Tertulia de Colección: 50 años del fallecimiento de Luis Batlle Berres

Tertulia de Colección: 50 años del fallecimiento de Luis Batlle Berres

Emitida el viernes 18 de julio de 2014

La Tertulia de los Viernes dedicó su espacio a rememorar la figura del expresidente Luis Batlle Berres. A 50 años de su muerte, Juan Grompone, Carlos Maggi, Ana Ribeiro y Oscar Sarlo reflexionaron acerca de este representante de la familia que participó del proceso modernizador de Uruguay

EMILIANO COTELO:
El martes 15 de julio se cumplieron 50 años del fallecimiento de Luis Batlle Berres, quien fuera presidente de la República entre 1947 y 1950, y presidente del Consejo Nacional de Gobierno que actuó entre 1955 y 1959

«En nombre y en representación del Consejo Nacional que inicia en el día de hoy su gestión de Gobierno, agradezco las palabras expresadas por los señores consejeros salientes, y afirmo que hemos de luchar por honrar la alta posición que el pueblo nos ha otorgado en comicios que enaltecen el historial democrático de la República. Nuestra preocupación ha de estar dirigida permanentemente en la tarea de hacer cumplir las leyes y fortificar en el ánimo del pueblo su deber para con la República. Será por este camino que hemos de cumplir con la confianza que el pueblo ha depositado en nosotros».

EC – Se trató del tercero de los Batlle en llegar a la Presidencia de la República, luego de su abuelo Lorenzo Batlle y de su tío José Batlle y Ordóñez. La tradición la continuaría más tarde su hijo, Jorge Batlle Ibáñez.

¿Qué reflexiones les surgen a partir de estos 50 años del fallecimiento de Luis Batlle? Ana, una primera pincelada contigo y después seguimos con Carlos.

ANA RIBEIRO:
Tú dijiste bien, la continuidad de los Batlle. En este país absolutamente republicano desde sus orígenes hay dinastías de Gobierno y sin duda los Batlle son una de ellas. Nosotros vemos ahora que estamos tan atentos y tan informados -y hasta sobreinformados- sobre cómo llega un príncipe a convertirse en rey y cómo se lo ha formado, la palabra formado se reitera en estos días en España, y los Batlle tienen eso desde el vamos. La formación de todos ellos para el Gobierno.

En el caso de Luis Batlle es además un representante eximio de una familia que participó nada menos que del proceso modernizador de Uruguay, yo diría que fueron los primeros actores en ese proceso. En el caso de Luis Batlle, ya conformado el Estado moderno, el Estado de bienestar de la mano de José Batlle y Ordóñez, le toca la segunda etapa de bonanza, llevar a cabo la idea principal por la que Batlle había peleado a regañadientes con idas y venidas, la del colegiado. Le toca también el momento de inflexión, el quiebre y el proceso de deterioro del Estado de bienestar de allí en adelante.

Así que es un hombre asociado, como dijo en la reciente presentación de su libro el doctor Julio María Sanguinetti, al optimismo de aquella construcción del estatismo y también al momento en que ese modelo comienza a hacer aguas y fisuras, que son un poco el retrato de ese medio siglo que media entre la muerte de Luis Batlle y nuestro presente.

EC – Carlos, tú estuviste muy cerca de Luis Batlle.

AR – Acá tenemos un testimonio directo.

CARLOS MAGGI:
Sí, creo que lo que puedo hacer esta mañana es testimoniar, porque estuve mucho tiempo trabajando en el diario Acción cerca de Luis Batlle. Estuve con la denominada generación de los jóvenes turcos, que comprendía a Maneco Flores, Zelmar Michelini, Teófilo Collazo, Glauco Segovia, Carlos Mario Fleitas, Luis Hierro Gambardella, Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti. Esa generación de jóvenes se manejó con el diario Acción y se manejó después en la acción, porque todos ellos terminaron siendo políticos menos yo.

EC – El único.

CM – Sí, por un tema simplemente de vocación, yo nunca tuve vocación de político, me gusta más mirar de afuera que estar adentro.

