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¿Uruguay país de inmigrantes? Todavía una utopía

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Informe de Ángela Reyes para EnPerspectiva.net ///

Delivery de comida peruana en Ciudad Vieja. Baile dominicano en Cordón. Local de arepas venezolanas en Pocitos. Liga de cricket organizada por indios en Punta Carretas. La fisonomía de Montevideo cambió, resultado de las “oleadas” de inmigrantes que aprovechan desde hace más de una década la bonanza económica del país. Sin embargo, pese a los esfuerzos del Gobierno para promover la llegada de extranjeros y por más que las apariencias apunten a lo contrario, lejos está Uruguay de volver a la época de tanos y gallegos.

“Se están empezando a recibir flujos (inmigratorios), pero esto no quiere decir que sea un país de inmigración, como Argentina por ejemplo. Es un fenómeno muy emergente para decir que es un país de inmigración”, explica Alba Goycoechea, directora en Uruguay de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a a EnPerspectiva.net.

El censo de 2011 arrojó que un 2,4 % de la población que vive en Uruguay es extranjera, un porcentaje significativamente menor al de los ciudadanos con ascendencia indígena (5 %) y afro (8 %). La mayoría de esos inmigrantes son brasileños y argentinos. En Argentina, mientras tanto, el último censo (de 2010) muestra que los extranjeros representan al 4,5 % de la población.

Se podría argumentar que el censo no incluye a unos 4.000 inmigrantes dominicanos que llegaron a Uruguay luego de 2011. Sin embargo, estadísticamente esa cifra es insignificante: poco más que el 0,1 % de la población del país. Este flujo de dominicanos, además, “mermó” desde que el gobierno empezó a exigirles visa hace exactamente un año, informó Goycoechea.

“Uruguay no recibió todavía un número importante de inmigrantes. Durante todo el siglo XX, la cantidad de extranjeros que viven en el país ha sido cada vez menos”, explica a EnPerspectiva.net el sociólogo Felipe Arocena. Una de las razones es la falta de visibilidad del país, un problema más allá de la popularidad que el fútbol, José Mujica y algunas leyes le dieron en los últimos años.

Sin embargo, las dificultades para recibir inmigrantes no acaban ahí. No solo llegan pocos, sino que Uruguay tiene problemas para retenerlos. Según Goycoechea, “el costo de vida es el factor más expulsivo (…). Los estándares de Uruguay son muy altos”. Arocena, quien ha entrevistado a decenas de inmigrantes en el marco de sus investigaciones, agrega otros factores: “si bien al principio encuentran enormes virtudes en Uruguay, después se empiezan a sentir las dificultades. Es muy difícil para hacer negocios porque es un mercado muy pequeño, existen dificultades para conseguir vivienda, uno de los temas más importantes que frustra a la gente cuando llega, se empiezan a dar cuenta de lo caro. Empiezan a percibir un rechazo de la población, una reacción racista”.

Países con oleadas migratorias (1)

 
Estas dificultades afectan hoy a los inmigrantes dominicanos. En “casi todas las entrevistas” que les ha realizado Arocena, estos dicen que el país es “horrible” para vivir y que quieren irse. Según el sociólogo, esto mismo pasó años atrás con los peruanos: a fines de la década de 1990 se calculaba que había unos 3.000 y hoy quedan muchos menos.

El Parlamento aprobó en 2008 la ley 18.250, con un fuerte reconocimiento de los derechos de los inmigrantes. Desde el año pasado también está vigente la ley 19.254, que facilita el trámite de residencia permanente a ciudadanos de países miembros del Mercosur y asociados. Esto facilitó el ingreso de los venezolanos, otra corriente que poco a poco se hace notar (como la cantidad creciente de paraguayos), comenta a EnPerspectiva.net Martín Koolhaas, del Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales.

Sin embargo, ninguna de esas leyes puede poner fin a uno de los factores que desalienta a los inmigrantes: la discriminación.

“Hay una cultura uruguaya muy cerrada. Yo habré invitado a unas 200 personas a compartir en mi vivienda desde que llegué hace 23 años. ¿La reciprocidad? Cinco me invitaron a mí. El uruguayo es cerrado y tiene una posición xenófoba”, cuenta a EnPerspectiva.net Carlos Valderrama, de la Casa del Inmigrante César Vallejo.

Ni asiáticos ni africanos desde 1890

El racismo tiene raíces profundas en la historia de la sociedad uruguaya. La primera ley de inmigración, aprobada en el año 1890, rechazaba de manera explícita “la inmigración asiática y africana”. El inmigrante estaba definido como el “extranjero honesto y apto para el trabajo”. La categorización excluía a aquellos con enfermedades contagiosas, con incapacidades físicas y a los mendigos, entre otros. “Que el Uruguay fue abierto a la inmigración es, pues, una media verdad. Es cierto que desde el Estado se fomentó la llegada de europeos, que los consulados actuaban enérgicamente convenciendo a que los empobrecidos italianos y españoles cruzaran el océano (…). Pero no es menos cierto que la mitad de la población del mundo no fue bienvenida: ni africanos, ni asiáticos, ni gitanos”, sostiene una investigación de Arocena.

