Jorge Albistur

 

«Gran docente y una gran persona», Jorge Albistur falleció el sábado pasado, y Jorge lo evoca desde la audiencia. 


El sábado 19 falleció un gran docente y una gran persona: Jorge Albistur. Fue el profesor que estableció, más allá de sus propias virtudes, el vínculo entre los profesores fundadores del IPA y las generaciones subsiguientes.

Tempranamente exhibió cuál sería su campo de investigación, la literatura española, pues con 28 años se publicó su Leyendo El Quijote.

Pero sus intereses iban más allá: era un buen lector, aquello que Borges reclamaba para sí como virtud especifica.

Era difícil malquistarse con él. Sí lo hicieron las autoridades de la dictadura, despojándolo de sus cargos.

Con el retorno de la democracia, accedió al cargo de inspector de Literatura en Enseñanza Secundaria. Desde ese cargo, orientó a generaciones que supieron valorar su rigor y, a la vez, el estímulo necesario en los inicios de la carrera docente,

Crítico de primer nivel, publicó ensayos, escribió prólogos, participó en homenajes y se vinculó al periodismo. Eran muy seguidas sus notas en el suplemento La Semana del diario El Día.

Ignoro si las autoridades de la Enseñanza tomaron nota de esta triste noticia en este país de olvidos. Albistur cultivó de modo auténtico un perfil bajo en medio de la vocinglería reinante.

Muere a poco de cumplir 79 años.

Jorge González Bouzas
Vía correo electrónico


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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Pahhhh!
    Si bien considero a la muerte el final de un proceso propio de las especies que habitan el planeta, no puedo dejar de reconocer que hay algunos procesos que me duelen más que otros. Fui alumno de Jorge Albistur cuando asistía al liceo nocturno y créanme que tener sus clases a las 11 de la noche era un acumulador de energías para madrugar al día siguiente.
    Estuve presente el día en que le notificaron sus destitución de Secundaria y recuerdo su discurso de despedida y estrechar la mano de cada uno de los alumnos que allí estábamos. Como señal de protesta nos fuimos detrás suyo, acompañando su retiro y aún cuando siempre poseía el gesto firme y duro, su voz grave y clara, sus dedos índice y medio amarilleados por el La Paz sin filtro. me dejó la firme convicción de que leer es viajar en la distancia y en el tiempo.
    Son de los tipos a los que no le he podido pagar la deuda de lo que me entregó y como no creo en otra cosa después de la muerte, sólo espero seguir cabalgando un Rocinante como el quisiera pero para mi época.

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