Incertidumbre, miedo y una incipiente organización vecinal en la Cruz de Carrasco: Otra cara de los operativos Mirador del Ministerio del Interior

Referentes del asentamiento Casitas Blancas de la Cruz de Carrasco y de la organización social La Pascua hablan de los miedos de los vecinos, entre grupos de delincuentes que perdieron ciertos «códigos» y la amenaza latente de que el Gobierno demuela viviendas irregulares

Era diciembre de 2017. Sonia vio la noticia en el informativo de televisión, respiró hondo y enseguida pensó: “eso se viene para acá”. En la crónica se relataba cómo grupos de narcotraficantes habían usurpado casas de vecinos a punta de pistola y los habían obligado a irse del barrio Casavalle.

Ella sabía desde hacía años lo que era vivir en una de las mal llamadas “zonas rojas” con grupos criminales conquistando terreno. Es más, sabe, al día de hoy, quiénes integran esas maffias, pero no lo denuncia. Tiene miedo.

Años atrás a Sonia solían llegarle por Whatsapp mensajes claros, del tipo: “Dentro de un rato se va a poner bravo”. Pero eso era antes, cuando los narcos tenían ciertos “códigos” y le avisaban a los vecinos que podía darse una balacera, para que tomaran precauciones y no salieran a la calle. Sonia agradecía que le mandaran esas advertencias que le permitían estar alerta. Pero esos Whatasapp también la inquietaban: podía quedar como cómplice, ¿o no?

Luego esos avisos desaparecieron.

Y a comienzos de 2018 lo que Sonia temía efectivamente ocurrió. El fenómeno de Casavalle se había contagiado y replicado en apenas unos días: vecinos de La Cruz de Carrasco también debían dejar sus casas amenazados por delincuentes pesados.

Rumores, más rumores, hasta que en marzo arribó el primero de una serie de operativos del Ministerio del Interior. Al tiempo fueron demolidas dos viviendas donde presuntamente se había incautado algo. Luego más operativos, más demoliciones.

¿Eso traía calma? No, no necesariamente. El miedo ahora era otro e invadía a todo un barrio. “Se vienen a demoler todo lo que está edificado sobre el colector”. Esa era la especulación que corría. “Van a procesar a todos los que estamos colgados a la luz y el agua”, era otro comentario.

Blanca, por las dudas, empacó todo. Si le iban a derribar la casa, por lo menos quería poder irse con sus pertenencias. Ella sabía que el terreno no le correspondía y que la construcción era irregular. Así pasó varios meses, con sus cosas guardadas en cajas. El rumor era que las autoridades venían y te daban tres horas, no más. La confusión reinaba.

Ese ambiente llevó a que por primera vez pudiera hacerse una asamblea de vecinos promovida por la organización La Pascua, que trabaja allí en el territorio. Más de 150 personas se agolparon en el local tratando de obtener algo de información. “¿En serio nos sacan?”, “¿cómo hacemos con la luz y el agua?”, se preguntaban.

A la segunda reunión lograron que asistieran las autoridades del Ministerio del Interior (MI), de la Intendencia de Montevideo (IM) y de otros organismos. Después de meses, algo quedó claro: no se los iba a procesar sólo porque estuvieran conectados de manera irregular a UTE y a OSE. El Estado no podía dar ese paso. Años atrás algunos vecinos habían querido regularizar la situación, así que habían firmado un convenio con OSE; empezaron a pagar pero nunca les instalaron los contadores. Entonces, ¿cuál de las dos partes estaba verdaderamente omisa e irregular?

Recién a partir de ese encuentro quienes llevan décadas habitando en la zona de “las casitas blancas”, las viviendas precarias ubicadas casi detrás de la parroquia de Camino Carrasco y Juan Agazzi, se enteraron de que ese terreno pertenece desde 1992 al Banco Hipotecario del Uruguay. Tuvo que pasar mucho tiempo, demasiado.

Pero lo bueno era que ahora aparecía una esperanza. “¿Y si empiezan los trámites para regularizar?”, les planteó un jerarca de la IM. Eso los entusiasmó.

