Incidentes en el Comcar dejaron un saldo de tres muertos y un herido de gravedad

Incidentes en el Comcar dejaron un saldo de tres muertos y un herido de gravedad

Tres reclusos murieron y uno se encuentra gravemente herido luego de varios incidentes que tuvieron lugar ayer en el Comcar

El primer preso falleció sobre las 9 de la mañana durante una pelea con otro preso en el Módulo 10.

Una hora después ocurrió un enfrentamiento entre unas 60 personas privadas de libertad en el lateral del Módulo 3. Como consecuencia, dos de los participantes en la trifulca resultaron heridos de gravedad, y a pesar de la atención brindada, perdieron la vida.

Durante estos incidentes, se produjo un incendio en una celda que provocó lesiones a varios presos, que debieron ser asistidos. Uno de ellos fue trasladado al Centro Nacional de Quemados.

En conferencia de prensa, hablaron el encargado interino del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), Diego Grau, y el director nacional de la Guardia Republicana, Alfredo Clavijo. Ambos afirmaron que los hechos son casos “aislados” y que “nada tienen que ver uno con el otro”.

En cambio, según Juan Miguel Petit, comisionado parlamentario para el sistema carcelario, a pesar de que aún era “muy prematuro” establecer las causas, los enfrentamientos podrían haber estado “vinculados”, ya que se trataba de personas que “se conocen” y hay grupos “enfrentados”.

En Perspectiva profundizó en la noticia esta mañana con Denisse Legrand, coordinadora de Nada Crece a la Sombra, programa socioeducativo y de salud en cárceles.

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Foto: Comcar. Crédito: Wikimedia Commons

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11 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Vean videos de las cárceles en Rusia, China o en Japón, donde ésto funciona bien. Trabajo y disciplina.
    El fracaso de las medidas de la progresía no se quiere asumir.

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  2. Delincuentes pagando su culpa, confinados entre rejas, muros y alambradas de púas; tipos sin mujer ni familia tachando fechas -todas iguales- en alguna colección de almanaques.
    Hombres jodidos entre hombres jodidos, hombres a los que les joden otros hombres y pensando joder a otros hombres; en la cárcel a veces hay tensión y en todo el resto de las veces hay mas y mas tensión, un círculo viciado y vicioso y violento entre la vigilia de la droga que se pueda conseguir y si se consigue.
    Afuera, siempre hay un afuera, y adentro la burbuja que incesante se retroalimenta; afuera otra burbuja también, indolente, hipócrita o sincera, una burbuja expandida que tiene a otra gente que piensa: tres menos, que no le importa y quiere apartarlos de su vista y de su vida, así los friten en aceite como chicharrones o los muelan en cenizas por alguna amasadora.
    Y ya no son humanos ni gente ni nada ni nadie, apenas pedazos de carne separada como peste inmunda.
    La puerta un día inexorablemente se les abre, la pena se extingue aunque el castigo acaso ya les quede tatuado e indeleble en lo que de alma les perdure.
    Saldrán los sobrevivientes con el morral cargado de todo aquello tan próximo al infierno, saldrán aliviados bajo el cielo ancho de la libertad en pos de una redención anhelada, o saldrán presas del rencor dispuestos a escupir furia y veneno, afuera estarán junto a todos nosotros y serán nosotros también.
    Por lo muy mayoritariamente general, a todos toca rendir cuentas.

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      1. Clara señal de que este problema se fue de escala. El sistema no está diseñado para la cantidad y la calidad de presos que tenemos ni mucho menos para albergar a todos los que tienen en el delito una forma recurrente de ganar dinero. Todo el sistema político votó un código penal para no procesar a casi nadie y dar muchas penas alternativas y ni así funciona la cárcel.

        En una cárcel no debería haber otra autoridad que la carcelaria. Van allí a aprender a controlar sus pulsiones, a respetar pautas de conducta, autoridades y sobre todo a amansarse para vivir en libertad. Si los dejamos expresar su violencia, será exactamente alrevés. La cárcel debería ser el lugar más seguro del país, un lugar donde ningún preso pueda siquiera amenazar con la mirada a otro. Es una vergüenza que estas cosas puedan suceder.

        La solución de esto requiere que la izquierda salga del paradigma foucaultiano y que la derecha salga del paradigma de «achicar y bajar el costo del Estado». En esta nos metieron todos: las derechas promercado que dejaron caerse del mapa a la población víctima de la desindustrialización, sin pensar un plan B ni mecanismos estatales de reconversión laboral fué primero. La izquierda que pensó que la gente delinque porque no tiene más remedio y que si se abatía la pobreza y se transfería dinero a los más pobres, nadie iba a sentir la necesidad de delinquir. El delito y la violencia es también una actividad económica y una cultura y de esto no se sale mientras sea tolerado vivir bajo esos valores.