En la actualidad, no obstante, algunos colectivos han logrado avances. La inmigración peruana vivió un proceso de “concientización” sobre los derechos que tienen en Uruguay. “Hace 20 años atrás, yo les decía ‘¿por qué no se inscriben para el BPS?’ y me contestaban ‘¿Para qué, don Carlitos, si junto plata y me voy?’ Hoy eso cambió”, cuenta Vallejo como ejemplo, y agrega que muchos de los que se quedaron hoy animan a compatriotas a venir por la facilidad para estudiar en Uruguay.

Por otra parte, Goycoechea explica que “muchos empresarios están valorizando a ciertos inmigrantes” por virtudes como la permanencia, el compromiso, el cumplimiento de los horarios. Los dominicanos, por ejemplo, lograron insertarse con buenos resultados en muchos casos en empresas de gastronomía y de seguridad.

“Hay días que lloro y lloro por mis hijos”

A kilómetros de distancia de la rambla de Punta Carretas, en la zona de Cerro Largo y Gaboto, los dominicanos se reúnen para pasar su tiempo libre en comunidad. Hay charlas en la peluquería y baile a la noche. Entre ellos se encuentra Carmen, quien llegó a Uruguay hace exactamente un año, pocos días antes de que el gobierno le empezara a exigir a los ciudadanos de esa nacionalidad visa para ingresar al país.

“Yo no sabía lo que era ‘pensión’ y cuando vine…la pensión en la que estaba tenía un ambiente muy malo, mucha delincuencia, mucha droga. Yo no podía dormir, pasaba llorando. Por suerte, cuando conseguí trabajo, mi jefe me dijo que me gestionaría una pensión más tranquila y me fui”, cuenta Carmen a EnPerspectiva.net. Para que pudiera venir a Uruguay, su familia hipotecó la casa. Le pagaron a “una señora” que está en el "negocio" de los traslados 100.000 pesos dominicanos (poco más de 2.000 dólares) y al día siguiente tenía su pasaje en mano. Aquí ya estaba su tío y diez días después vino la hermana.

Carmen se considera afortunada. Trabaja en una cafetería y todo su sueldo, salvo el monto mínimo que necesita para mantenerse, va para República Dominicana: allí toda la familia come de lo que ella envía. Su gran problema, por el que incluso está dispuesta a abandonar el país, es estar separada de sus hijos, Yankee, de ocho años, y Camely, de cinco. “Yo quisiera volar y traérmelos, son unos pichoncitos. Mi idea es tarérmelos y más a Yankee porque tiene una edad complicada y está muy apegado a mí. Y sufre mucho, su profesora me dice que sufre mucho, y si no me lo puedo traer capaz me voy a tener que ir porque no es fácil. Extraño tanto, hay días que estoy bien pero hay días que lloro y lloro por mis hijos."

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La ley 18.250 dice que el Estado “garantizará el derecho de las personas migrantes a la reunificación familiar”. Sin embargo, esa garantía está fuera del alcance de Carmen por ahora. La opción que maneja es volver a pagarle a la mujer que la trajo para que traiga a su hijo, pero advierte que “es mucha plata”. “Yo me di cuenta después que llegué, todos nos dimos cuenta”, relata.

Carmen es severa al juzgar los errores de su propia comunidad. “No estamos mejor porque hay algunos que vienen a Uruguay y hacen ‘la de ellos’, como dicen, y eso a nosotros nos jode mucho”, dice en referencia a los dominicanos que participan en actividades delictivas. El arresto de dos compatriotas por el secuestro de un empresario tuvo un fuerte impacto y generó rechazo entre quienes se ganan el sueldo honestamente.

Otra realidad complicada en la comunidad es la prostitución. Un dominicano explicó a EnPerspectiva.net que “un montón de mujeres” se prostituyen y en muchos casos quedan embarazadas. Goycoechea explica que se han constatado casos de explotación pero es incorrecto generalizar. En este sentido, las autoridades están “trabajando para dar asistencia, para que puedan realizar el retorno voluntario a República Dominicana las personas que lo solicitan y están en situación de explotación”. Esto va de la mano con un “proceso muy incipiente de mejoramiento normativo para combatir la trata de personas” en el que la OIM está colaborando.

A diferencia de lo que piensan muchos de sus compatriotas, Carmen está convencida de que en Uruguay “no rechazan a los de afuera, le dan muchas oportunidades”. ¿La prueba? En ocho días consiguió la cédula de identidad y está a punto de obtener la residencia, tiene trabajo y en la calle “los policías te tratan bien, te ayudan cuando necesitás algo como una dirección”. Su experiencia la llevó incluso a cuestionar a su propio país, que deporta de a miles a los haitianos que llegan allí “muertos de hambre” en búsqueda de trabajo. Carmen tiene claro que, como inmigrante, ahora es su deber ser solidaria con cualquier inmigrante en cualquier sitio del mundo.