ÓSCAR SARLO:
Es una forma de hacer política.

EC – Es una forma de hacer política, dice Óscar Sarlo desde el otro lado de la mesa.

OS – Alta política, esa es la posición del estratega.

AR – La más fina.

CM – No, yo miro de afuera.

AR – Y en la tertulia habla.

EC – Y en la prensa escribe.

CM – Bueno. Había gente alrededor de este grupo juvenil, José Goliardi, que daba clases de esgrima, un personaje muy importante, en ese grupo hubo muchos duelos y ese le enseñó a todos. Leopoldo Nóvoa, dibujante junto con «Menchi», Hermenegildo Sabat, y después estaban en la parte literaria Ángel Rama, Mario César Fernández, Carlos María Gutiérrez, Alfredo Mario Ferreiro y Juan Carlos Onetti.

Esos son los recuerdos que tengo de esa redacción, muy divertida y muy amistosa. Acción era un lugar extraordinario porque estaban todas las conexiones con el Gobierno y todos opinaban de manera diferente, que es un buen síntoma para una cosa que tiene que ver con la política: la variedad de las conclusiones y los pensamientos.

Yo era titulero del diario, es un cargo muy importante.

EC – Seguimos agregando ítems en el currículum de Carlos Maggi. Eso de que era titulero yo por lo menos no lo tenía registrado.

AR – Yo lo sospechaba.

CM – Es muy difícil, porque hay que poner los títulos a letras contadas, es una cosa muy ingeniosa. Yo lo hacía bastante bien, era como un juego. Tenía que inventar los títulos importantes, que son el diario.

Hasta que un día se acercó Luis y me dijo «Usted tendría que venir para la redacción de Política», yo me asusté y le pregunté: «¿Para hacer qué?», y me dice «¿Cómo para hacer qué?, para darme ideas, para traer ideas para el Gobierno. Para hacer lo que quiera, para pensar». Y yo quedé deslumbrado, lo que menos pensé es que este hombre viniera y me dijera semejante cosa y me diera juego libre, absolutamente, como después sucedió y sucedió durante toda la vida, fue la cosa que más me ha gustado de vivir.

EC – Tú mencionaste al pasar que era una época de muchos duelos. Sanguinetti repasa en su libro los duelos que tuvo Luis Batlle Berres y termina ese párrafo: «Irónicamente todos estos episodios de armas fueron siempre con colorados».

CM – Sí (ríe).

EC – Después profundizamos en eso. Seguimos por el otro lado de la mesa, Juan.

JUAN GROMPONE:
Si bien yo tengo anécdotas personales de mi padre sobre Batlle quiero referirme a la figura de Batlle Berres y el segundo batllismo. Terminada la segunda guerra mundial Uruguay era acreedor de Inglaterra por una suma fabulosa. Batlle Berres era vicepresidente de Tomás Berreta, tuvo la oportunidad de quedar como presidente cuando Berreta murió. Entonces el joven segundo Batlle, en el sentido de segundo batllismo, se encontró con una fortuna para gastar. ¿En qué la invirtió? Compró las empresas inglesas que estaban deterioradas: la empresa de Aguas Corrientes, la de gas, los ferrocarriles y la Administración Municipal de Entes Tranviarios. Ahora, comprar compañías inglesas a una nación que había pasado cinco años de guerra y que evaluaban las empresas en libras buenas cuando en realidad la libra había sido devaluada fue un pésimo negocio para el país y un excelente negocio para Batlle Berres. Esto le permitió crear una base gigantesca de empleados públicos nuevos. Eso, y algunas otras medidas de seguridad social que tomó, hicieron que pasara de ser el vicepresidente de Berreta al dueño del Partido Colorado y la Lista 15.