        Pienso también que la rehabilitación debe buscarse por todos los medios posibles. Es el plan A que todo estado inspirado de los valores de humanismo debe tener. Pero todo sistema debe tener un plan B. Al día de hoy el sistema es tal que alguien puede tener varios antecedentes por delitos violentos y no llegar ni a los 30 años de edad. Con toda esa evidencia, las penas deberían crecer radicalmente a medida que la persona muestra su peligrosidad y la irreversibilidad de su conducta. La prisión perpetua, como existió desde siempre en Argentina y ningún gobierno la abolió, es una medida a considerar cuando ya nada funciona y la única certeza al liberar a alguien es que vuelva a destrozarle la vida a alguien.

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        1. Si acaso, Leonardo, el plan A o B o X (no importa la letra), sería prevenir que nadie de antemano nomás, nazca con la vida destrozada.
          No sé, si acaso tal plan plantado diera sanos frutos, amigable fronda y raleara en mucho futuros destrozos, no lo sé.

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          1. Tal como usted lo dice Juan, sería de total justicia y vaya uno a saber si tendría algún efecto en este problema. La evidencia acumulada en estos años es que mejorar sensiblemente la distribución del ingreso y dismunuir radicalmente la pobreza y la indigencia definidas a partir del ingreso (como es lo usual) no parece resolver el problema de la delincuencia, sino acaso el problema está en otro lado. Ocuparse del problema de la pobreza y la indigencia es un fin en sí mismo.

            Lo que hay que evitar es el razonamiento que explica y luego justifica el delito a partir de este problema. No pocas veces desde la izquierda damos señales de que el delincuente le está cobrando a la sociedad una deuda. El razonamiento que con justicia indigna a sus víctimas es que a nuestro juicio funciona como una forma legítima de resarcimiento. Nada más alejado: el delito no se circunscribe a personas «destrozadas» por su origen. Vea por ejemplo el episodio de los rugbiers argentinos que asesinaron en patota a un muchacho a golpes. Tampoco el delito atiende a la urgencia de comer o vestirse, es a veces una forma de acceder al consumo de bienes suntuarios. Ver por ejemplo la bandita del pibe y la novia que mataron a un recaudador de quiniela para comprarse un jacuzzi, lujo que seguramente sus víctimas no pueden pagarse.

            Se hicieron públicos datos sobre el flagelo de las rapiñas, que crecieron de 64 cada 100.000 habitantes en 1989 a 810 cada 100.000 habitantes en 2019, pasando por 209 cada 100.000 habitantes en 2004. Son datos oficiales del Ministerio del Interior. Se multiplicaron por 3 en entre 1989 y 2004 (crisis de 2002 y 13 años de gobiernos de derecha) y casi que por 4 entre 2004 y 2019 (período de 15 años de fuerte crecimiento y redistribución bajo un gobierno de izquierda). Los barrios que más las sufren son los pobres, donde viven los destrozados que a pesar de su destrozo, la pelean laburando. Los barrios record en rapiñas son por orden Casavalle, Nuevo París, Cerro, Villa García, Paso de la Arena, Belvedere y Punta de Rieles. En casavalle por ejemplo hubo 1279 denuncias. En el otro extremo están Carrasco, Malvín, Pocitos… el sur de Av. Italia. En Malvín por ejemplo hubo apenas 372. Por si quedaban dudas, el delito es un impuesto a la pobreza, uno más que arrastra como piedra al cuello a los pobres para que sean más pobres.

            https://www.minterior.gub.uy/index.php/unicom/noticias/7512-cifras-2019

            Saludos cordiales.

