Entrevista, viernes 24 de junio: Laura Gil

Entrevista con la politóloga Laura Gil, desde Colombia.

EN PERSPECTIVA
Viernes 24.06.2016, hora 8.25

(Audio Juan Manuel Santos)

Hoy se abre un nuevo capítulo. Un capítulo que nos devuelve la esperanza, que nos permite empezar a cicatrizar las heridas y que les da a nuestros hijos la posibilidad de no repetir la historia que tanto daño le ha causado al país. Nos llegó la hora de vivir sin guerra, nos llegó la hora de ser un país en paz, un país con esperanza.

(Fin audio)

EMILIANO COTELO (EC) —Esa voz es la del presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, hablando ayer cuando anunció el cese del fuego bilateral y definitivo entre las Fuerzas Armadas de su país y la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia).

El acuerdo, que es la antesala para un pacto de paz definitivo que pondrá fin a un conflicto de más de 50 años que dejó ocho millones de víctimas, fue firmado en la víspera en La Habana, Cuba, sede de las negociaciones que han desarrollado el gobierno y la guerrilla.

El acto contó con la presencia de varios presidentes de países que actuaron como acompañantes o garantes del proceso de paz, entre ellos el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, su par de Chile, Michelle Bachelet, el presidente de Cuba, Raúl Castro, y el canciller de Noruega, Borge Brende.

¿Qué implica este acuerdo? ¿Qué falta? ¿Qué viene por delante?

Vamos a conversarlo con la politóloga uruguaya Laura Gil, que reside en Colombia.

ROMINA ANDRIOLI (RA) —Lo que firmó el gobierno con las FARC ayer son las condiciones del alto al fuego definitivo, el proceso de desarme de los rebeldes y el mecanismo de refrendación del pacto final de paz. No es propiamente el pacto final de paz, que se espera firmar en unos meses, según ha trascendido. Vamos a profundizar en los puntos que se incluyeron en el acuerdo firmado ayer.

LAURA GIL (GIL) —Para empezar, lo has señalado muy bien: esto es el silencio de los fusiles, es el cese bilateral y definitivo, pero no es el acuerdo final. Cuando las FARC y el gobierno se sentaron a negociar en noviembre de 2012 diseñaron una agenda de cinco puntos, que tienen que ver con tierra, participación política, justicia transicional, drogas y las condiciones del cese del fuego, lo que ocurrió ayer. Casi todo está negociado, quedan puntos pendientes de temas que no fueron completamente cerrados, porque cuando fueron llegando a acuerdos fueron poniendo en rojo ciertas cosas en las que no se habían puesto de acuerdo definitivamente. Entonces tienen que volver a esos puntos para terminar de cerrar el acuerdo. Pero lo que vimos ayer es casi casi casi el final.

¿Qué es lo que se firmó ayer? Para empezar, que no se hace más la guerra, que es la historia importante en la vida de Colombia en los últimos 60 años. Que no se hace más la guerra, que las FARC van a entregar las armas y que se van a ubicar en unas zonas, en unos campamentos transitorios por unos seis meses. Eso fue lo que se firmó ayer.

RA —Veamos cada uno de esos puntos. ¿Cómo concretamente se establece que van a entregar las armas las FARC?

LG —Se establece que va a haber 22 zonas. Aquí las zonas rurales, los barrios de las zonas rurales se llaman veredas, entonces va a haber 22 veredas en las que se van a instalar ocho campamentos, y ellos van a entregar las armas de manera escalonada, la primera entrega a los 30 días, después 30 días más, hasta que se llegue a los 180 días.

Las armas van a ser entregadas a Naciones Unidas y se van a hacer tres monumentos con ellas. Eso es muy importante porque aquí los grandes opositores al proceso de paz, que son dos expresidentes, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana, se habían montado en un discurso de que las FARC se iban a constituir en un cuerpo legal de seguridad, iban a seguir armadas y por lo tanto victimizando a la gente. Pero va a ser un proceso de paz como cualquier otro del mundo, la guerrilla se convierte en un movimiento político, les dice adiós a las armas en la política y las entrega. Y las entrega nada menos que a Naciones Unidas. Entonces ayer ambas partes en la negociación dejaron sin piso un discurso de prácticamente cuatro años de oposición al proceso de paz.