No quiero atribuirle intenciones, pero desde el punto de vista personal pienso que Batlle Berres confundió el primer Batllismo con las empresas del Estado que tenían una razón de ser diferente cuando se hicieron. La creación de empresas nacionales de Batlle y Ordóñez obedecía a una razón de escala del país, en cambio la compra de empresas de este segundo período obedecía a un principio gubernamental, a que las empresas tienen que ser estatales. Es decir, confundía al primer Batllismo con esta segunda idea, una idea básicamente de los socialistas, venía del manifiesto comunista eso de que las empresas tienen que ser estatales, y eso lo llevó a tal punto que Benito Nardone lo llamaba «el comunismo chapa 15». Para Nardone esa estatización era comunismo. Hay que recordarlo, y yo creo que tenía razón, porque estaba confundiendo el estatismo de Batlle y Ordóñez, que tenía un fundamento, con este otro que era estatismo por estatismo en sí mismo.

EC – Mirá la cara de Carlos, está agazapado ya para salir al debate.

CM – No quiero ni mirar.

JG – Continuó con otras cosas como por ejemplo la subvención a las industrias, entonces creó industrias artificiales del cuero, de la lana, cosas por el estilo, subvencionadas y con múltiples cambios y cosas por el estilo. En definitiva, este período del segundo batllismo, equivocado, mal interpretado, contribuyó y no fue artífice pero sí parte de la crisis que ocurrió hacia 1960. Esa es mi visión sobre Batlle Berres.

EC – Todavía no habló Óscar, pero me parece que Carlos quiere agregar algo ahora.

CM – Yo tengo 16 puntos en contradicción a lo que acaba de decir Juan.

EC – No 15.

CM – El primero es el más importante: Luis Batlle no compró las empresas inglesas, está mal expresado. Inglaterra sale de la guerra y está en escombros, nos debe mucha plata que no tiene y los uruguayos transan en recuperar por lo menos en bienes lo que Inglaterra no nos iba a pagar en libras. Uruguay no compró, Inglaterra forzó una venta a la cual nosotros tuvimos que acceder porque era eso o nada.

JG – Eran los ingleses buitre en aquel entonces, ¿no?

CM – Sí, te acepto. Pero no me digas que Luis Batlle compró voluntariamente los fierros viejos porque una de las cosas que se lamentaba enormemente, yo estuve presente, era la manera en que habíamos terminado la relación financiera con Inglaterra.

Desde el punto de vista de Inglaterra yo lo entiendo perfectamente, sale deshecha de una guerra terrible en la que Inglaterra participó para sufrir, no es la situación de Estados Unidos, que lo que hizo fue un desarrollo industrial brutal a propósito de la guerra, sino que ellos tenían bombardeos diarios en Londres. La situación era muy diferente.

JG – En el capitalismo las deudas se pagan, habría que haberles exigido constante y sonante, cash, me la pagarán en 20 años pero me la van a pagar. Creo que eso era lo que tendría que haber pasado, y en libras de oro además, libras de verdad.

CM – Sí, con el diario del lunes es muy fácil. La verdad es esa, no quiero desmentir totalmente lo de los entes autónomos, yo he escrito muchas veces que ha sido un error gravísimo, que ha estropeado enormemente nuestro equilibrio económico, el pasarle a los burócratas que no tienen patrón la responsabilidad de trabajar cuando el patrón no paga lo que cobran ni deja de perjudicarse cuando no trabajan. Es una situación absolutamente insostenible que terminó con la Unión Soviética, ese era su esquema, y en la parte que Uruguay repite el esquema ruso le va como a los rusos. Esa es la verdad, así que no voy a dejar de compartir contigo que los entes autónomos son para Uruguay un beneficio perjudicial.

EC – De todos modos Juan iba más allá, decía que este aumento en la cantidad de empresas públicas por la vía de estas incorporaciones le sirvieron a Luis Batlle incluso político-partidariamente para generar una masa de votantes con los cuales interactuar, ofrecer puestos de trabajo, etcétera.

CM – Pero yo te digo una cosa: los entes autónomos creados que funcionaron en la época de Batlle no son los que están funcionando ahora en el sentido de la calidad. Ser funcionario público en aquel momento era estar sometido al directorio de manera total, no había resistencia a la intención de andar bien como empresa. Cuando yo entré al Banco República el gerente destituía a los funcionarios por una resolución, no existía la organización sindical que después pesó de una manera brutal, muchos años después de Luis Batlle. Los entes autónomos funcionaban como empresas privadas.

