Entrevista central, martes 30 de junio: María Rodríguez Rado

Entrevista con la doctora María Rodríguez Rado, de Médicos Sin Fronteras.

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EN PERSPECTIVA
Martes 30 de junio, hora 8.20

EMILIANO COTELO:
En En Perspectiva siempre intentamos abrir ventanas al mundo. Nos parece fundamental salir de la aldea, poner la mirada en otras realidades. Un capítulo particularmente dramático de esa agenda es el de las crisis humanitarias que están teniendo lugar a lo largo y ancho del planeta.

Algunas de ellas son moneda corriente en nuestros titulares, como Siria, Irak o los territorios palestinos. Pero hay otras que mencionamos mucho menos, como las que tienen lugar en Sudán del Sur o el Congo. Y otras a las que definitivamente nos cuesta prestarles la atención que se merecen, como las de Guinea-Bisáu y Zimbabue, entre otras.

En todos esos lugares, en los mediáticos y en los que pasan desapercibidos para nosotros, trabaja Médicos Sin Fronteras (MSF).

Desde marzo, esta organización viene realizando su primera campaña en nuestro país, dedicada a sensibilizar a los uruguayos sobre la obra que realiza y conseguir apoyo para seguir operando.

Hoy en día MSF está trabajando en casi 400 proyectos en 67 países. Tiene más de 2.600 profesionales internacionales en el terreno, que colaboran con casi 30.000 trabajadores locales.

Vamos a conocer esta realidad un poco más de cerca. Para eso estamos en contacto con la médica uruguaya María Rodríguez Rado, que pertenece a la organización desde 2004 y actualmente es la directora de la Unidad Médica de Brasil, un departamento de MSF dedicado a mejorar la calidad del apoyo en las áreas de enfermedades tropicales desatendidas, entre otras situaciones.

En primer lugar, ¿qué es MSF?

MARÍA RODRÍGUEZ RADO:
MSF es una organización de ayuda médica humanitaria, independiente e internacional. Procura llevar acceso a la salud a poblaciones que de otra forma no tendrían los servicios de medicina especializada o medicina de emergencia, y todos los componentes alrededor de estas actividades, como cirugía, fisioterapia, salud mental, acceso a agua y a saneamiento. Es un componente de salud específicamente, pero con todo el resto de las áreas para que esa población tenga un acceso a una salud digna. Por eso lo de humanitario.

EC – MSF fue fundada en Francia en 1971 por un grupo de médicos y periodistas. ¿Cómo es eso?

MRR – Surgió en el año 1971 por dos personas, un médico y un periodista, que pertenecían al Comité de Cruz Roja Internacional. Ellos venían de salir de diferentes guerras y vieron que querían hacer un poco más público el tipo de ayuda que hacían, más visible, con una voz, hacer un poco de advocacy de lo que sucedía. Ahí se forma MSF por franceses en el año 71.

EC – Otro hito importante en su historia es que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1999.

MRR – Así fue. En 1999 se ganó este premio internacional por la labor destacada en llevar ayuda humanitaria en forma independiente. Para nosotros fue un gran logro, un gran reconocimiento y también un gran motivo para continuar y no detenernos.

EC – Según ustedes mismos lo han definido, MSF atiende a poblaciones víctimas de catástrofes de origen natural o humano, de conflictos armados, de epidemias, y también poblaciones víctimas de “enfermedades olvidadas”. ¿Qué son las “enfermedades olvidadas”? ¿Qué hace MSF en esos casos?

MRR – Es una temática que de repente por ese nombre no es muy reconocida, pero si hablo de cólera, de dengue, de malaria o de leishmaniasis puede ser que a la población le resulte más familiar. Lo que sucede es que son definidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como enfermedades tropicales desatendidas, olvidadas o negligenciadas. Significa que son olvidadas o dejadas de lado por diferentes estratos sociales porque afectan a poblaciones que tienen poca voz y poco voto. Poblaciones que no tienen acceso a comunicación, a salud o a posibilidades de desarrollo, por tanto las sufren más en silencio. También son llamadas “enfermedades silenciadas”.

EC – ¿Dónde están localizados los principales problemas de este tipo?

