber un oyente hace un rato: qué costo tiene instalar este sistema en un tambo convencional.

SF —Para nosotros tuvo un costo de poco más de US$ 600.000, pero esto tiene que verlo cada uno. Para empezar, este es un tambo de investigación, tiene un diseño diferente de lo que tendría un productor. Creo que cada uno tiene que llamar a la empresa que tiene el equipamiento, pero también dimensionar todo el resto, porque los robots salen entre US$ 130.000 y US$ 150.000 cada uno.

EC —El robot de ordeñe. ¿Y cuántos robots de ordeñe se necesitan según la cantidad de vacas? ¿Cómo es esa ecuación?

SF —Eso no lo sabemos para Uruguay, es una de las preguntas a responder en nuestro estudio. Sabemos que en países similares está en entre 50 y 70 vacas por robot.

EC —¿Y ustedes en este tambo cuántos robots tienen?

SF —Tenemos dos.

EC —¿Para cuántas vacas?

SF —De 100 a 120. El año que viene te puedo contar a cuántas llegamos, porque si uno satura el sistema las vacas van a estar mucho tiempo esperando sobre cemento, van a ordeñarse poco, no van a querer venir. Entonces hay un punto crítico, un punto de equilibrio que tenemos que encontrar. Como decía, un robot sale US$ 130.000, US$ 150.000, pero lo caro es todo lo que hay alrededor.

EC —El robot cuesta eso, pero también hay que poner el sistema de puertas que se abren y se cierran en función de la información que tiene la vaca en el chip.

SF —Exactamente, y tiene su costo cada uno y depende del diseño. Incluso otras cosas que son comunes en cualquier sistema convencional en este caso son críticas.

EC —Los alambrados eléctricos, por ejemplo.

SF —Sí, eso está siempre, pero no es el costo mayor. Los callejones son un tema central, porque si hay barro o un impedimento en el callejón, la vaca no va a tener ganas de meterse en el barro, como cualquiera. Se va a quedar y no va a venir a ordeñarse. Todo el flujo del sistema tiene que estar impecable. También tiene que haber aguadas disponibles en la parcela. Toda esta infraestructura es lo que tiene que dimensionar cada persona que se largue y no ver solamente cuánto sale el robot.

EC —¿Cuándo puede pensarse en una multiplicación de proyectos como este en Uruguay, con qué plazos?

SF —No sabemos, INIA piensa que nosotros como instituto de investigación tenemos que pagar el costo del aprendizaje, no un productor que va a riesgo. Hoy hay cerca de cinco proyectos de tambos robot en Uruguay, hay dos que están bastante cerca de empezar a funcionar y no sabemos cuál va a ser la tasa, pero pensamos en 15, 20 años para que se pueda. Pensamos que no va a haber un reemplazo masificado, pero sí que dentro de 10 años cualquier productor que quiera renovar su tambo o abrir un tambo nuevo tenga tantas herramientas para hacerlo como un tambo robotizado que para hacerlo como un tambo convencional.

EC —El INIA por definición tiene una política muy abierta a los productores, a la comunidad. En ese caso concreto, ¿qué posibilidades hay de visitar este proyecto de tambo robótico, verlo, ir, preguntar? ¿Cómo es la relación con el sector?

SF —Somos muy conscientes de que el 50 % de esto lo están pagando los productores y el otro 50 % lo están pagando –si bien uno de los robots fue donado– los contribuyentes.

EC —Por las características del INIA como institución.

SF —Exactamente, como institución pública. Entonces tenemos claro que queremos compartir lo que vamos aprendiendo con el público. Por una cuestión de orden les pedimos que nos llamen para venir grupos, para no tener que estar atendiendo a cada uno, porque nos volvemos locos y porque hay que llamar a la gente de comunicación de La Estanzuela.

EC —¿Ya está pasando?

SF —Sí, por suerte ya está pasando.

EC —¿Han tenido varias visitas? Largaron ahora en abril…

SF —Claro, pero desde que se ordeñó la primera vaca de prueba en setiembre del año pasado pasaron unas 700 personas. Está muy bueno cuando pasan productores porque ellos conocen de vacas, entonces entienden lo que está sucediendo y también entienden lo que es dejar de tener que levantarse a las 3 de la mañana y ordeñar todos los días del año.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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