  3. Conozco las estadísticas del ministerio del interior Leonardo, (insumo imprescindible para aproximar realidades y eventualmente actuar sobre ellas).
    «La estadística es la ciencia que dice que si me vecino tiene dos coches, yo tengo uno» eso expresó el Irlandés (cualquier análisis matemático podría desmentirlo numéricamente y cualquier análisis filosófico podría rescatar el alma de su frase).
    El desprolijo administrador y agudo observador acuñó otra frase interesante «los burgueses apurados».
    A tales observaciones refiero, si por obviedad rampante las diferencias al ACCESO rompen los ojos, las igualdades son abrumadoras en las EXPECTATIVAS, éstas son cuasi omnipresentes, modélicas y sistémicas y en ello no se enfoca regularmente.
    El paradigma de posesión culturalmente impuesto y dominante, encierra tal perversa trampa: a todos las mismas «expectativas» y desde la salida misma, los abismos de diferencia en las posibilidades de «acceso» y la velocidad y forma de acercamiento a él.
    Se puede inferir entonces que la «grieta» es por pura inequidad (al acceso), también se puede pensar que el cánon de éxito cimentado en la pura propiedad (expectativa) es motor de fracaso, frustración y rabia.
    Otro decía «todo sueño de felicidad se termina (consuma) en un tienda».
    La vida destrozada de antemano es tal vez eso, un legado impuesto de validarse en la propiedad como rumbo y meta de vida y acaso no valga la pena y acaso además sea trágico.

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    1. Estimado Juan,

      Las estadísticas que usted y yo conocemos no hablan de promedios entre diferentes, sino entre parecidos. La segmentación territorial enorme que tiene Montevideo hace que sea así. Mi lectura además es más simple: si mi vecino tenía dos coches y ahora tiene cuatro, es que ahora en mi barrio hay mas coches. Si en mi barrio hay un coche cada cuatro habitantes y en otro hay uno cada diez, es que en mi barrio se compran más coches. Si los coches se comieran a las personas, caminar por las calles de mi barrio sería más peligroso que por las de otro barrio con menos coches. Ese es el dato, duro, despojado. Cada uno lo interpreta como quiere, pero no es una trampa al pensamiento. Seguro que usted si puede elige por donde caminar. Otra gente no puede hacerlo porque entre su trabajo y su casa se interponen los delincuentes. Los datos duros lo que muestran es que los rapiñeros rapiñan sobre todo pobres, tan o más pobres que ellos, pero que a diferencia de ellos trabajan. Negar eso sería una trampa al pensamiento. Y la idea de que la gente que delinque lo hace porque es pobre y no tiene más remedio se reveló desgraciadamente falsa. La progresión del delito es incluso levemente peor en un período de prosperidad y mejora del reparto de la riqueza. Ojalá se pudiera arreglar todo con plata, pero el tema parece que es cultural. Y no todas las culturas son igualmente legítimas, al menos eso pienso yo.

      ¿En serio cree usted que todos somos iguales en expectativas de consumo? Pienso que está usted muy equivocado. Siempre que leo o escucho este tipo de legitimación del deseo de consumo, pienso en el cuento de Rodríguez, de Paco Espínola. Ese demonio desesperado por tentar a Rodríguez y ese Rodríguez que desplicentemente le muestra sin proponérselo que su vida no pasa por ahí definine qué es la libertad. Ni siquiera rechaza al diablo, apenas si se limita a ignorarlo. Conozco gente como Rodríguez, que compra y consume lo que cree necesario y vive congelada en su propio tiempo, espacio y orden de prioridades. El interior del Uruguay está lleno de gente así. Como le dije, todo es todo una cuestión cultural.

      Felizmente la gente normalmente tiene expectativas acordes a sus medios. La norma es esa, porque sinó viviríamos en un pandemonium. Se la bancan, laburan, guardan, se privan de cosas hoy para acceder a otras mejores mañana. No sé si usted cree que eso es moralmente superior, como creo yo. Pero seguro que acordamos que eso es más difícil. Someterse a uno mismo siempre es más difícil. Pensar que las personas no deben controlar sus deseos sino correr a satisfacerlos a cualquier precio es parte del problema. ¿Qué tal si explicásemos la violación por las diferencias de acceso al sexo? ¿No hay acaso gente más atractiva sexualmente que otra? ¿No hay gente que apenas si pueden acceder a pagar por sexo, si tiene con qué? Es el tipo de razonamientos que hacía Omar Freire, con esa misma lógica. Así pretendió conseguir las firmas para su partido de «Liberación Masculina». Aún así, Freire proponía un «servicio sexual obligatorio», no la tolerancia penal ante la violación. Ni cerca estoy de defender ese disparate, pero lo pongo en esos términos porque razonamientos que nos parecen naturales cuando parece que sólo hablamos de cosas materiales, apenas los aplicamos a otras se ve que son la barbarie misma. Digo «parece que» porque la rapiña es mucho más que la billetera o el celular que roban, es tener un encuentro cercano con la muerte y postergarlo en el anca de un piojo. ¿Que a uno lo obliguen a tener sexo está mal, pero que lo maten para comprarse un jacuzzi se puede justificar en un imperativo social por tener jacuzzi?