MRR – Se dice que el 70% de los países afectados por estas patologías pertenecen a economías de ingreso bajo o medio-bajo. Son patologías que están asociadas directamente a la pobreza. Son unas 17 enfermedades, con respecto a las cuales no hay voluntad para investigación ni para desarrollo de nuevas técnicas de diagnóstico, de nuevos tratamientos, de vacunas, cuando la gran mayoría son infecciosas y podrían ser prevenibles. Pero como se dan en un grupo poblacional muy silenciado no hay acceso a buenos protocolos, a buenos tratamientos ni a buenas formas de diagnóstico. Según la OMS, mil millones de personas en el mundo están afectadas por estas enfermedades. Pero son datos estadísticos, porque se dan países como la India, muchos países latinos o la gran mayoría de los países africanos, donde no hay equipos de vigilancia sanitaria o de epidemiología para saber cuál es el número exacto. Son datos estadísticos. Así y todo se sabe que ocurren en todas las poblaciones con poco acceso a agua limpia o potabilizada, a saneamiento, con lo cual se crea un círculo vicioso enfermedad-contagio.

EC – Vamos a seguir conociendo la obra de MSF, pero ahora a partir de tu experiencia personal. Tú eres uruguaya, oriunda del departamento de Treinta y Tres, estudiaste en la Universidad de la República (Udelar), donde te recibiste como médica y realizaste un posgrado en Infectología. Tu vinculación con MSF tiene ya 11 años, data del año 2004. ¿Por qué? ¿Cómo te involucraste con esta organización?

MRR – Un poco fue por casualidad, aunque no sé si hablar de casualidad o de causalidad. Una vez que me recibí en la Udelar, de lo que estoy muy orgullosa, apliqué, envié un currículo –yo siempre quise tener un vínculo con todo lo que podía ser una problemática médica social–, pero en ese momento no encontraba acá en Uruguay dónde podía hacer eso. Me avisan de MSF y ahí aplico. Eso fue recién recibida. No tenía todos los requisitos que se pedían, tenía que tener una experiencia de más de tres años de manejo clínico, y otras. Por lo tanto eso se me olvidó y seguí con la historia de mi posgrado.

Estaba en Barcelona haciendo una pasantía en el hospital Clinic, un hospital de infectocontagiosos sobre todo en el área de VIH, que era a lo que más me dedicaba en ese momento, cuando por casualidad me contacté con la organización, que tenía su sede en una zona muy céntrica de Barcelona. Así fue que entré, en ese momento ya tenía más de tres años de experiencia, ya estaba terminando un posgrado de infectocontagiosos, por lo cual ya estaba en situación de poder trabajar en la organización. Así fue y hasta el día de hoy he continuado. Por supuesto, haciendo misiones, saliendo al terreno, yendo a los países, formando parte de equipos de terreno o de la coordinación, y cada tanto tomando los descansos necesarios para recuperar un poco de energía después de estar en estos lugares de guerra o de grandes epidemias.

EC – Tu primer destino fue Kenia, donde se había instalado un proyecto para atender la prevalencia del VIH en la población. ¿Cómo fue esa experiencia?

MRR – Para mí fue un gran orgullo, sobre todo formar parte de ese equipo en el proyecto Busia, que quedaba en una ciudad limítrofe con Uganda y que era una zona de mucho tránsito de transporte terrestre, de camiones. Por allí se sacaba el petróleo de esa parte de África hacia Mombasa, un gran puerto en la costa índica de Kenia. Por lo tanto ahí por Busia pasaban todos los camiones que venían de África Occidental, atravesaban Uganda, y llegaban al puerto.

