Elogio de J.R.R. Tolkien

Elogio de J.R.R. Tolkien

Este sábado Lucía Campanella llegó con una invitada, Sol Nemeth, para hablar de J.R.R. Tolkien (John Ronald Reuel Tolkien, británico nacido en Bloemfontein, hoy Sudáfrica, en enero de 1892) del que sabemos, en general, que escribió ese gran favorito de jóvenes lectores en todo el mundo que es El Señor de los Anillos, y del que sin embargo cabe aprender que su personalidad creativa más profunda la vamos a encontrar, al parecer, en otras páginas de su vida y su obra.

Católico y conservador, filólogo de Oxford, latinista, apasionado estudioso de las lenguas; que conoció las trincheras de Francia en 1916 (fue teniente segundo, especializado en lenguaje de signos), en la batalla de Somme; pacifista, que junto a sus amigos los inklings se propuso cambiar el mundo y es el padre de la llamada modern fantasy. Tolkien, admirador del finés, soñaba con ser el Elias Lönnrot de Inglaterra, el creador de un moderno mito fundacional inglés; del que acaso Inglaterra, extraña finalmente al idioma del Beowulf y demasiado francófoba como para asimilar a Arturo, carecía.

Creó un detallado universo imaginario y una inmensa aventura protagonizada por hobbits, elfos, enanos, hechiceros, orcos, príncipes del mal (no olvidar los ents o árboles que caminan y hablan), además de seres humanos, claro, entre infinitas otras criaturas. Creó un mundo, Arda, una cosmogonía particularmente bella en que la que Eru, el dios único, compone —en el sentido musical, sí, de esta palabra—, el universo, con sus melodías y armonías, según lo narrado en El Libro de Arda, en el Silmarillion.

Más tarde, creó también una cosmología y una región o continente en los que concentrarse, la Middle-Earth, Tierra Media, de la que vamos a poder conocer, finalmente, todo: su historia y su geografía, sus estaciones, sus bosques, sus festividades y —quizá lo más notable— sus idiomas y hasta sus canciones.

Este último punto, el de los idiomas, parece ser el punto fundamental, de acuerdo a lo explicado por la invitada. Tolkien, que dominaba fluidamente el latín, el griego, el alemán, el francés y una decena de idiomas más, creó lenguas enteramente originales, con su vocabulario y su gramática, por placer y por convicción estética. Y esa es, acaso, su gran obra maestra. Si inventó y redactó luego universos, personajes e historias, fue porque deseaba poner sus creaciones más importantes en escena y en acción.

De todo esto y más dialogó el equipo de Oír con los ojos con Sol Nemeth, profesora de inglés, traductora pública y sobre todo, gran amante y conocedora de la vida y la obra de Tolkien.

Foto: tolkien.co.uk

Oír con los ojos
T04P27
Emisión: 12.09.2020

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