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Entrevista central, martes 1º de setiempre: Gerardo Honty

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Entrevista con el sociólogo Gerardo Honty, investigador principal en energía y sustentabilidad del Claes y coordinador del Programa de Energía de Ceuta.

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EN PERSPECTIVA
Martes 01.09.2015, hora 8.20

EMILIANO COTELO (EC) —El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Es un reto que involucra aspectos ecológicos, políticos y económicos, y que representa una amenaza para el bienestar tanto de nuestra sociedad como de las generaciones futuras. Entonces, ¿qué esfuerzo está dispuesto a hacer Uruguay ante este tema?

La pregunta viene al caso porque en diciembre tendrá lugar en París una nueva reunión de la Convención de Cambio Climático, la más importante de los últimos años. Allí se espera poder firmar un acuerdo vinculante que reduzca las emisiones globales para limitar su efecto sobre el calentamiento global. Cada país debe anticipar los compromisos que está dispuesto a asumir para lograr este objetivo, por lo que las organizaciones vinculadas al tema siguen con expectativa los pasos que nuestro gobierno en particular viene dando en esta materia.

Para ubicarnos en estas discusiones y prepararnos para lo que viene sobre fin de año, vamos a conversar con el sociólogo Gerardo Honty, investigador principal en energía y sustentabilidad del Claes (Centro Latinoamericano de Ecología Social) y coordinador del Programa de Energía de Ceuta (Centro Uruguayo de Tecnologías Apropiadas).

Ubiquémonos en las fechas del 30 de noviembre al 11 de diciembre, cuando tendrá lugar en París la 21.ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015. Esta conferencia viene discutiendo estos temas, ¿desde cuándo?

GERARDO HONTY (GH) —Desde 1992, cuando se firmó la Convención.

EC —¿Qué es este encuentro?

GH —La Conferencia de las Partes viene a ser como la Asamblea General de Naciones Unidas destinada a debatir los temas de cambio climático. Se reúne todos los años sobre fin de año e intenta avanzar en soluciones desde el punto de vista político, medidas, regulaciones, etcétera, para reducir la amenaza climática. Dentro del contexto de la Convención firmada en el 92, porque después se firmó el Protocolo de Kioto en el año 97, y tuvimos otro hito importante en Copenhague en el año 2009, una reunión que se preparó con muchos años de antelación, en la que se esperaba lograr un acuerdo vinculante para todos los países, sin embargo esto fracasó. A partir de ahí se trazó una nueva hoja de ruta de discusiones, que termina este fin de año.

Por eso es tan importante este fin de año. Porque el último tramo de las negociaciones ha llevado estos cinco años que han pasado, y en caso de no tenerse un buen acuerdo o de no alcanzar un acuerdo, probablemente haya que trazar otra hoja de ruta. Y los datos que nos aporta la ciencia son que ya estamos muy adelantados en el cambio climático, se nos viene arriba el problema y el tiempo no alcanza para tomar medidas si no se logra un acuerdo lo más pronto posible.

EC —¿Es correcto que, a pesar de lo que se había pactado en Kioto, las emisiones han aumentado un 30 % respecto a 1990?

GH —Es verdad. Cabe recordar que Kioto tenía metas de reducción de emisiones solamente para los países desarrollados. En este sentido Kioto se cumplió. Hubo ciertas trampas que en la propia firma de Kioto se denunció que iban a permitir esto. Más allá de eso, los países desarrollados en su conjunto han estabilizado o reducido sus emisiones, pero ha habido un aumento muy importante en los países en desarrollo. De hecho, hoy por hoy los países en desarrollo superan largamente a los países desarrollados en las emisiones, y el mayor emisor del mundo hoy es China, un país para los ojos de la Convención en desarrollo. Por tanto Kioto se ha cumplido, pero, a pesar de eso, las emisiones han aumentado muchísimo.

EC —Entonces, ¿qué diferencias tiene este encuentro de París de diciembre con el de Kioto y con los posteriores?

GH —Con el de Kioto la diferencia principal es que en aquel momento estaba bastante claro que los países desarrollados tenían que tener metas muy ambiciosas y que eran los únicos que debían reducir emisiones, y que además debían transferir recursos al resto de los países para que estos a su vez pudieran hacer sus transformaciones.

