El español como idioma oficial: Opinión de una oyente docente y traductora pública

«No se puede parar un tsunami con el diccionario» es el título de un artículo que publicamos (con una colega) a comienzos de este año (en una publicación del Servicio de español de la Unión Europea).

Si bien La Tertulia que trató este tema está integrada por panelistas que admiro y respeto, esta vez, más allá de que Pérez del Castillo y Sarlo intentaron acercarse con una perspectiva un poco más abierta, me pareció que llegan al tema sin suficientes elementos de juicio (algo que no es habitual). Creo que esta vez el debate no estuvo a la altura que les reconozco como integrante frecuente de la audiencia de En Perspectiva.

Soy docente y traductora pública (29 años de docencia en la Facultad de Derecho, UdelaR, y 5 años en la UM). Estoy de acuerdo en que debería existir una política de Estado sobre el uso del idioma. Si bien tengo algunas ideas, creo que hay personas mucho más capacitadas, como Sarlo, para decir cuál es el mecanismo correcto para ello.

Sobre el asunto del lenguaje inclusivo (que genera tantas pasiones y fundamentalismos) y el surgimiento de pautas sobre su uso, les envío adjunto el artículo mencionado al comienzo y una entrevista que me hicieron en la UM (en la versión completa).

Espero que los puedan leer para apreciar nuestra postura diferente, sin dogmatismos, y basada (en mi caso), en haber redactado una guía (para una organización con sede en Europa).

También es cierto que el tema tratado por cinco hombres (cuyas profesiones no los especializan en un estudio profundo de lenguaje) no es un buen signo. Pasa por alto lo que más seriamente se reconoce como fondo de este asunto, que es la relación histórica de poder entre hombres y mujeres.

Espero que estos aportes les sean útiles.

Beatriz Sosa Martínez

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Walter Ernesto Celina Vespa · Edit

    Cedo la derecha a los especialistas y no resigno mi derecho a opinar. Lo hago, también, movido por las intervenciones de los panalistas, gentes de sólidos criterios que ayudan a pensar en el gran auditorio de los viernes.
    Las regulaciones están como una de las características de nuestra cultura, al punto que muchos piensan que cualquier tema importante puede caer bajo la égida de una norma, la que curará un problema de raíz…
    De la duda sistemática al «macaneo sistemático» existe una distancia cierta, empedrada de confusiones de todo tipo.
    El idioma no puede ser encorsetado con rigideces escolásticas. Es una materia viva, en autoconstrucción y enriquecimientos constantes.
    Pero, tiene un esqueleto básico y precisa de especificaciones que hagan comprensible lo que se habla y lo que se escribe.
    El Estado -tal como lo conocemos- precisa de un instrumento mínimamente cierto para ejercer sus funciones.
    Entre fundamentalismos y otras yerbas (están las «tecnológicas») vamos camino al reino de la confusión.
    La indicación de cuál es el idioma que adopta nuestro sistema institucional parece oportuna. El texto del proyecto seguramente puede ajustarse.
    El tema es palpitante y da para mucho más.
    WALTER ERNESTO CELINA

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