EC – Seguimos con Óscar.

OS – Yo tenía algunas ideas para aportar sobre esto, pero este tema me parece tan importante, porque hace a cuestiones culturales que están muy metidas en nuestra tradición y de las que nos cuesta salir. Creo que el gran problema de la creación, compra o adjudicación de empresas del Estado que impulsa el segundo batllismo es que eso se hizo en una sociedad que no tenía la ética de la función pública, como sí existía en Europa o en Estados Unidos. Esa ética era una valla para que no se privatizara el funcionariado público, era una cuestión paradojal. Siempre se defendió la propiedad pública pero se coló la privatización de las empresas públicas por otro lado, por el modo del ejercicio de la función pública de los funcionarios. Muchas veces han privatizado esa función en beneficio propio.

Claro, eso no lo plantea ningún plebiscito, ninguno lo va a decir, no está en los titulares, pero de hecho se ha privatizado de esa manera, a través del pequeño trabajo hormiga de uno que va y saca las fotocopias para él, la pequeña prebenda que le sacan a un director débil, terminan creando una aristocracia frente al resto de los trabajadores del país que sería absolutamente injustificable si tuviéramos que debatirlo públicamente.

EC – Agrego que Juan, al lado de Óscar, asiente. Mientras Óscar habla manifiesta que está totalmente de acuerdo, Carlos también, Ana también.

CM – Estoy completamente de acuerdo con lo que dice, hay una degeneración notoria que sale de un punto concreto: el patrón no paga lo que cobran los funcionarios. El problema de los entes autónomos es la irrisión de esta situación, cuando un empresario paga, lo hace con su plata; cuando Ancap y UTE pagan lo hacen con plata ajena. De eso viene una cosa muy sencilla: todos quieren tener a sus funcionarios contentos para que el ente funcione bien y no pase nada. Con todo eso el ente funciona mal y ellos cobran demasiado.

EC – Ana, ¿volvemos a Luis Batlle?

AR – Sí, escuchándolos a todos diría que a 50 años de la muerte de Luis Batlle yo insistiría en su condición de reformista en la línea que había asentado su tío, que es nada más y nada menos que modernizar un país en base a dos o tres nociones fuertes que creo que siguen presentes entre nosotros.

Una es que el Estado debe ser de bienestar, de amparo y de vigilancia permanente, que garantiza con su enorme estructura ser el mediador en una sociedad que el Batllismo como matriz ideológica insistía en que no debe concebirse como de lucha de clases sino de clases que deben colaborar entre sí y en la que el Estado tiene que ser el eje que favorezca a los que menos tienen y que sepa lidiar con los capitales importantes.

Cuando decimos que Luis Batlle fue un gran reformista nos referimos a que lo fue en esa matriz ideológica, en la que no se diferenció de su tío. Para bien o para mal crearon ese Estado enorme que a veces nos molesta, que intensamente debatimos qué hacer con él, en sus aspectos positivos y negativos. Son positivos o negativos esos funcionarios públicos que forman una aristocracia aparte, esos clientelismos que parece que no cesan, se reformulan, se revisten, se travisten y hoy mismo siguen estando.

Y segundo, creo que su otra gran idea modernizadora en línea directa con la matriz de José Batlle y Ordóñez en adelante, es la de industrializar. Sacar al país de aquella matriz meramente productora agropecuaria. Obviamente no tuvieron éxito, como todos los otros intentos, no somos un país fuertemente industrial. Se llegó, como en otras partes de América, a dos períodos de bonanza vinculados a las guerras mundiales que a lo sumo dieron para una industria pequeña, de corto vuelo, nunca para llegar al montaje de industria pesada.

Pero allí había un proyecto, y en ese sentido yo saludaría los 50 años del fallecimiento de Luis Batlle diciendo que fue un gran liberal, un gran reformista, un hombre muy preocupado por el tema educativo, acá estamos 50 años después exactamente en el mismo punto, y fue alguien sinceramente convencido de que había que tratar de industrializar.