Por lo tanto esa zona de ida y de vuelta era un área superconflictiva desde el punto de vista de una alta trasmisión de VIH. Un 40% de la población de Busia estaba afectada en ese momento. Si lo extrapolamos a nuestro personal, muchos tenían infectados a sus hermanos, sus padres, sus hijos. Por tanto tenía un concepto social y de sensibilidad enorme. Y te estoy hablando del año 2004, cuando todo lo que era el tratamiento para VIH y llevarlo a comunidades rurales era una gran utopía. Se criticaba mucho a MSF por querer establecer protocolos de inicio de tratamiento de VIH y de enfermedades oportunistas de esta patología como el sida, y por tanto llegar a poblaciones rurales, porque se entendía que en ese contexto iba a ser imposible. Entonces para nosotros fue un gran orgullo mostrar al mundo que esa población tenía derecho y tenía la dignidad de poder ser tratada. El proyecto pasó al Ministerio de Salud, lo siguen llevando hasta el día de hoy con ayuda de organizaciones, y se han tratado miles y miles de pacientes. Ese es un ejemplo, pero puede ser Zimbabue, Sudáfrica…

EC – La lista de lugares en los que te ha tocado trabajar como enviada de MSF es impactante. Incluye Afganistán, Sudán del Sur, Sudán, Níger, Zimbabue, Yemen, Guinea-Bisáu, Territorios Palestinos Ocupados, Tanzania, Etiopía… ¿Cuáles son las dificultades más frecuentes que se les presentan en la tarea diaria en lugares como esos?

MRR – La ayuda humanitaria ha cambiado mucho en los últimos 10 años, desde cuando yo me inicié a ahora es otro mundo, en cuanto a seguridad. Hoy por hoy no somos solo médicos, enfermeros o parteras, hay ingenieros, economistas, administradores, educadores, psicólogos. Todos nosotros somos un blanco muy fácil para ataques terroristas o ataques contra nosotros, contra la organización, contra hospitales, por tanto contra nuestros beneficiarios, nuestros pacientes.

Por lo tanto lo que más remarcaría es eso, el gran desafío que tenemos hoy por delante es poder llevar una ayuda médica digna, pero dando protección a nuestro staff y a nuestros pacientes. Eso es lo que está siendo más difícil, más utópico y lo que está llevando mucha discusión interna en la organización.

EC – Por detenernos en otro ejemplo, ¿cómo fue la tarea en Sudán del Sur, en qué consistía el desafío?

MRR – Sudán del Sur es un país muy nuevo, el más nuevo que tenemos. Yo trabajé varias veces en Sudán del Sur, estuve dando apoyo allí unas tres o cuatro veces. La primera vez era mi segunda vez en África, fue en 2004-2005, por tanto era un desafío no solo cultural, sino de choque social con todas esas poblaciones.

En Sudán del Sur me tocó en ese momento estar frente a un hospital enorme, de 250 camas. Un hospital de campaña, un hospital africano, no estamos hablando del concepto de hospital que uno tiene en el mundo occidental o aquí en Uruguay. Eran hospitales muchas veces con techos de paja, con suerte con un piso de pórtland, por supuesto que todo con el máximo esfuerzo en higiene y llevando todas las condiciones básicas para brindar atención, pero sin aire acondicionado ni ventilación especial para la sala de tuberculosis ni con niveles de desarrollo. No. Dentro de todo, con un mínimo estándar de salud, adecuado a un contexto africano.

En ese momento ese hospital de 250 camas tenía sala de emergencia, tenía una maternidad, una pediatría, una sala de cirugía, había un bloque operatorio, donde se asistía todo de emergencia, no había mucha cirugía coordinada. Además de todo eso venían todas las patologías, algunas de las olvidadas, por ejemplo la tripanosomiasis africana, que es la famosa “enfermedad del sueño”. Sudán del Sur se caracteriza por tener un foco de tripanosomiasis en esa zona, y si no era MSF no había otro acceso, nadie más la trataba en ese momento. Con fármacos de hace 50 años, por lo tanto con efectos secundarios muy grandes, por lo cual había que tener un nivel de alerta y de respuesta médica cardiológica especial para estos pacientes, cuando las condiciones eran muy básicas.

Aparte de todo esto teníamos sala de malnutrición. Había una zona fronteriza con Uganda y más hacia el oeste con Congo, que era una zona de mucho desplazamiento, de mucho contexto inseguro. Operaba un movimiento que se llama LRA, el Lord Resistance Army, que son los famosos guerrilleros que reclutan niños para la guerra. Entonces había mucha inestabilidad, llegaban al pueblo donde estábamos nosotros, y cuando se desestabilizaba se llevaban mujeres, niños, lo que sea. Por tanto, aparte de la emergencia y de la tripanosomiasis y todos los servicios básicos, había una sala de malnutrición, porque quedaban muchos niños huérfanos sin ningún tipo de amparo.