Si comienzan a pagar el terreno de alguna manera en cómodas cuotas, o el BHU se lo cede… ¿será la forma de que terminen teniendo calles asfaltadas? ¿Dejará de correr el agua por los caminos embarrando todo? ¿Podrán llamar a UTE para que les retiren el cable pelado que quedó tirado en el pasaje arriba del colector? Solo la idea les genera expectativas.

Así que se agruparon, se organizaron, y hacia allí van.

Otros son más temerosos o no tienen tanta información.

– “Y, ¿qué se sabe?, ¿alguna novedad?”, pregunta un vecino mientras Ángela y “el chileno” recorren la zona.

– “Sí, hay novedades buenas. Después te cuento, quedate tranquilo”, le responde Ángela

Esta mañana, En Perspectiva se acercó a lo que se vive del otro lado de los operativos encabezados por el MI y otros organismos del Estado. Esos operativos que, en general, se ven como necesarios.

Para preparar este enfoque, Romina estuvo dos veces en “las casitas blancas”, el asentamiento de La Cruz de Carrasco, visitó viviendas, charló con sus habitantes y consultó a organizaciones que trabajan allí. Hoy se contactó por teléfono, y visitaron el estudio del programa algunos vecinos y referentes del barrio: Baldemar González, coordinador de La Pascua, una organización católica que trabaja en la zona a través de un convenio con el INAU, y que es una institución de referencia barrial (trabaja allí como educador desde hace 15 años); Ángela Barboza, referente del barrio e integrante de la Comisión de la Cruz; y Eric Sáez, también referente del barrio y cocinero, quien es chileno y está radicado hace casi dos años en la zona.

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11 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Muy buena noticia. Que un medio se vincule con los barrios y la gente, es un avance muy grande en nuestra sociedad. Es integración, es un nuevo Uruguay que todos queremos vivir. Gracias En Perspectiva!! Gracias Romina y equipo!!

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  2. Este es el periodismo de cercanía, gracias por darnos 50 minutos de tan rica honestidad y de hacer voz, los que muchas veces no tienen como llegar a los medios!!!!

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  3. Excelente enfoque del periodismo. Quedé muy conmovida por esta estrevista. Es salir de la superficie, de la «punta del iceberg » y profundizar en la sociedad, promover integración social, con el primer paso, que es escuchar y conocer el sentir y las vivencias de nuestros vecinos. Felicitaciones a Romina que fue al barrio, y me reconforta saber que una maestra y la iglesia están también involucrados humanitariamente en esta realidad. Gracias

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  4. Este caso, como los de las viviendas de Casavalle o Cerro Norte, debe ser también un ejemplo de las viviendas de emergencia que se construyeron conforme a la ley de alquileres de la dictadura, del año 1974. Para las personas desalojadas, el Estado construía viviendas «de emergencia», y abrió un registro, conocido por su sigla RAVE, en el cual se inscribían los desalojados con la aspiración de que se les otorgara una vivienda de emergencia para cuando viniera el lanzamiento; éste se suspendía hasta que el Estado tuviera una finca disponible. La construcción estaba a cargo de INVE. Pero la ocupación de esas viviendas jamás se regularizó, tal vez por considerarlas transitorias; por eso no son propietarios, ni siquiera promitentes compradores. Y cuando se disolvió INVE se pasó todo su patrimonio al Banco Hipotecario, que era el ejecutor de las políticas de viviendas públicas, y que tampoco se interesó en regularizar su ocupación. Entonces, claro: la gente que vivió ahí fue aumentando en familia, algunos fallecieron y quedaron sus herederos, y otros seguramente se fueron y «vendieron» su derecho de ocupación; además, se hicieron modificaciones clandestinas. Todo eso resultó en este pandemónium, que escaldo de cultivo para toda la delincuencia que los tiene a mal traer.

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  5. Este es el Montevideo real, en el que viven las personas comunes que acceden a los salarios comunes de 15 o 20 mil pesos o viven de changas en este país muy común de esta región pobre y violenta del mundo.