JG – Yo quiero hacer dos anotaciones.

La primera es la relación entre Uruguay e Inglaterra en el primer y el segundo Batllismo. En tanto que en el primer Batllismo Batlle veía a Inglaterra como el enemigo que había que combatir y del que había que liberarse, y por eso buscaba carbón, hizo las carreteras y luchó contra la dominación británica en Uruguay, el segundo Batllismo fue a ayudar a Inglaterra. Es el colmo, que este país vaya a ayudar a Inglaterra es el colmo de las cosas. Es exactamente lo opuesto.

El segundo tema es que las empresas estatales que José Batlle y Ordóñez hizo eran con esa misma función: creaba un banco, nacionalizaba los seguros, creaba institutos de química y de agropecuaria, porque era una manera de que el Uruguay pequeño se defendiera de las potencias grandes. Vuelvo a insistir: había una razón de escala, Batlle entendía muy bien que era un país pequeño y las limitaciones que esto implicaba, cosa que no entendía el segundo batllismo, que simplemente creía que la noción era que el Estado hiciera las cosas.

AR – Juan, no podés sacar de contexto las cosas. Ayudar a Inglaterra no es algo que le surge en la cabeza a Luis Batlle, Inglaterra estaba saliendo de una guerra y no te olvides quién era el enemigo. Es como que ahora dijeras «Ay, estamos aplaudiendo que acaban de ser campeones mundiales Hitler y su plana mayor». Si sacás de contexto decís cualquier cosa. Ayuda a uno de los aliados que más había sufrido el ataque de las Fuerzas del Eje, no está ayudando a cualquiera, es una decisión política que se debe leer contextualmente.

JG – Yo la interpreto de otro modo. La Segunda Guerra Mundial fue una guerra contra Inglaterra, unos peleaban de su lado y otros en contra, pero fue una guerra contra Inglaterra. La condición para terminar la guerra fue desmantelar el imperio británico, de modo que si hubiéramos estado del lado de los aliados estadounidenses le hubiéramos dicho a Inglaterra «ahora vendé tus colonias y pagá». Eso es lo que deberíamos haberle dicho, porque esa era la lógica de la segunda guerra.

AR – Yo no sé qué pensaría la reina de ese loco (risas). Yo creo que habría un problema diplomático.

CM – Creo que en el trazado de la política de Batlle hay otro problema, y ese sí es terrible. Es el haber entrado en la política de cerrarse en la posguerra, la política de crear industrias artificiosamente después de cerrar las compuertas para desarrollar una industria que ya estaba en el exterior. Ahí hay una alternativa que se da en la posguerrra 1939-1945, que entendieron muy bien los asiáticos y no entendieron los americanos con sus consejos internacionales.

Batlle no hizo otra cosa que aplicar unas formas económicas que eran las usuales de los organismos internacionales que aconsejaban y regían, de cierta manera, la actuación económica de Uruguay. Uruguay procedió a cerrarse al mundo y a querer crear las industrias, con el tamaño que tiene, un enano. General Electric trajo acá parte de una máquina de probar bombitas eléctricas y con ellas hicieron una máquina de fabricar bombitas eléctricas, eran idénticas a las que venían del exterior, con una característica: duraban la mitad y costaban el doble.

***

EC – Seguimos analizando a Luis Batlle a 50 años de su fallecimiento.

Reengancho con este párrafo del libro de Sanguinetti:

«Luis Batlle lideró el Uruguay del optimismo y terminó su vida envuelto en las primeras sombras del país de la crisis. Fue el continuador ideológico y popular del caudillismo de su tío, José Batlle y Ordóñez, el primer líder de masas de nuestra historia, a quien sucedió en un nuevo tiempo histórico. Demócrata apasionado, Luis Batlle defendió la República española, fue un fervoroso paladín de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, abanderó la causa de Israel y se enfrentó a todos los autoritarismos, lejanos y vecinos.