Esto era claro en el año 92, era relativamente claro en el año 97, pero a partir de Kioto se ha puesto muy en discusión. Sobre todo a partir del gran desarrollo de la economía china y su enorme cantidad de emisiones, muchos países desarrollados han empezado a decir: no, o todos nos subimos a este barco y todos tenemos reducciones, de diferente manera, con diferentes escalas, o nosotros no firmamos acuerdos.

La tensión que se ha visto en los últimos años es que en general el bloque de los países en desarrollo dentro de la negociación, agrupados en el G-77 más China, se opone a tener medidas vinculantes de reducción de emisiones, a menos que los países desarrollados transfieran recursos.

Entonces estamos en un problema que parece de difícil resolución. Porque el bloque de los desarrollados no va a firmar un acuerdo si los otros países no se ponen metas y no están dispuestos a transferir los recursos que se necesitan. Hay un bloqueo ahí difícil de deshacer.

EC —¿Por qué los países en desarrollo reclaman que los desarrollados paguen?

GH —Es un problema que deriva del principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Cuando se firmó la declaración de Río del año 1992, en paralelo a la Convención los países del mundo firmaron un principio, el principio 7, que básicamente establece que los pases desarrollados se ven a sí mismos como responsables de los daños ambientales a nivel global y asumen el compromiso de liderar la transformación del mundo para compensar o remediar aquellos daños. Sobre la base de ese principio, la Convención ha establecido esta diferencia a partir de la cual los países desarrollados tienen que disponer de dinero para los cambios en el mundo en desarrollo.

El problema es que el mundo ha cambiado mucho desde el año 92 a la fecha. Hoy nos encontramos con que por la Convención Estados Unidos debería transferirle recursos a China en materia de tecnología o lo que fuera para que China pudiera hacer la reconversión que le permitiera reducir las emisiones. Claramente es una cosa que hoy en 2015 Estados Unidos no va a hacer.

EC —El objetivo de este encuentro en París es que la temperatura global no suba más de 2º a lo largo de este siglo.

GH —Sí, la idea es no pasarse de ese límite, ni en este siglo ni para adelante. Ya estamos en 1º de aumento.

EC —Exactamente, según la información disponible, la temperatura global ya se ha elevado entre 0,6º y 0,85º con respecto a la del año 90. ¿Por qué se eligió ese número “mágico” de 2º?

GH —Es una decisión política. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático, que es el ala científica de la Convención de Naciones Unidas, ha hecho una serie de escenarios en los que dice: “Si se sube tanto temperatura, hay una x posibilidad de riesgo de que el cambio climático llegue a tales niveles”. Hay varios escenarios con varias medidas.

El límite de 2º se tomó porque según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (PICC) tenemos un 50 % de posibilidades de evitar el riesgo de cambio climático si nos mantenemos por debajo de los 2º. Tenemos mayores posibilidades de evitar el cambio climático si tomamos metas menores, por ejemplo 1,5º o 1º, como proponen algunos países.

Lo único que quiere decir la meta de 2º es que según la ciencia por debajo de ella hay un 50 % de probabilidades de evitar el cambio climático. En realidad, también hay un 50 % de posibilidades de que no lo evitemos… Por eso es una meta muy frágil y muchos piden bajarla a 1,5º.

EC —Los países tienen tiempo hasta el 30 de setiembre para presentar los esfuerzos que están dispuestos a hacer en sus respectivos territorios, la llamada contribución nacional (INDC, la sigla en inglés). ¿De qué tipo de compromisos estamos hablando?

GH —Cuando se firmó Kioto, o también en la Convención, se decía: tenemos que tener tal nivel de emisiones, no podemos pasarnos de tal límite de emisiones para asegurarnos de que no entramos en un cambio climático de carácter peligroso, como se define. Como no se ha logrado en los últimos años de debate llegar a este acuerdo de cuál es el límite de emisiones –no de temperatura– que se pueden tener y cómo se reparten, la Convención ha decidido: hagamos al revés, en vez de tener un enfoque de arriba abajo, pongamos un tope y después repartimos, hagamos un enfoque de abajo hacia arriba: todos los países digan lo que están dispuestos a hacer, sumamos para ver cuánto nos da eso, vemos cuál es la brecha que nos queda por cubrir y terminamos de negociar sobre la base de esa brecha.

Esa es la propuesta que se está discutiendo, por eso los países tienen que presentar sus contribuciones antes del 30 de setiembre. La secretaría de la Convención quiere tener las de todos los países para poder elaborar un informe de síntesis con suficiente tiempo antes de que empiece la reunión de la Convención, para poder renegociar esas metas, ver qué esfuerzo más se puede hacer, etcétera.