    Un alquiler en una zona segura, limpia y vigilada sale 15 mil pesos, justo lo que la gente común gana en un mes entero de laburo. Están presos de su pobreza, obligados a convivir con lo peor de la sociedad. Es la segregación territorial: Montevideo tiene una zona formal, de casas bien construidas, con limpieza, seguridad y servicios y el resto es la ciudad informal, donde se construye un ranchito como se puede y donde se puede. La opción es comer o alquilar y las tripas mandan, por eso no regularizan ni pagan luz ni nada, porque ganan una miseria. ¿Tanto cuesta entender eso? Todavía hay quienes dicen que los salarios están subiendo mucho y que deberíamos eliminar el salario mínimo… ¡Cuánto altruismo!

    Esta gente común, además de vivir con la cruz de ser pobre, es a la que más roban y violentan los delincuentes. Andan por la vida remándola con la cruz de vivir en una zona «rojo sangre», siendo que son laburantes y las víctima favoritas de los delincuentes. Ellos son los que ponen la sangre, pero cargan con el oprobio moral de sus propios verdugos. La cruz de carrasco son muchas cruces a la vez.

    Los jerarcas, jueces y expertos en diagnosticar los problemas sociales en cambio viven al sur de la Av Italia. Ganan salarios que permiten vivir en zonas seguras de la ciudad formal, pero nos explican que meter presos a los delincuentes no es solución y hacen todos los cálculos que pueden para acortar las penas, y liberarlos cuanto antes. De esta otra gente sólo es rescatable el trabajo y el discurso de restauración de la autoridad que tiene Leal, que de tan bueno que es, no parece de un sociólogo posmoderno uruguayo.

    Lástima que en general los resultados en cantidad de presos y en años «fuera de circulación» de estos presos es muy menguado. Pocos en la cima de la pirámide alimentaria que queda al sur de la Av. Italia se han percatado de que la cárcel, aunque no eduque, por lo menos los saca de la calle y del delito mientras están adentro. A los jueces es a los que parece costarles más este razonamiento.

    Como dicen más arriba, felicitaciones por la nota y les sugiero replicarla en el resto de la ciudad informal: Cerro Norte, Conciliación, Tres ombúes, Casavalle, Marconi, etc, etc. Ir así mostrando a la gente del sur cuál es el drama cotidiano de los montevideanos comunes que laburan por 15mil pesos al mes.

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  6. Julia Fermina Pareja · Edit

    Hola yo vivo hace 49 años ahí, en las casitas blancas, en octubre de 1970 nos mudamos, era un cantegril, que es o era un cantegril? Un enorme conjunto de ranchos de chapa, sin luz, sin agua, sin saneamiento. Y porque fuimos para ahí? Porqué alguien le había contado a mi mamá que iban a construir viviendas. 5 años después entregaron las viviendas, que no eran provisorias, ni nada de eso, eran permanentes. Las entregó la esposa de Bordaberry, a la sombra de la dictadura. Y las entregaron como de favor, al principio fueron 60 y años después el resto. Y si se pagaba alquiler, al principio el banco hipotecario, después las absorbió el ministerio de educación y cultura y por último la intendencia de Montevideo. Lo que siempre me llamó la atención es que ni ute ni ose quisieron nunca regularizar los servicios. Eran un complejo de viviendas muy » barato» fue siempre el argumento. El estado fue el encargado de segregar y marginar a los habitantes de esas viviendas. Las cosas hay que contarlas como son. Muy buena la nota igual.

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  7. Muy buena la entrevista. Gran aporte a la comprensión y profundización del problema y la solución que el Estado está aplicando, con sus virtudes y carencias. En el marco de un relato en que no faltaron citas del miedo, errores cometidos y quien sabe otras muchas cosas que no nos contaron, es grandioso cómo el ser humano siempre construye su camino conservando la ilusión y los sueños del porvenir, sin importar cuánta carga lleve encima.

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  8. Muy buena la nota. No se puede seguir ocultando estos problemas.Esperemos que la voz llegue a quienes tienen la obligación de enfrentarlos. El Uruguay del futuro se construye resolviendo los problemas acuciantes de la pobreza y la marginalidad. Por supuesto que también es necesario aumentar las inversiones y con ellas más fuentes de trabajo. Pero cómo sacamos de la calle a todas las personas que viven y duermen en ella? Corremos el gran riesgo de que muchos de los desalojados de las zonas rojas vayan a parar a la calle. Es necesario que el Estado siga actuando con firmeza y con visión de futuro.

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