Creía en el trabajo nacional, en su industria, en su agricultura, que asociaba al desarrollo social del país y a la elevación de su nivel de vida. Proyectaba esa pasión al escenario internacional y se indignaba frente a los sordos y ciegos proteccionismos económicos de las grandes potencias, que cerraban espacios a las democracias que luchaban por desarrollarse.

Fuerte en el combate político, vigoroso en la expresión, una gran nobleza de espíritu le abría caminos hacia sus adversarios, a los que nunca vaciló en tenderles la mano a la hora de servir a la República. Lideró el Partido Colorado durante dos décadas con una gran popularidad, resentida por los grupos más conservadores de la sociedad. Vivió momentos de gloria y de derrota, sin envanecerse en los primeros ni empequeñecerse en los segundos. Amigo de sus amigos, tuvo muchos leales porque brindó lealtad hasta el sacrificio, y no por ello dejó de sufrir ingratitudes, como todo gran caudillo.

Con la perspectiva de 50 años podrán atribuírsele las carencias o visiones propias de su época, pero nadie podrá dejar de reconocer su enorme aporte a la democracia uruguaya.»

No sé si quieren hacer comentarios sobre este texto o si retomamos la discusión tal cual venía.

CM – Me importa mucho decir esto: todo lo que dice Sanguinetti como positivo de Batlle yo lo comparto de manera absoluta. El hombre como hombre era extraordinario, de los más buenos que he conocido y más honestos, a eso hay que rendirle homenaje, porque fue un hombre extraordinariamente bueno y honrado. Hizo muy bien todo eso que dijo Sanguinetti, cayó en una trampa en la posguerra donde los organismos internacionales encargados de asesorar a los países de Sudamérica, con la CEPAL al frente, tenían una receta que era la de Raúl Prebisch: cerrarse al mundo y hacerse la defensa absoluta de sus enemigos, que eran el mundo entero. Desde el punto de vista económico eso fue suicida. Mientras los estados de Asia se abrían al mundo y traían capitales para que la gente tuviera trabajo, porque era muy fácil el esquema: a una empresa le convenía más producir en Corea, Hong Kong o Singapur, que eran países horrorosamente pobres, y tener salarios más bajos.

Uruguay se quedó sin Inglaterra y no tenía a quien venderle. Cometimos un error sustancial, creímos que lo de Prebisch era la verdad y que había que cerrarse por el deterioro de la relación económica. Los poderosos nos entristecen, entonces los suprimimos. No, los exprimimos inteligentemente, como hicieron Hong Kong, Corea, Taiwán, Singapur.

EC – ¿Óscar?

OS – Voy a volver a algunas notas que quería señalar, algunas testimoniales, porque me parece que es una buena oportunidad para recordar algo que a mí me marcó mucho, que es lo que yo viví en mi casa. Mi padre era un empresario, era gerente de empresas, participaba como administrador en buena parte de las empresas de Paysandú y él era una de las personas que quedaron encantadas a partir del conocimiento personal de Luis Batlle.

Luis Batlle tenía un particular afecto por Paysandú, muchas veces se dice que la industrialización del departamento fue fruto del segundo batllismo de Luis Batlle y no es tan así, el empuje industrial estuvo en Paysandú. Desde fines del siglo XIX, ya había industria frigorífica, había algunos otros inicios, y después se benefició con muchos inmigrantes italianos que trajeron pequeñas industrias artesanales. Pero en la década del 40 efectivamente Paysandú dio un gran salto en la creación de una serie de industrias importantes que se beneficiaron con la guerra mundial. Luis Batlle sintonizó con esto y a partir de que él se hace cargo se encuentra con este tema y le da a Paysandú un destaque muy particular. En el departamento se vivió como una alianza afectiva, durante mucho tiempo la 15 y la figura de Luis Batlle fueron vistas como algo muy importante. Repito: mi padre quedó marcado para toda la vida porque siendo él capitán del club de remeros de Paysandú, en el año 50, se inauguraron unas obras muy grandes y Luis Batlle fue especialmente a la ceremonia.