EC —¿En ese capítulo ingresa el anuncio que hizo a principios de agosto el presidente de Estados Unidos, Barack Obama? Obama lanzó un plan muy ambicioso rumbo al 2030, dijo que el objetivo era reducir un 32 % las emisiones de carbono de las centrales termoeléctricas en comparación con los niveles del año 2005.

GH —Estados Unidos es uno de los pocos más de 50 países que hasta la fecha han presentado sus contribuciones. El problema que hay con las contribuciones es que no hay una metodología acordada de cómo deben ser presentadas, cuáles son los indicadores. Básicamente el país puede presentar cualquier indicador. Por ejemplo, Obama dice “vamos a reducir tanto por ciento las emisiones termoeléctricas”, pero fija como año de base el 2005, no fija 1990. Además deja todo el resto de los sectores afuera, no dice qué va a pasar con el transporte en Estados Unidos, qué va a pasar con el sector de minería, etcétera. Entonces evaluar la contribución de cada país requiere un esfuerzo grande para ver qué es lo que implica para los demás sectores.

EC —Tomemos el caso de Estados Unidos como ejemplo para ver esto que estamos tratando de entender. Este anuncio que hace Obama, y que muchos saludaron, no incluye detalles a propósito de cómo se lo va a lograr, qué factibilidad tiene. Lo digo teniendo en cuenta que del Partido Republicano salieron automáticamente una serie de voces de peso que se oponían a un plan de trabajo de ese estilo. ¿De quién depende que lo que Obama anunció sea realista? ¿Depende del Congreso? Obviamente, depende también de los próximos gobiernos que vengan en Estados Unidos. Entonces, ¿qué valor tiene un anuncio como ese?

GH —Todo va a depender de cuál sea el acuerdo que se logre finalmente. El acuerdo puede tener cláusulas vinculantes, puede tener cláusulas con penalizaciones o puede ser un compromiso de palabra, eso no está claro. Entonces no sabemos qué posibilidad de cumplimiento tiene cualquier compromiso que asuma cualquier país hasta no ver los resultados de la negociación.

EC —Está bien, pero cuando un país hace un anuncio, cuando un país hace su compromiso, ¿no se le exige nada?

GH —No, sobre cómo lo va a hacer no.

EC —¿No se le exige ninguna verificación, etcétera?

GH —No, en este tipo de compromiso no. Hay otros casos, por ejemplo los países en desarrollo que presentan ciertos proyectos a cambio de dinero sí tienen que presentar cómo los van a hacer. Pero en el caso concreto de estas contribuciones que se están haciendo ahora, se da un informe nada más a la secretaría para que pueda evaluar la veracidad o no de eso, hasta dónde puede llegar. Se espera que una el compromiso firmado diga, por ejemplo: “Estados Unidos se compromete a reducir tanto”, eso es un compromiso. Cómo lo cumple en lo interno es problema del país; tendrá que arreglarse Obama o los futuros presidentes con el Congreso para resolverlo, o con las empresas eléctricas en este caso.

EC —De los 196 participantes, más de 50 países ya presentaron sus planes nacionales.

GH —Sí, ahí está considerada la Unión Europea, que son 28 países, que parecen ser los que tienen los objetivos de mitigación más importantes, los que se han comprometido en mayor medida.

EC —¿Qué podemos destacar a propósito de ese panorama? Por ejemplo, en nuestra región, México, Chile, Perú y Colombia ya presentaron documentos.

GH —No, presentaron documentos pero no formalmente. Los únicos que presentaron documentos formalmente a la Convención son este momento México, Trinidad y Tobago y República Dominicana. Chile, Perú y Colombia han iniciado procesos de consulta pública.

EC —Esa es una puntualización importante: han iniciado procesos de consulta pública. ¿Se requiere ese paso?

GH —No; es una recomendación que hace la Convención y que en general hace Naciones Unidas en todas sus áreas de trabajo, pero no es obligatorio.

EC —¿En Uruguay se va por ese camino? ¿Se cumple con ese procedimiento?

GH —Hasta ahora no se ha presentado. Sabemos que el país está trabajando en la contribución y que va a haber algún proceso de consulta pública que va a tener que iniciarse en una semana o dos a más tardar, porque se va la fecha.