      No, esta no se la llevo. El tipo de contextualizaciones que usted hace y que me son muy familiares (yo mismo las hice durante muchos años) pueden inducir a pensar que los deseos de uno son un imperativo exigible a los demás. Eso explica buena parte del hastío con la izquierda de sectores populares, de los que laburan para pagar el diezmo de los que rapiñan en el barrio y ven como desde la academia se les dice que eso encierra una forma de justicia. Siempre rogando además que al pibe que lo está asaltando no le venga el impulso de apretar el gatillo. Por eso frases como «se acabó el recreo» juntan votos en las barriadas populares y por eso perdimos la elección. Si tan sólo hubiésemos apostado antes a la perspectiva de Leal, otro gallo cantaría y otras cifras también.

      Un saludo cordial.

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  4. Estimado Leonardo:
    Escribí sobre las estadísticas:
    «Insumo IMPRESCINDIBLE… cualquier análisis MATEMÁTICO podría desmentirlo numéricamente y cualquier análisis FILOSÓFICO podría rescatar el alma de la frase de Shaw».
    Respondo a su pregunta de expectativas de consumo: ¡si! son distintas, tan distintas como personas hay, lo que es cuasi hegemónico es el MODELO de consumo y tiene consecuencias CULTURALES que influyen sin duda en las conductas, tanto individuales como asociadas, morales o no, (y Rodríguez y ud y yo podemos ignorar a UN Mefístoles y salvo que vivamos como eremitas, lo que no podemos obviar es que vivimos en sistemas con PARADIGMAS dominantes).
    De entrada nomás el ejemplo de acceso al sexo (instinto) como concepto mercantil (aprendido) me parece un disparate y mas disparate todavía equipararlo con la compra de un jacuzzi, una ducha o una palangana.
    De ninguna manera justifico violencia alguna contra las personas ni contra la propiedad.
    Lo que expreso es que el sistema que privilegia como ícono superior de éxito a la propiedad, sin duda genera gran caldo de cultivo para la insatisfacción y en ello también, violencia.
    Acaso ud y yo hablamos no ya con opiniones diferentes, sino de cosas diferentes.
    Le agradezco el intercambio.
    Saludos fraternos

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    1. Es una larga discusión donde creo que hablamos de lo mismo pero partimos de paradigmas muy diferentes. Mi impresión es que todo el problema viene de confundir pobreza con marginalidad. La pobreza es un problema económico, se arregla con trabajo y mejores salarios. La marginalidad es un problema cultural. Es una escala de valores que se transmite y se refuerza de generación en generación. Como sociedad que decidir si la integramos de pleno derecho a las reglas aceptadas de convivencia o si la inviabilizamos reprimiéndola con los medios que sean sificientes. No hay camino del medio en esto. Ese problema no se resuelve declarando que por supuesto que uno está en contra del delito pero al mismo tiempo absolviendo al marginal de su decisión de vivir bajo valores marginales. ¡Tenemos problemas de sicariato, Juan! ¿Qué vamos a decir? ¿Que asesinar a sueldo está mal, pero que la sociedad crea asesinos a sueldo porque a la gente le impone subliminalmente el mandato de consumir?

      El discurso dominante hoy en día es que parece que todo lo malo que hacen los individuos es culpa de una entidad ubícua y etérea que es la sociedad, donde usted y yo somos culpables de todo menos de lo que hacemos con nuestras propias vidas. Ese discurso legitima y, por lo tanto, viabiliza una cultura y una moral que se reproduce de generación en generación. Por eso se puede mejorar económicamente y empeorar en guarismos de violencia y desprecio por la vida, como lamentablemente lo hemos podido constatar.

      En una época lejana de materialismo de izquierda, el discurso normal de la izquierda entendía la diferencia entre un proletario y un lúmpen. Quienes lo seguíamos, teníamos la certeza de que el progreso social vendría de la mano de la generalización de la clase obrera politizada. Sobre esa diferencia y lo fácil que es instrumentalizar al lúmpen como fuerza reaccionaria se puede leer el 18 de Brumario de Luis Napoleón… o pensar en lo que fueron las SA de Hitler o el rol que tuvieron los delincuentes liberados para la conquista del oeste en los EEUU. Gente ambiciosa, violenta y sin escrúpulos siempre ha servido para someter a los más débiles. Acá hoy día crean barrios privados en la ciudad que en su momento los rechazó formalmente. Porque. créame, para el delincuente su propiedad y su vida es lo más sagrado que existe. Nosotros pensamos que no se puede matar a alguien para proteger bienes, pero ellos ni lo dudan. Se dan todas las seguridades de las que goza la burguesía en un barrio privado.