El segundo punto que yo quería señalar, y que tiene que ver con el día de hoy, es el problema constitucional en el batllismo. Yo he leído por ahí que Luis Batlle llevó a la concreción en su máxima expresión el ideal de su tío, el colegiado. Creo que no fue así, claramente a Luis Batlle le impusieron la reforma colegialista. Fue una maniobra de alguien que pertenecía a su sector, Andrés Martínez Trueba, se puede leer como una especie de deslealtad. Martínez Trueba pacta con Luis Alberto de Herrera, que no creía en absoluto en el colegiado, crear el colegiado para matar en ciernes un caudillismo que venía en ascenso, que era el de Luis Batlle. Con eso efectivamente logran frenarlo, porque a parir de ahí queda como uno más en cinco y pierde peso.

Lo importante es que fuimos víctimas de una concepción de la constitucionalidad en el país que fue terrible, porque la Constitución colegialista fue aprobada con el 30% del electorado. ¿Por qué?, porque en nuestro país tenemos una cuestión que yo la he llamado una «tara nacional» que es la posibilidad de que se plebisciten varias constituciones al mismo tiempo, cosa que no existe en ningún país del mundo. Esto hace que las disputas constitucionales sean disputas partidarias, y muchas veces mezquinas. Nuestros constitucionalistas no señalan esto como un problema, ven como una virtud que se puedan discutir varios proyectos al mismo tiempo, pero es terrible para el país porque entre otras cosas permitió una Constitución absolutamente carente de legitimidad política. Entre otras cosas porque el propio Luis Batlle estaba en contra. Me acuerdo de haber leído que cuando se pronuncia sobre este tema va a Paysandú a pronunciarse.

CM – El Paydiscurso.

OS – Exactamente, esa era su velada oposición al tema. Este es un problema muy grande del cual no hemos salido.

EC – Ana, ¿sobre este mismo tema?

AR – No, pero creo que encastra bien y quiero darle pie a Juan para una cosa que yo quisiera que él dijera. A mí me gustaría señalar tres cosas y hay dos que me parece que hablan de cosas similares a algunos fenómenos del presente. Por esto de tratar con alumnos jóvenes siempre me pasa que creen que todo se inaugura en la época en la que están viviendo, me gustaría que recordaran que a veces las cosas tienen raíces más hondas.

Luis Batlle fue un ejemplo de político de cercanía absoluta con la gente. Los libros de historia, los testimonios de los que fueron testigos directos de época, que como en el caso de Maggi y muchísima otra gente te cuentan en primera persona «yo vi tal cosa o tal otra», en mi propia casa se contaban también algunas, te hablan de un hombre que manejaba su propio auto, que era capaz de pararse en una esquina a interpelar a un señor, que saludaba, que abrazaba. Una persona de enorme cercanía, un fenómeno nuevo, sin que se usara la palabra populismo porque él tenía unas distancias enormes con el Peronismo con el cual estuvo obligado a dialogar. No era ese uso para las masas de un trato consentido puramente especulativo, él era naturalmente así.

La segunda cosa que me gustaría señalar es el exilio que durante esa dictadura, menos dura que otra pero dictadura al fin, que fue el terrismo, Batlle y su familia sufre, Jorge Batlle era un niño pequeño. Muchos pueblos del interior, Young entre otros, sirvieron de casa de acogida, de escondite para una familia entera que tuvo que sufrir. No sería una dictadura como antes o después hubo, pero fue una dictadura con esas características.

EC – Terminó viviendo en Argentina y en Brasil.

AR – Sí.