***

EC —Cuando se aborda este tema la discusión se centra en las emisiones que cada país realiza. Ese es un foco importante en la discusión a propósito del cambio climático. Brevemente, ¿qué son las emisiones y cuáles son las principales actividades que las provocan?

GH —El cambio climático está provocado por muchos factores. Uno de ellos es el aumento en la atmósfera de cierto tipo de gases que reducen la irradiación de la Tierra hacia fuera del calor que llega desde el sol, de los rayos que llegan desde el sol. Es como un invernadero, por eso se llama efecto invernadero. Estos gases aumentan la cubierta de ese invernadero y cada vez aumenta más la temperatura del planeta.

Los gases que se han identificado y sobre los que la Convención trabaja son el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano. Hay otros, por ejemplo el vapor de agua es uno de los que generan efecto invernadero, pero no es considerado por la Convención y por el PICC. También están los HFC (hidrofluorocarbonos) y otros. En total son siete gases en este momento, se agregó uno más hace un par de años.

Estos gases vienen básicamente del sector energía. De todos los usos de los combustibles fósiles, ya sea para generar electricidad, para el sector transporte o de los combustibles que se utilizan en la industria, etcétera. La esta quema de esos combustibles fósiles es la que produce la mayor cantidad de dióxido de carbono en el mundo, en torno al 75 %, que es de hecho el mayor responsable del cambio climático.

Los otros gases, como el óxido nitroso y el metano, se emiten en menor cantidad pero tienen un potencial de calentamiento atmosférico mucho mayor. Una molécula de metano provoca 21 veces más calentamiento que el dióxido de carbono, por lo menos con las metodologías que se están utilizando ahora.

Entonces hay países cuya mayor emisión proviene del sector energía, como es el caso de Estados Unidos y de China. En otros lo más importante es el sector forestación, porque cuando se tala un bosque o una plantación, todo el carbono que está contenido en la madera se libera y, al combinarse con el oxígeno, se transforma en dióxido de carbono. Para algunos países (Brasil, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay) el sector forestación es un importante contribuyente al calentamiento.

En el caso de Uruguay en particular, el metano y el óxido nitroso, que tienen un potencial muy grande, se generan esencialmente en la producción ganadera, agrícola. Uruguay es un caso muy excepcional en el mundo, ya que el 75 % de sus emisiones provienen del sector agropecuario y no del sector energía.

Este es el panorama global de los gases y los sectores que tienen mayor impacto en el cambio climático.

***

EC —Estamos hablando de la preocupación de la comunidad internacional por el cambio climático y la discusión de las medidas que hay que tomar para frenarlo. ¿Por qué? La pregunta puede ser de Perogrullo, pero ¿por qué? ¿Cuál es el problema con el cambio climático? Aterricémoslo aquí mismo en Uruguay. ¿Qué impacto está teniendo el cambio climático en nuestro país?

GH —Ante todo, hay que separar la consideración de variabilidad climática y cambio climático. Es común que cuando hay mucha inundación o mucha sequía se le eche la culpa al cambio climático. En nuestro país hay una variabilidad climática natural, año a año los números cambian. Para hablar de cambio climático tenemos que tomar series de datos de décadas para poder decir qué es lo que está cambiando.

Algunas variables están cambiando. Por los datos de investigaciones nacionales sabemos que ha ido aumentando el nivel del mar en la costa uruguaya, sabemos que el caudal de los ríos ha ido aumentando, sabemos que la temperatura media ha ido aumentando, sabemos que las noches son más cálidas. Hay una serie de datos de los que se tienen series históricas, pero hay muchos datos de los que Uruguay no tiene series históricas prolongadas que den cuenta de que este cambio climático existe.

Por tanto no podemos atribuir la sequía o la inundación de este año al cambio climático. Sí sabemos que si el cambio climático avanza este problema va a ser cada vez más frecuente, cada vez vamos a tener más seguido las dos cosas, episodios de sequías y episodios de inundaciones. Claramente este cambio afecta mucho a Uruguay, un país esencialmente agropecuario depende 100 % del clima. Sin contar los trastornos que pueden ocasionar la crecida de nivel del mar o las inundaciones con respecto a la gente que vive en las cercanías de los ríos, que vemos cada vez que hay inundaciones. Ese es el tipo de consecuencias que se espera que vaya a tener el cambio climático en las siguientes décadas. Tampoco es una cosa que vaya a pasar dentro de mucho tiempo; de hecho ya está pasando.