RA —Es simbólico también dónde se van a establecer esos monumentos. Uno es en la propia sede de Naciones Unidas en Colombia, y otro en La Habana, donde se firmaron estos acuerdos.

LG —Sí. Creo que los acuerdos de paz en Colombia van a ser de los textos más largos de los acuerdos de paz en el mundo. Colombia ha vivido nueve procesos de paz con diferentes guerrillas, es un país que ha estado permanentemente en guerra y nunca había habido un acuerdo de paz tan detallado y con tanta verificación como el que se planteó ayer en La Habana. Eso es muy importante, aunque es difícil explicarle a un público externo que un acuerdo que tiene semejante apoyo internacional no tiene tanto apoyo interno.

EC —Ahí me surge una de las tantas preguntas: con esta firma de ayer, las FARC aceptan la celebración de un plebiscito que debe ratificar el acuerdo de paz finalmente. Es la ciudadanía de Colombia la que va a decir sí o no a este acuerdo. Entonces, en teoría, el resultado podría ser no, y sin embargo ya, ahora, a corto plazo, las FARC se desarman. ¿Cómo se entiende eso?

LG —Se entiende que las FARC realmente han hecho un compromiso con la paz. Fíjate en la contradicción: se firma el acuerdo de paz en dos meses, el texto final con todos los acuerdos de estos cinco puntos, y ellos empiezan a desarmarse antes de que se dé el plebiscito. Eso a todas luces parece ser un gesto de compromiso con la paz y de mucha confianza en que el plebiscito se podrá ganar. Este plebiscito lo plantea Juan Manuel Santos básicamente por la oposición que le ha estado haciendo el uribismo al proceso de paz. Se vio obligado a decir: déjennos negociar, miren lo que negociamos y después le preguntamos a la ciudadanía si le gustó o no lo que negociamos. Fue una decisión política en un momento en que el proceso de paz estaba bajo muchísimo ataque interno. Que no le vaya a pasar a Juan Manuel Santos lo que le sucedió ayer a David Cameron…

EC —A eso iba: si el resultado termina siendo un no, ¿qué pasa con las FARC, que para ese momento ya se habrán desarmado? En ese caso, si el no es el que triunfa en el plebiscito, todo esto que se ha negociado durante años cae.

LG —Cuando uno les pregunta eso a los altos funcionarios del gobierno, al mismo equipo negociador, nadie tiene una respuesta. ¿Qué va a pasar si gana el no? Porque es verdad que las FARC no van a estar completamente desarmadas todavía –el gobierno está pensando en tener el plebiscito a fines de setiembre, principios de octubre, va a ser una campaña relámpago–, pero van a haber entregado algo de las armas, ya van a estar en las zonas de ubicación, ya todo el mundo va a saber quiénes son, dónde están. Entonces si gana el no, ¿qué va a pasar? Mi apuesta es que el proceso de paz sigue firme, que las FARC van a seguir apostando a un movimiento político. ¿Cómo van a responder jurídicamente por todo lo acordado en La Habana? Alguna fórmula el Estado va a buscar, el gobierno va a tener que buscar. Pero es una pregunta sin respuesta, es la que nos hacemos 44 millones de colombianos y que nadie sabe responder.

EC —Para dar un paso como el que dieron ayer las FARC, ¿qué obtuvieron?

LG —Obtuvieron cosas que el país tiene que hacer de todas formas. Lo que se consiguió no fueron reformas absolutamente estructurales del Estado. Si uno dice ¿se cambió el sistema político de Colombia?, no; ¿se cambió el sistema económico de Colombia?, no.

Lo que se hizo fue [escuchar] a unas minorías que habían hecho la guerra para lograr cierta inclusión. Porque así empezaron las FARC. Puede ser que se hayan deformado en su ideología a lo largo de tantos años de guerra, como les sucede a todas las guerrillas, que poco a poco van cogiendo técnicas terroristas y se olvidan del principio. Pero en Colombia la guerra ha sido por un sistema político sumamente cerrado. Entonces han logrado que se abra el sistema político para que partidos políticos como los que formarían las FARC puedan participar, para que movimientos sociales [políticos] también puedan participar. Las FARC están haciendo una apuesta política mucho más a través de los movimientos sociales que del sistema político tradicional.