La tercera y última es: cómo su esposa Matilde Ibáñez ofició en este país como un espejo de quien era Luis Batlle, a mí me resultó siempre absolutamente enternecedor. Ya muy anciana ella seguía siendo una mujer absolutamente enamorada de aquel hombre al que ella adjudicaba belleza, apostura, yo la llegué a escuchar decir o leer en alguna entrevista, no recuerdo, cuando le hablaban de su hijo y ella dijo «No, no, pero Jorge no es guapo, Luis era guapo». Que el amor por el hombre obnubile a una mujer por encima del amor por nuestros hijos, que todos los vemos divinos, es muy fuerte. A mí siempre me encantó cómo ella contaba desde la intimidad, ese reducto propio de las mujeres pero en un trono de poder dentro de su casa, engrandecía la figura de ese hombre con un cristal de enamoramiento absoluto. Ese me parece un testimonio de los más lindos.

EC – Al pasar Ana hizo una referencia recién, pero desde la audiencia Diego dice: «Están dejando afuera una etapa de indudable actualidad: la relación de Luis Batlle con el Peronismo». ¿Qué podrían agregar sobre este aspecto quizás para finalizar este tema?

OS – Es un tema complicado. Por suerte ahora hay investigaciones, una de Juan Oddone, un libro de hace unos años que exhuma muchos documentos diplomáticos de la época que muestran claramente cuál era el problema: una vez más Uruguay estaba siendo acosado por Argentina, en este caso por Juan Domingo Perón, que tenía una proyección cuasi imperial, tenía un proyecto regional muy fuerte.

AR – Perdón, Oscar, llegaron a evaluar la posibilidad de bombardear Montevideo.

OS – Claro, porque Montevideo era la base de una radio que acogía a los exiliados y hacía campaña en contra de Perón. Estuvieron estudiando la posibilidad de bombardear la antena de Radio Carve.

CM – Yo fui testigo lateral de un hecho. Un día que llegué al diario, en la calle Camacuá, se veía el río, y Alberto Abdala, que era el ministro del Interior, me agarró por los hombros, me llevó a las ventanas de la redacción y me dijo: «¿Ves?, ahí -señaló el agua- anoche abastecimos a la Armada de Isaac Rojas y hoy cae Perón». Y efectivamente, Perón, que estaba seguro de que la armada no podía llegar porque no tenía combustible, cayó y ese día se fue en su viaje a Paraguay en la famosa cañonera paraguaya.

EC – Te impresionó esa anécdota, Ana.

AR – Sí, me encantó.

OS – Al igual que Tabaré Vázquez, Luis Batlle estaba en permanente contacto con Estados Unidos porque era la única garantía que tenía de que no pudiera forzarse la independencia del país. Al final, como buen político, logra un encuentro con Perón, el famoso encuentro en el medio del río Uruguay, con sus esposas, sin testigos, y nunca se supo mucho más que lo que ellos dijeron: que hicieron un acuerdo de convivir y aflojar las tensiones, pero no mucho más.

CM – Ahí se conversó la construcción de la represa de Salto Grande, los argentinos dijeron «Nosotros la pagamos», y nuestro ministro de Economía dijo «Vamos a no bobear más, nosotros no tenemos plata y ustedes tampoco, vamos a tratar de financiarla».

EC – Juan, ¿qué ibas a agregar sobre esto?

JG – Quería agregar una última observación sobre el primer y el segundo Batllismo. El segundo Batllismo, haya sido obra de Batlle Berres o no, nos dejó la herencia maldita del colegiado, de la que no nos podemos liberar. En Uruguay cada vez que se quiere organizar algo tiene que tener un Gobierno colegiado. El ejemplo máximo es la defensoría de derechos humanos, que en general es unipersonal y en Uruguay es colegiada, la Institución Nacional de Derechos Humanos. En Uruguay todo es colegiado, no nos hemos podido liberar de la herencia maldita del segundo Batllismo.

AR – ¿Es por eso que al Maestro Óscar Washington Tabárez lo rodean tres millones de directores técnicos? (Risas.)

La Mesa con Ana Ribeiro, Mauricio Rosencof, Gonzalo Pérez del Castillo y Juan Grompone.

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Muy interesante, releer esta tertulia, que yo no la recordaba. Y no nos olvidemos que esto también es historia reciente; por algo Sanguinetti empalmó el fin de la vida de Luis Batlle con los comienzos de la crisis. Discusiones así valen bien la pena.

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