EC —Se podría agregar algún otro ejemplo más. Las olas de calor le pegan muy fuerte al ser humano; le pegan muy fuerte al animal, pero pensemos en el ser humano.

GH —En 2003 hubo una ola de calor muy importate en Europa en la que murieron más de 2.000 personas. Y estoy hablando de Europa, de países que tienen mejores condiciones que otros para defenderse, como aire acondicionado, lugares donde refugiarse. Ya en 1998 había habido una ola de calor muy importante en la India que se había llevado más de 1.500 personas. Evidentemente esto también es un problema.

EC —¿Cómo llega Uruguay a la previa de la Convención del Cambio Climático de París? ¿Cómo está en cuanto a la preparación de la propuesta que debe anticipar antes de fin de mes?

GH —Hay dos temas en cómo Uruguay se prepara. Uno es específicamente cuál es su contribución, cómo se prepara para lo que va a aportar, etcétera. El otro tema es cómo se prepara para incidir en la negociación, porque Uruguay no va a resolver el tema del cambio climático; es un tema de negociación colectiva, y es necesario que los países aporten no solo con reducciones, sino que aporten en la construcción de un acuerdo, que sea posible un acuerdo.

Un tema clave en esto es definir una posición. Hay distintas percepciones. Por ejemplo, uno puede estar más “alineado” con la posición china y decir “nosotros somos un país en desarrollo, no somos responsables de este cambio climático, por lo tanto no tenemos que hacer ninguna reducción”. Otra posible posición es decir “la única manera que tenemos de lograr un buen acuerdo y destrabar este conflicto es aceptar que tenemos que tener algún tipo de contribución”, tratar de fortalecer un buen acuerdo o presionar para que haya un buen acuerdo. Creo que el gobierno no es homogéneo en esto, lo cual me parece muy natural; ningún gobierno es homogéneo con respecto a diferentes temas.

En cuanto a lo que Uruguay está preparando, hace unos 15 días tuvimos una reunión con el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático en la que se nos presentó una información muy preliminar, muy en borrador y con datos muy esquemáticos.

Uruguay está pensando en presentar medidas más bien de intensidad de carbono y no metas absolutas. No va a decir “vamos a reducir X % las emisiones con respecto a tal año” o “nos vamos a poner un tope tal de emisiones”, sino “vamos a tener un límite de carbono por kilovatio/hora producido”. Es decir, en el sector eléctrico nos vamos a poner una meta de intensidad de carbono, nuestra matriz eléctrica no va a superar tal nivel de carbono por kilovatio/hora. En el tema ganadero presenta una meta por producción de kilo de carne; es decir, no vamos a limitar nuestras emisiones globales de metano, sino que vamos a reducir un x porcentaje por kilo de carne producido respecto a lo que emitíamos en 1990.

Básicamente Uruguay presenta metas sectoriales en electricidad, en ganadería, en procesos industriales, pero siempre en términos de intensidad. Voy a reducir las emisiones por PBI o por producto.

EC —El ejemplo más claro es el de la generación de energía eléctrica, cómo ha ido avanzando en la ecuación la energía eléctrica generada a partir del viento, del agua o del sol. Esa generación de energía eléctrica no produce gases con efecto invernadero, y mientras tanto ha ido bajando la proporción de esa energía que surge de centrales térmicas.

GH —Exactamente, hoy por hoy estamos en un 95 % de generación a partir de fuentes renovables. Debe de ser un caso (casi) único en el mundo. En ese sector Uruguay está muy bien posicionado, no necesariamente tiene que hacer un esfuerzo mayor. Los problemas de Uruguay están más bien en el sector transporte, para el cual no hay ninguna meta en la propuesta. Es el sector que viene aumentando más sus emisiones y potencialmente las va a seguir aumentando.

EC —¿Por qué? ¿Por el aumento del parque automotor?

GH —Por el aumento del parque automotor, no solo el privado, en el transporte urbano, sino también el transporte de cargas a nivel carretero. En ese sector las emisiones van a seguir aumentando.