También han logrado que se abra la posesión de tierras sin que haya una reforma agraria. Sin hacer una gran reforma agraria se logra una modernización y una apertura en la posesión de la tierra en Colombia, que está sumamente concentrada. Colombia está entre los cinco países con el peor coeficiente de Gini en el mundo.

RA —¿Qué pasa con otras guerrillas como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), en qué está ese otro proceso de paz? ¿Y qué pasa con los paramilitares?

LG —Con ELN es que sí que no, que sí que no, no se resuelven a negociar. Y el gobierno en este momento está en una situación insostenible, porque cuando empieza la negociación con las FARC hay un compromiso, al menos discursivo, de que las FARC abandonarían los secuestros. El ELN no quiere llegar a eso antes de sentarse a negociar, entonces le queda muy difícil al gobierno sentarse a negociar mientras el ELN sigue secuestrando, que es lo que está sucediendo. Eso va y viene, que sí, que no, llevan años en que ya estamos, casi se abre, y no se abre. Se había planteado una agenda con ELN y volvió a caer por el secuestro.

En cuanto a los paramilitares, lo que vimos ayer dice mucho de lo que ha pasado con el fenómeno de los paramilitares. En principio, los paramilitares que conocíamos, es decir, grupos creados en un comienzo con el ejército, se han desmantelado en el proceso de paz que inició Álvaro Uribe en su gobierno. Pero mucha de esa gente que se desmovilizó en ese momento, al menos 5.000 personas, volvieron a la guerra, y volvieron en un fenómeno estallado, sin control, de pequeñas bandas criminales. Esos van a ser los verdaderos saboteadores del proceso de paz, porque son bandas criminales que existen a través del narcotráfico y ya se está viendo que están procediendo a ocupar las áreas que las FARC van dejando libres. Recordemos que las FARC habían aceptado un cese unilateral del fuego, o sea, a efectos prácticos, las FARC dejaron de combatir en el último año, y eso se ha notado, ha habido vacíos de poder en ciertas áreas en Colombia, áreas de control tradicional de las FARC. Y ahí se están metiendo estas bandas criminales a buscar el control porque son áreas claves para las rutas del narcotráfico.

RA —¿Cómo cae eso en un proceso que está buscando instalar la paz en el país, qué tanto empaña ese camino?

LG —Lo empaña muchísimo. Obviamente uno quisiera estar en un escenario como en El Salvador o en Guatemala, donde se firma con una guerrilla y se acabó. Aquí estamos en un escenario de muchos grupos, por eso el gobierno ha sido muy muy enfático en decir que es el fin del conflicto, no es la paz, falta mucho para lograr la paz, porque siguen muchas amenazas de seguridad en Colombia. Los narcotraficantes seguirán obligando al ejército a combatir, por eso es que en Colombia, a diferencia de lo que sucedió en Guatemala y El Salvador, no se plantea la reducción del ejército de manera inmediata. No se puede, porque se sabe que la lucha contra el narcotráfico seguirá exigiendo unos números de hombres en el ejército todavía muy altos.

EC —Teniendo en cuenta todos estos factores que tú has estado examinando, ¿cómo es el ambiente?, ¿cómo está la gente hoy en Colombia?, ¿cómo reaccionó la población ante esta noticia de ayer?

LG —En general muy ilusionada, porque la gente no creía, después de tantos años, que las FARC fueran a aceptar la paz negociada. Cuando yo estaba en la universidad y estudiaba los procesos de paz, siempre me decían “la voluntad de las partes se moldea en la mesa, uno no puede pedir que una parte acepte todo de inmediato”, pero la transformación de las FARC ha sido absolutamente excepcional en este proceso de paz. Hace cuatro años las FARC no reconocían absolutamente nada del Estado colombiano, nada. Lo consideraban absolutamente ilegítimo. Y en el acuerdo de ayer dicen: “Nos someteremos al mecanismo de refrendación que diga la Corte Constitucional. Si la Corte Constitucional nos dice que el plebiscito es el camino, aceptamos el camino”. Que las FARC acepten la Corte Constitucional colombiana es un logro absolutamente esperanzador, ojalá los podamos tener haciendo política […] muy pronto.

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Transcripción: María Lila Ltaif

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