Por tanto ahí era un gran desafío no solamente cultural, sino social y médico. Muchas veces me tocaba estar al frente del hospital sola, cuando los médicos tenían que salir o tenían que ir a hacer algún traslado especial a alguna otra zona. Los traslados los hacíamos muchas veces en avión, porque por tierra era sumamente complicado, no solamente por un tema de seguridad, sino también por un problema logístico. No había rutas, había que atravesar selva con una vegetación muy agreste. Por tanto ahí los desafíos eran de todo tipo, desde de seguridad hasta médico, social y cultural.

***

EC – Para seguir entendiendo lo que hace la organización, sería bueno detenernos en lo que estás haciendo hoy. Hoy eres directora de la Unidad Médica de Brasil (Bramu), un departamento de MSF dedicado a mejorar la calidad del apoyo médico en las áreas de enfermedades tropicales desatendidas, otras situaciones de violencia y otras situaciones de salud emergentes. ¿Cómo es esto? ¿Por qué tienen una unidad en Brasil?

MRR – En Brasil MSF trabaja desde hace unos 20 años. Primero se llega a trabajar con una comunidad indígena en el norte amazónico, luego ya más en violencia urbana en Río de Janeiro, en Complejo Alemán, Complejo Lamarré, que son diferentes favelas. Pero a partir del año 2007, cuando esos proyectos empiezan a cesar en Brasil, por cambios en el sistema público de salud, que llegaba o pretendía llegar a 200 millones de personas, MSF vio que Brasil ya no era más un país donde se debía prestar atención directa, como en poblaciones de Amazonas o de Río de Janeiro.

Por tanto se cerraron los proyectos, pero se dejó una oficina, que funciona hasta el día de hoy, con un carácter más de seguir en la zona, de seguir establecidos, de mantener todos los contactos en el país y en el Cono Sur, y además ser un centro de recaudación, de captación tanto de fondos financieros como también de recursos humanos. Aparte de eso, se tiene un Departamento de Comunicación muy fuerte, que difunde en portugués toda la acción de MSF, con un gran seguimiento en Twitter y en las redes sociales de la labor de la organización, en portugués, cosa que es muy buena.

Además de todo eso, se decide en ese momento, en 2007, mantener una unidad médica pequeña, descentralizada de los centros operacionales de Europa de MSF, establecida aquí en el Cono Sur, para mantener el contacto con grandes investigadores, con centros de investigación universitarios y privados del Cono Sur, sobre todo en el área de las enfermedades tropicales desatendidas, que es un tema dentro de MSF, es una gran bandera de lucha de MSF para que no sigan siendo olvidadas y mantenerlas vivas. Por tanto acá el Cono Sur podría tener en Brasil un gran polo médico en ese aspecto.

Hace un año que estoy colaborando en esa oficina, coordinando ese equipo de médicos y antropólogos que mantenemos una red de contacto con centros de investigación, científicos, laboratorios en el Cono Sur, para continuar en la lucha por que haya más recursos, más innovación y más desarrollo para las enfermedades desatendidas.

Además de todo eso hacemos un seguimiento de diferentes proyectos de violencia en América Latina, con médicos y antropólogos, para ver de qué forma podemos trabajar en zonas de violencia urbanas o rurales como pueden ser las de México o las de Colombia, que no están ligadas a un hecho bélico internacional de violencia, sino que están más localizadas en países donde hay gobierno, hay un sistema legislativo y judicial, pero igual persiste la violencia urbana.

EC – Seguramente para muchos es impresionante, es todo un descubrimiento enterarse del abanico enorme de obras, de actividades que ustedes desarrollan. Y claro, la pregunta que viene a continuación de inmediato es cómo se financia todo esto. Yo estaba repasando los antecedentes y veía que casi el 90% de los aportes provienen de particulares. ¿Cuánto juega eso en la independencia que MSF busca mantener con respecto a los conflictos en los que interviene?