Acá hay un tema interesante para ver del lado de lo local o lo nacional, que es que algunas medidas de mitigación tienen cobeneficios a nivel nacional y que por eso deberían ser impulsadas, no solo por el cambio climático. El caso del transporte es un caso típico, el crecimiento automotor realmente no solo hace crecer las emisiones globales de efecto invernadero, sino también las emisiones al aire que nosotros respiramos en la ciudad cuando salimos a la calle, y genera problemas de congestionamiento, embotellamiento, accidentes, todo esto que estamos viendo. Por lo tanto parecería razonable tener una buena meta en el transporte, no solo por razón del efecto invernadero, sino también por las propias razones locales.

EC —Un oyente más temprano proponía: “Hay que reducir el consumo, hay que bajar el estatus y por ejemplo abandonar, en la medida de lo posible, el automóvil y utilizar más la bicicleta”. Es una caricatura quizás, una simplificación, pero es un tema que se discute en todo el mundo.

GH —No solo se discute: se toman medidas. En la mayoría de los países que ya pasaron por este problema y están de vuelta, en vez de ampliar calles o ampliar carreteras, las achican, porque lo que se busca es evitar que la gente circule en automóvil. Pero, claro, se mejora mucho el transporte público para eso. Ahí hay que hacer una ecuación de decir: hay que intentar de reducir el transporte privado, pero hacer un buen transporte público, eficiente. En Montevideo el promedio de velocidad del transporte público es de 16 km/h. Está claro que cualquiera que pueda comprarse una moto o un auto se lo compra, porque si no, no puede hacer la mitad de las cosas en el día. Son las dos cosas.

Y a nivel carretero la discusión del ferrocarril en Uruguay está muy atrasada, pero sería un elemento que descongestionaría mucho el tránsito carretero y reduciría mucho las emisiones.

EC —En la carta que nos enviaste hace dos meses decías que la discusión y formulación de la contribución nacional a la Convención del Cambio Climático “es un tema relevante para el país, pues marcará el rumbo del desarrollo nacional”.

GH —Claro. Esta presentación que va a hacer Uruguay ahora en setiembre no necesariamente es la definitiva. La definitiva se va a construir una vez que se sepa cómo es el acuerdo. Antes de que se sepa de verdad cómo es el acuerdo va a ser muy difícil que un país presente una contribución definitiva.

Vamos a suponer que Uruguay dice “nosotros vamos a reducir las emisiones del sector transporte”. Eso implica que va a haber que destinar una serie de recursos al transporte público, por ejemplo reducir las posibilidades del transporte privado, aumentar el eje ferroviario y reducir el transporte carretero. Estas son inversiones de muy largo plazo, no se pueden hacer de un día para el otro y tiene efectos por muchas décadas.

Creo que se condicionan mutuamente. La propuesta que vaya a hacer Uruguay necesariamente va a estar condicionada por el plan de desarrollo que tenga. A su vez, tiene que tener claro que cualquier contribución que presente que vaya a ser obligatoria va a condicionar su camino al desarrollo.

EC —Entonces, ¿estamos efectivamente trabajando de esa forma? ¿Vamos a llegar bien? ¿El gobierno se ha puesto las pilas? ¿La sociedad está enchufada?

GH —El oyente decía algo bastante atinado, “hay que reducir el consumo”. En términos un poco más claros, hoy por hoy cada ser humano del planeta emite unas 6 toneladas per cápita de carbono por año. Uruguay está en el orden de las 10 toneladas, por encima del promedio. Para mantener el aumento de temperatura por debajo de ese límite de cambio climático de 2º, cada habitante del planeta tendría que estar emitiendo 2 toneladas per cápita. Es decir, si de verdad queremos evitar el cambio climático, nosotros, los uruguayos, deberíamos tener la quinta parte de las emisiones que tenemos hoy.

Esto está obviamente muy lejos de lo que propone Uruguay. La propuesta uruguaya, a lo sumo –nos faltan muchos datos, porque la propuesta es muy esquemática– mantendrá las 10 toneladas per cápita, que es lo que emite Europa. Entonces este no es un buen camino para evitar el cambio climático. Claro, usted me dirá y con razón: ¿qué hacemos con la economía? No sé qué hacemos con la economía, pero el límite es ese.

***

EC —¿Cuándo se va a presentar la propuesta de compromiso de Uruguay?

GH —No tenemos fecha. Pero se tiene que presentar antes de fin de año, la consulta pública debería estar abierta por lo menos unos 20 días, así que espero que no pase de esta semana la presentación. Seguramente habrá alguna presentación pública de esto.

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Transcripción: María Lila Ltaif

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