Indios: entre la presión profesional y las tradiciones familiares

Es domingo de tarde en la rambla de Punta Carretas. Los montevideanos corren, andan en bici, juegan al fútbol. Entre ellos se divisa de manera inmediata a un grupo que no sigue con las tradiciones locales: son los indios, fundadores de la Liga Uruguay de Cricket, que cada fin de semana llevan adelante su torneo. Divididos en unos ocho equipos, cada uno identificado por un color, compiten en un deporte que fue popular en Uruguay a fines del siglo XIX, pero que luego perdió toda relevancia frente al imperio del fútbol.

Hoy residen en Uruguay unos 300 indios, la mayoría de ellos de entre 22 y 30 años de edad. Como los dominicanos, llegan al país a trabajar. Pero, a diferencia de ellos, son profesionales que identifican una oportunidad para hacer buena plata en grandes empresas. Vinieron a Uruguay por primera vez tras la instalación en 2002 del conglomerado de empresas Tata Consultancy Services.

Pasa un tiempo y, salvo excepciones, se van. Su comportamiento fue estudiado por Felipe Arocena, Matías Asconeguy, Anjini Mishra y Romina Parodi, del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar, y recogido en el documento Estudio sociocultural de los nuevos inmigrantes indios en Uruguay. Los chinos no vienen y los indios llegan y se van. ¿Por qué? (2015, inédito), al que accedió EnPerspectiva.net.

También influyen los lazos familiares muy fuertes y la presión de las familias para que contraigan matrimonio con personas de su propio origen. Los indios tienen un gran interés en las mujeres uruguayas, les sorprende tanto la belleza como la independencia. Sin embargo, advierten grandes diferencias en la manera de relacionamiento. “Es difícil conseguir una novia aquí, he salido con dos o tres mujeres e incluso tuvimos sexo, pero no querían una relación duradera. Muchos uruguayos parecen no creer demasiado en el casamiento, no quieren comprometerse y las familias indias generalmente desaprueban el divorcio. Es que la gente aquí es demasiado independiente", contó uno de los entrevistados para el estudio.

“Es difícil conseguir una novia aquí, he (1)

A los indios también los desalientan las diferencias culturales, por ejemplo en la comida. Por razones religiosas, la mayoría no come ni está dispuesto a comer carne de vaca o cerdo. Tienen sus platos tradicionales pero no pueden replicarlos porque directamente no encuentran las especias que llevan o las que hay son de mala calidad. Salvan las dificultades en base a creatividad e invierten en la cocina gran parte de su tiempo libre.

El idioma, factor clave para la integración, es otro inconveniente. Como muchos vienen por un tiempo limitado, trabajan en una empresa con muchos correligionarios y dominan el inglés, no necesitan aprender español. Esto condiciona su relacionamiento con la población local.

A diferencia de lo que sucede con otros colectivos, los indios entrevistados para la investigación no se sienten discriminados. Sin embargo, el rechazo en algunos ámbitos existe. “Los indios andan siempre juntos porque la gente se les aleja también. (…) Los motivos son el racismo: tienen una tez bastante más oscura que la de los uruguayos (…) Traen su tupper con mucho olor, comen con la mano, dan asco… Se bañan mucho pero lavan su ropa poco y usan productos para higiene distintos, no usan antitranspirantes", dijo una persona que trabajó con varios indios al ser consultada para la investigación.

¿Por qué inmigrantes?

El debate sobre inmigración está presente en la agenda del gobierno –entre otros motivos– por el desafío que enfrenta el país en materia poblacional debido a su baja tasa de fecundidad, que en 2012 se situaba en 2,06 hijos por mujer, por debajo de la tasa de reemplazo que es de 2,1. Según Martín Koolhaas, esta tasa ha bajado año tras año, mientras que la de migración ha fluctuado: aunque durante décadas el saldo inmigratorio fue negativo, en los últimos tiempos comenzó a ser positivo. Por esta razón, es viable apostar a la llegada de extranjeros para aumentar la población del país o, al menos, más viable que apuntar a un aumento de la tasa de fecundidad.

José Mujica lo resumió en su primer viaje como mandatario a Perú, en 2011: “Hace tiempo agarramos la manía de tener pocos hijos. Estamos casi vacíos. Tres millones y medio con una tierra fértil". Y luego le pidió a los peruanos: "No se queden solo en Argentina y en Buenos Aires, vayan un poco para el costado".

Su defensa de los inmigrantes prosiguió durante todo el mandato. El expresidente estaba convencido de que debían llegar extranjeros y que los uruguayos tenían que cambiar su visión al respecto: “Que se les ayude con la documentación, que tratemos de volver a ser una patria de refugio, como fue la de nuestros bisabuelos. Que no asumamos actitudes discriminatorias, porque a la larga estos trabajadores no nos quitan trabajo. Nos dan trabajo si tienen familia e hijos, y nos ayudan a crecer, a multiplicarnos”, dijo en una de sus audiciones radiales.

 

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