      La idea de aquél materialismode izquierda, ya lejano, era construir una sociedad compuesta únicamente de trabajadores, donde trabajar fuera al mismo tiempo un derecho y una obligación. Ahora desde esta izquierda estructuralista afirmamos que la gente que mata a un trabajador para consumir en el fondo es víctima de fuerzas que la controlan. Es con esos postulados contra los que estoy y que los creo causa de la derrota electoral de la izquierda. El trabajador pobre de las periferias siente que el gobierno tiene más empatía por los delincuentes que los agreden día a día que por su propia estoica peripecia proletaria. Los Manini cocecha votos a paladas con sólo decir «se acabó el recreo».

      Una cuestión interesante creo que es analizar hoy día el libro de Barrán sobre la historia de la sensibilidad del Uruguay a la luz de cómo la marginalidad está cambiando esa sensibilidad. Barrán plantea una sociedad decimonónica que tenía una cotideaneidad con la muerte que la llevaba a banalizarla y hasta a hacer ostentación de ella. Sociedad que se fue civilizando a medida que el Estado moderno fue tomando el monopolio de la fuerza. El militarismo del S XIX, Varela y luego Batlle se encargaron, gracias también a la fuerte migración con oficios calificados de la época, de transformar una sociedad poblada de matreros y basada en el honor en una sociedad pacífica de obreros, artesanos y empleados públicos. En mi opinión lo que estamos viviendo es un retorno a la sensibilidad del S XIX, aggiornada con jacuzzis y otros bienes de consumo y con Glocks 9mm en lugar de cuchillos y trabucos. A diferencia del Remington, que disciplinó la campaña por su poder de fuego, hoy día los delincuentes le pelean el monopolio de la fuerza al Estado con armamento comparable. A mi juicio es una calamidad. Una construcción local que nos acerca a lo peor de las sociedades centroamericanas.

      Un saludo cordial y gracias por el debate.

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  5. Bueno, se alarga el intercambio y como no puedo hacerlo en forma privada, lo prosigo aquí y con este último comentario (le cedo, Leonardo, la última palabra)
    °
    Tenemos problemas de sicariato ¿por qué?, porque hay demanda de esos «servicios», si hay demanda, hay oferta (hay en esta transa y entre ellos
    -contratantes y contratados- gente muy sofisticada además de las obvias bestezuelas, entre los primeros los hay personajes distinguidos, para nada asimilables a marginales, gente normal e insospechable a la vista de cualquiera) doy fe.
    Tampoco es cierto que para un narco, rapiñero…sea lo más sagrado su propia vida, hace ya mucho tiempo que oigo la frase: «yo ya estoy jugado», para el lúmpen violento el futuro se reduce a «ahora», está
    explícito y aceptado el matar o morir, ese es su contrato vital ficto, doy fe.
    Hay y bastantes, lúmpenes trabajadores y eso es cuestión de cultura -no tienen idea de que significa la palabra proletario ni se interesan por la política- es el de ellos un mundo acotado y aconfesional, simple, remitido a lo tangible y cotidiano, doy fe.
    Tampoco es que hay una sola forma de marginalidad como se presenta en el informativo central de la televisión, las formas de tal condición hasta incluyen destacados niveles intelectuales y de honda sensibilidad, de hecho, muchas vanguardias culturales nacieron desde marginales (en diferentes tópicos del hacer humano, ×ej Van Gogh en el arte), doy fe.
    El poder político de un gobierno cualquiera (+o- legítimo) no es absoluto, a su favor o en su contra, pesan onerosamente los poderes fácticos tratando de imponer sus intereses y modelos.
    El noble tender con esfuerzo y entusiasmo hacia la utopía de un mundo mejor, no debería excluir la premisa de que en la historia universal, cada hito civilizatorio, tuvo y quizá tendrá también su mayor o menor cuota de barbarie.
    La condición humana: el hombre es un ser moral y por tanto también, amoral e inmoral; así viene el paquete desde la factoría y cada uno elige la parte que le sienta; cada sociedad expresa un cánon de convivencia y no necesariamente lo engendra y ni siquiera necesariamente le gusta.
    Concuerdo si, que la magia seductora de solucionar la violencia en la sociedad con un eslogan simplista (se acabó el recreo) es efectiva…para captar votos.
    Si no estamos de acuerdo, podemos estar de acuerdo en que efectivamente no estamos de acuerdo y no, no es poco.
    Saludos cordiales

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