MRR – Es fundamental, nuestro gran aliado son nuestros donantes. Que pueden ser una familia, una abuela, una tía, una empresa. Más del 90% son donaciones de privados, llegamos a 5 millones de socios en el mundo, que son los que financian nuestra actividad. Cuando estamos en países de conflicto armado y con grandes debates a nivel internacional, como Afganistán o Yemen, esto de ser independientes tiene un peso enorme a la hora de negociar con los bandos para ganar acceso a una zona. Por tanto eso es fundamental para nosotros y lo remarcamos siempre: nuestro dinero entra no de un gobierno en especial, sino de la población en todo el mundo, tenemos 5 millones de donantes.

EC – Los oyentes preguntan si los laboratorios aportan con donaciones de medicamentos.

MRR – No. Nosotros tenemos una gran política en cuanto a medicamentos e insumos médicos, como equipamiento de laboratorio, reactivos de laboratorio, tests de diagnóstico, equipamiento de bloque quirúrgico, todo lo que lleva montar un hospital es propio de MSF. Por supuesto que en algún lugar se tienen que comprar, los compramos a diferentes empresas, casi todas europeas. Procuramos tener y llevar una ayuda lo más independiente posible de donaciones en especial. Puede haber algo muy puntual que se me esté escapando, pero la gran política de MSF es comprar medicamentos o insumos médicos con una relación costo-beneficio ideal para poder llegar a las poblaciones. Y todos pasan por un testeo farmacológico y de peritos de ingeniería de nuestra propia organización para decidir si están aptos para ser usados. Tienen que tener una certificación especial, no solamente de la empresa que los produzca, sino también de nuestros propios peritos.

EC – Preguntan también si Uruguay contribuye a MSF. Tengo la impresión de que no, por lo que decías recién, que el apoyo financiero, el apoyo de recursos lo buscan básicamente en las personas y las empresas.

MRR – Sí, pero en Uruguay ya tenemos 1.500 donantes.

EC – Donantes individuales. Vamos a la campaña que ustedes están llevando adelante desde el mes de marzo y que por primera vez hemos visto acá en nuestro país. ¿Cómo les ha ido?

MRR – Muy bien. Ya se sabía que Uruguay podía ser un país solidario y de prestar ayuda a través de donaciones. Desde que se comenzó a ahora ya llevamos 1.500 socios. Se pueden hacer socios entrando en la página web de MSF Uruguay. (Me da mucho orgullo decir “MSF Uruguay”, es la primera vez que hablo en Uruguay y de una página web uruguaya.) El mecanismo es ir al sitio web.

MRR – Exacto, www.msf.org.uy Ahí se puede obtener información sobre cómo colaborar, qué es MSF, dónde actuamos, cómo nos pueden contactar y las formas de colaborar.

EC – Las formas de colaborar son variadas. Decías que ya tienen 1.500 contribuyentes. ¿Qué tipo de compromiso implica eso?

MRR – Diferentes tipos de compromisos. Desde una donación puntual o una donación mensual de diferente valor de dinero hasta contribuir difundiendo nuestro trabajo. No solamente con dinero, sino difundiendo, tuiteando, informando a través de las redes sociales cuál es la labor nuestra, qué es lo que pasa en Siria, qué es lo que pasa con los migrantes en el Mediterráneo, qué es lo que pasa en Sudán del Sur. De esa forma también se ayuda a que la labor de MSF siga existiendo, dándola a conocer.

EC – ¿Hay algún mínimo para ser contribuyente mensual?

MRR – No te sabría decir cuál es el mínimo. Por supuesto, en todos los países hay un mínimo para los donadores regulares, que continúan todos los meses. En Uruguay puedes entrar en la página web y hacerte socio directamente o a través de tarjeta de crédito o con la factura de Antel. Con la factura de Antel hay un mínimo mensual de 200 pesos, pero podría haber otros mínimos con tarjetas de crédito. También hay un número de teléfono, el 2927 2370, ahí pueden informar bien cuál es el mínimo. Pero sí, en la página o en el teléfono se informa bien sobre las formas de colaboración con dinero.

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Transcripción: María Lila Ltaif

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